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España 2040, un proyecto de Bien Común para la próxima década

Con el mismo afán de aquel lema regeneracionista “¡Escuela y Despensa!” de Joaquín Costa, el Centro para el Bien Común Global de la Universidad Francisco de Vitoria reúne en esta obra, España 2040. Un proyecto de bien común para la próxima década, las reflexiones de académicos, en su mayoría, y de destacados miembros de la sociedad civil, a fin de reordenar nuestro viejo caserón patrio puesto patas arribas por el nefasto sectarismo gubernamental. Como la idea precede a la acción, el debate de las ideas ha de ser previo al político. Son, precisamente, las Universidades, los laboratorios de investigación y los centros de conocimiento quienes deben generar el pensamiento que luego los políticos transformarán en programas electorales y aplicarán como políticas públicas.

El resultado es todo un proyecto colectivo de bien común con la mirada puesta en la España de 2040, es decir, toda una propuesta de ambición nacional para mañana y a primera hora en la que deben participar, más que los políticos, los ciudadanos, porque más que cambiar políticas, resulta urgente un cambio cultural que provoque un fuerte compromiso cívico. Las dieciséis aportaciones mantienen la misma secuencia: el diagnóstico y la terapia. Sabemos lo que nos pasa y sabemos cómo se nos pasa.

Resulta llamativo que la mayoría de los autores inserten en sus formulaciones llamadas de atención, alerta ¿o quizá ya alarma? ante esa incomprensible “voluntad de los españoles de extinguirse” con una tasa de natalidad de 1,6 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. Dicho talón de Aquiles está presente a lo largo de una obra que propone, además de fortalecerlo, también regenerar la democracia, preservar la Justicia y el Estado de Derecho, simplificar el sector público, corregir la organización territorial, sanear la economía, aprovechar las fuentes de energía, repoblar el entorno rural, garantizar nuestra seguridad interior, rearmar la política exterior y de Defensa, reparar el sistema educativo y encauzar el desarrollo tecnológico. Aun así, el exhaustivo trabajo está impregnado tanto de esperanza en lograr una España mejor, como de confianza en la superación de crisis y desafíos de todo tipo, tras más de cinco siglos de unidad y fortaleza.

Son dos los retos que angustian la hora presente: el pesimismo nacional y la división entre españoles sobre un escenario erizado por el riesgo de ruptura de la nación, la quiebra constitucional, la inmoralidad de la corrupción política, la ruina del sector público, la debilidad de la economía, el suicidio demográfico y el deterioro de una convivencia alejada de la concordia y proclive a la discordia.

A ello se suma la incertidumbre y la inestabilidad provocadas por el actual “desorden mundial” tras arrumbarse el orden liberal basado en el multilateralismo y la cooperación internacional. Otros desafíos que los españoles debemos acometer para la próxima década en aras del bien común son cinco: el fortalecimiento de la democracia, la prosperidad económica, la seguridad tanto interior como exterior, la demografía y la educación.

Las últimas líneas del libro recogen las dos tareas decisivas a emprender por los españoles en este proyecto para el bien común de España: recuperar el dominio de nuestro propio destino y redescubrir un nuevo propósito histórico como Nación en el marco de la comunidad hispánica. Aunque, con otras palabras, pero eso mismo apuntó décadas atrás nuestro ilustre don Gregorio Marañón en Españoles fuera de España: “Pienso en los raudales de energía derrochados por los españoles en contiendas que son artificios por ellos mismos creados, y que, con la mitad de esa energía aplicada al bien común, se hubiera podido hacer de España la Nación más prospera del continente”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de enero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293013/los-lunes-de-el-imparcial/vv.-aa-espana-2040.html

Raúl Mayoral Benito: Perder para ganar

Recientemente, Raúl Mayoral Benito publicó Pregón de combate para jóvenes de espíritu, un tan necesario como valiente ensayo que se inscribe en la batalla cultural y desenmascara y pulveriza con fundamento la nefasta ideología woke, quesobre todo en los últimos tiempos, difundió la cancelación y lo políticamente correcto en un ataque a la libertad de expresión, llevado a cabo por “progresistas a la violeta”.

Ahora, el escritor, abogado y articulista debuta en la narrativa con una brillante obra, Perder para ganar, que, como todas las mejores novelas históricas, no nos habla solo del pasado sino también del aquí y ahora, en un mundo que ha arrinconado valores imprescindibles entronizando un desaforado materialismo. La propuesta de Raúl Mayoral Benito nos sumerge en uno de los momentos más aciagos, sangrientos y trágicos del siglo XX, como fue la II Guerra Mundial, provocada por el nazismo con un Hitler que se presentó con piel de cordero y supo “ganar la baza de la ilusión, de la emoción, de los sentidos, en una palabra, de la sinrazón”. Porque “este movimiento demoniaco” -como magistralmente exploró Thomas Mann en su Doktor Faustus– atrajo a millones de alemanes, aunque no a todos. Para algunos, queriendo a su país, ‘la única esperanza es que Alemania sea derrotada en la inminente guerra y los vencedores acaben con Hitler”.

