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Chesterton y su batalla espiritual

Por una extraña casualidad, escribe Augusto Assía en Vidas inglesas, a la misma hora en que, en su casa de campo de Beaconsfield, fallecía Gilbert Keith Chesterton, anunciaba George Bernard Shaw, en Newcastle, que no hablaría más en público. Dos titanes de la palabra escrita y hablada se sumieron en el silencio. El primero involuntariamente. El segundo por su libre renuncia. Aunque hay silencios que valen por discursos, sin embargo, el de estos diestros combatientes en la contienda de las ideas, que habían encandilado a la sociedad londinense y, en general, a la inglesa, sorprendió y convulsionó a quienes estaban acostumbrados a las habituales batallas dialécticas entre ambos. Los ingleses se vieron hurtados del goce de presenciar aquellas refriegas intelectuales que con tanto fragor como afán proselitista protagonizaron Chesterton y Shaw. En aquellas justas de la razón y de la agudeza estos contendientes manejaban con pericia y arrojaban con brío y ardor armas incendiarias como la paradoja, el retruécano, el juego de palabras y la frase chispeante.

Sus compatriotas llamaban a Chesterton “monumento andante de Londres” por la envergadura de su anatomía. Durante un banquete en su honor, Bernard Shaw, rival de razón y fe, le dedicó en su discurso esta sarcástica alabanza: “Tan galante es nuestro agasajado, que esta misma mañana cedió su asiento en el tranvía a tres señoras”. Pero lo cierto es que el Altísimo otorgó como don a Chesterton una fina inteligencia y una ágil inventiva compensando su exuberancia. Y a través de ese talento el escritor quiso encontrar la verdad mediante el ingenio y la originalidad. Y aunque lo más llamativo es el medio, la anécdota orteguiana, sin embargo, lo categórico, el fin fue la fe católica. Porque en 1922 Chesterton encontró la verdad convirtiéndose al catolicismo. Consideraba que la característica más curiosa de su época era el desvío del mundo hacia el vacío o el abismo, el continuo y suave colapso de una cosa tras otra como castillos de naipes que se desmoronan al menor soplo. El colapso de todo, menos de una tradición de la verdad que no es de este mundo.

Y desde entonces se propuso librar la batalla de las ideas frente a la cultura imperante en su país, fruto de un anglicanismo chovinista que consideraba a los católicos como británicos de segunda. Junto a otros escritores compatriotas, como Christopher Dawson, Robert H. Benson, Hilarie de Belloc, Evelyn Waugh o Graham Greene, Chesterton pretendió la transformación de la cultura y la sociedad de su tiempo abordando cuestiones polémicas en su época como la familia, el feminismo, la libertad religiosa, el capitalismo o los totalitarismos. Siempre sostuvo que, teniendo a Dios como padre, el mundo resulta ser una patria inteligible dotada de sentido. Por eso no cabe ni la renuncia a la vida ni la desesperación. Ni mucho menos la ciega confianza en un hipotético progreso. Precisamente vaticinó desatinos espantosos si la cultura se distraía con vaguedades y ocurrencias identificadas con el progreso o la modernidad. Porque Chesterton apostaba por un progreso en el que los hombres se amaran considerándose hermanos e hijos de Dios. Sin embargo, denunciaba como peligro el falso progreso en el que los hombres no reconocen a Dios como Padre desarrollándose las más salvajes y oscuras tendencias del ser humano, convirtiendo a éste en una máquina dominada por máquinas, un número que maneja números y frustrándose un crecimiento de la dimensión moral interior y personal. Un cristiano, precisamente porque es cristiano, afirmaba Chesterton, debe sentirse más que nadie obligado a trabajar por un progreso que sea progreso para todos, y por una promoción social que lo sea de todos.

Para el autor inglés lo que muchos combaten no es al verdadero Dios, sino la falsa idea que se han hecho de Dios: un Dios que protege a los ricos, que no hace más que pedir y acuciar, que siente envidia de nuestro progreso, que espía continuamente desde arriba nuestros pecados para darse el placer de castigarlos. Sin embargo, como él mismo afirmaba citando a San Francisco de Sales “No temáis a Dios, que no quiere haceros mal, sino amadle mucho porque desea haceros mucho bien”. Y es que nuestro Dios es tan poco rival del hombre, que ha querido hacerle su amigo, llamándole a participar de su misma naturaleza divina y de su misma eterna felicidad. Según Assía, la vida de Chesterton fue una portentosa exhibición de atletismo intelectual y de entusiasmo espiritual, sabedor de que, si bien sobre las mareas de la superficie se libra la batalla de las ideas, sin embargo, en las profundidades se desata la pugna espiritual entre el bien y el mal, la verdad y la mentira. Siempre sostuvo que los que quieren enseñar a los hombres a confundir, les enseñan antes a olvidar. Aviso muy actual.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de marzo de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/294722/opinion/chesterton-y-su-batalla-espiritual.html

