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Modelo Meloni o el itálico modo

De entrada (prima facie), el sustantivo “modelo” unido a una mujer induce a pensar en una pasarela de la moda, italiana, por supuesto. Sin embargo, cuando la mujer se apellida Meloni, la expresión se torna en rasgo de buen gobierno. Georgia Meloni no deja de sorprender. Hace un tiempo, su modelo para solucionar la inmigración en Europa mediante la creación de centros de deportación era visto con recelo y desdén en la mayoría de las cancillerías europeas. La izquierda tachó la iniciativa de inhumana y a su promotora de xenófoba. No se olvide que esa misma izquierda decretó en Europa la alerta antifascista cuando la dirigente italiana accedía a la presidencia del Gobierno de su país.

Actualmente Meloni es una mujer mucho más eficaz, moderada y coherente que Ione Belarra, Yolanda Díaz o Marichús Montero. Y, por supuesto, no provoca en las mujeres el miedo que sí causan José Ábalos o Paco Salazar, aun por separado. Hoy el Consejo de ministros europeos de Interior ha aprobado un conjunto de medidas para facilitar la expulsión de inmigrantes ilegales siguiendo el modelo de centros de retorno o deportación que Meloni proyectó en el pasado. El mérito de la italiana es doble: Además de sacar adelante su proyecto, impulsado por el Comisario de Migraciones, un austríaco, lo hace bajo la presidencia danesa, de ideología socialdemócrata, lo que fue el PSOE antes de llegar Zapatero y Sánchez a destrozarlo. La nota discordante la dio el ministro español Marlaska, oponiéndose enrabietado a la medida. Entra bastidores, Georgia se limitó a presenciar la pasarela. Un éxito.

Meloni es una dirigente de otra latitud. En Italia, decir “político italiano” es una redundancia, porque allí todos son políticos. Y más, las mujeres, que, aunque no gobiernan, sin embargo, inspiran, promueven y dirigen, tanto en la familia como en la sociedad. A la cumbre del G-7 celebrada en Apulia, Italia en junio de 2024, asistieron por invitación de Meloni, que presidía la reunión internacional, Zelenski, Milei, Lula da Silva y el Papa Francisco. Para la posteridad quedará la finezza de la italiana al excluir el derecho al aborto en el comunicado final de la Cumbre. Pero lo más sorprendente de esta política católica fue su respuesta al Papa, cuando, perplejo éste por el manejo y la soltura de la anfitriona entre tantos líderes mundiales, la preguntó: “Señora ¿Cómo lo hace?” Ella respondió: “Como lo hacemos siempre las mujeres, sin extravagancias, mandando sin que se note”. Sinatra tenía su fórmula: “A mi manera”. Meloni, tiene su modelo: la Cristiandad. Ojo, porque es mujer, es italiana, o sea, una gran política.

¡Preparados! ¡listos! ¡ya!

Son éstas expresiones propias del comienzo de una prueba deportiva, atlética, gimnástica. Pero también serían propias del inicio de cualquier prueba en la vida. Mejor dicho, de la prueba más decisiva para nuestra vida que es la de la renovación interior. A esa transformación íntima, recóndita, profunda nos convoca el Adviento. Una llamada para empezar de nuevo, gracias a quien hace nuevas todas las cosas.

“Estad atentos, vigilad” (Mc. 13.33). “Estad en vela” (Mt. 24.42), son convocatorias a la conversión. Nueva oportunidad para el reinicio de una vida más mejorada, mejor vivida en paz y amor. Y esa gran ocasión nos la ofrece la venida del Salvador, Jesús de Nazaret. Fue éste un pueblecito en donde el ángel del Señor anunció a María y el Verbo se hizo carne, dando origen a la Redención. Una verdadera revolución, no a modo de estridente algarabía por las calles, sino de suave renovación en los corazones, suponiendo un cambio absoluto y radical en la escala de valores.

