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¿Navidad o vanidad?

Confundir la gimnasia con la magnesia es el riesgo que corre quien no tiene las cosas claras. En fechas tan entrañables como las que se avecinan, propicias siempre para comenzar de nuevo, algunos padecemos una especie de daltonismo auditivo que nos lleva a confundir la Navidad con la vanidad. Semejante extravío en los sentidos nos arrastra fatalmente a perder el sentido de la vida. Es entonces cuando nos ocupamos y preocupamos más de nosotros que de los demás. Es también cuando lentamente nos resbalamos pendiente abajo hacia un frío vacío quedando sepultados bajo la espantosa soledad de los desiertos de hielo. De nada sirve que rebose nuestra agenda de cansinos eventos de voy y vengo y a ver si nos vemos o llamamos ni que vayamos acompañados de una anónima multitud. Con semejante algarabía ni percibimos los signos ni escuchamos el silencio.

Quienes confundimos Navidad con vanidad encontramos dificultades para renunciar a nuestras egolatrías e idolatrías; para despojarnos de nuestro altivo yo y del oropel de lo superfluo. Nos resistimos a cancelar nuestros nefastos egoísmos y nuestras caprichosas frivolidades que avariciosamente acumulamos en abundancia. Nos cuesta un triunfo desembarazarnos de ese apego por lo material y por materiales que estrepitosamente se vienen abajo como castillos de naipes; de esas ataduras sociales, que cual dictaduras políticas, limitan la libertad y censuran la verdad. Sin saber cómo quitarnos los miedos y el desánimo y, sobre todo, sin aprender a controlar esos sentimientos tan desconcertantes de soberbia, envidia o ira que se nos adhieren al corazón y nos embolsan en callejones sin salida, terminamos reconociéndonos débiles, frágiles, vulnerables. ¿Alguien lo duda tras un año inolvidable? Bajémonos del pedestal, mejor dicho, no volvamos a él ni lo miremos, siquiera, con nostalgia. Allí solo descansan las estatuas.

Pero otra vez, como siempre, es tiempo de salvación. Intentarlo de nuevo, renovarse, convertirse, purificarse, empaparse en ese espíritu navideño pacífico, generoso y abierto hacia el otro. La Navidad lo es porque desde la intimidad del hogar familiar enlaza con la acción universal de interesarse por el bien del prójimo. Y mucho tiene la Navidad de acción salvadora y bienhechora. No despreciemos nuestro diminuto esfuerzo para luego transformar el mundo. Porque en nuestra filiación divina anida una poderosa fuerza transformadora. Con sencillez y humildad, sin artificios ni imposturas. Con espíritu sobrenatural. Con fe y confianza abriguemos la esperanza que no defrauda: Aquél que nació entre pañales y habitó entre nosotros. Navidad, no vanidad. Navidad Feliz.

Inés

Inés Arrimadas, la Agustina de Aragón al catalánico modo, nos decepcionó abandonando aquél cañón de sufragios con el que había tumbado al independentismo en Cataluña para cruzar el Ebro y hacer política en Madrid. En la ribera del Manzanares aspiraba a tener más cañones. Y aunque hoy es la jefa, sin embargo su partido parece casi en retirada y, por ahora, solo dispone de una escopetilla de feria, que algún susto que otro puede aún dar.    

Con estruendo Inés ha cruzado el Rubicón para adentrarse en territorio progresista minado de opacidad, sofismas y engaños, exclamando como Julio César “alea jacta est. Sigamos adelante hacia donde nos llaman las señales de los dioses y la iniquidad de los enemigos”. Sin embargo, Inés no es Hernán Cortés quemando sus naves; y si no la tranquiliza un sólido plan B, podría regresar del lado opaco de la coalición volviendo en sí tras catorce días febriles y estupefacientes, que son, según los expertos, suficientes para saberse infectada por el virus ideológico propagado desde Moncloa. Solo un Gobierno con mayoría absoluta de fiar podría prescindir alegre y confiadamente de un plan B. De lo contrario, debiera disponer de plan B, C o D, de dimisión. 

Hay personas que quedan satisfechas por verse con fama aunque sea infame. El templo de Diana en Efeso fue incendiado por Eróstrato, solo porque quiso hacer su nombre inmortal. Los de Efeso para castigarle ordenaron que nadie lo nombrase como autor del suceso, pero Teopompo lo hizo. Así, este incendiario pasó a la posteridad, como siglos después pasaría Goering, que prendió fuego al Reichstag, arrastrando también en la Historia el nombre de Van der Lubbe. Porque a río revuelto, ganancia de demagogos sin escrúpulos que especulan con la ingenuidad y la estupidez de la masa. Famosos por curar más que por prevenir, curanderos que, según Reegan, luego se enfadan cuando aparece un médico con un tratamiento que funciona.   