 

Liderar haciendo futuro, ganando la eternidad

La semana pasada un diario nacional informaba en sus páginas sobre la organización de un evento para jóvenes, Future Makers. A través de propuestas centradas en educación, vivienda, empleo y política, los asistentes reclamaban a los partidos políticos “reformas que ayuden a la juventud a edificar sus proyectos de vida y llevar sus ambiciones lo más alto posible”. Cierta actitud alegre y confiada, cándida, como de optimista de verbena, resulta de pensar que nuestros dirigentes, de uno y otro color, centren sus políticas en un colectivo electoralmente insignificante sobre el que se ciernen negros nubarrones, aunque con impetuosas ganas de cambiar el mundo. Es mejor centrarse en uno mismo.

Un día después, el periódico, a través de su suplemento, publicó la entrevista realizada en un convento de clausura a una monja madrileña de tan sólo veinte años, que desde hace tres decidió tomar distancia del mundo, pero sin apartarse del mundo. Joven igual que los protagonistas de Future Makers, pero con una notabilísima diferencia, ella vive voluntariamente entre rejas, aunque gozando de una plena libertad interior. Cuando el entrevistador pregunta a la religiosa la opinión sobre la juventud, responde que se halla muy despistada. “Cuando quitas a Dios de tu propia vida aparecen todo tipo de ideologías. Por eso la gente vive agobiada y triste porque tu dios no puedes ser tú ni el influencer de al lado”. Incluso, reconoce que antes de cambiar de vida, ella vivía de forma incoherente.

Entre los asuntos abordados en la concentración juvenil destacaron, entre otros, el miedo al fracaso, el compromiso social y el liderazgo cultural. Es este del liderazgo un tema muy manoseado en las últimas décadas, especialmente, por algunos gurús y chamanes que dicen ser curanderos de los males de las organizaciones. De la misma manera que para prender algo, debes portar fuego, para liderar un grupo de personas debes previamente liderarte a ti mismo. ¿Cómo vas a restaurar la sociedad si antes no te has restaurado tú? Se necesita mucha humildad y un sincero afán de servir a los demás, porque en eso consiste el buen liderazgo, en ser coherente y ejemplar, para luego ser influyente debido a que el ejemplo es tan poderoso como la fuerza de penetración de una flecha de acero.

Ni a la humildad ni al servicio se llega a la velocidad de un AVE (de los de antes). Exige un proceso lento que parte de conocerse a sí mismo, de abrir el corazón y limpiarlo de cachivaches: soberbia, vanidad, envidia, tristeza… y de quitarse máscaras porque el que se finge fantasma acaba siéndolo. Durante esa apacible travesía se debe escuchar a la voz de la conciencia, que siempre conduce al bien y a la verdad, y empaparse de optimismo, del entusiasmo de la confianza y del alegre impulso de la esperanza, porque el pesimismo es contrario a toda obra fecunda. Con tales logros, llegarán otros: administrar el tiempo, disfrutar del silencio y la soledad para meditar y contemplar, ejercer tu libertad interior, estudiar y formarse. Se entra así en la dimensión de las tres “p”: prudencia, paciencia y perseverancia, que te proporcionan calma y serenidad para, primero, aceptar, y después superar la adversidad. Y una vez que se es líder de sí mismo, uno crece de dentro hacia afuera estando ya en disposición de liderar a los demás. Ignoro si esto será un liderazgo cultural, profesional o político, pero sí es un liderazgo coherente y ejemplar, basado en la entrega a los demás, en el amor, no en la fuerza. Liderar a corazón abierto no sólo hace futuro, también gana la eternidad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de febrero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293697/opinion/liderar-haciendo-futuro-ganando-la-eternidad.html

España 2040, un proyecto de Bien Común para la próxima década

Con el mismo afán de aquel lema regeneracionista “¡Escuela y Despensa!” de Joaquín Costa, el Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria reúne en esta obra, España 2040. Un proyecto de bien común para la próxima década, las reflexiones de académicos, en su mayoría, y de destacados miembros de la sociedad civil, a fin de reordenar nuestro viejo caserón patrio puesto patas arribas por el nefasto sectarismo gubernamental. Como la idea precede a la acción, el debate de las ideas ha de ser previo al político. Son, precisamente, las Universidades, los laboratorios de investigación y los centros de conocimiento quienes deben generar el pensamiento que luego los políticos transformarán en programas electorales y aplicarán como políticas públicas.