De Nazaret partieron José y María hacia Belén, lugar en el que nació el Niño Dios. Nazaret es el punto de partida de una esforzada carrera, de un Camino que es la Verdad y la Vida. De Nazaret sí puede salir cosa buena, Natanael. A veces nos equivocamos porque nuestros planes no son los de Dios. Hagamos sus planes empezando desde dentro. En tiempo de Adviento, estemos preparados, atentos, listos; en silencio y recogimiento, disponiendo fuerzas para la conversión. ¡Ya!

Sobre

Hay un silencio glaciar, sinónimo de mudez, y hay un silencio sonoro que vale por discursos, porque un mutismo vale más que mil palabras. Ambos han sido protagonizados por el sanchismo ante dos hechos trascendentales para la paz y la libertad en el mundo: el acuerdo auspiciado por Donald Trump entre Israel y los terroristas de Hamás, y la concesión del Premio Nobel de la Paz a la defensora de la democracia María Corina Machado. Ante acontecimientos tan felices, la izquierda española ha quedado desnuda y colgada de la brocha demostrando que ni ansía la paz ni defiende la libertad.

Coincidiendo con el descubrimiento de entregas de sobres que sobrevuelan de aquí para allá, el sanchismo ha sufrido un sobrecogedor sobresalto en su cínica sobreactuación en el concierto internacional, viéndose sobrepasado por la realidad de las sobrevenidas noticias del acuerdo de paz y del Nobel de la Paz. En Moncloa, se percibe el sobrecejo de su inquilino, quien padece un sobrecalentamiento en el ánimo, consecuencia de sobrecargar con excesivo sobrepeso en una legislatura con sobredosis de prórroga presupuestaria que se sobreentiende acabada.

Si ya está siendo sobrehumano sobrevivir ante una sobreexcitación causada por el sobreviento judicial que sopla sobre familiares y colaboradores, la sobreimpresión es mayor, sobre todo, al tener que soportar en las sobremesas de los hogares españoles el protagonismo sobresaliente del presidente Trump y la resistente opositora Machado. Únase a ello, los sobresueldos, los sobrepagos y los sobreprecios del otrora sobrero Ábalos. El resultado es que Sobrepedro ya no está sobreseguro ni puede sobrellevar ni sobreponerse a tan sobreabundante sobrecarga.

Fuente gráfica: Diario El Mundo

Trabajar mejor, ganar más

El Gobierno pretende reducir la jornada laboral de 40 a 37,5 horas, sin merma de salario. Los empresarios se lamentan de que con el vicio del absentismo la jornada de trabajo es ya inferior a 35 horas. La promotora de la medida es una ministra comunista del Gobierno de coalición, cuya propuesta ha sido derrotada en el Parlamento presentada sin el conveniente consenso del empresariado. ¡Qué tiempos aquellos en que empresarios y sindicatos resolvían por sí solos sus diferencias sin intromisión de los políticos!

En España disminuir las horas de trabajo podría resultar sensato si la productividad alcanzara niveles óptimos, pero padece un espectacular desplome. Igual que la competitividad. Además, con esa disminución se reducirá también la producción, resultando más desempleo, al no poder las empresas sostener sus plantillas por el elevado coste. Se avecinan mayor fragilidad económica y menor prosperidad social. Mi abuela, que no sabía de productividad ni de competitividad ni conoció el absentismo laboral, siempre repetía en sus tareas y labores: “Lo bien hecho bien parece”. Leyendo a Charles Péguy me topé con la idea de la obra bien hecha y recordé, no tanto a mi abuela, sino a su generación. “Nosotros hemos conocido, afirmaba el escritor francés, la piedad de la obra bien hecha, trabajada, mantenida hasta sus más estrechas exigencias. Hemos conocido un honor del trabajo. Era necesario que un palo de una silla estuviese bien hecho. No hacía falta que estuviese bien hecho para el patrón ni para los expertos ni para los clientes del patrón. Hacía falta que estuviese bien hecho él mismo, en sí mismo, por él mismo, en su ser mismo. Un honor quería que ese palo de silla estuviese bien hecho”. Un honor deportivo que llevaba al trabajador a hacer cualquier parte de la silla que no se viera exactamente con la misma perfección con que se hacía la parte que se veía. Había un disgusto por la obra mal hecha. Había un desprecio para aquel que hubiese trabajado mal. A los obreros ni siquiera se les pasaba por la cabeza esa idea.

