Archivo por meses: marzo 2024

31 de marzo. Santa Balbina (siglo II)

Quizás fuera una mártir, pero no hay datos que avalen esta tesis. Los testimonios más antiguos sobre ella ponderan su virginidad y su perseverancia en servir y agradar a su Esposo Jesús, hasta que acabada en paz esta vida mortal, se fue al descanso de la gloria.

Sí debió de ser, en cambio, una conversa, como su padre, el tribuno militar San Quirino, quien tuvo encarcelado por orden del emperador al Papa San Alejandro I. Sin embargo, habiendo oído decir que el pontífice obraba curaciones milagrosas, Quirino le llevó a la cárcel a su hija Balbina, enferma. El Papa accedió a las súplicas disponiendo que le quitaran la argolla que llevaba al cuelo y se la pusieran a Balbina. Al sanar repentinamente la muchacha, se convirtieron padre e hija, junto con sus familiares y todos los demás presos que habían presenciado el milagro. A todos los bautizó San Alejandro e instruyó a Balbina para que supiese cómo conservar la virginidad perpetua, como era su deseo.

Dice la tradición que Santa Balbina besaba siempre con mucho amor la argolla que había encadenado el Papa y que había sido como un yugo suave de Cristo por el cual obtuvo curación y recibió la fe.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

30 de marzo. Juan Clímaco (… – 649)

Conocido como Juan el de la escalera, era un monje y abad del monasterio Monte Sinaí, que gozó de una fama inmensa como director de almas en la primera mitad del siglo VII. Su recuerdo no está vinculado a una biografía, sino a un libro, Escala santa, que ha tenido tanta influencia entre los monjes de Oriente y de Occidente.

Es una obra excepcional, que une la elevación a la sencillez, el rigor a la serenidad, los impulsos más espirituales a la agudeza psicológica y al sentido común. En treinta escalones hace recorrer el camino que lleva desde el hombre a Dios, empezando por la renuncia a sí mismo y concluyendo en el amoroso Absoluto.

Ascensión en la que cada peldaño es un desprendimiento, desde el simple ruido («oponer el silencio de los labios al tumulto del corazón»), y las pasiones exteriores hasta la última fortaleza den encastillado orgullo: «Los hombres pueden sanar a los voluptuosos, los ángeles a los malvados, pero a los soberbios solamente Dios».

La iconografía bizantina difundió la imagen de la mística escalera por la que trepan las almas, tironeadas, empujadas por demonios que pretenden precipitarlas en las abiertas fauces de un dragón. Entre un revuelo de ángeles luminosos y una atmósfera de intenso colorido sobrecogedor, el alma ligerísima y trémula que tras subir por la vertiginosa escalera, llega a las alturas y cae como una pluma en el regazo de Dios, empujada por el último soplo de la Gracia.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

29 de marzo. Santos Jonás y Baraquicio (… – 327)

Dos mártires persas, tal vez hermanos, procedían una aldea llamada Jassa, y fueron víctimas de la persecución que desató contra los cristianos el rey sasánida Sapor II. Habían sido condenados a muerte nueve cristianos, y Jonás y Baraquicio salieron de su aldea para visitarles en las mazmorras y transmitirles aliento. Pero se vieron comprometidos y se les encarceló, exigiéndoles que adoraran al soberano y rindiesen culto a los elementos de la naturaleza.

Ante su negativa, fueron azotados y finalmente martirizados: Jonás aplastado en una prensa para la uva y Barasquicio sufrió el vertido de plomo derretido en su garganta. Un devoto varón llamado Absidotas rescató los santos cuerpos por quinientos mil daries, la moneda del país, y tres vestidos de seda, y les dio cristiana sepultura.