El resultado es todo un proyecto colectivo de bien común con la mirada puesta en la España de 2040, es decir, toda una propuesta de ambición nacional para mañana y a primera hora en la que deben participar, más que los políticos, los ciudadanos, porque más que cambiar políticas, resulta urgente un cambio cultural que provoque un fuerte compromiso cívico. Las dieciséis aportaciones mantienen la misma secuencia: el diagnóstico y la terapia. Sabemos lo que nos pasa y sabemos cómo se nos pasa.

Resulta llamativo que la mayoría de los autores inserten en sus formulaciones llamadas de atención, alerta ¿o quizá ya alarma? ante esa incomprensible “voluntad de los españoles de extinguirse” con una tasa de natalidad de 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. Dicho talón de Aquiles está presente a lo largo de una obra que propone, además de fortalecerlo, también regenerar la democracia, preservar la Justicia y el Estado de Derecho, simplificar el sector público, corregir la organización territorial, sanear la economía, aprovechar las fuentes de energía, repoblar el entorno rural, garantizar nuestra seguridad interior, rearmar la política exterior y de Defensa, reparar el sistema educativo y encauzar el desarrollo tecnológico. Aun así, el exhaustivo trabajo está impregnado tanto de esperanza en lograr una España mejor, como de confianza en la superación de crisis y desafíos de todo tipo, tras más de cinco siglos de unidad y fortaleza.

Son dos los retos que angustian la hora presente: el pesimismo nacional y la división entre españoles sobre un escenario erizado por el riesgo de ruptura de la nación, la quiebra constitucional, la inmoralidad de la corrupción política, la ruina del sector público, la debilidad de la economía, el suicidio demográfico y el deterioro de una convivencia alejada de la concordia y proclive a la discordia.

A ello se suma la incertidumbre y la inestabilidad provocadas por el actual “desorden mundial” tras arrumbarse el orden liberal basado en el multilateralismo y la cooperación internacional. Otros desafíos que los españoles debemos acometer para la próxima década en aras del bien común son cinco: el fortalecimiento de la democracia, la prosperidad económica, la seguridad tanto interior como exterior, la demografía y la educación.

Las últimas líneas del libro recogen las dos tareas decisivas a emprender por los españoles en este proyecto para el bien común de España: recuperar el dominio de nuestro propio destino y redescubrir un nuevo propósito histórico como Nación en el marco de la comunidad hispánica. Aunque, con otras palabras, pero eso mismo apuntó décadas atrás nuestro ilustre don Gregorio Marañón en Españoles fuera de España: “Pienso en los raudales de energía derrochados por los españoles en contiendas que son artificios por ellos mismos creados, y que, con la mitad de esa energía aplicada al bien común, se hubiera podido hacer de España la Nación más prospera del continente”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de enero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293013/los-lunes-de-el-imparcial/vv.-aa-espana-2040.html

La hora de la sociedad civil

Según Felipe González, tenemos un Parlamento a la italiana pero carecemos de  políticos italianos, siempre prestos y dispuestos al pacto. De un político italiano se dirá siempre que es doblemente político. Una especie de redundancia. En opinión de José María Aznar, algunos han roto el pacto del 78, aquél que surgió de la Transición y que logró la reconciliación entre los españoles en convivencia democrática. Resultando imposibles entre la clase política los grandes consensos que permiten la estabilidad de una nación, es la hora de la ciudadanía, pero no de una masa amorfa sin dirección, sino de grupos sociales vigorosos, maduros y bien articulados. Es la hora de idear de nuevo el porvenir juntos, de volver a encontrar un proyecto colectivo de ambición nacional sugestivo y fecundo que ilusione. Y para ello se necesita un sustrato de personas que piensen, que solo piensen.

Sin duda, nuestro régimen político no sólo es perfectible, sino que está muy necesitado de modificación y de más apertura al ciudadano. Pero en esa transformación debemos conservar valores firmes como la seguridad y la libertad. En suma, tender a un régimen más abierto y participativo sin desperdiciar el caudal de experiencia ni abandonar logros ni realizaciones estimables. Cada día es más necesario que el español se sienta personaje activo del quehacer cotidiano nacional; cada día es más conveniente sacar a la mayoría de la opinión pública de su estado actual de atonía; cada día es más razonable preparar hombres públicos en número suficiente para las necesidades del mañana.