Proseguía Péguy que en la mayoría de los oficios se cantaba. Hoy se refunfuña. Los obreros tenían ganas de trabajar. Se levantaban por la mañana, y a qué horas, y cantaban con la idea de que ellos partían a trabajar. Era su alegría y la raíz profunda de su ser. “Estos obreros hubieran sido sorprendidos, y cuán grande hubiera sido su disgusto, o ni siquiera eso, su incredulidad, cómo hubieran podido creer que no se bromeaba, si se les hubiera dicho que algunos años después los obreros, los compañeros, se proponían oficialmente hacer lo menos posible y que considerasen tal cosa como una gran victoria. Una idea semejante, suponiendo que la hubieran podido concebir, hubiese sido un golpe contra ellos mismos, contra su ser, hubiera sido dudar de su capacidad, porque eso hubiera supuesto que no hubieran rendido todo lo que podían”. Péguy pretendía la regeneración de la sociedad comenzando de abajo arriba. Hoy algunos pretenden degenerarnos de arriba abajo. Porque la mayoría de la gente prefiere trabajar más y ganar más a cobrar lo mismo trabajando menos horas.

El desorden del poder

En su obra El poder Romano Guardini afirma que los sabios de todas las grandes culturas han conocido el peligro del poder y han hablado de su sometimiento. Los riesgos de este es que induce al orgullo y al desprecio del derecho. Al hombre violento, dice Guardini, se contrapone el que guarda la moderación, respeta a los hombres y mantiene el derecho.

Hubo un tiempo en que poderoso y humilde eran términos sinónimos, porque la humildad era una virtud de fuerza, que proporcionaba magnanimidad en el ejercicio del poder. Y el humilde era el fuerte, el magnánimo, el audaz, que se abaja de su trono y se hace par de los demás. La humildad así concebida suponía un noble y generoso servicio al prójimo. Sin embargo, durante toda la Edad Moderna, la palabra humildad ha perdido su significado, convirtiéndose en sinónimo de debilidad, incluso, de cobardía. Como sostiene Guardini, es ya una palabra que reúne todo el compendio de lo que Nietzsche denominó “decadencia” y “moral de esclavos”.

Hoy la política debiera ser una simbiosis perfecta entre poder y humildad. Así no sería visto aquel con temor o desconfianza o expuesto al rechazo y la condena. El poder tiene el riesgo de su desorden, que consiste en considerarlo un absoluto desembocando en la rebelión contra la ley y en el ejercicio de la violencia.

Fuente gráfica: Diario El Mundo 30 de mayo de 2025

Él me obligó

La ristra de mensajes de whatsApp entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos publicados estos días por la prensa revelan dos hechos que muchos ciudadanos intuían sin atreverse a certificar. Primero, que Sánchez dirige el PSOE con estalinista mano de hierro siendo implacablemente intolerante con la discrepancia. Demasiada evidencia constituye el expediente abierto a unos ingenuos diputados socialistas de las Cortes de Castilla y León que mientras censuraban al Gobierno, olvidaron apagar un micrófono, convertido en aliado del presidente. El segundo hecho es consecuencia del anterior. El todopoderoso Sánchez obligó a Ábalos a ser el portavoz de la moción de censura que en 2018 acabó con el gobierno de Mariano Rajoy.