Entre sus aciertos, la novela reivindica a aquellos germanos, no pocos cristianos, que, en medio del peligro y el riesgo, hicieron lo posible en contra de la barbarie que instauró el inimaginable horror de los campos de exterminio, pues tras la liberación de Auschwitz, “es algo que no puede creerse, aunque se esté viendo”. Así, en esa oposición, aparte del fallido Plan Valquiria, se recuerda el Círculo de Kreisau, formado por gentes provenientes de distintos sectores, pero, en lo fundamental, hermanados por una impronta cristiana y europeísta.

La novela arranca en 1938 con la asistencia de uno de sus personajes, Alan Harris, a una multitudinaria conferencia de Ronald Knox, capellán católico de la Universidad de Oxford y concluye, en un epilogo, en Londres, en mayo de 1945, en la Catedral de Westminster. Allí, Alan se reencontrará con María, Andreas y Ramiro, principales personajes de Perder para ganar, cuyos avatares hemos ido conociendo: “Bajo la formidable bóveda de la Catedral de Westminster, están reunidos tres hombres y una mujer, cuatro europeos intrépidos que han logrado sobrevivir a una guerra obrando el bien y manteniendo intacta su fe en tiempos convulsos para el ser humano”.

Entremezclando personajes ficticios, muy bien perfilados, con reales -entre otros, asoma la voz del gran G. K. Chesterton-, y varios escenarios: Berlín, Madrid, Silesia, Oxford, Kiev…, Raúl Mayoral Benito consigue que la enorme documentación en la que se ha basado para contar con rigor hechos históricos no entorpezca la emoción del relato y que sigamos con interés a sus personajes.

El sugerente título de Perder para ganar, inspirado y quizá homenaje a Loss and Gain, novela autobiográfica de John Henry Newman, que cobija una novela estructurada en XXIII capítulos y un epílogo, encabezados con muy bien elegidas citas del Evangelio, tiene, pues, una doble vertiente. Por un lado, la necesidad de que el régimen hitleriano perdiera la contienda, pues, como afirma el almirante Wilhem Canaris, uno de los personajes reales de la novela, “el nacionalsocialismo es especialista en atribuir carácter legítimo a acciones generalmente consideradas como inmorales. Esa es su verdadera esencia: convertir lo inmoral en una nueva moralidad”. Y por otro se refiere a la “gran paradoja del cristiano”, como explica el reverendo Knox, también personaje real, y, como Newman, anglicano converso al catolicismo: “Para ganar, el hombre debe perder. Para enriquecerse, el hombre debe desprenderse. Para tener, el hombre debe dar”.

Una admirable novela para creyentes y no creyentes -¿no hay acaso valores irrenunciables que se pueden compartir? -, en la que es posible disfrutar de una lección de Historia perfectamente imbricada en una lograda narración.

Artículo publicado por Carmen R. Santos en el diario digital El Imparcial el 19 de enero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/292701/los-lunes-de-el-imparcial/raul-mayoral-benito-perder-para-ganar.html

Perder para ganar: la fe que salvó a Europa de la barbarie

No existiría el presente sin esperanza. Escribió Víctor Frankl, superviviente de Auschwitz, en su obra «El hombre en busca de sentido», que este «es el ser que siempre decide lo que es. Ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo ha entrado en ellas con paso firme, cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios». Fue la fe, y, por tanto, la esperanza, la que salvó a Europa durante y tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto dentro como fuera de los campos. A los europeos, la fe «les salvó no sólo la vida, sino también les impidió realizar actos degradantes que se consideraban normales. Porque la moral quiebra cuando lo que no es natural comienza a imponerse como normal», explica a este diario Raúl Mayoral, abogado y escritor de una novela que funciona como culto al cristianismo en tanto bálsamo frente a la barbarie.

La resistencia moral importa

La verdadera victoria nace de la derrota. La destrucción del nazismo fue el único camino para salvar la dignidad de Alemania y, acaso, de Europa. A aquella barbarie se resistieron personajes como CanarisSpeerBonhoeffer o Claus von Stauffenberg, que entendieron que, a veces, sólo aceptando la pérdida se construye un futuro legítimo. Testimonios humanos de cuatro personajes creados por Raúl Mayoral en Perder para ganar (Bookman) basados en la historia contada a través de ojos de los que vivieron, lucharon y sobrevivieron.

