Según Felipe González, tenemos un Parlamento a la italiana pero carecemos de políticos italianos, siempre prestos y dispuestos al pacto. De un político italiano se dirá siempre que es doblemente político. Una especie de redundancia. En opinión de José María Aznar, algunos han roto el pacto del 78, aquél que surgió de la Transición y que logró la reconciliación entre los españoles en convivencia democrática. Resultando imposibles entre la clase política los grandes consensos que permiten la estabilidad de una nación, es la hora de la ciudadanía, pero no de una masa amorfa sin dirección, sino de grupos sociales vigorosos, maduros y bien articulados. Es la hora de idear de nuevo el porvenir juntos, de volver a encontrar un proyecto colectivo de ambición nacional sugestivo y fecundo que ilusione. Y para ello se necesita un sustrato de personas que piensen, que solo piensen.
Sin duda, nuestro régimen político no sólo es perfectible, sino que está muy necesitado de modificación y de más apertura al ciudadano. Pero en esa transformación debemos conservar valores firmes como la seguridad y la libertad. En suma, tender a un régimen más abierto y participativo sin desperdiciar el caudal de experiencia ni abandonar logros ni realizaciones estimables. Cada día es más necesario que el español se sienta personaje activo del quehacer cotidiano nacional; cada día es más conveniente sacar a la mayoría de la opinión pública de su estado actual de atonía; cada día es más razonable preparar hombres públicos en número suficiente para las necesidades del mañana.
Hoy ante la tentación totalitaria que domina en ciertos ámbitos internacionales o ante el deseo de revancha destructiva que anida en algunas posiciones ideológicas, resulta urgente redoblar el esfuerzo de todos por garantizar los niveles de libertad y responsabilidad que nuestro tiempo histórico nos exige. Es la misma ciudadanía la que debe recordar a los dirigentes políticos que la política ha de ser un medio para conseguir un fin y no es un fin en sí misma. Que es inmoral malgastar en vaivenes y disputas partidistas las energías que deben emplearse en estabilizar España por la vía de la concordia superando antagonismos y heridas históricas. Y, por supuesto, que la Constitución es nuestro marco de referencia fuera del cual nadie está legitimado. El buen gobernante es el que da importancia al ciudadano, pide su opinión y sirve al interés general. Vigorizar la democracia pasa por hacer más efectiva, exigente y responsable la participación ciudadana. La democracia se salva con compromisos éticos y cívicos de los dirigentes y de la sociedad civil.
Es hora de recoger el testigo del consenso y del espíritu de la reconciliación que con sacrificio y generosidad contribuyeron a construir una España libre, estable y próspera. Como afirmó Abraham Lincoln el verdadero ciudadano demócrata es aquel que no queriendo ser esclavo tampoco desea ser amo.
Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de febrero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/210487/opinion/la-hora-de-la-sociedad-civil.html





