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Gracias, Dios mío

Berlín, 1948. Un soldado norteamericano hace guardia todas las noches en el puesto fronterizo entre la zona estadounidense y la rusa. Al otro lado de la valla cumple el mismo deber un soldado soviético con el cual el americano entabla relación amistosa. Todos los días, al avisarle el mando de que está a punto de finalizar su guardia y de su inminente relevo, el soldado norteamericano dice: “Sólo faltan cinco minutos, gracias Dios mío”. El ruso responde también diariamente: “Sí, solamente cinco minutos, gracias Stalin”. Una noche el americano preguntó a su compañero soviético ¿Qué vas a decir cuando muera Stalin? El ruso contestó con alivio filosófico: Entonces diré ¡Gracias Dios mío!

Se necesita algo más que el factor económico para aglutinar a los europeos. Lo cultural siempre será un factor más propicio para la cohesión humana que la pura economía o el mero mercado. Ya lo decía Jean Monnet: En la Unión Europea no unimos Estados, unimos hombres. Europa es unidad espiritual y cultural cuyo eje vertebrador es la creencia religiosa. En Occidente, hablar de religión es hablar de cristianismo, el pegamento entre sus pueblos. Pero hay épocas en que tiene lugar el eclipse de Dios. Ocurrió hace más de tres siglos con la Paz de Westfalia y hoy parece reproducirse el mismo error. Los dirigentes europeístas han decidido despojar a la cultura, y con ello al hombre europeo, del caudal religioso. La fe ya no es un patrimonio, sino es un estorbo y Dios está de salida.

Consecuencia de esta deriva es la democracia secularizada, un ordenamiento estrictamente laico de la vida pública que excluye la visión religiosa y certifica la incompatibilidad entre religión y democracia. Se impone así un laicismo agresivo con máscara de neutralidad que no es sino una vulgar nueva forma de totalitarismo. Al excluir la religión de la plaza pública ésta no se vacía, sino que se llena de sucedáneos, de religiones al revés. Y el laicismo es una religión al revés. Es la religión del Estado, una nueva religión política que pretende controlar las conciencias, imponer sus opciones haciéndolas pasar por verdades, decidir lo que ha de enseñarse en la escuela, tergiversar el significado de los hechos históricos del pasado y atribuir a los Parlamentos la facultad de pronunciarse sobre lo que es verdad o mentira, como si las leyes estuvieran por encima de la verdad.

La clarividente Angela Merkel sostiene que el problema de Europa no es que se construyen mezquitas, sino que se cierran iglesias. Diagnóstico certero que enlaza con el que hiciera San Juan Pablo II: La marginación de las religiones que han contribuido, y todavía contribuyen, a la cultura y al humanismo de los que Europa está legítimamente orgullosa son, al mismo tiempo, una injusticia y un error de perspectiva. Reconocer un hecho histórico innegable no significa en absoluto ignorar toda la exigencia moderna de una justa laicidad de los Estados y, por tanto, de Europa. Sin la Cruz, Europa dejará de ser Europa. Hasta un anónimo soldado soviético lo sabía.

Lecturas jurásicas (y IV) libertad o comunismo

En el Berlín ocupado por los aliados tras la II Guerra Mundial, dos soldados, uno de EEUU y otro de la URSS, discuten sobre democracia. El norteamericano da su definición de ésta: “La democracia significa que yo puedo ir a Washington y frente a la Casa Blanca gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. El soldado soviético replica: “También nosotros tenemos democracia. Yo puedo ir a Moscú y frente al Kremlin gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. Por encima de la anécdota, queda la categoría. Esa ignorancia voluntaria de los hechos, que le impide reconocerlos, uno de los rasgos más acusados de la ideología comunista.

No hay forma más perfecta de sumisión que aquella que conserva la apariencia de libertad, advertía Jean-Jacques RousseauTiene que parecer democrático, pero todo debe quedar bajo nuestro control, solía decir quien fuera presidente de la Alemania Oriental, el comunista Walter Ulbricht. Y es que el vicio inconfesable del comunismo es una democracia sin libertad. Cuando un comunista reclama democracia y libertad es porque no tiene el poder. El comunismo demanda libertad como antesala indispensable de la tiranía que implantará cuando llegue al poder. Cuando a un comunista en el gobierno le reclaman libertad, pregunta ¿para qué? La libertad la desean solo para conquistar el poder.

En su obra Introducción a la filosofía política. Democracia y revolución, el polítólogo francés Raymond Aron estudió con detalle aquellos siniestros regímenes marxistas que fueron las democracias populares. Los rasgos característicos de las mismas eran la noción de que un partido, y solo uno, tiene el derecho de existir, lo que acarrea el monopolio ideológico por ese partido y la eliminación de los partidos rivales, en tanto que pretendan sustituir al que ocupe el poder. Un segundo elemento fue el sistema de propaganda para el control y uso de las masas. Un tercero era la reconstitución del orden social, mediante una jerarquía por razón de la función, del cargo y no de la persona.