Estamos ante una reflexión profunda que combina estrategia política, dilemas morales y fe cristiana, trascendiendo los hechos bélicos. La novela es de una relevancia contemporánea: planteamientos sobre resistencia interna a regímenes tiranos, cultivo del bien común y balance entre técnica y valores que se aplican a nuestros tiempos, hoy más que nunca.

La resistencia moral importa. No todos los alemanes fueron nazis: hubo civiles, militares e intelectuales que plantaron cara a Hitler desde dentro. Al mostrar sus historias, esta obra resalta cómo la integridad y el valor basado en la fe cristiana se mantuvieron firmes frente al autoritarismo.

La fe está adentro del que lucha por ella, es la que da forma a la defensa. El triunfo no es solo militar, también espiritual. Pasajes como la descripción de la Eucaristía celebrada en la catedral de Westminster o el discurso final en la Universidad de Oxford subrayan la dimensión ética y espiritual de la postguerra. La reconstrucción no se limita a ruinas y carreteras: requiere reequilibrar la política, la educación y la cultura del bien común.

Perder para ganar es una lección universal contra el poder desbocado. El ascenso del nazismo “tecno‑espiritualizado” advierte sobre el riesgo de combinar tecnología sin valores.

Debemos apreciar en esta novela su llamada a reforzar los derechos individuales, la libertad de conciencia y el respeto a la dignidad humana en toda era. ¿Por qué este libro merece ser leído? El lector será interpelado a plantearse preguntas como: ¿De qué “derrotas” personales debe aprenderse? ¿Cómo mantener firme nuestra resistencia moral frente a las presiones del poder, la tecnología o el conformismo?

Artículo publicado por Damian von Stauffenberg en el diario digital Religión en Libertad el 7 de julio de 2025. https://www.religionenlibertad.com/opinion/250707/resistencia-moral-importa_112993.html

 

 

Una liberal en política

Con tono imperturbable y ameno, Esperanza Aguirre ha escrito un libro de lectura ágil y contenido conciso pero intenso. Las páginas recogen aspectos biográficos y, especialmente, históricos sobre hechos de la política española desde la Transición hasta el momento actual. Incluyen, además, una sugerente propuesta para abordar el necesario debate de las ideas, el que viene rehuyendo remolonamente su Partido en los últimos años. Como funcionaria del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo, la autora describe su propia trayectoria en la política, primero, desde Unión Liberal ocupando una concejalía del Ayuntamiento de Madrid. Posteriormente, desde el Partido Popular participando en los Gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid, en la presidencia del Senado y, de nuevo, en el consistorio de la capital tras ganar las elecciones. Confiesa que sería una visita a la Rumanía de Ceaucescu lo que impulsó su salto a la arena política. Allí comprobó la miseria y el horror a que conduce el comunismo. Si a eso se unen sus lecturas de autores liberales como Mises, Hayek, Revel o Friedman, y artículos de The Economist, así como el magisterio de todo un maestro de liberales, Pedro Schwartz, el resultado es una liberal en política, como reza el título de su libro.

La obra sirve también para conocer de primera mano la trayectoria del Partido Popular, al que Aguirre llegó procedente de la Unión Liberal, bajo las presidencias de Aznar, Rajoy, Casado y hoy Feijóo. Partido que no abandonó pese a la invitación a marcharse que Rajoy cursó a liberales y conservadores. Es el momento en que la formación política referente para una gran mayoría de ciudadanos incurre en una anodina y letal indefinición ideológica. Esperanza sobrevivió a esa travesía del desierto. Hoy, con la misma fuerza de siempre, desarrolla una entusiasta actividad animando a recomponer la derecha española y convertirla, de nuevo, en la casa común de quienes se oponen al sanchismo, como hiciera Aznar frente al socialismo de González. El libro, que es un ejemplo de ello, plantea la pregunta clave ¿Por qué la derecha no sabe ilusionar a los españoles? La respuesta hay que encontrarla en los predios culturales, poco transitados por unos timoratos dirigentes que evitan la confrontación intelectual con sus adversarios, creyendo erróneamente que a la izquierda sólo se la combate desde los campos de la economía.

Aguirre considera la era sanchista como la más aciaga de la historia reciente de España. Tacha a Sánchez de caudillo que, alejado de los postulados de la socialdemocracia, ha abrazado las tesis radicales del comunismo, entre ellas, la monserga de la corrección política y la tabarra woke. Advierte de las pretensiones del presidente del Gobierno de cambiar el régimen fulminando la división de poderes, la independencia judicial y la de los medios de comunicación y hostigando a empresarios y autónomos, la verdadera fuente de empleo y riqueza en una sociedad. Existe un riesgo real de convertir la democracia en una especie de autocracia mediante una utilización fraudulenta de las instituciones. Certeramente señala la necesidad de reformar la Ley Electoral. En su libro también hay hueco para denunciar la Agenda 2030, una nueva religión con sus corifeos y sacristanes y su sibilino lenguaje inclusivo y sostenible.