Mientras en Occidente, Constantino protegía a los cristianos, en Oriente, la persecución hacía mártires; unos tenían que resistir el halago, y otros la tortura; en Roma la absorción, en Persia el exterminio; en Europa las tentaciones de la influencia y del poder; en Asia las de la apostasía, doble experiencia complementaria que los católicos del siglo XXI conocen también. Aprendamos de San Jonás y de San Baraquicio.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

28 de marzo. San Esperanza (… – 517)

El Papa San Gregorio Magno nos habla de él en el cuarto libro de sus Diálogos, y empieza por sorprendernos un nombre poco frecuentemente impuesto a un varón: Spes o Esperanza, como si fuese una virtud teologal personificada. San Esperanza fue un monje fundador de un monasterio próximo a Nursia, abad del cenobio, hombre piadosísimo y de gran serenidad que sufrió sin una palabra de impaciencia o desconsuelo la desgracia de ser ciego durante cuarenta años.

Pasado el tiempo, recobró la vista. Y Dios le mandó entonces que visitase los monasterios vecinos predicando a los monjes, para que se viese que el Señor, que le había devuelto la luz, le convertía en instrumento a fin de que los demás le recibiesen en los ojos del alma. A su regreso, tras haber recibido la Eucaristía, murió cantando salmos con la comunidad. Dicen que se vio salir de su boca el alma en forma de paloma blanca que, volando por el oratorio, rompió el techo y se perdió en las aturas.

San Esperanza es el Job cristiano que no pide cuentas a Dios por su desdicha, ya que su humildad le impide hacer reclamaciones, y solo ve en la adversidad una misteriosa prueba de amor que no puede entenderse.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

Libercast.

27 de marzo. San Juan de Egipto (304-394)

Nacido en Licópolis, hoy Asiut, de profesión carpintero, Juan se dedicó en edad madura, a hacer vida de ermitaño, adquiriendo una reputación de santidad solo inferior a la del famosísimo San Antonio, y profetizando las victorias del emperador Teodosio.

Cierto día el eremita acogió en su caverna del desierto a una mujer errante y extenuada que le conmovió con la dulzura de sus palabras; siguieron otras más dulces aún, mezcladas con risas y caricias, y hasta la mujer tuvo el atrevimiento de tocar las barbas y el mentón de Juan. Y cuando éste, cediendo a los impulsos de una pasión desordenada, tendió sus brazos hacia ella, el demonio, revestido de aquella apariencia, pero cuyo cuerpo fantasmagórico no era más que aire, se esfumó lanzando alaridos espantosos, y un tropel de malos espíritus acudió para presenciar entre burlas la confusión del hombre de Dios.

Para el recuerdo nos queda la escena pintada por el sienés Pietro Lorenzetti en un fresco del camposanto de Pisa: una mujer de hermosura extraña y glacial fija su mirada obsesionante en el monje barbudo que le aprieta la mano. Una atmósfera como de sueño, voluptuosa y fatídica, envuelve a la bella y al solitario. Es la imagen de la debilidad, la compasión peligrosa que permite la caída y que el Diablo le enternezca. No es malo ver también a los santos apeados de sus altares y de su impasibilidad aparente, turbados y zarandeados por el instinto, débiles como todos hasta querer incluso abrazar la fantasmagoría que se deshace en un estrépito infernal, en humo y arrepentimiento.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

26 de marzo. San Braulio (590-651)

Se ignora donde nació. Sí se sabe que se educó con su hermano Juan, obispo de Zaragoza. Braulio fue muy versado en humanidades y completó su formación en Sevilla, junto al gran San Isidoro. A la muerte de su hermano (631), Braulio le sucede en la sede episcopal zaragozana. Dos años más tarde se encuentra por última vez en el Concilio de Toledo con su amigo y maestro Isidoro rogándole que le envíe el libro de las Etimologías, al parecer compuesto a petición suya.

Uno y otro intercambian cartas admirables de piedad, cariño y bibliografía, porque Braulio es un incansable bibliófilo. Tras la muerte de San Isidoro, será en un nuevo concilio toledano, donde su amigo se revela como heredero y sucesor de aquella lumbrera, figura de mayor reputación dentro de la Iglesia española.