Ábalos siempre fue muy ligero de cintura, tanto a la altura de los bolsillos, de chaqueta o pantalón, como para abajo. Manejar ingentes cantidades de dinero en efectivo y pernoctar en Paradores de Turismo son sus dos grandes debilidades. Al contrario que su mentor, que dice haber escrito Manual de resistencia, el exministro pensaba titular sus memorias Manual de débil resistencia. Muy debilitado, se vino abajo cuando su jefe le ordenó subirse a la tribuna del Congreso para decirle a Rajoy y, al mismo tiempo, a todos los españoles que “la decencia debe ser algo esencial, no algo accesorio”.

Para quien nunca ha conocido la decencia resulta harto difícil aquilatarla. Pero José Luis tragó carros y carretas. Y como su padre saltaba al ruedo, él saltó irremediablemente al albero del hemiciclo, consciente de que su jefe, tan despiadado con sus subordinados, puede resultar menos noble que un novillo dispuesto a embestir. Sin poder servirse del ChatGPT, por entonces no operativo, Ábalos se vio en la titánica tarea de elaborar un sólido discurso contra la corrupción. Le resultó tremendamente arduo denunciar aquello en lo que él siempre creyó y constituía su forma de vida. Aun así, lo logró. Y además con éxito en el resultado. Cayó el Gobierno del PP y engañó a media España.

Pero la amistad entre Pedro y José Luis ya no fue la misma desde aquel día. Y a estas alturas, se comprende que Ábalos no se lo perdone a Sánchez. El discurso que este le mandó pronunciar en el Congreso fue una auténtica traición a los principios de Ábalos. El trance más doloroso de su intervención fue al manifestar: “Nosotros no tenemos que decirle a nadie que se vaya del Partido, porque ya lo ha hecho. Nosotros no tenemos ningún caso así”. José Luis sabía que, más pronto que tarde, eso se volvería contra él, ya que permanecería fiel a sus valores y, además, jamás se iría voluntariamente del Partido. Hoy, apenas hace uso del whatsApp, salvo para enviar el mismo mensaje a sus señoritas de compañía: Él me obligó.

Manual de unanimidad

En su obra Bosquejo de Europa Salvador de Madariaga narra la anécdota del español que tras la Guerra Civil se exilia a Méjico y allí decide convertirse en concejal del municipio al que arriba. Como miembro de la corporación municipal, cierto día propone en el pleno la instalación de una farola en una plaza en la periferia de la ciudad y con deficiente iluminación. La propuesta es sometida a votación. Con el alcalde a la cabeza, los concejales van votando afirmativamente. Cuando le toca el turno al españolito proponente, este, ante la perplejidad de los demás, vota en contra de la proposición. Requerido de una explicación, responde: “Es que no soporto la unanimidad”. Concluye categóricamente Madariaga que el rechazo a la unanimidad es un rasgo muy característico del espíritu español.

Con anterioridad a las elecciones generales celebradas en 2023 algunos avezados observadores de la vida política nacional advirtieron de que aquellos comicios no se limitaban a escoger, uno entre dos candidatos, sino uno entre dos regímenes.  Meses después la senda peligrosa por la que se resbala la política gubernamental confirma el inquietante presagio. En estas líneas no nos sentimos obligados a arriesgar un pronóstico. Sencillamente, nos limitamos a ofrecer un panorama: El de un Gobierno promoviendo con la mayor desfachatez un ataque a la democracia desde dentro de ella y al amparo de ella con el único objetivo de quebrantarla. Un Gobierno protagonizando una impertinente farsa en la que el cinismo alcanza proporciones descomunales que ponen cada día más de manifiesto hasta dónde llega su déficit ético. Un Gobierno actuando siempre igual cuando se trata de combatir a un adversario que rebate sus doctrinas: ataca beligerantemente a la persona y no a los argumentos. Un Gobierno así, enfermo de demagogia y de sectarismo, aquejado de vaciedad dialéctica, ya no puede engañar a nadie. Bien claras están sus fechorías, patentes sus tenebrosos métodos y oportunamente desmontadas sus añagazas con las que aún persiste en embaucar a una cándida ciudadanía.

Hoy, el sanchismo se mantiene por inercia. Y sabido es que la inercia supone fuerza, pero de categoría accesoria, que acaba por desembocar en falta de fuerza. Es como un actor en la escena, pero de importancia secundaria porque su protagonismo se ha visto oscurecido por esa turbia atmósfera de corrupción que impregna toda la gestión de gobierno. Ya nada de ésta, salvo la insoportable presión fiscal, interesa a una ciudadanía que día a día observa asombrada cómo el Consejo de ministros adolece de un sinfín de rémoras, pero especialmente, la de anteponer siempre con su hipocresía habitual los deseos y ambiciones personales de su jefe por encima de los intereses generales. Una ciudadanía que se debate entre el riesgo de incurrir en la indiferencia colectiva ante la falta de decoro institucional y la agitada espera del momento de la caída de un presidente insidioso y con pretensiones autoritarias.                   

En este tinglado sanchista suceden muchas cosas: unas que ya se van sabiendo, otras que se sabrán y alguna que no se sabrá nunca. Detrás de un copioso racimo de obscenas mentiras el grupo de diputados peleles de obediencia servil permanece escondido y sumido en un inevitable desconcierto. Los más padeciendo una visión estrecha y fanática saturada de prejuicios, los menos recelando, pero cortos de miras. Ante tanta sinrazón disfrazada de argumentos huecos ¿Se hallará algún diputado en las orillas de la deserción? ¿Se animará alguno al heroísmo, aunque sólo sea en su afán de sobrevivir al sanchismo? ¿Alguno como verdadero español no soportará la unanimidad?

La revolución del sentido común

En La rebelión de las masas José Ortega y Gasset describe ciertos fenómenos de la humanidad actual. Uno de los que hace notar es que comienzan a surgir en el horizonte europeo grupos de hombres, los cuales, aunque parezca paradójico, no quieren tener razón. Nuestro filósofo se pregunta si se trata de fenómenos superficiales y transitorios o se inicia con ello un nuevo tipo de hombre y de vida que está dispuesto a vivir de la sinrazón. Cuando se libra la batalla cultural, por ejemplo, ante la locura woke, ese movimiento ferozmente identitario e inclusivo, cuyos partidarios vocean tantas insensateces, entre ellas, la de que no quieren ser racionales, debe recordarse necesariamente el texto de Ortega y oponer frente a la sinrazón el sentido común. Y cargado de razón Ángel Ganivet afirma en Idearium español haber restaurado algunas cosas, pero falta aún restaurar la más importante: el sentido común. No es casualidad que Donald Trump titulara La revolución del sentido común, su discurso de toma de posesión como nuevo presidente de los Estados Unidos de América.

Quienes desde los predios culturales han vencido en el combate de las ideas también han salido victoriosos en la contienda político-electoral: Georgia Meloni, Javier Milei y ahora el propio Trump constituyen ejemplos triunfantes en ambos campos. Ellos han entendido que, para limpiar la arena política, previamente habría que desbrozar la cizaña en el terreno cultural. Que podía salvaguardarse mejor la libertad, restaurando antes el sentido común. Que sólo desmontando los grilletes de la mentira podría liberarse la verdad. La victoria de los dos primeros dirigentes planteó la misma inquietud que hoy surge ante la vuelta de Trump. Transcurrido un tiempo, ni en Italia ni en Argentina se percibe una deriva totalitaria de la democracia, tampoco un menoscabo de la libertad como se padece en Venezuela, por ejemplo. Ciertamente habrá que esperar a lo que haga Trump, no a lo que dice, ya que suele ser ligero de lengua. Anunció que con él comenzaba una etapa dorada para América, “el día de la liberación”, lo llamó. Un lenguaje propio de los aliados que derrotaron al nazismo y liberaron a Europa de las garras de Hitler, aunque luego media Europa cayera bajo la tiranía estalinista del comunismo soviético. Sin embargo, las referencias del cuadragésimo séptimo presidente norteamericano a Dinamarca, Canadá o Panamá inquietan como cuando los alemanes pronunciaban Austria, Sudetes o Danzig. No se olvide que Hitler, quien sobrevivió a varios atentados, también se autodesignó como elegido por la Providencia. Esperemos que el mesianismo trumpista no acabe en tragedia.