Para librar la batalla cultural, Aguirre propone como fórmula la defensa de la nación y de la libertad. Defender España y una sociedad libre constituyen el mayor y mejor proyecto para ilusionar a los españoles. Las últimas páginas de su libro constituyen la evidencia de cómo puede descenderse desde los principios a la experiencia. En ellas se reúnen sólidos ejemplos de cómo sus ideas liberales aplicadas desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid introdujeron mayores cotas de libertad, progreso y prosperidad en favor de los madrileños en ámbitos como el educativo, sanitario o económico. Ello es fruto del indeleble amor a la libertad individual que tiene Esperanza Aguirre, quien en política siempre predicó con el ejemplo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de mayo de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/283886/cultura/resena-de-una-liberal-en-politica-de-esperanza-aguirre.html

 

Pregón de combate para jóvenes de espíritu

En Pregón de combate para jóvenes de espíritu, Raúl Mayoral Benito nos propone un ensayo
muy oportuno sobre cuestiones que afectan a la convivencia actual, en el que combina de
manera coherente varias disciplinas académicas (derecho, historia, filosofía…). El autor efectúa
un recorrido por el problemático estado en el que se encuentra la libertad, identificando a sus
adversarios y proponiendo fórmulas de acción. Para tal finalidad, apuesta sin ambigüedad por la democracia ya que, aun reconociendo sus imperfecciones, contiene numerosas virtudes, como conciencia del compromiso y aceptación de la oposición, que facilitan la convivencia, sin
olvidar que permite limitar la capacidad del gobierno, reduciendo sus posibles arbitrariedades.
En este sentido, Raúl Mayoral da un paso más y contrapone con acierto democracia frente a
revolución, subrayando que esta última muestra siempre una tendencia natural por el uso de la
violencia para imponer un proyecto político, aniquilando cualquier disidencia. De este modus
operandi, el binomio formado por bolcheviques y comunismo constituyen el paradigma. Sin
embargo, la derrota de la URSS en la Guerra Fría no ha significado que sus defensores de
entonces ni sus partidarios de ahora hayan realizado autocrítica alguna “porque el comunismo
jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos rompiendo el juego de la convivencia democrática, desestabilizando la vida pública,
provocando disturbios y urdiendo bulos” (p. 58).
Así, dentro de la propia democracia han surgido criaturas que la cuestionan y que buscan
denodadamente finiquitarla. Al respecto, sobresale el wokismo y su cultura de la cancelación
cimentada sobre lo políticamente correcto. Este proceso, si bien hoy en día ha adquirido
máxima fuerza, sus raíces son mucho más antiguas, ubicándolas el autor en el 68 y en los
campus universitarios de Estados Unidos, momento en el que los profesores dejaron de ser
docentes, convirtiéndose en activistas. A partir de ahí, se consolidaron tres dogmas: la mengua
de la persona, el rechazo de la razón y el desprecio de la autoridad (p. 146).
Con todo ello, lo más grave es que el “programa” woke no es algo limitado a una clase
profesional o académica. Por el contrario, ha obtenido un espacio considerable en agendas de
gobiernos europeos y de organizaciones supranacionales como la Unión Europea y la ONU a
través de la Agenda 2030. En esta trayectoria, los medios de comunicación, incluyendo dentro
de los mismos a las redes sociales, se han convertido en actores fundamentales ejerciendo
labores de correas de transmisión y de censores, lo que ha generado consecuencias nefastas: “La corrección política dinamita la democracia porque fulmina la igualdad ante la ley, vulnera la
libertad de expresión y anula la presunción de inocencia, piezas todas básicas en un Estado de
Derecho” (p.139). El resultado es una adulteración del debate que parte de unos mantras con
pretensiones de universalidad, como el despreciar el legado de la religión católica, a la que se
estigmatiza considerándola enemiga del progreso.
En definitiva, una obra que combate este pensamiento totalitario que busca eliminar de manera revanchista la herencia cultural de Occidente. Frente a conductas acomodaticias que ven en el apaciguamiento la respuesta eficaz, la solución se halla en comparecer en el terreno de la batalla de las ideas, como certifica el escenario español, al que el autor alude con acierto, donde una minoría, a través de un relativismo basado en el extremismo y radicalismo, estigmatiza como fachas a todo el que defiende la Constitución de 1978 y la Transición, es decir, a todo el que apuesta por la convivencia.