“No soy un dictador, solo he simplificado la democracia”, dijo Hitler tras convertir la República de Weimar en el Tercer Reich. Partidario de plebiscitos y ultimatúms, acumuló tanto poder porque nadie le paró los pies a su debido tiempo. En 1938, ni Chamberlain ni Daladier quisieron prevenir en Munich. Sería un año más tarde, cuando Churchill y De Gaulle se vieron obligados a curar. Los primeros anhelaban la paz y tuvieron la guerra, luego ganada por los segundos. En 1958, De Gaulle daría a elegir entre él o el caos. Ante el caos del mando único, Inés ha preferido salvar vidas. Para más tarde salvar haciendas. Pero corremos el riesgo de que por salvar vidas y haciendas se nos hunda la libertad, y se nos ahogue la verdad. La gente está harta de oír siempre los mismos embustes sabiendo que la verdad no la van a escuchar. Ojalá que Inés vuelva para defender la libertad con aquel cañón con el que derrotó a la mentira y al totalitarismo. Porque nos hará falta.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/212929/opinion/ines.html

El chalé y la chalesa

Gracias a la economía de libre mercado y la democracia, Pablo Iglesias e Irene Montero han pasado de vivir en una frágil tienda de campaña en Sol a un chalet de ensueño en Galapagar, nueva tierra prometida como lo fue Torrevieja para tantas parejas concursantes y concursantas del Un dos tres. La prosperidad de este matrimonio tan afortunado es la prosperidad de España. ¡Si Girón de Velasco y Pepe Solís levantaran la cabeza! ¡Ni un español sin pan ni un hogar sin lumbre! Su veloz progreso es el de tantos matrimonios de bien que, diciendo adiós a la dura y desagradable crisis económica, disfrutan de una merecida promoción social y se reencuentran con la hipoteca y el hipoteco accediendo a una espaciosa casa provista de piscina y piscino con que combatir el calor del verano y la calora de la verana. Atrás quedaron las impertinentes estrecheces económicas que impedían el florecimiento de las familias y el ensanchamiento de los hogares.

Iglesias confiesa que la adquisición de la maravillosa morada (y morado) no se ha hecho con fines especulativos. Ramón Espinar, el inmobiliario, ha agradecido lección tan impagable. Montero, esperanzada y jubilosa, dice iniciar un fascinante proyecto de vida y de familia. España entera desea fervorosamente que este joven y podélico matrimonio rebose de retoños y retoñas el nuevo hogar, infundiendo en aquéllos y aquéllas el sentido de la vida familiar y el cultivo de las virtudes hogareñas, y proporcionando a la madre patria fieles contribuyentes y esmerados cotizantes a las arcas públicas. En este negociado, Monedero prestará asesoramiento como fuente de cotización a la Seguridad Social. Los españoles esperan que con su instinto revolucionario y básico, Pablo e Irene logren dar un vuelco a nuestras raquíticas tasas de natalidad. Además de su conversión al capitalismo y a la democracia, la pareja y el parejo querrán que sus hijos reciban la clase de religión en lugar de instrucción sexual. Que los niños aprendan cómo fue creado el primer hombre, antes de saber a edad temprana la forma en que se hizo el segundo.

Los que llevaban el comité no sé cómo lo harían, pero yo me peleaba cada día con ellos reprochándoles que había un burgués y os habéis puesto siete. Testimonios como este, de un trabajador durante la guerra civil española, en el fragor de la revolución del movimiento obrero, definen ese rasgo tan habitual en los políticos de la izquierda: la incoherencia, ese arte de decir o hacer hoy una cosa y mañana la contraria. El peor enemigo de un comunista es la hemeroteca. Pablo Iglesias censuró en su día a un ministro del Gobierno de España por haberse comprado una vivienda de 600.000 euros y euras. Hoy él ya tiene por el mismo dinero una casa y un caso; un chalé y una chalesa. Donde había un burgués, ahora hay dos más. Y más niños. Y vio Dios que eso era bueno.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de mayo de 2018.  https://www.elimparcial.es/noticia/189867/opinion/el-chale-y-la-chalesa.html

Fuente gráfica: El Español.