En los años finales de su vida, San Braulio multiplica su actividad: influye en los reyes, responde al Papa Honorio con tanto respeto y veneración como energía, ya que el pontífice reprocha injustificadamente a los obispos de España su supuesta lenidad, es autor de himnos que se incorporan a la liturgia mozárabe, atiende a todo género de consultas y gobierna su diócesis con bondad y criterio firme. Ya casi ciego y con la salud muy quebrantada, sigue buscando afanosamente códices para adquirir y copiar. Encabezaba sus cartas como «siervo inútil de los Santos de Dios».

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

25 de marzo. La Anunciación

Nueve meses antes de la Navidad se conmemora la visita del arcángel Gabriel a una virgen de Nazaret llamada María, según cuenta San Lucas, el evangelista, a quien Nuestra Madre y Señora debió de contar tan singular episodio. Ella está en su casa y un enviado de Dios se hace visible como luz radiante en forma de muchacho celeste y le manifiesta un mensaje. De él dirá el insigne escritor José María Pemán que fue el primer cuerpo diplomático de la Historia.

El mensajero la saluda y habla de sucesos futuros: «Concebirás y darás a luz a un Hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Será grande y se llamará Hijo del Altísimo». Ella objeta: «No conozco varón». El ángel explica: «Nada hay imposible para Dios», recordándole que la esterilidad de su prima Isabel no le ha impedido concebir. Pero lo cierto, más que afirmar, el mensajero pregunta. Dios no quiere ser hombre sin que su madre humana acepte libremente la maternidad.

Dios haciéndose hombre en un lugar de Galilea es un irrepetible prodigio trascendental que depende de la respuesta de María: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra», es la contestación. Y el Verbo se hizo carne con aquél sencillo asentimiento.

Fuente: La casa de los santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

Libercast: Ven y verás. https://www.youtube.com/@libercast.oficial

El Pregón de Combate de Raúl Mayoral para la batalla cultural

Desde que apareció el pasado mes de junio el libro Pregón de combate para jóvenes de espíritu (Tu librería, 2024) han sido muchas las ciudades a las que su autor, Raúl Mayoral Benito, ha acudido para presentar su obra en la que aborda contundentemente el asunto de la batalla cultural. Un texto de gran calidad literaria en el que se percibe un profundo conocimiento de los temas que propone, enriquecidos por una interesantísima y reseñable bibliografía.

-Empecemos por el título de su libro. Propone usted un término que puede ser malinterpretado hoy en día ¿a qué tipo de combate se refiere?

-Antes del término combate quiero reivindicar el término pregón. Me recuerda a mi infancia vivida en la España rural. Conocí la entrañable figura del alguacil de pueblo que en la plaza daba el pregón informando al vecindario sobre hechos relevantes para la vida diaria. He querido plasmar en el título el término pregón como proclama o manifiesto que se hace de viva voz en lugar público para que llegue a conocimiento de todos, pero también como discurso en celebración de una festividad y animando a participar en ella. Sólo que mi proclama es por escrito y además yo no convoco una celebración sino a un combate. En efecto, pero se trata de una contienda intelectual, un debate de ideas. Yo no convoco a una pandilla de camorristas para salir a pelear a la calle. No es momento de retórica sino de dialéctica, de debatir y combatir intelectualmente.

-El subtítulo también hay que analizarlo con detalle. Ante la batalla cultural por la defensa de la libertad y por el rearme moral. ¿No le parece que todo eso da para varios tomos?