Reseña publicada por Alfredo Crespo Alcázar en el diario digital El Imparcial el 7 de abril de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/281927/los-lunes-de-el-imparcial/raul-mayoral-benito-pregon-de-combate-para-jovenes-de-espiritu.html

El caballo de Troya de la corrección política ha penetrado en la ciudadela de la civilización occidental

El abogado y empresario Raúl Mayoral Benito (Talavera de la Reina, 1966) es colaborador habitual de varios medios, entre ellos ABC, y escribía semanalmente una columna en la prensa digital, «pero mis hijos, tengo cuatro todos varones, no me leían, ellos prefieren vídeos o las redes sociales». Fue uno de ellos el que le animó a abrir un canal en Youtube, Libercast, en el que comenzó a subir podcasts titulados ‘Pregón de combate…’, que fueron el germen del libro que ha publicado en ‘tulibrería de ensayo’: ‘Pregón de combate para jóvenes de espíritu’. Sobre su contenido dialoga con ABC.

—¿Cuál ha sido su objetivo al escribir un libro tan específico como este?

—Aparte de recuperar el concepto de pregón, del discurso o carta, el objetivo son los jóvenes. Tengo cuatro hijos y lo he escrito pensando en ellos y en su generación. Si el ser humano hoy, al menos en Occidente, está como extraviado -como decía Dante, está en suspenso-, el joven aún más, porque estamos en una sociedad en donde se han dinamitado las certezas, se han demolido las verdades con toda esta cultura relativista, hedonista, materialista, y los jóvenes son los que están más expuestos. Una vez escrito, pensé que en España hay pocos jóvenes y que, además, en general no tienen dinero para comprar un libro, y se me ocurrió el término jóvenes de espíritu. Me gustó que apareciera ese concepto de espíritu: en el libro sostengo que debajo de la batalla cultural hay una batalla espiritual entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira o, como decía Unamuno, entre Cristo y Lucifer.

—En el libro plantea que esa batalla cultural la ha librado siempre la Iglesia. Entonces, ¿por qué considera necesario este libro y recordarla?

—Porque estamos en un momento en donde se han confabulado una serie de agentes y factores que permiten que el caballo de Troya de la corrección política haya penetrado en la ciudadela de la civilización occidental. Además, extramuros, en connivencia con ese intruso, hay tres arietes que quieren también derribar los portones, a saber: la memoria histórica, la ideología de género y el mito del cambio climático. Tanto el caballo de Troya como los arietes son de fabricación marxista, y todo esto lo está observando el laicismo, como si fuera el estado mayor de ese ejército adversario. Este es un concepto que viene desde Antonio Gramsci, el activista italiano comunista, que promovía la idea de infiltrarse en la sociedad occidental e incluso en la propia iglesia católica y, desde dentro, acabar con ella. Su idea era controlar la educación, la cultura y, sobre todo, los medios de comunicación.

—Llama la atención la terminología que utiliza (combate, escenario bélico, batalla…). ¿Hasta qué punto es adecuada para el fin que pretende conseguir?

—Algunas personas de mi entorno católico dicen que no están de acuerdo con la batalla cultural porque no podemos responder a nuestro adversario de la misma manera. Es cierto que no podemos responder desde un punto de vista violento; yo no estoy convocando a una panda de camorristas, sino a una legión de luchadores intelectuales, de soldados que vayan a debatir. El filósofo griego Zenón decía que no es tiempo retórica es tiempo de dialéctica y que el símbolo de la dialéctica es el puño cerrado y de la retórica, la mano abierta, pero con esto yo no estoy hablando de combates físicos. Me surgió así la terminología para hacer quizá el libro más directo, más incisivo y más provocador.

—Algunos ya lo ha adelantado, pero si hablamos de batalla, habrá que identificar al enemigo. ¿Quiénes son a día de hoy?

—Antes ya he dicho que hay muchos, pero el principal enemigo es el laicismo y, si lo tenemos que concretar, es la masonería. Pero, repito, esto no es nada nuevo. La masonería ahora está sobre todo en la Unión Europea, que fue una creación de católicos, pero ha degenerado y algunos prelados han hablado de la logia masónica de Estrasburgo. Aquí en España tenemos también servidores de la masonería, tanto en la derecha como en la izquierda, tanto en el Partido Popular como en el PSOE, aunque en este último hay más. Para eso está la Agenda 2030, la UNESCO, una gobernanza mundial, una ciudadanía mundial, una cultura uniforme y una religión mundial, que es el culto al planeta Tierra.

—En ese sentido, ¿entiende que se trata de una conspiración con una cabeza, con una mente pensante, o en realidad son grupos que van surgiendo y que, de alguna manera, tienen intereses comunes?