En plena Guerra fría, el británico Ernest Bevin, político laborista, se jactaba de que “las izquierdas entienden a las izquierdas”, insinuando que los socialdemócratas en Inglaterra y Europa harían muy buenas migas con los comunistas. Los cándidos de entonces, como Bevin, no alcanzaban a comprender que los comunistas nunca quisieron mantener buenas relaciones ni con la socialdemocracia ni con la democracia; solamente pretendían ser los amos destruyendo a todo el que se pusiera en su camino. El comunismo jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos. Las elecciones le sirven pero solo como una ruta amplia mientras no puede escalar el monte por el atajo expeditivo de la revolución. Mientras tanto, rompen el juego de la convivencia democrática y desestabilizan la vida pública provocando disturbios y urdiendo bulos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225113/lecturas-jursicas-y-iv:-libertad-o-comunismo.html

Lecturas jurásicas (III)

A su regreso de Moscú, el jefe de un koljós cuenta a los trabajadores de la explotación colectiva los enormes progresos urbanos de la capital soviética. “He visto, dice, grandes barrios con rascacielos modernísimos con todo confort habitados por obreros”. Uno de los campesinos le replica: “Pues yo no vi nada de eso cuando estuve el mes pasado en Moscú”. El jefe del koljós le responde severamente: “Debiste callejear menos y leer más los periódicos del Partido”.

El comunismo no solo fue un vasto sistema de represión y muerte, también un perverso modelo global de falsedad y manipulación. Disparates como los siguientes certifican el metódico y sistemático empleo de la mentira. El 28 de agosto de 1949 se cumplía en Alemania el bicentenario del nacimiento de Johann Wolfgang Goethe, que además había nacido en Weimar, ciudad de la Alemania del Este. El Partido Comunista, el Ministerio de Cultura e, incluso, la Stasi, la policía secreta del Estado, iniciaron una campaña casi desesperada para reivindicar que esa aristocrática figura de la Ilustración era una suerte de protocomunista. Planearon un elaborado festival para mostrar a Occidente que a los comunistas les importaba más la alta cultura que a los capitalistas. Un funcionario del Ministerio de Cultura llegó a decir en un discurso: “Si miráis en la obra de Goethe veréis que siempre trabajó en favor del materialismo dialéctico marxista sin darse cuenta de ello”. En 1952, el departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista polaco entregó un panfleto a agitadores del Partido que contenía consignas como estas: “Los imperialistas americanos están reconstruyendo la Wehrmacht neonazi y preparándola para invadir Polonia, mientras que la URSS ayuda a los polacos a desarrollar tecnología, cultura y arte”.

El totalitarismo soviético hizo del cinismo su recurso supremo, hábilmente aprovechado en proporciones descomunales y sabiamente combinado con el momento oportuno de acuerdo con la mejor técnica comunista. El resultado: añagazas para embaucar a las masas, temerosas en su gran parte, y sobre todo, para controlar absolutamente el poder. En 1948 los comunistas de la Europa del Este abandonaron sus intentos de adquirir legitimidad a través de un proceso electoral y dejaron de tolerar cualquier forma de verdadera oposición. En todas partes se siguieron estos patrones: eliminación de los partidos derechistas o anticomunistas, destrucción de la izquierda no comunista y, después, eliminación de la oposición dentro del propio partido comunista. No por ello la política fue clausurada en las llamadas democracias populares. Sin embargo, la política se había convertido en algo que se desarrollaba, no entre varios partidos, sino en el seno de un único partido. Y así se mantendría hasta el derribo del muro de Berlín en 1989.

En su Diario fin de siglo, Jean François Revel nos advierte de que “todavía tenemos demasiado arraigadas, pese a la victoria de las democracias, las deformaciones intelectuales del totalitarismo. La democracia no habrá ganado del todo mientras mentir siga pareciendo un comportamiento natural, tanto en el ámbito de la política como del pensamiento.”

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224819/opinion/lecturas-jurasicas-iii.html

Lecturas jurásicas (II)

¿Quién es Stalin? pregunta un inspector a un alumno durante un examen oficial en una escuela de algún lugar de la URSS. El niño, a quien de antemano le han ordenado decir las respuestas, contesta sin titubear: Stalin es mi padre¿Y quién es tu madre? prosigue preguntando el inspector. Mi madre es el Estado, responde el alumno. ¿Qué quieres ser de mayor? Ante esa pregunta el niño titubea y, en lugar de responder según el guion impuesto, ser un trabajador disciplinado y leal a la patria del proletariado, contesta valientemente: ¡Quiero ser huérfano!

Bajo la tiranía comunista es frecuente que las personas adopten lo que Hannah Arendt definió como una personalidad totalitaria: “el ser humano completamente aislado que, sin otros lazos sociales con la familia, los amigos o los simples conocidos, deriva su sensación de ocupar un lugar en el mundo únicamente a partir de su pertenencia a un movimiento, de su afiliación a un partido”.