-Batallas culturales se han librado muchas a lo largo de la Historia. Y nosotros, los católicos, somos peritos en estas lides. Quizá el paradigma sea Trento. De una controversia teológica surgirá una auténtica contienda cultural que alumbrará el barroco español para certificar el triunfo, no sólo sobre la Reforma protestante, también sobre la sobriedad calvinista en el arte. Otra disputa intelectual es la que emprende la Iglesia católica contra la Ilustración y su razón divinizada. Espoleados por el Movimiento de Oxford, los católicos ingleses también se enfrentan culturalmente al anglicanismo británico de exacerbado componente nacionalista. Incluso los católicos alemanes plantan cara a la Kulturkampf promovida por el canciller Bismarck, que pretendía, entre otras cosas, acabar con la influencia de la fe en la educación. Del siglo pasado es el Movimiento Esprit que libra una batalla cultural, pero con trasfondo espiritual al entender nítidamente sus seguidores que bajo el desorden terrenal hay una pugna espiritual entre el bien y el mal, la verdad y la mentira. No menos espiritual es la lucha protagonizada por la Iglesia católica contra el paganismo nazi. Finalmente, la cultura y además el púlpito fueron asimismo el coso donde se batió la jerarquía católica de más allá del Telón de Acero contra el ateísmo de la hoz y el martillo. Por tanto, nada nuevo bajo el sol.

-¿Por qué ha escrito este libro?

-Por mis hijos, jóvenes de hoy, y por su generación. Para proporcionar a la juventud actual criterio, argumentos con que defenderse del pensamiento único. Son los jóvenes los más expuestos al zarandeo que este convulso mundo y su disparatada cultura están provocando. Yo solía escribir semanalmente una columna en prensa digital, pero mis hijos, tenemos cuatro y todos varones, no me leían, porque ellos prefieren los podcasts, los canales de YouTube y los foros de las redes sociales. Fue uno de mis hijos el que me animó a abrir un canal en YouTube, Libercast. Reacio al principio, comencé a subir podcast titulándolos “pregón de combate 1”, 2, 3 y así sucesivamente. Llegué a incluir 10 pregones en YouTube. Y un buen día me dije: Tengo que escribir un libro sobre todo esto. Y agradezco a mi hijo el empujón que me dio. Y por ello les brindo a los jóvenes la posibilidad de pertrecharse con una armadura de ideas y conceptos que les permitan sostenerse en los conflictos existenciales de nuestra época, sometida a corrientes de pensamiento ruinosas y disolventes. Y, al mismo tiempo, animarlos a la acción en coherencia con una cosmovisión cristiana que es la base de la civilización occidental, puesta hoy en riesgo.

-¿No le parece que la cultura siempre ha sido patrimonio de la izquierda en este país? Al menos eso es lo que nos han hecho pensar durante años. ¿A qué cultura se refiere usted?

-Por supuesto, no a una cultura hedonista, materialista y relativista como la actual, que está degradada y resulta insolente e impertinente al incitar al odio, al resentimiento y la revancha. Para mí la cultura tiene un componente más elevado que terrenal. La verdadera cultura es la que ensancha el espíritu y la conciencia del hombre. Es en la conciencia en donde anida la verdad y la libertad del ser humano. Y una cultura así no existe porque las certezas son acalladas cuando no demolidas y se cancela la libertad. La cultura entonces se halla adulterada por la ideología o por el dinero fomentando un individualismo disgregador, que conlleva el extravío del hombre. Es una cultura que mantiene al hombre caído o, como diría Dante, en suspenso. Y el fin último es imponer a todos un único modelo de cultura, una uniformidad cultural como persigue la Agenda 2030 y para ello se sacrifican la verdad y la libertad.

-También acuña el concepto “jóvenes de espíritu”, algo que podría hacer pensar que este libro estuviera escrito para jóvenes.

-Ya lo he dicho anteriormente. Ellos son los destinatarios más prioritarios. Pero también los no jóvenes pueden ser destinatarios y lectores del libro. En él se contienen muchas reflexiones sencillas, de todos sabidas, pero que, por eso mismo, han sido olvidadas. Y debemos recordarlas porque quienes pretenden confundirnos nos recomiendan antes que olvidemos. Por eso dedico varias páginas a la Historia, que actúa como referente o anclaje para las nuevas generaciones. Decía Cicerón que “ignorar lo ocurrido antes de nacer uno es condenarse a ser siempre niño”. Es injusto impedir a los jóvenes que tengan su propio juicio crítico.