Hoy ante la tentación totalitaria que domina en ciertos ámbitos internacionales o ante el deseo de revancha destructiva que anida en algunas posiciones ideológicas, resulta urgente redoblar el esfuerzo de todos por garantizar los niveles de libertad y responsabilidad que nuestro tiempo histórico nos exige. Es la misma ciudadanía la que debe recordar a los dirigentes políticos que la política ha de ser un medio para conseguir un fin y no es un fin en sí misma. Que es inmoral malgastar en vaivenes y disputas partidistas las energías que deben emplearse en estabilizar España por la vía de la concordia superando antagonismos y heridas históricas. Y, por supuesto, que la Constitución es nuestro marco de referencia fuera del cual nadie está legitimado. El buen gobernante es el que da importancia al ciudadano, pide su opinión y sirve al interés general. Vigorizar la democracia pasa por hacer más efectiva, exigente y responsable la participación ciudadana. La democracia se salva con compromisos éticos y cívicos de los dirigentes y de la sociedad civil.

Es hora de recoger el testigo del consenso y del espíritu de la reconciliación que con sacrificio y generosidad contribuyeron a construir una España libre, estable y próspera. Como afirmó Abraham Lincoln el verdadero ciudadano demócrata es aquel que no queriendo ser esclavo tampoco desea ser amo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de febrero de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/210487/opinion/la-hora-de-la-sociedad-civil.html

Cuando la independencia judicial es oposición al Gobierno

Casualmente, la Sentencia del Tribunal Constitucional que declara conforme con la Constitución la Ley de Amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña, se ha dictado noventa años después de la pronunciada por el Tribunal de Garantías Constitucionales con motivo de los sucesos acaecidos también en Cataluña en octubre de 1934. Con fecha 6 de junio de 1935, dicho Tribunal falló: “Que debemos condenar y condenamos a cada uno de los procesados, don Luis Companys Jover, don Juan Bautista Lluhí Vallescá, don Martín Esteve y Guáu, don Martín Barrera Maresma, don Pedro Zoilo Mestres Albet, don Buenaventura Gasol Rovira y don Juan Comorera Solé, como autores de un delito de rebelión militar, a la pena de treinta años de reclusión mayor, con las accesorias de interdicción civil…”

Aquella sentencia de junio de 1935 fue destruida por un Decreto-Ley posterior aprobado deprisa y corriendo ¿Le suena, lector? El Frente Popular ganó las elecciones (hoy está comprobado el amaño), celebradas el 16 de febrero de 1936.  La Diputación Permanente de las Cortes se reunió el 21 de febrero mediante una convocatoria del día anterior por telegrama. El Decreto-Ley constaba de un solo artículo precedido de una brevísima Exposición de Motivos: “Siendo inequívoca la significación del resultado de las elecciones a Diputados a Cortes en cuanto a la concesión de una amnistía por delitos políticos y sociales, en favor de la cual se ha pronunciado la mayoría del Cuerpo electoral, y tratándose de una medida de pacificación conveniente al bien público y a la tranquilidad de la vida nacional, en que están interesados por igual todos los sectores políticos; de acuerdo con el Consejo de Ministros, a propuesta de su Presidente y previa la aprobación de la Diputación permanente de las Cortes, vengo en disponer lo siguiente: Artículo único. Se concede amnistía a los penados y encausados por delitos políticos y sociales. Se incluye en esta amnistía a los Concejales de los Ayuntamientos del País vasco condenados por sentencia firme. El Gobierno dará cuenta a las Cortes del uso de la presente autorización. Dado en Madrid a veintiuno de Febrero de mil novecientos treinta y seis. Niceto Alcalá-Zamora y Torres. El Presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña Díaz”.

Se calcula que la amnistía benefició a unas treinta mil personas que habían sido condenadas como consecuencia de la Revolución de Octubre de 1934, instigada por el Partido Socialista. El Tribunal de Garantías Constitucionales también tuvo que actuar para aplicar el Decreto-Ley, al haber condenado a los consejeros de la Generalidad y a otras personalidades políticas. Posteriormente, y tras salir de la cárcel, los miembros del Gobierno catalán fueron repuestos en sus funciones mediante un Decreto de 1 de marzo de 1936. Era esta una de las principales reivindicaciones del Front d’Esquerres, que había triunfado en las circunscripciones electorales catalanas y apoyaba al nuevo Gobierno del Frente Popular.