—El laicismo y la masonería se están sirviendo de todas estas cuestiones: del feminismo, del animalismo, que es un paganismo que quiere reducir al hombre a la categoría de animal. Esto se ve en los derechos que se están reconociendo a muchos animales, a las mascotas, por ejemplo, pero lo vemos cuando se habla de los derechos reproductivos de la mujer refiriéndose al aborto, cuando se habla de reproducción en un ser humano cuando siempre hemos hablado de gestación. En los documentos de la ONU hace ya tiempo que desapareció el concepto de madre y utilizan el de mujer. Ha desaparecido la palabra matrimonio y ya son sólo progenitores. Ese tipo de lenguaje es un elemento importantísimo dentro de la corrección política.

—¿Cuál es la respuesta que propone?

—Los católicos no estamos a la altura, nos falta poder afrontar estos desafíos. Lo primero que tenemos que hacer, además de tener la convicción de que estamos en una batalla cultural y que no debemos tener miedo, es formarnos. La Doctrina Social de la Iglesia es para nosotros el GPS que nos va orientando, que puede dar respuesta a todos los desafíos. Además, tenemos que ser coherentes. No basta con ser católico en tu casa, en tu parroquia, en el colegio católico donde llevas a tus hijos, tienes que ser católico, y por lo tanto coherente, en la plaza pública, donde hay gente que no piensa como tú y hay otros que están dispuestos incluso a callarte y a silenciarte. Después, tenemos que ser ejemplares con nuestro testimonio. Como decía Benedicto XVI, el católico tiene que influir en todas las facetas de la vida: la política, los medios de comunicación, la cultura, la economía y hasta en el deporte. Si somos coherentes, damos testimonio y somos ejemplares, seremos influyentes. Y, como digo en el epílogo del libro, todo esto lo tenemos que hacer con alegría y buen humor, porque parece que estamos siempre enfadados con el mundo.

Entrevista realizada por José Ramón Navarro-Pareja en el diario ABC el 11 de febrero de 2025. https://www.abc.es/sociedad/raul-mayoral-caballo-troya-correccion-politica-penetrado-20250211160206-nt.html

Batallar frente a la imposición cultural y política de esta época

Esta entrevista se realiza unos días antes del triunfo electoral del
norteamericano Donald Trump, un resultado que, según muchos
analistas, tiene bastante que ver con lo que Raúl Mayoral (Talavera
de la Reina, Toledo, 1966) aborda en su libro: la batalla cultural.
Frente a una sociedad manejada por propuestas demenciales,
identidades falsas y un totalitarismo vestido de terciopelo, millones de
electores allí han decidido elegir una alternativa a la locura en la que
se ha sumido no sólo EEUU sino gran parte del mundo occidental.
Si a los que plantan cara ante esto se les tilda de ultraconservadores
y reaccionarios, solo hay que ver las reacciones (salvajes) que los derrotados están mostrando en los medios y redes sociales. No conciben desde su cosmovisión totalitaria la disidencia a sus
discursos ni, por supuesto, que la discrepancia se traduzca en
acción.