-Después de varios meses de frenética actividad ha presentado ya su libro en dieciséis ciudades españolas, además de firmar libros en su Talavera natal y participar en diversos actos. ¿Hay interés por la batalla cultural? ¿La gente tiene claro de qué se trata?

-Más que el interés, que lo hay, lo más llamativo que me resulta es que el público sabe de qué hablamos cuando se les dice que previamente a dar la batalla política hay que librar la cultural. Porque a los totalitarismos y populismos que hoy nos acechan como enemigos de la libertad se los combate económica pero también intelectualmente. La gente tiene muy claro que si la política está degradada es por causa de una cultura degradante. Si no sanamos la cultura no liberaremos la política. En los últimos años hemos asistido al triunfo político de dirigentes que previamente libraron el combate cultural: Georgia Meloni en Italia, Javier Milei en Argentina y ahora Donald Trump. Ellos han entendido bien que para limpiar la arena política antes debe limpiarse el terreno cultural de cizaña y malas hierbas.

-Han sido muchos los medios de comunicación que se han hecho eco de su libro. ¿Estamos en medio de una batalla cultural realmente? ¿Cuáles son los bandos?

-Por supuesto, y hay dos bandos, democracia frente a totalitarismo, derechos catalogados frente a deseos que pretenden transformarse en derechos, normas morales frente al antojo del yo, sentido religioso frente a laicismo, sentido común frente a ideología. Por cierto, el discurso de Trump en su toma de posesión se tituló La revolución del sentido común. En suma, los dos bandos en liza son la civilización frente a la barbarie. Pero insisto bajo esta lucha cultural se está librando una pugna espiritual entre Cristo y Lucifer, como afirmaba Unamuno en Agonía del cristianismo.

-Política, economía, cultura, medios de comunicación, tecnología, memoria histórica, corrección política… estos son algunos de los apartados de su libro, pero en varias ocasiones le he oído decir que en su libro no habla de política. ¿Se pueden abordar estos temas sin hablar de política?

-Hablo de una política que hoy no existe, como tampoco existe esa cultura que ha de elevar el espíritu y a la que aspiramos muchos. La política ha de ser una noble tarea al servicio del bien común. El político ha de servir al ciudadano, no servirse del ciudadano para ostentar el poder. Aunque es un error generalizar, sin embargo, hoy la política parece llevar máscara. Parece tiempo propicio para los impostores. No es sólo la corrupción, existen otros vicios más en la actual política: el engaño de unos, el complejo de los otros, mucha demagogia y sectarismo partidistas, el egoísmo territorial, …Yo sostengo que para que germine esa noble y alta política antes deben limpiarse los predios culturales de las malas hierbas, de la cizaña que impide que germinen frutos fecundos en la realización política.

-En una de las presentaciones de Madrid estuvo acompañado por Esperanza Aguirre y por Alicia Delibes. ¿Qué pueden aprender los políticos al leer su libro?

-No pretendo dar lecciones a los políticos, pero sí una recomendación: deberían leer más a Tomás Moro y a Erasmo de Rotterdam que a Maquiavelo. Como decía el francés Mounier no basta con tener sensibilidad política, hay que tener sensibilidad por la moral en política. Ello les ayudaría a no creerse imprescindibles y a tener los pies en suelo firme y no en terrenos pantanosos o de arenas movedizas.

Ideología de género, cambio climático, laicismo… wokismo por todas partes. ¿Qué nos propone para vivir en un ambiente tan contaminado?

