Es posible que fueran más, porque en la identificación de estos mártires se mezclan noticias muy confusas. Tal vez sean dos grupos diferentes, cinco canteros de la Panonia inferior, tierra de los Balcanes, y cuatro suboficiales romanos, cornicularii, que llevaban una insignia de metal llamada corniculum, lo que explica el nombre de coronados. Sea como fuere, ya en el siglo IV se levantó en Roma, muy cerca del Coliseo, una iglesia en su honor que fue destruida por los normandos, pero rehecha y restaurada en varias ocasiones. Allí se conservan unas reliquias veneradas desde antiguo.
Los cinco canteros se llamaban Claudio, Nicostrato, Sinforiano, Castorio y Simplicio, y al negarse a esculpir un ídolo fueron metidos en cajas de plomo selladas que se arrojaron a un río. Más incierta parece ser la historia de cuatro hermanos (Severo, Severiano, Carpóforo y Victorino), todos cornicularii, a quienes se exigió que quemaran incienso ante una estatua del dios Escapulario en las termas de Trajano. Se les supone muertos a consecuencia de bárbaros azotes.
Los cuatro (o cinco) canteros, que durante la Edad Media fueron patronos de las cofradías de canteros y albañiles, nos parecen mártires de una concepción muy alta en su oficio, ya que murieron por no creer que el artes es neutral y que lo purifica todo. Por encima del arte, y del deber militar en el caso de los cornicularii estos Santos afirmaban una responsabilidad mayor de la que nada ni nadie podía eximirles, y ésta es la razón de su corona de gloria que hoy celebra el calendario.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