Lo que Mayoral hace con su libro es precisamente una llamada para
actuar. Ofrece argumentos para que puedan ser utilizados, no sin
antes contextualizar esta ola de demencia e imposición. Y lo más
importante es que recuerda a los católicos como él que poseen
desde hace miles de años el arma pacífica más poderosa: el propio
catolicismo y la doctrina social de la Iglesia.
– Usted realiza un diagnóstico ya conocido y abordado por otros
autores que no está de más recordar, pero ¿qué hay de novedad
en este ‘Pregón de combate’?
– Yo diría que es un tema muy manido el de la batalla cultural porque
los católicos siempre han dado esa batalla, aunque hay que decir que
hay un momento en que el cristiano no la da y es el primer caso de
corrección política, que es cuando Simón Pedro , antes de que cante
el gallo, niega tres veces al Maestro galileo. Ese es el primer caso de
corrección política que se conoce en la historia. Es el primer caso y el
único en donde la iglesia, o el cristiano, no da la batalla cultural,
porque a partir de ahí el cristianismo no calló. La novedad que yo
incluyo en este libro, quizás sea la manera en cómo aporto un halo
de esperanza para poder plantar cara a esta cultura irracional, este
mundo convulso en el que estamos. Yo sostengo que lo primero que
debemos hacer los cristianos, pero también cualquier persona
amante de la libertad, aunque no sea creyente, es tener la convicción
de que estamos en una contienda ideológica. No convoco a un grupo
de camorristas para pelear sino a luchadores de ideas por así decirlo,
soldados que tienen que debatir.
Entonces lo primero que hay que hacer es tener la convicción de que
estamos en una batalla cultural. Dicen los militares que el primer
requisito para ganar una guerra es saber que estamos en una guerra.
El segundo requisito, utilizando la frase de San Juan Pablo II, es que
no debemos tener miedo, y a partir de ahí lo que debemos de hacer
es formarnos, porque el gran problema que tenemos los católicos en
España es la falta de formación, y es incomprensible porque
atesoramos un depósito de sabiduría que nos da respuesta a cómo afrontar los desafíos en los que estamos inmersos, que es la doctrina
social de la iglesia. La doctrina social de la iglesia, como digo, es
capaz de orientarnos para dar la solución que buscamos, la brújula,
esa guía que necesitamos para dirigirnos, para movernos en este
mundo, en nuestro GPS, por así decirlo. Y luego tenemos que ser
coherentes con nuestra fe, porque claro, es muy fácil ser católico en
nuestros hogares, en las parroquias, incluso en los colegios católicos
a donde llevamos a nuestros hijos, pero es muy difícil ser católico
cuando uno sale ahí a la plaza pública y se tiene que confrontar con
quien no piensa como nosotros y además está dispuesto a hacernos
callar, a imponernos silencio o a imponernos otra cosmovisión del
mundo diferente a la nuestra. Por lo tanto, es necesaria la
coherencia. Tenemos un deber de coherencia y de conciencia.
Y luego tenemos derechos, el derecho a la libertad, y porque
tenemos derecho a la libertad tenemos también la responsabilidad de
participar en la vida pública, de comprometernos en la vida pública y
de dialogar con aquellos que no piensan como nosotros. Si hacemos
eso, si somos coherentes, empezaremos a ser ejemplares y si somos
ejemplares empezaremos a ser influyentes, porque de eso se trata.
El católico tiene que ser influyente en la vida pública, no solamente
en la política o en la cultura, también en los medios de comunicación,
en la economía, en la diplomacia, hasta en los deportes. Decía
Benedicto XVI que el católico tiene que estar presente hasta en el
deporte, y ahora hemos tenido en estos últimos meses a un
seleccionador nacional de fútbol que ha manifestado públicamente su
fe católica, o hemos tenido recientemente a un campeón como es
Topuria, que ha dado las gracias al Señor por el triunfo que ha tenido.
– En el mapa de operaciones que traza en el libro, en ese campo
de batalla, están la política, la economía y la cultura, además de
los medios de comunicación. ¿Actúan todos ellos como vasos
comunicantes?
– Sí. Vamos a ver, la batalla es sobre todo en el mundo de los medios
de comunicación y de la educación. Es curioso, yo hace unos días
daba una charla a universitarios de la Cardenal Herrera – CEU de
Valencia, y estaban presentes estudiantes de Periodismo, de
Comunicación Audiovisual, de Marketing, Publicidad y hasta de
Magisterio. Y empezaba mi intervención diciendo que qué curioso
que todos, cuando terminen la carrera y tengan ya el acceso a la profesión van a utilizar la palabra. Y les prevenía de que hoy día el
lenguaje está siendo objeto de deformación, de manipulación, de
tergiversación, de corrupción. La palabra ya no significa lo que
siempre ha significado y por eso hay que tener cuidado. Les
mencionaba una frase de Stalin que decía que de todos los
monopolios de los que disfruta el Estado, el más importante es el
monopolio sobre la definición de las palabras. Y decía Stalin que el
arma esencial para la política era el diccionario. Con eso ya está
dicho todo. ¿Son vasos comunicantes? Pues sí, porque al final en
política, en economía, en medios de comunicación, el lenguaje es
nuestro instrumento de comunicación. Y claro, si ese instrumento
está manipulado, entonces al final nos encontramos con una
manipulación informativa, con un control digital, con incluso una
