Archivo por meses: julio 2024

31 de julio. San Ignacio de Loyola (1491-1556)

Inmenso personaje de la historia humana. Uno de los hacedores del mundo moderno. Soldado que vive su ideal con ímpetu irresistible, símbolo de una Iglesia luchadora que no se resigna a la pasividad y que pelea por la gloria de Dios. Un militar siempre de servicio.

Nace en Loyola, cae herido en Pamplona, hoy en medio de una calle una placa recuerda el lugar, luego Montserrat, Manresa, Montmartre en París, por fin Roma… Como buen soldado, sacrifica en la batalla todo lo suyo, empezando por su nombre.: en Roma Iñigo suena a raro, y elige uno universal, el de San Ignacio de Antioquía. Es la aplicación onomástica del todo para todos de San Pablo, romanos en Roma, chinos en China, guaraníes en el Paraguay, despojarse de lo que legítimamente les pertenece, nación, lengua, nombre, identidad para sus altos fines.

Un buen general pide resultados y así el genio de San Ignacio de Loyola y el de su Compañía se relaciona siempre con aspectos prácticos: confesionarios y dirección espiritual, ejercicios y cultura, escuela y propaganda, predicación e influencia política, un gigantesco reguero de empresas visibles en la tarea de transformar el mundo. Pero aunque tan metido en la Historia, rehaciéndola para que se parezca más a Dios, nunca pierde de vista que no es él ni los suyos quienes se salvan, sino el Espíritu.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

30 de julio San Abdón y San Senén (… – 250)

Eran orientales, concretamente, persas, Abdón y Senén fueron llevados a Roma en condición de cautivos y como allí fueron pertinaces en la fe, se les echó a las fieras, y como no se atrevieron a tocarles, fueron degollados. Tuvieron mucha veneración en la antigüedad y sus reliquias se conservan hoy en San Marcos, dentro del Palazzo Venezia de Roma.

San Abdón y San Senén llegaron a Roma para el propio sacrificio aportando sangre persa. Traídos como cautivos, recorrieron enormes distancias, sólo para morir en la capital de aquél mundo. Quizás en el Coliseo, quizás ante la estatua colosal de Nerón que había junto a él, pero seguro que a Dios le daba exactamente igual.

Per lo cierto es que ellos mismos son una resplandeciente conjetura que acaba en la certeza de la muerte por la fe.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

29 de julio. Santa Marta (siglo I)

Marta de Betania, hermana de María y de Lázaro, está en todo: modelo de ama de casa hacendosa y concienzuda. Recibe al Señor, y se multiplica para procurarle la mejor hospitalidad. Cuando su hermana sólo está pendiente de las palabras del Maestro, ella se queja porque no la ayuda. Y se le da una contestación en la que hay un dulce reproche: «Marta, Marta, mucho te afanas. María ha elegido la mejor parte». Podríamos pensar que se no se merecía ese trato; podíamos pensar tantas cosas.

Marta daba a entender que su hermana pierde el tiempo en vez de hacer algo útil y que todo el trabajo recae sobre ella. Y Cristo le aclara cuál es su orden, que es revolucionario: lo útil tiene que ir al final de todo, que se posponga a lo único importante, que es ser para Dios. Marta, y tras ella nosotros encajamos la lección, que es como un tropiezo que rectifica el camino. Haciendo mucho llegamos a olvidar todo lo que no sea hacer, excusándonos de lo que tiene prioridad absoluta, porque sólo hay una cosa necesaria: servir al Señor.

Santa Marta, patrona de amas de casa, cocineras, hosteleros… tan llena de simpatía sirviendo incesante, sacrificadamente, para que todo esté en orden, el hogar, nuestras vidas y el alma.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

28 de julio. Santa Catalina Tomás (1531-1574)

Mallorquina de Valldemosa, al quedar huérfana, Catalina fue a vivir con un tío en la finca de Son Gallart, cerca del pueblo haciendo de criadita y de pastora; un ermitaño, el padre Antonio Castañeda, la dirigía espiritualmente. Luego se trasladó a Palma para trabajar de sirvienta con el propósito de hacerse religiosa, pero al no tener dote ni instrucción, ninguna de las comunidades de la ciudad quiso aceptar a aquella payesita, que no cejaba de rezar.

Por fin se allanaron todas las dificultades, inexplicablemente tres conventos estuvieron dispuestos a admitirla, y ella eligió el de Santa María Magdalena, de monjas agustinas, en el cual tomó el velo en 1553. Allí vivió sólo para servir, nunca pasó de enfermera y ayudante de tornera, entre éxtasis, visiones y gracias espectaculares que hacían que acudiesen a ella muchos de la ciudad para pedir sus consejos y encomendarse a sus oraciones. Nada de eso cambió su actitud de obediencia y humildad.