El Tribunal de Garantías Constitucionales fue una institución esencial en el régimen de la II República. No se trataba de un Consejo áulico, sino un órgano electivo, propicio a todas las sorpresas que deparan esta clase de instituciones. Aun así, logró mantenerse independiente en una época en que el sectarismo impregnaba la política de un régimen como aquel. Independencia equivalía, por entonces, a oposición al Gobierno. Desgraciadamente, esta cualidad de la independencia no se predica hoy del infausto Tribunal Constitucional. Resta añadir que los juristas que hace noventa años supieron resistir como independientes, algunos de ellos también supieron sellar con su sacrificio el culto que habían tributado al Estado de Derecho: Pradera, Beceña y Riaza fueron vilmente asesinados en zona roja; Traviesas, ponente de la sentencia condenatoria, murió en el frente de Oviedo; Martín Álvarez, Sabater y Ruiz del Castillo fueron encarcelados por los rojos y salvaron sus vidas de milagro. No olvide dos cosas, lector, primera, la independencia de la Justicia es lo que diferencia a una democracia de una tiranía. Segunda, la Historia se repite.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de junio de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/285301/opinion/cuando-la-independencia-judicial-es-oposicion-al-gobierno.html

Una liberal en política

Con tono imperturbable y ameno, Esperanza Aguirre ha escrito un libro de lectura ágil y contenido conciso pero intenso. Las páginas recogen aspectos biográficos y, especialmente, históricos sobre hechos de la política española desde la Transición hasta el momento actual. Incluyen, además, una sugerente propuesta para abordar el necesario debate de las ideas, el que viene rehuyendo remolonamente su Partido en los últimos años. Como funcionaria del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo, la autora describe su propia trayectoria en la política, primero, desde Unión Liberal ocupando una concejalía del Ayuntamiento de Madrid. Posteriormente, desde el Partido Popular participando en los Gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid, en la presidencia del Senado y, de nuevo, en el consistorio de la capital tras ganar las elecciones. Confiesa que sería una visita a la Rumanía de Ceaucescu lo que impulsó su salto a la arena política. Allí comprobó la miseria y el horror a que conduce el comunismo. Si a eso se unen sus lecturas de autores liberales como Mises, Hayek, Revel o Friedman, y artículos de The Economist, así como el magisterio de todo un maestro de liberales, Pedro Schwartz, el resultado es una liberal en política, como reza el título de su libro.

La obra sirve también para conocer de primera mano la trayectoria del Partido Popular, al que Aguirre llegó procedente de la Unión Liberal, bajo las presidencias de Aznar, Rajoy, Casado y hoy Feijóo. Partido que no abandonó pese a la invitación a marcharse que Rajoy cursó a liberales y conservadores. Es el momento en que la formación política referente para una gran mayoría de ciudadanos incurre en una anodina y letal indefinición ideológica. Esperanza sobrevivió a esa travesía del desierto. Hoy, con la misma fuerza de siempre, desarrolla una entusiasta actividad animando a recomponer la derecha española y convertirla, de nuevo, en la casa común de quienes se oponen al sanchismo, como hiciera Aznar frente al socialismo de González. El libro, que es un ejemplo de ello, plantea la pregunta clave ¿Por qué la derecha no sabe ilusionar a los españoles? La respuesta hay que encontrarla en los predios culturales, poco transitados por unos timoratos dirigentes que evitan la confrontación intelectual con sus adversarios, creyendo erróneamente que a la izquierda sólo se la combate desde los campos de la economía.

Aguirre considera la era sanchista como la más aciaga de la historia reciente de España. Tacha a Sánchez de caudillo que, alejado de los postulados de la socialdemocracia, ha abrazado las tesis radicales del comunismo, entre ellas, la monserga de la corrección política y la tabarra woke. Advierte de las pretensiones del presidente del Gobierno de cambiar el régimen fulminando la división de poderes, la independencia judicial y la de los medios de comunicación y hostigando a empresarios y autónomos, la verdadera fuente de empleo y riqueza en una sociedad. Existe un riesgo real de convertir la democracia en una especie de autocracia mediante una utilización fraudulenta de las instituciones. Certeramente señala la necesidad de reformar la Ley Electoral. En su libro también hay hueco para denunciar la Agenda 2030, una nueva religión con sus corifeos y sacristanes y su sibilino lenguaje inclusivo y sostenible.

Para librar la batalla cultural, Aguirre propone como fórmula la defensa de la nación y de la libertad. Defender España y una sociedad libre constituyen el mayor y mejor proyecto para ilusionar a los españoles. Las últimas páginas de su libro constituyen la evidencia de cómo puede descenderse desde los principios a la experiencia. En ellas se reúnen sólidos ejemplos de cómo sus ideas liberales aplicadas desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid introdujeron mayores cotas de libertad, progreso y prosperidad en favor de los madrileños en ámbitos como el educativo, sanitario o económico. Ello es fruto del indeleble amor a la libertad individual que tiene Esperanza Aguirre, quien en política siempre predicó con el ejemplo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de mayo de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/283886/cultura/resena-de-una-liberal-en-politica-de-esperanza-aguirre.html