Los planes bolcheviques en la Europa de la posguerra mundial fueron presentados nítidamente a la Komintern por su secretario general, camarada Dimitroff: “Para asegurar la Revolución comunista y la posición preeminente del proletariado, los niños en los que aún no han arraigado las progresivas ideologías del marxismo y del leninismo, deben ser alejados de todas aquellas influencias a las que están expuestos en el ambiente capitalista que hasta ahora les ha rodeado. Por este motivo, serán sometidos a una educación del Estado en los vastos territorios que ya han sido liberados desde la Revolución de Octubre. No llegarán a conocer todos aquellos nocivos conceptos e ideas que se les quería inculcar en la antigua Europa de la burguesía, y si ya los hubieran aprendido, volverán a olvidarlos”.

Tras una interrupción motivada por la ensordecedora y desenfrenada ovación del auditorio, el orador continuó con voz estentórea: “Además, las madres de esos niños y también aquellas mujeres que aún no son madres, serán alejadas de la dañina influencia del mundo de la ideología burguesa del Oeste de Europa, para darles ocasión de participar de la reconstrucción del socialismo en los territorios que siempre han constituido la patria del proletariado internacional. Allí formarán columnas de trabajo colectivas. Respecto a los hombres, éstos lucharán con el arma al brazo por la futura unión mundial de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y esto tendrán que hacerlo incluso aquellos que todavía no se han percatado de que este es el único camino para la liberalización de la humanidad. Si uno de estos hombres intentara traicionar nuestra causa negándose a luchar contra el capitalismo mundial, nosotros sabremos hacer que sufra las consecuencias de tal locura”. Sonoros y prolongados aplausos.

¡Qué viejas resultan aquellas recientes palabras de la ministra de Educación, Celaá, afirmando que los hijos son del Estado! ¡Cómo inquietan a unos padres que vemos cómo el Estado pretende asumir el monopolio docente! Una clara usurpación de funciones estrictamente parentales, que entraña consecuencias letales por la intromisión ideológica que supone en espacios propios de la personalidad del individuo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224492/opinion/lecturas-jurasicas-ii.html

Lecturas jurásicas (I)

El “tyrannosaurus rex”, tenía las dimensiones de una locomotora, pero su cerebro no rebasaba el tamaño de un plátano. Carnívoro y de instinto carroñero, ha sido considerado como el mayor depredador. Aquél gigante desapareció de la Tierra, lo mismo que el comunismo. ¿O no? Igual que el tiranosaurio violentaba la convivencia de su ecosistema, la ideología comunista implica una subversión total de la sociedad utilizando a su conveniencia formas democráticas.

Por la Hungría de la Guerra Fría circulaba un chiste sobre la definición de comunismo: “una lucha incesante contra una serie de dificultades que jamás existirán en ningún otro sistema político”. En Mi siglo, el polaco Aleksander Wat, otro intelectual desengañado del edén comunista, certificaría la maldad y el sadismo del terrorífico régimen. Así menciona algunas de aquellas dificultades: “La pérdida de la libertad, la tiranía, el maltrato y el hambre habrían sido más fáciles de soportar sin la obligación de llamarlas libertad, justicia, el bien del pueblo. Las mentiras, por su propia naturaleza parcial y efímera, se revelan como tales cuando se enfrentan con los esfuerzos del lenguaje por descubrir la verdad. Pero aquí todos los medios de revelación habían sido confiscados de manera permanente por la policía”.

Es, precisamente, en aquella desgraciada Europa, llamada “del Este”, donde se implantaría cruel e implacablemente la barbarie del comunismo siguiendo el frío y tenebroso manual diseñado por los teóricos de La Komintern (Internacional Comunista), un organismo dedicado a derrocar los regímenes capitalistas según las directrices leninistas y que, como describiera el historiador Richard Pipes, constituyó entonces una declaración de guerra a todos los Gobiernos existentes. Con asombrosa nitidez describe Anne Appelbaum en su libro Tras el telón de acero cómo los nuevos jefes de la Europa del Este crearon una sociedad comunista. Aún sabiendo que lo prioritario era la economía, sin embargo, durante los primeros meses tras la guerra y debido a la fuerte oposición popular, las prioridades fueron políticas: Estado policial, control férreo de la sociedad civil y sometimiento de los medios de comunicación. No hubo revolución económica, sino institucional, y tras ella el Estado se hizo paulatinamente con el control de la economía.

Según la visión marxista, una economía planificada es una forma superior de economía popular en la cual la industria era el futuro, por lo que ésta siempre interesó a los comunistas mucho más que los sectores atrasados como la agricultura, o irrelevantes como el comercio al por menor. El objetivo de la industrialización era también político: cuando todos fueran obreros de la industria, entonces todos apoyarían al comunismo. Mientras, la destrucción de la clase media privaría a la oposición de seguidores y aliados. Por ello, los líderes comunistas sentían aversión hacia los pequeños negocios. La producción a pequeña escala, decían, engendra burguesía y capitalismo. Aquellas economías comunistas crecieron después de la guerra porque empezaban de cero, pero pronto quedaron rezagadas con respecto a las de la Europa libre. Nunca lograron, si quiera, alcanzarlas.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224171/opinion/lecturas-jurasicas-i.html