-No callar nunca ante quienes pretenden silenciarnos, y defender siempre la verdad y la libertad ante sus enemigos. Hoy el silencio es claudicación y la ambigüedad es traición. Comprendo que lo que propongo resulta muy difícil con el caballo de Troya de la corrección política ya dentro de nuestra ciudadela. Suelo decir que el primer caso de corrección política lo protagoniza Simón Pedro cuando antes de que cante el gallo niega tres veces a un Maestro galileo. Pero debemos armarnos de valor y formarnos e informarnos, porque muchas veces carecemos de la formación adecuada y la información precisa. Luego como creyentes tenemos un deber de conciencia y de coherencia, que nos obliga a comprometernos y participar en el espacio público y no escondernos. Decía el cardenal Newman que el verdadero cristiano ha de estar siempre en alerta.

-Familia, vida y educación. Una ciudadela ¿Indestructible?

-Sí, si todos hacemos lo que debemos y no estamos haciendo por ahora. Por eso la batalla cultural la estamos perdiendo y por goleada. Porque no comparecemos que es nuestro deber. Decía un sabio que si todos barrieran las puertas de sus casas las calles estarían limpias. Con ello quiero decir que la remontada debe empezar por nosotros mismos. Es un error pensar que el mal está siempre en el de enfrente. También nosotros debemos mejorar. Primero en nuestro interior y luego mejorar fuera, en nuestro entorno y con nuestro prójimo. Como hombres de fe, debemos sanar al resentido y calmar a los apocalípticos. En suma, debemos ser ejemplares. El ejemplo es muy combativo, muy poderoso. Eso nos ayudará además a ser influyentes, que es lo que debe ser un católico en la sociedad.

-Usted es católico. En el libro deja clara su posición, pero hace una llamada significativa en uno de los capítulos finales “salid de las sacristías” ¿Qué quiere decir?

-Esa es la parte esencial del libro. Tras el diagnóstico, la terapia. Y enlaza con la pregunta anterior. Hoy se impone un laicismo beligerante que pretende expulsar la religión de la vida pública recluyéndola en una reducida intimidad. Y se miente afirmándose que eso es señal de modernidad. Pero en ningún sitio está escrito que para ser un buen ciudadano debamos renegar de Dios. Este es uno de los terrenos decisivos en que como católicos debemos librar la batalla cultural. Se trata de defender nuestra libertad religiosa, pero a la vez también la libertad de educación y de expresión. Este es un combate capital que, si lo perdemos, acarreará el desplome de otros frentes igual que se vienen abajo las fichas de dominó. Pertenezco a una asociación eclesial, la Asociación Católica de Propagandistas, que a principios del siglo XX contribuyó a modernizar el catolicismo español y a innovar en muchas de las estructuras sociales de España, como la educación o el periodismo, es decir, la cultura, pasando por la política en la que se creó un partido que unificó a las derechas regionales, o por la economía, en donde se alumbró el cooperativismo agrario. El carisma del propagandista consiste en la presencia del católico en la vida pública como agente de evangelización, por tanto, saliendo a la calle, a la plaza pública. Herrera dijo que él había venido a poner en las manos de los católicos españoles el Rosario en una y la papeleta de voto en la otra. Pero era consciente de que primero había que formar minorías como levadura de movimientos sociales y culturales de gran pretensión reformadora. De ello también trato en el libro.

-El libro tiene muy buenas reseñas en Amazon, pero me gustaría saber cómo es la reacción de los lectores a pie de calle. ¿Está satisfecho con su trabajo?

-Quizá el halago más reconfortante fue el que me hizo alguien al decir que mi libro debía ser un manual de texto en los colegios católicos. Es precisamente en la escuela, en las aulas en donde también debemos librar la batalla cultural. Con un sistema educativo que ha cancelado el mérito propugnando un nefasto igualitarismo, y una escuela considerada más un espacio de entretenimiento que de aprendizaje, nos dirigimos como sociedad sin rumbo y a la deriva. Por supuesto que estoy satisfecho con lo realizado, porque tengo la convicción de que soy instrumento al servicio del Señor. Tengo poco mérito. Él ha hecho el casi todo. Yo sólo el casi nada, como decía aquel anciano párroco asturiano. Le confieso que cuando estaba escribiéndolo sentía como si me llevaran en volandas. Me sucedieron episodios muy curiosos, como aparecer material relevante para el libro sin yo buscarlo o la facilidad con que estructuré el índice, del que también se ha dicho que es muy provocativo y no deja indiferente a nadie. Por eso, en la lista de agradecimientos recogida al final del libro está Él.