En todo caso, para los de este lado del Atlántico el problema no es lo que hará Trump sino lo que estamos haciendo y haremos nosotros. Los europeos llevamos años instalados en la comodidad y en el apaciguamiento. Ya no estamos seguros de que la libertad se defienda a un alto e inevitable precio. Hemos dejado de confiar en nosotros, en Europa como estilo de vida, como baluarte de valores indisolublemente unidos a la concepción cristiana de la existencia. Occidente ha perdido la fe en su civilización. Incluso, algunos occidentales traicionan sus propias convicciones deseando la destrucción de la civilización occidental. Con una mentalidad así no resulta extraño que abunden entre nosotros actitudes timoratas o acomplejadas. Sin liderazgo político, sin fortaleza económica y con una cultura sometida al pensamiento único, que es, además, un pensamiento débil, Europa, Occidente, se dirige a su descomposición. O eso, o restauramos el sentido común.

Un alcalde gay, Cervantes y el Pepeíllo

El alcalde del municipio segoviano de Torrecaballeros, siendo gay y viviendo como un gay, ha querido comulgar en misa. El párroco que oficiaba la Eucaristía se lo negó. La Iglesia católica tiene prohibido dar la comunión a quienes practican actos sexuales inmorales. Los homosexuales, entre ellos el citado regidor municipal, sostienen que una regla así sólo a ellos los sitúa fuera de la comunidad católica y, por tanto, constituye discriminación. Al Pepeíllo, un personaje de Triana, que estando casado se acostaba con cinco mujeres cada día, no se le ocurría acudir a misa y ponerse en la cola de la comunión. Sabía perfectamente lo que hacía: un acto sexual inmoral, mejor dicho, cinco cada día. Era pecador, pero consciente de sus pecados. Y consciente también de que, si no se confesaba, arrepintiéndose, con propósito de enmienda y cumpliendo penitencia, no podría recibir la comunión. El maestro del periodismo, González Ruano definió a la confesión como una limpieza honrada de nuestro corazón para que Dios pueda entrar en él, en nosotros sin que nos avergüence demasiado recibirle. Demuestra más auctoritas el Pepeíllo que un alcalde segoviano.

Para liar más la madeja, la ministra de Igualdad ha salido en tromba tratando de defender al alcalde gay privado de la comunión, pero que luego sí suele comulgar con ruedas de molino. La igualitarista señora ha pedido al Tribunal Constitucional que actúe ante un caso evidente de discriminación exigiendo que las normas eclesiásticas se alineen con la Constitución. Sorprende que una miembro del Gobierno, que desprecia a la Carta Magna y que no se preocupa de exigir a sus socios catalanistas cumplir los preceptos constitucionales, se erija en férrea defensora de la Constitución cuando está por medio la Iglesia católica. Sorprende asimismo la ignorancia de la ministra porque la Iglesia española forma parte de la Iglesia universal y es la Santa Sede el lugar al que debe dirigir su queja. Y, por último, sorprende que hable de discriminación y desigualdad alguien que debiera saber que al Premio Cervantes de Lengua española sólo acceden los escritores que manejan dicho idioma, así se concibió en su creación, sin que los que se expresan en siwi, lengua bereber de origen afroasiático, pongo por caso, protesten alegando discriminación y trato desigual. El Pepeíllo, que hablaba siwi a su aire, tiene también más auctoritas que una ministra del Gobierno de España.