Santa Catalina Tomás fue una santa tan sencilla, tan insignificante en su apariencia que a menudo se complacía en rasgos extravagantemente infantiles para que la tomaran por tonta. Hoy en su festividad se la conmemora en fiestas y procesiones populares, en las que no faltan disfraces de demonios en recuerdo de los embates del Maligno contra aquella florecilla de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

27 de julio. Los Santos Siete Durmientes

Parece un capítulo de Las mil y una noche, la Leyenda Dorada lo cuenta, luego un poeta inglés del barroco les menciona, pero es sólo una historia fantaseada de los primeros cristianos de Efeso, la ciudad en que se supone murió la Virgen María. La Dormición de la Virgen, como suele decirse en Oriente. También puede aplicarse ese término a estos siete cristianos efesinos tras huir del perseguidor Decio y ocultarse en una cueva próxima a la ciudad. Caen en un letargo que dura varios siglos, y cuando al despertar vuelven temerosamente a Efeso creyendo que sólo han transcurrido unas horas, lo encuentran todo muy cambiado y ven al cristianismo oficialmente reconocido por las autoridades.

Este singular relato, con cierta base histórica (un grupo de fieles perseguidos a quienes se tapió la entrada de la cueva hasta que murieron de asfixia), comenzó a circular en el siglo VI y se incorporó con estos personajes al calendario de la Iglesia bizantina y al martirologio romano.

La cueva es como el seno materno de la Iglesia, símbolo de renuncia al mundo y de refugio contra el horror. En ella el tiempo no cuenta: siglos enteros frente a la eternidad no son nada. El sueño de Dios, el más alto de los sueños posibles, salva de la persecución y hace inmortales. Y así, como los siete protagonistas, todos somos durmientes a la sombra de Dios, confiados en el despertar triunfal.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

26 de julio. San Joaquín y Santa Ana

Lo que se venera es su participación anónima en los designios de la Gracia, porque los Evangelios no citan sus nombres, y solamente los apócrifos mencionan a Joaquín y Ana como padres de la Virgen. Para nosotros son los padres de María, se llamaran así o de otro modo, el matrimonio que dio la vida y que formó la piedad de María, la Santísima. Y, por tanto, son los abuelos del Niño Jesús, de Dios hecho hombre.

Sobrecoge la disparidad de criterios. Los grandes de este mundo, orgullosos de sus árboles genealógicos, recuerdan la importancia secular de sus linajes como si la gloria de sus antepasados pudiera contribuir a la de sus sucesores. En los subversivos criterios de Dios, los propios padres de María, Madre Inmaculada de Cristo, no merecen ni el recordatorio de unos nombres de pila; el Espíritu Santo no se toma la molestia de hacérnoslos saber, ¿para qué?, y delega esta información secundaria a las brumas inciertas, borrosas y pintorescas de los apócrifos.

San Joaquín y Santa Ana pertenecen así a lo más puro de la tradición espiritual: son gentes desconocidas que cumplieron admirable y calladamente su deber: por sus frutos les conoceréis: la Virgen, y luego desaparecieron sin más. Su recompensa no tiene por qué estar en los libros, ni siquiera en los Evangelios. Fueron piedras ocultas e indispensables en la colaboración con el plan de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

25 de julio. Santiago el Mayor (siglo I)

Es uno de los que el Evangelio llama «hijos del Trueno», un hombre de violencia explosiva, de una pieza, pero que tras muchas pruebas y revolcones se encauza. Santiago es uno de los que al ver pueblos que se cierran a la palabra del Maestro reclama fuego de las alturas para aniquilarlos como Sodoma y Gomorra. Luego no parece conformarse con lugar secundario en el Paraíso, quisiera estar a la diestra de Jesús. «¿Puedes beber el cáliz que yo beberé?», se lo pregunta. «Puedo», responde muy seguro.

Impaciente, ambicioso a lo divino y mártir, este apóstol es el que la tradición vincula con España, haciendo de él, hasta en sus excesos reales o atribuidos, tanto da, un santo a la desmesurada medida de los españoles, sustancia sobrenatural de esta tierra, como Patricio lo es de Irlanda. Santiago de los españoles «raíz de España», es el caballero celestial que aparece en las batallas de la Reconquista acuchillando infieles y ganando victorias para la cruz, el que en la hora del desaliento es confortado por la visita de la Virgen, sobre un pilar, en Zaragoza, y cuyo sepulcro en Compostela atrae a peregrinos de toda la Cristiandad.