 

El casero

En los años posteriores a la II Guerra Mundial dirigentes europeos como Konrad Adenauer o Winston Churchill emprendieron en sus naciones una prioritaria política de construcción de viviendas para acoger a los millones de ciudadanos sin techo cuyos hogares habían sido destruidos por los combates bélicos. Precisamente, Churchill hizo del impulso constructor de casas el eje de su campaña electoral de 1950. Y en ese debate hizo acto de presencia la pedantería laborista, que quiso remplazar la noción tan específicamente inglesa de “home”, hogar, por el término “unidad de alojamiento”. En uno de sus mítines, Churchill obtuvo un éxito sensacional provocando las risas de los asistentes al cantar con la música de la famosa canción Home sweet home: “Unidad de alojamiento, dulce unidad de alojamiento, no hay nada comparable a nuestra unidad de alojamiento”.

Décadas después, el socialismo extravagante de Zapatero intentó implantar en el parque nacional de viviendas las denominadas soluciones habitacionales. Propuesto como plan estrella de la entonces titular del Ministerio de la Vivienda, María Antonia Trujillo (hoy reclama la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos), pronto quedaría arrumbado como un esperpento en el desván del desprestigio. Aquella fórmula, más que una solución, era un problema habitacional, ya que se trataba de viviendas de 25 metros cuadrados. Casi un cuarto de baño en el chalet de los hoy marqueses de Galapagar. La ridícula propuesta fue la comidilla de nuestra prensa que durante días comparó la infraestructura japonesa de viviendas con la nacional. Aún resuenan las carcajadas de la opinión pública española. Actualmente, una medida así no la apoyaría ni Yolanda Díaz: en 25 metros cuadrados no hay espacio para sumar cómodamente una mascota más el morador.

Pasaban los años sin que el socialismo español encontrara una solución al problema de la vivienda. Tampoco al del paro. Hasta que Pedro Sánchez ha decidido tirar la casa por la ventana. Primero anuncia 50.000 viviendas de la Sareb para personas vulnerables. ¡Qué digo 50.000! ¡20.000 más! En total, 70.000 viviendas. Si en algo Sánchez es imbatible es en el uso aleatorio, como de bingo, de las cifras. Campo en el que se maneja como Pedro por su casa. Luego vendrá Paco con las rebajas demostrando que el anuncio promesa lo protagoniza el socialista como de costumbre, sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Ni le importa siquiera cómo se encuentra el estado de las viviendas. Algunas de ellas son pasto de okupas. Otras se hallan inhabitables.

Que la realidad no te estropeé una promesa electoral. Ahora el Gobierno tendrá que gastarse 11 millones de euros para comprobar la situación de cada vivienda. Los españoles contienen el aliento: ¿Y si solo son habitables 5.000? La medida es propia de ese sanchismo de andar por casa, o sea, de mentiras a raudales y puro electoralismo, que convierten a Sánchez, no en un gran estadista pero sí en un enorme casero. Como La Casera, esa popular bebida espirituosa que acaba perdiendo fuerza, también a Sánchez se le va la fuerza por la boca.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de abril de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/253651/opinion/el-casero.html

Los dogmas culturales de Kamala Harris

Solía decir el Sabio de Hortaleza, Luis Aragonés, que del subcampeón no se acuerda nadie. En efecto, todos los focos alumbran al vencedor, Donald Trump. Pero sirvan estas líneas para acordarse de la vencida, Kamala Harris. La tenebrosa ama de llaves de esa horrible y tétrica mansión global en la que se quiere encerrar a toda la Humanidad: la Agenda 2030. Un endiablado proyecto con una gobernanza y una ciudadanía mundiales basado en una pseudo religión mundial: la sostenibilidad. Este remilgado y pretencioso término, tan manoseado hasta las náuseas, que aún fascina a una alegre y confiada progresía y excita permanentemente a los dementes del movimiento woke, los camisas pardas del siglo XXI.