Mafias, sectas, izquierdas

Hoy se ha sabido que el puesto laboral del hermano de Pedro Sánchez se creó de manera urgente en tres días. Inaudita urgencia, la que no imprimió el Gobierno en atender la catástrofe de Valencia. La investigación no ha detectado la necesidad que decía tener la Diputación de Badajoz para crear el puesto a Sánchez II. Con el paso de los años, se incrementa el nivel de inmoralidad del PSOE. En tiempos de González, el hermanísimo, con despacho, pero sin sueldo, era el del vicepresidente del Gobierno. Hoy, el super hermanísimo, con despacho y sueldo, es el del presidente. No hay honradez que cien años dure. La Justicia ha citado por indicios racionales de delito a Sánchez II, al secretario general del socialismo extremeño y a siete cargos de la Diputación.

También se ha sabido que el comisionista Aldama, el nexo corruptor, asegura que en los próximos días seguirán saliendo evidencias porque las tiene. Que él sin pruebas no se mete el tiro en el pie que se ha dado. Que tiene la recámara llena de balas contra Sánchez. Ha disparado la primera bala sobre él. Las restantes serán contra el presunto autor de Manual de resistencia que ya se prepara para resistir en su búnker de Moncloa como un púgil sonado que tiene obturada la visión de la realidad. Al decir Aldama que los que mienten son ellos, refiriéndose al Consejo de ministros, no revela nada nuevo. Que desde el Gobierno se miente lo saben en España hasta los chiquillos de Primaria.  

Más noticias. Desde Moncloa se amenazó a cargos medios del PSOE madrileño para forzar la dimisión de Lobato, quien dimitiendo ha querido evitar una carnicería. Lobato parece haber tenido más dignidad o menos chalaneo que García Page, o quizá ambas cosas. El entorno monclovita confía en que con la operación de limpieza de quienes no siguen los dictados del dictador escarmienten los críticos con la dictadura. Aún falta trecho, pero el PSOE va camino de parecerse al NSDAP. Algún diario vaticina que el Congreso federal del PSOE en Sevilla se celebrará bajo una “tormenta perfecta sobre el sanchismo”. Ojalá que sea una DANA más destructiva que la de Valencia. En daños materiales, se entiende. En los personales, ya se encargarán los propios sanchistas de destrozarse entre ellos. ¿O el Congreso de Sevilla será como los Congresos de Nuremberg y la mansedumbre del rebaño nazi?

Más. Pepe Álvarez, renovado presidente de UGT, promete subir los sueldos y trabajar menos horas. Y que así aumentará la productividad, dice. ¿Y no subirán también los precios? Difícil reto. Como difícil será también para el sindicato devolver a la Junta de Andalucía los 40 millones de € a que ha sido condenado por el saqueo, en 2013, de fondos de parados. Por ello, además, han sido condenados a prisión y a pagar indemnizaciones cinco ex dirigentes de UGT de Andalucía. Dos periodistas, Silvia Moreno y Manuel Becerro, de los llamados de raza, descubrieron la comisión del delito y por ello sufrieron perjuicios a causa del infame señalamiento y persecución por parte del propio sindicato. Ojalá, Pepe el sindicalista resulte ser altamente productivo en devolver los 40 millones.

Dos apuntes más: Urtasun, ministro de Incultura, impide al mundo del toro acudir a la entrega de la Medalla de las Bellas Artes. ¿Habrá leído este ilustrado Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca o conocerá las pinturas de Goya, Botero o Picasso sobre la tauromaquia? Con su sectaria actitud ha restado lustre a la ceremonia quien sumó años a un lustro. Hay gente que no sabe restar ni sumar. Estados Unidos, aún con Biden al frente, presiona a España para que reconozca a Edmundo González. ¿A quién pedirá Sanchez ayuda en este asunto venezolano? ¿A Zapatero o a Aldama? El primero desaparecido y el otro ¿desconocido?