Doctor Sancheztein

España entera recibe con indescriptible entusiasmo la feliz noticia de tener como presidente del Gobierno un doctor en Diplomacia económica. Desde el monarca Felipe II, los españoles no se regocijaban jubilosamente ante uno de sus estadistas. A sus excelsas cualidades como gobernante, Pedro Sánchez suma su ejemplar y modesto magisterio en la intrincada ciencia de la Economía. Su humildad explica que no se jacte del insigne logro académico: jamás presumió Yo soy doctor en Diplomacia económica. Tuvo que ser Albert Rivera, a quien los españoles le estamos sumamente agradecidos, el que con gran maestría animó efusivamente al presidente a desempolvar la tesis y sacarla del silencio de la biblioteca. Está bien conservar la obra maestra, pero es crucial transmitirla para que florezca el manojo de las brillantes soluciones ante los problemas que nos acucian. La Humanidad por fin accederá a un alto exponente del pensamiento económico actual sin el que nuestra civilización apenas existiría.

Quienes se dedican a escudriñar la tesis del doctor Sánchez quedan gratamente sorprendidos por su buen oficio de hombre de letras, su amplia preparación y su extremada facilidad de palabra y de pluma, propio ello de un talento extraordinariamente maduro. El trabajo evidencia que su autor no es investigador que divague o haga concesiones a la facilidad, tampoco se limita a nadar en la superficie, sino que bucea en los complejos fondos de los archivos con gran capacidad de resistencia. Es, luego, en la calma de la reflexión, en perfecto equilibrio con esa inquietud perenne por el constante estudio, donde Sánchez ha logrado alumbrar un excelente y magistral estudio, que alcanza una finalidad didáctica, encender en muchos iniciados el amor y la pasión por la Diplomacia económica. Sí, debe afirmarse sin titubeos: nuestro ilustre académico ha sentado cátedra y su materia está de moda.

La tesis se ha convertido en genial libro permitiendo más fácilmente divulgar el aluvión de ideas y fórmulas propuestas por nuestro docto doctor para vadear las crisis que atenazan a las modernas economías. El libro es de los que inconscientemente se mete uno en el bolsillo para luego sacarlo de vez en cuando, a ratos perdidos, y saborearlo a sorbos sustanciosos. Es una lectura que invita a pensar, que se aprovecha y sacia las ansias del saber. El autor derrocha una vasta cultura. Adopta una postura de científico, que no de figurante. Una posición digna de aplauso por su afán de originalidad y por la ponderación y agudeza de su sentido crítico. Añádase a ello el estilo limpio, depurado, fino, sutil, elegantemente sobrio y de inspiración exquisita. La técnica es equilibrada, de excelente calidad y con modernísima aportación del power point.

Pero cuando se quiere desdorar a un buen escritor se deben dar razones consistentes y no sutilezas que se deshacen al menor razonamiento. Se han desatado rumores de plagios, se oyen susurros de calcos, que si astucias, que si argucias. ¡Minucias! Nada lastra a nuestro sabio presidente, que con esa seguridad que le es propia, no necesita envolverse en nebulosas ni adoptar un tono doctoral para hacerse valer. Simplemente, con la celeridad de un Falcon, el académico Sánchez ha anunciado una nueva edición de su libro. Todos los españoles la esperamos impacientes con la seguridad de que la reescribirá con sencillez liberándola de toda densidad erudita y con galanura literaria la hará decididamente encantadora, como él solo sabe. Esperamos también que el presidente confirme en el Parlamento su autoría de tesis y libro con la misma contundencia reiterativa con la que apabulló a la audiencia al decir por televisión: El presidente del Gobierno soy yo. Cuando toda España mantiene en vilo la respiración, recordemos a don Jacinto BenaventeBienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán todos nuestros defectos. 

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial https://www.elimparcial.es/noticia/193875/opinion/doctor-sancheztein.html

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