De haber alcanzado Harris la Casa Blanca, se habría consolidado en Estados Unidos el proceso de remodelación cultural iniciado por el grotesco Joe Biden. Y toda una tropa de ingenieros sociales habría completado y ejecutado el diseño de nuevos modelos de deconstrucción cultural, marginando a aquellos grupos sociales discrepantes y tachándolos de incompatibles con la dinámica del progreso. Con la derrota de la candidata del Partido Demócrata, cada vez menos demócrata y más socialista, la nación americana parece revertir una inquietante trayectoria que enfilaba hacia su autodestrucción y también a la del propio Occidente. Aquella tendencia iniciada en la década de los sesenta a consecuencia de las nefastas teorías difundidas por la Escuela de Frankfurt en tres grandes áreas: familia, educación y cultura. A esta fatídica década se refiere el historiador inglés Paul Johnson en su libro Intelectuales como “una de las décadas más cruciales de la historia moderna en todos los países del primer mundo. Afectó el cambio a casi todos los aspectos de la vida social, cultural y sexual. Cambio cuyo intento era la eliminación virtual del fundamento cristiano de la sociedad y su reemplazo por la búsqueda universal del placer”. En España, el filósofo Julián Marías escribe en La España real: “Es muy posible que en el siglo próximo haya en los libros de historia algún capítulo que comience con estas palabras: Hacia 1960 o 1965 los europeos y los americanos empezaron a no exigirse a sí mismos”.

Harris es producto de aquellas disolventes teorías que postulaban el relativismo, el hedonismo o el permisivismo creando una mentalidad antioccidental y tendente a la destrucción de la misma civilización occidental. El 18 de marzo de 1993, cuando Kamala era una mujer a punto de llegar a la treintena, el diario norteamericano The Wall Street Journal publicó un editorial contra el permisivismo de la sociedad americana señalando 1968 como inicio del decaimiento moral de Estados Unidos. En su libro El dogma woke, la escritora norteamericana Noelle Mering explica cómo los postulados de la Escuela de Frankfurt, en particular la llamada “teoría crítica”, se diseminan por los campus universitarios americanos con el objetivo de corroer la fe de los estudiantes en los pilares de la cultura occidental para así socavar la futura estabilidad de esa cultura. El hecho de hacerlo desde las propias instituciones académicas y no desde organizaciones explícitamente políticas, no levantaba tantas sospechas, y los agentes de esta operación gozaban así de una mayor libertad de movimientos. La teoría crítica según Mering no tiene como meta el conocimiento, sino el cambio. Los educadores se convierten en activistas que adiestran a legiones de estudiantes en un espíritu revolucionario que somete todo a la crítica. Hay que inspeccionarlo todo. Ello trae consigo la politización de cada uno de los aspectos de la sociedad, “desde el deporte hasta el modo de hacer calceta”. Concluye Mering que la teoría critica ha sido la base de la educación de élite en Estados Unidos desde la década de los sesenta, La eficacia y el fervor de aquellos maestros y discípulos (la candidata derrotada fue alumna aventajada), ha desembocado en el movimiento woke de nuestros días con sus tres dogmas: mengua de la persona, rechazo a la razón y desprecio de la autoridad. Justo lo contrario a la triada autoridad-tradición-religión, expuesta en 1956 por Hannah Arendt en La autoridad en el siglo XX, y que ha constituido los cimientos de la civilización cristiana occidental. Afortunadamente, la derrota de Kamala Harris ha acarreado la caída de aquellos tres dogmas. Por ahora, pero la contienda cultural continúa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario El Imparcial el 13 de noviembre de 2024. https://www.elimparcial.es/noticia/276469/opinion/los-dogmas-culturales-de-kamala-harris.html

Partido de Estado

La única virtud de Sánchez es haber puesto de actualidad las dos clases de ceguera que, según el emperador romano Septimio Severo, se combinan fácilmente, “la de aquellos que no ven lo que es y la de aquellos que ven lo que no es”. Cuando en 1948, el Daily Telegraph supo de la publicación en braille por una editorial de la URSS de El Capital, de Marx, tituló la noticia con su persistente humor británico: “Un ciego para guiar a otros ciegos”. El editorialista ya pensó en Sánchez.

Tras el telón del progresismo muchos han sido incapaces de ver los mayores estropicios materiales e intelectuales que se han cometido y se siguen cometiendo. Bajo la bandera progresista se justifican los regímenes iliberales de China, Rusia, Irán, Corea del Norte y los populismos revolucionarios abigarrados en torno al Foro Sao Paulo. También el progresismo siente una estremecedora fascinación por el Islam, incluso la vertiente violenta, a la que trata condescendientemente. Además, ampara como manifestaciones más flagrantes de sus postulados el pensamiento débil, la corrección política, la ideología de género, el borrado de la memoria histórica, la acción del hombre sobre la naturaleza como causa del cambio climático… Y en España, los progresistas domésticos abogan por la fragmentación de la nación (“es que el español roba”), y por el combate contra la Iglesia católica (“son carcas”).