-Como he dicho al inicio de la entrevista esta es su primera obra publicada. ¿Tiene pensado seguir escribiendo sobre el tema? ¿Quizá otros?

-Estoy intentando terminar una novela histórica sobre la Segunda Guerra Mundial con una trama final en Berlín y Madrid y un hilo conductor: el cristianismo salva a Europa. De hecho, hice una pausa en este relato para escribir Pregón de combate. Y no descarto escribir un homenaje al maestro, el verdadero héroe de nuestro tiempo.

Entrevista realizada por Miguel Ángel Blázquez en el diario digital Religión en Libertad el 1 de febrero de 2025. https://www.religionenlibertad.com/cultura/250201/entrevista-raul-mayoral-benito-miguel-angel-blazquez_110303.html

24 de marzo. Santa Catalina de Suecia (1330-1381)

Aun después de hacerse protestantes, los suecos siguen viendo en ella un prototipo nacional de mujer resuelta y animosa, de fuerte personalidad y atraída por el imán espiritual de Roma. Hija de Santa Brígida (23 de julio), Catalina contrae matrimonio con el piadoso conde Edgard Lydersson, haciendo voto de castidad. En 1350, se trasladó a Roma para ayudar a su madre, ocupada en conseguir que los pontífices aprobaran la orden del Santísimo Salvador.

Vivió un cuarto de siglo en la Ciudad Eterna entre grandes austeridades, cuidando a pobres y a enfermos. Tras enviudar, a la muerte de Brígida, volvió a su patria, fue abadesa del monasterio de Vadstena, en la orilla derecha del lago Vättern. Todavía en 1375, efectuaría de nuevo un largo viaje hasta Roma para activar la aprobación de la orden y promover la canonización de su madre.

Murió en Vadstena como espejo de virtudes, y según la tradición, se vio surgir en el cielo una estrella desconocida que permaneció en el aire sobre el monasterio hasta que llevaron a enterrar a la santa, para luego desaparecer cuando su fatigada humanidad andariega volvió al polvo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

 

23 de marzo. San Toribio de Mogrovejo (1538-1606)

Debió de nacer en Mayorga, Valladolid. Toribio estudió en ésta ciudad así como en Salamanca y Coimbra. En la universidad salmantina se graduó en Derecho y en la de Coimbra impartió clases, siendo un brillante jurista seglar, al que en 1575 se le nombró presidente de la Inquisición granadina.

¿Cómo se le ocurrió a Felipe II pensar en este hombre que no era sacerdote para arzobispo de Lima? Toribio dudó mucho en aceptar, pero al fin recibe las órdenes, se le consagra obispo de Sevilla y en 1581 llega al Perú, donde tiene una diócesis tan grande como un reino de Europa, con caminos impracticables, indios indóciles y españoles acostumbrados a su capricho y conveniencia.

A todo ello remediará San Toribio, que lleva la fe cristiana y el orden de Trento a aquellas lejanas tierras. Recorre una y otra vez el Perú, aprende varias lenguas indígenas para poder predicar en ellas, publica un catecismo, funda el primer seminario de América y se enfrenta con los privilegios abusivos de las grandes órdenes religiosas y con el absolutismo del virreinato.

El Narigudo, como le llamaban los indios por su prominente nariz, derrocha caridad, inteligencia y vigor, se expone a los mayores peligros, alienta la espiritualidad de Santa Rosa de Lima y la muerte le sorprende en uno de sus numerosos viajes, en Saña Grande, donde se hace cantar por un misionero, al son de un arpa, el salmo In te, Domine speravi.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol