Archivo de la categoría: Católico en la vida pública

Literatura y cristianismo

Escribe Sebastian Haffner en sus Memorias 1914-1933, conocidas por Historia de un alemán que “entre 1934 y 1938 se escribieron en Alemania, como forma de evasión obras basadas en recuerdos infantiles, sagas familiares, narraciones paisajísticas, lírica dedicada a la naturaleza y demás cositas y jueguecillos líricos (…) Toda una literatura basada en cencerros y margaritas silvestres, pletórica de esa felicidad que inunda a los niños durante las vacaciones y repleta de primeros amores, olor a cuento y manzanas asadas y árboles de Navidad. Una literatura de carácter intimista y atemporal, casi cortante, fabricada al por mayor como por encargo en medio de desfiles, campos de concentración, fábricas de munición y formaciones de choque. Pero llegó un momento en que los recuerdos infantiles ya no les sirvieron de protección a muchos alemanes”.

Hay una literatura de evasión, de escape, como describe Haffner, y hay una literatura de compromiso. Un cristiano debe comprometerse con el mundo en el que vive. En todos los actos de su vida, el cristiano debe poner, lo que Fernando Martín-Sánchez Juliá llamaba trascendencia de eternidad. Recientemente, el Papa León XIV en la canonización de Pier Giorgio Frassati, dijo: “Para él la fe no fue una devoción privada, sino que, impulsado por la fuerza del Evangelio y la pertenencia a asociaciones eclesiales, se comprometió generosamente en la sociedad”.

Personalmente, creo que la vida no es para almacenarla sino para compartir, para gastarla, para entregarla como lo hizo Jesucristo. Y así se entiende la gran paradoja del cristiano: Para enriquecerse debe desprenderse, para tener debe dar, para ganar debe perder. Y en mis dos recientes obras, el ensayo Pregón de combate para jóvenes de espíritu, y la novela histórica, Perder para ganar. Una paz para un siglo, he plasmado mi compromiso con la fe cristiana. Las páginas de ambos libros están impregnadas de cristianismo. Los dos títulos constituyen un compromiso con la verdad en una época en la que se cree en cualquier cosa, pero se desconfía de la verdad.

Nunca como ahora se teme al pensamiento preciso y a la palabra exacta. Pero también nunca como ahora es necesario llamar a las cosas por su nombre. La palabra ha tenido siempre dos enemigos: Los enemigos de la libertad y los enemigos de la verdad. Con la censura, se cancela la palabra y con ello la libertad. Con el amaño, se manipula la palabra y se altera su significado. Unos y otros enemigos pretenden implantar el reino de la mentira, del engaño, de la farsa. No se olvide que el drama de la verdad es el drama de la libertad porque la verdad, como dijo el Evangelista San Juan, nos hace libres.

Inauguración XV Congreso Católicos y vida pública

Deseo compartir con todos vosotros esta reflexión. Un grupo de hombres buenos, reunidos en nombre de Dios, pueden cambiar unas estructuras, una sociedad, e incluso, en un momento dado, la historia de una nación. Recordemos que sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo.

De nuevo el CEU y la ACdP, la ACdP y el CEU se erigen en atalaya privilegiada desde la que alzar la voz del laicado católico español, para que se oiga con brío en el siempre agitado y bullicioso espacio público el mensaje de Dios, mensaje que es mucho más actual que el periódico de la mañana. Otra vez, el Congreso Católicos y Vida Pública proyecta el foco de luz que emiten las perdurables enseñanzas de la Iglesia, a fin de aportar claridad y nitidez a las circunstancias siempre necesitadas de luminosidad que acontecen a nuestro alrededor.

En esta décimo quinta edición, como en ediciones anteriores, nuestro empeño es el mismo: ser la plaza mayor del catolicismo social, por supuesto, patrio, pero también europeo y, acaso, mundial. Porque, aun tratando un asunto tan nuestro y muy entrañable: España, razones para la esperanza, es un asunto propio de los terrenos del hombre, y por tanto, un asunto integral y global. En esta época de fuertes tensiones espirituales, de confusionismo ideológico, de crisis materiales espectaculares, nos interesa España, como españoles y como católicos. Y en ambos casos perseveramos en la defensa de los derechos humanos, en la extensión del bienestar y del progreso económico, y en la promoción de la paz y la justicia social.

Aquí y ahora, rescato un fragmento de la homilía que pronunciara el Cardenal Tarancón en la Misa de Espíritu Santo con motivo de la Proclamación de S.M. el Rey don Juan Carlos I el 27 de noviembre de 1975.

La Iglesia se siente comprometida con la Patria. Los miembros de la Iglesia de España son también miembros de la comunidad nacional y sienten muy viva su responsabilidad como tales. Saben que su tarea de trabajar como españoles y de orar como cristianos son dos tareas distintas, pero en nada contrapuestas y en mucho coincidentes.

Por cierto, invito a leer la referida homilía. Homilía acertada y oportuna en aquella hora difícil; y propicia, quizás, para la excepcional importancia de la hora presente.