El drama del socialismo es que siempre postuló que la colectividad produce prosperidad. Y la historia ha demostrado que un individuo puede prosperar por sí mismo. Y eso es letal para el socialismo y su farsa progresista. Por eso, el mantenimiento de las mayorías absolutas del PSOE en España no tuvo tanto mérito como parece. No fue fruto de una credibilidad y confianza electoral, sino de un voto colectivo cautivo, comprado y manipulado por la monitorización televisiva. Por medio del Instituto de la Mujer se controlaba el voto femenino. El Instituto de la Juventud permitía llegar a los cinco millones de jóvenes con derecho a voto en los finales de los ochenta y principios de los noventa. El INSERSO compraba las voluntades de los seis millones de pensionistas de la época. Las Administraciones públicas con su legión de funcionarios, fueron un agradecido apoyo al PSOE. El PER andaluz cerraba el círculo. Así, el humanitarismo fue la gran coartada del nihilismo del Estado socialdemócrata del bienestar. Ya se advirtió antes de la IIGM que el socialismo real y el fascismo serían la cizaña en los trigales de la Europa del siglo XX.

Lo que ocurre hoy en España es que sigue latente una guerra civil en los campos de batalla ideológico y cultural. Un bando con españoles anclados en el pasado (los progresistas), que gritan contra el franquismo y la extrema derecha. Otro bando de españoles con la mirada en el futuro; unos padecen el complejo de víctimas; otros ansían libertad y prosperidad. Muchos desean que un Partido de Estado les convoque para hacer algo grande por su país. No que su país lo haga por ellos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de junio de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/255720/opinion/partido-de-estado.html

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El verificador

En los momentos presentes una preocupación común se adueña de las mentes más preclaras y de los corazones de muchos españoles. Resulta de cándidos pedir que en Ginebra haya luz y taquígrafos cuando se reúnen un delincuente y su cómplice, al abrigo de una alcahueta de guerrilleros, que, aunque diplomático, desconoce que en España no hay guerrilla desde los tiempos del maquis.

Mejor que verifique que la ETA y los CDR son terroristas, no guerrilleros. Los maquis nunca mataban por la espalda, según un general de la Guardia Civil que combatió a aquellos guerrilleros, los cuales luchaban por un pedazo de pan y algo de ropa más que por defender la II República. Menudo cuento el de aquella República. Izquierda y derecha conspiraban contra ella día tras día. Nadie la quería, salvo Marañón, Ortega y Madariaga. Y el marxismo se la llevó de calle convirtiéndola en un apéndice de los soviets. Aunque ignorante, el maquis no era tonto. Hoy en la izquierda española hay de todo: tontos (Page y Vara), ignorantes (Urtasun), malvados (Sánchez), paranoicos (Yolanda), en excedencia (la pareja IglesiasMontero) y honrados (aquellos que se avergüenzan de Sánchez).

El secretismo ginebrino impide conocer qué es lo que Galindo ha de verificar. Pero conociendo a los verificados, ambos desesperados al pender sobre ellos todo el peso de la ley, que tenga cuidado el verificador porque, probablemente, no cumplirán lo acordado. En eso Sánchez, es perito. Puigdemont, un ser más vacilante, que declaró y anuló la independencia en un santiamén. Lo que allí se acuerde nunca podrá llevarse a cabo, ya por caso fortuito, ya por fuerza mayor. Los españoles siempre se han resistido a ser vendidos mediante pactos en el extranjero. Dentro de nuestras fronteras, podría pasar, pero que la imposición venga del extranjero y, además, auspiciada por un salvadoreño, que más que salvador, será hacedor del posible hundimiento de España, no logrará imponer la mansedumbre del rebaño.

Sánchez está recorriendo el camino clásico del demagogo que evoluciona hasta las posiciones del gobernante autoritario, rayanas con la delincuencia. Su ramalazo de autoritarismo se palpa en sus deseos de controlar las instituciones: el Congreso de Armengol, la Fiscalía de Ortiz, el Tribunal Constitucional de Pumpido, el Consejo de Estado, aunque ya sin Valerio, la RTVE, la SER, la Sexta, el INE, Indra, la CNMV la CNMC, el Senado, contra el que ha levantado un muro como el de Berlín, y aun persigue el control del Banco de España, del resto de la prensa, de la Federación Española de Fútbol, de la Liga… Y, a través del centralismo fiscal, pretende manejar el sistema de financiación autonómica, o sea, a Ayuso, aunque conociendo a la madrileña le resultará imposible.

Ante el desplome de las instituciones, a la ciudadanía solo le cabe la opción de una señera tarea de reconstrucción del Estado de Derecho, dinamizada por la libertad y la concordia, que siempre ha sido, es y será el motor de la historia. Porque tras Sánchez, ni las instituciones quedarán en pie.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 3 de diciembre de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/262347/opinion/el-verificador.html

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