«Apóstol canicular», según el poeta, «entre los dos meses ardientes», Santiago el Mayor tiene una presencia de fuego, levanta la espada sobre las cabezas; es un santo salvador, como todos, pero también terrible, como un huracán de justicia que tarde o temprano no ha de venir del Cielo. «Toda oración es siempre por el hombre, pero ¿quién dirá por Vos mismo esta plegaria pura y sencilla: Hágase tu voluntad?».

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

24 de julio. Santa Cristina (… – ¿300?)

Nacida en el villorrio de Bolsena, junto al lago de este nombre al norte de Lacio, en cuyos alrededores hubo una ciudad etrusca y una primitiva necrópolis cristiana. De tal espesor de pasado surge esta mártir. Era hija de una autoridad local y desde niña se aficionó a la fe de Cristo, y por la devoción de su santo nombre se llamó Cristina contra la voluntad de su padre.

El progenitor procuró con todas sus fuerzas y mañas apartar a su hija de aquella creencia que él tenía por locura, mas no pudo hacer mella en aquel pecho sagrado y fuerte, y ella, tomando los ídolos de oro y plata que su padre tenía, los quebró e hizo pedazos y los repartió a los pobres.

El muy bárbaro la hace azotar y rasga sus carnes con garfios de hierro, luego se enciende una hoguera… Es mejor omitir las crueles torturas que siguen, interrumpidas por manifestaciones milagrosas, hasta que se la ata a un madero y es asaetada. Santa Cristina, la de Bolsena, nos deja su nombre admirable y un perfume extraño de antiguos y cándidos prodigios.

Fuente: La casa de los santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

23 de julio. Santa Brígida de Suecia (1303-1373)

Su padre la casó con el príncipe Ulfo Godmarsson, siendo un matrimonio feliz muy piadoso, ambos fueron terciarios franciscanos. Tuvieron ocho hijos (uno de ellos Santa Catalina de Vadstena) y contribuyeron a cristianizar las costumbres de la corte del rey Magnus II. Se sabe también de una peregrinación suya a Santiago de Compostela.

En 1344 Brígida enviudó y fundó en Vadstena la orden del Salvador, los brigitinos, pero la última parte de su vida transcurrió en Roma, dando ejemplo de gran austeridad y ocupándose de los pobres y enfermos. También fundó en Roma una residencia para estudiantes y peregrinos suecos. Fue consejera de papas y figura muy admirada por sus virtudes en la Ciudad Eterna.

Murió en Roma, tras una peregrinación a Tierra Santa, y al año siguiente su hija Catalina trasladó sus restos a la Suecia natal. El libro de sus revelaciones, publicado póstumamente, fue muy discutido, «por haberle querido tachar y reprender algunos teólogos, que midiendo las cosas divinas con prudencia humana, no acaban de entender que Dios reparte sus gracias a quien Él es servido», pero al fin Santa Brígida tuvo la aprobación del sapientísimo cardenal dominico fray Juan de Torquemada.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

22 de julio. Santa María Magdalena (siglo I)

Las prostitutas y los publicanos os precederán en el Reino de los Cielos. Una de las sentencias más agresivas del Evangelio. ¿Las rameras antes que nosotros, que más o menos cumplimos la ley, vamos a misa, rezamos, damos limosnas, somos honorables? Ahí queda dicho. María Magdalena es la ilustración viva de este anuncio escandaloso. La pecadora que derrocha ungüento aromático a los pies de Jesús en una mixtura de nardo y lágrimas, don de lo que se tiene porque se puede comprar, y don de uno mismo, el más valioso como dolor y arrepentimiento.

Antes que a Pedro o a cualquier otro apóstol, Cristo se aparece a esta mujer, llamándola por su nombre, María, y no tiene que añadir nada más. Entre los bienaventurados (y además de primera fila), hay que contar con presencias insólitas: andrajosos, bandidos, chiflados, recaudadores de impuestos, mujeres públicas. Al Hijo de Dios siempre se le reprochó tratar a gentes de mal vivir, a quienes no solo invita al Cielo, sino que además les da preferencia.

Según la ley esto es disparatado e injusto, pero un sentimiento puede suspender toda la legislación humana y divina, una lágrima pesa más que todos los pecados del mundo, un brusco ademán de generosidad abre las puertas del Paraíso. Por eso, Santa María Magdalena vale más que todos nosotros, que solemos mirar por encima del hombro a los ladrones y a las prostitutas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.