El Concilio Vaticano II advierte de la misión preferencial de los seglares católicos en la configuración de un orden social y político más justo. Y se cataloga como un deber del católico instaurar el orden temporal y actuar en dicho orden a la luz del Evangelio. El decisivo momento histórico que vivimos reclama el esfuerzo de los cristianos y exige su responsabilidad como hombres y como fieles con vocación para la vida pública. No malgastemos esta oportunidad y entendamos nuestra misión como servicio. El cristiano o es hombre público o no es cristiano. Hoy los retos decisivos se libran en los campos de la vida pública. Y ahí debemos estar y aceptar las condiciones del juego. Nos gusten o no esas condiciones. No es cristiano replegarse. Menos aún tener miedo. La Iglesia que no evangeliza deja de ser Iglesia. El católico que no actúa en el espacio público deja de ser católico y malogra el triunfo de sus ideas. Su ámbito idóneo de acción es la calle, la plaza. Mas que la sacristía. Lo público es el hábitat natural del católico: el lugar en el que como hombre se siente evangélicamente realizado.

La religión no es cuestión de cristianos reunidos en las iglesias, sino de tener cristianos en la política, la economía, la educación, la cultura y hasta en los deportes. Cristianos permanentemente en las calles. Saliendo al encuentro del mundo y de los desafíos que nos plantea. Abriendo nuevos caminos de anuncio. Creando, en fin, cauces de diálogo con quien no piensa ni cree como nosotros, sin imposiciones, pero tampoco sin renunciar a nuestras verdades absolutas. El púlpito ya no está en las iglesias; a las iglesias vamos los convencidos; hay que buscar la verdad y compartirla; acompañar a los que dudan, a los que no creen, a los que transitan sin rumbo por la vida; a los que no ven a Dios, pero le buscan a todas horas. Son muchos los que al rezar encuentran con el corazón al Dios que luego rechazan con la inteligencia. 

Queridos congresistas, la Asociación Católica de Propagandistas y sus obras educativas desean promover un auténtico diálogo con los agentes de la intelectualidad contemporánea. Por eso, las aulas del CEU son espacios abiertos para que los estudiantes encuentren un camino a su formación, una guía a sus inquietudes y un cauce a su religiosidad. Todo ello, de conformidad con nuestro carisma de formar hombres que luego crearán obras. Crear obras sin hombres capacitados para dirigirlas es como edificar sobre arena.

La incertidumbre sigue rodeando la vida nacional. Parece que nada es seguro y que todo está en juego. Nosotros tenemos la suerte de gozar de la esperanza y, a la vez, de la certeza de la fe. Pero no basta con gozar de la luz sobrenatural de la fe; no es suficiente con el deseo de promover el bien; se requiere, además, nuestra presencia y participación en la misma vida pública. Los católicos tenemos sitio y espacio en la democracia. Y debemos ocuparlo. Solo pedimos respeto. Respeto a nuestra fe. Porque la fe no es un obstáculo para la convivencia democrática. Todo lo contrario, es un estímulo, un acicate en la defensa de los derechos humanos.

Termino citando, de nuevo, a Tarancón. España, con la participación de todos avanza en su camino y será necesaria la colaboración de todos, la prudencia de todos, el talento y la decisión de todos para que ese camino sea el camino de la paz, del progreso, de la libertad y del respeto mutuo que todos deseamos.

Palabras pronunciadas por Raúl Mayoral Benito en la inauguración de XV Congreso Católicos y vida pública. Madrid, 15 de noviembre de 2013

Inauguración XIV Congreso Católicos y vida pública

Se dice que el discurso del Papa Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II es un claro ejemplo de existencialismo cristiano. Entre las formidables afirmaciones o reflexiones que el Papa pronunció por entonces quisiera destacar esta:

“La religión del Dios que se hace hombre se ha encontrado con la religión del hombre que busca hacerse Dios…

Continuaba el Santo Padre:

Vosotros, los humanistas modernos, que renunciáis al valor de las cosas supremas, reconoced que también nosotros, y nosotros más que nadie, también nosotros somos promotores del hombre

Qué maravillosa expresión “promotores del hombre”; Promotores de un humanismo con Dios. Promotores de un humanismo integral. Y lo llamamos humanismo integral porque el hombres es un sujeto integral y porque el conocimiento de la realidad que le rodea también ha de ser un objeto integral. Y aquí quiero llegar.

Porque ante la distorsión que generan la tecnología y el cientificismo, ante el nefasto desarraigo cultural de hoy, son las instituciones educativas, son las Escuelas y las Universidades, como atalayas privilegiadas para el estudio, la investigación y el conocimiento, las que deben promover un saber integral. Por eso en las aulas del CEU se rechaza la fragmentación del saber, Por eso, en nuestras Universidades y Colegios nos resistimos a aceptar que la verdad sea parcial; porque una verdad incompleta no es una verdad.

Por eso, desde el CEU propugnamos un humanismo integral, somos también, como dijo el Papa Pablo VI, promotores del hombre, de un hombre abierto a la trascendencia y, por tanto, abierto a la verdad y a la libertad. Verdad y Libertad son las enseñanzas con las que nuestros alumnos aprenden a ser transparentes y participativos. La transparencia y la participación son factores claves que contribuyen a forjar sociedades robustas y democráticas. Verdad y Libertad capacitan a nuestros estudiantes y profesores del CEU a cooperar con el Bien común y a ejercer la conciencia crítica ante el mal.

En las modernas sociedades de hoy, los católicos no pedimos privilegios. Solo pedimos el derecho a que nos dejen ser católicos y ayudar a la sociedad a ser mejor. En ningún sitio está escrito que para ser buenos ciudadanos haya que renegar de Dios.

Palabras pronunciadas por Raúl Mayoral Benito en la inauguración del XIV Congreso Católicos y vida pública. Madrid, 16 de noviembre de 2012,