ingeniería social. Todas esas áreas, por supuesto, están hilvanadas,
están interconectadas, pero donde se juega la batalla cultural
importante es en la educación, no en la política.
Jacques Julliard, un intelectual francés que falleció el año pasado,
escribió un libro en 2015 que se titulaba Se acabó la escuela. Él veía
con mucha tristeza la decadencia a la que habían conducido a la
escuela francesa la ideología y la pedagogía progresista. Él era un
hombre de izquierdas, pero decía que en materia de educación había
que ser conservador y de derechas. En ese libro cuenta que el
espacio donde se juega la sociedad del mañana no son unas
elecciones políticas sino la escuela. Ese es el espacio donde hay que
librar el combate por la defensa de la civilización.
– ¿La tecnología propicia el pensamiento único frente al crítico?
– Yo la llamo el gas paralizante. La dictadura del algoritmo nos
controla, nos distrae y nos enferma, sobre todo a ese sector juvenil
que empieza a tener problemas de salud mental, de ansiedad, de
depresiones. Gramsci es un poco el padre de todo a lo que nos
enfrentamos en esta batalla cultural. Y tiene una anécdota que suelo
contar. Cuando estaba en prisión en las cárceles del fascismo y
tenían los presos políticos un rato libre, les dejaban ojear los
periódicos, o ir a la biblioteca. Y se quejaba de que los activistas
políticos que estaban encerrados con él se iban derechos al periódico
deportivo, a La Gazzetta dello Sport. Y entonces les reprochaba que
si eran activistas políticos, no debían distraerse con el deporte o con
el fútbol, sino leer la columna de su ideólogo, la que hubiera escrito sobre cualquier cuestión de actualidad en aquella época. Creo que
ahí se da cuenta de cómo se pueden distraer a las masas y al final
Gramsci actúa siempre en dos campos, en los medios de
comunicación y la educación. Y siempre pensó que dominando esas
dos facetas se conseguiría cambiar la sociedad y destruir Occidente,
que era lo que pretendía.
– Memoria histórica, ideología de género y cambio climático. Las
tres doctrinas laicas indiscutibles.
– Los tres arietes que están intentando derribar los portones,
efectivamente.
– Dogmas de fe, de alguna manera.
– Pues claro. Es que como yo sostengo en el libro, con la ideología de
género se está alterando todo el sistema de procreación natural, se
están desordenando los sexos y se está dinamitando la familia.
Porque esa es la pieza a batir, la familia. Con la memoria histórica se
está cambiando el relato porque quien controla el pasado termina
controlando también el futuro. Y con el cambio climático, el mito del
cambio climático. Porque yo sostengo que la acción del hombre
sobre la naturaleza está provocando cambios en el calentamiento
global, pero no admito esas teorías catastrofistas y apocalípticas de
que se acaba el mundo, de que dentro de diez años no habrá
recursos naturales para la humanidad. En fin, eso es un negocio.
Sirve para enriquecer a unos cuantos y nos están atemorizando. Es
la teoría del rebaño. Estamos atemorizados, mientras unos pocos
son los que disfrutan realmente y además sacan pingües beneficios.
La teoría del cambio climático además persigue la creación de una
religión que yo llamo al revés porque se pretende sustituir a la
religión católica con una pseudo-religión, una falsa religión que
atribuye divinidad a la Tierra. Hay que hacer un culto sobre la diosa
Tierra y eso es una forma de paganismo como lo es también el
animalismo, con el que el hombre se equipara ya a los animales
incluso por debajo, porque vemos cómo se exige proteger las crías
de animales pero en cambio se admite ya destruir al feto humano. Es
realmente una religión al revés. Tienen ahí a sus apóstoles y tienen
sus liturgias.
Pero ese ha sido el devenir de la historia de la Iglesia católica
durante 2.000 años. Se ha intentado echarla abajo, expulsarla de la
pista. Hubo un imperio que al final cayó, y otro que sucumbió ante el
cristianismo. Uno es el imperio romano y el otro imperio que también
fue derribado fue el soviético. Pero sí es cierto que el enemigo de la
Iglesia siempre ha querido usurpar su lugar, ocupar su poder, su área
de influencia, para crear una religión con toda esa matraca del
hombre nuevo, del paraíso en la tierra.
– El comunismo es eso.
– El nacionalsocialismo también. Yo cuento en el libro que ese afán
mimético que tuvo, por ejemplo, la Revolución Francesa, la
Ilustración, con ese lema de libertad, igualdad y fraternidad, está
copiado del mensaje salvífico de Jesucristo. Pero es que además la
administración pública que surge de la Ilustración y de la Revolución
Francesa, para los que hemos estudiado Derecho sabemos que fue
una estructura de mando y de gestión que intentó copiar e imitar todo
el poder jerárquico de la Iglesia. El poder civil es una copia del poder
religioso. Luego vino la masonería, otro intento también de acabar
con la Iglesia católica. Y el nacionalsocialismo tiene una cosa
peculiar, y es que está además comprobado que las SS tenían una
estructura jerárquica copiada de la Compañía de Jesús. Siempre se
ha intentado imitar a la Iglesia.
– Ha dicho, y así lo aborda en el libro, que la familia es la pieza a
abatir. La figura del padre cada vez está más debilitada y sobre
todo, pocas familias puede haber si se prima el aborto, a lo que
hay que añadir el fomento de la eutanasia. Son paradigmas
impuestos no solo contra la familia sino contra la vida, en
definitiva.
– Vuelvo a hablar de Gramsci porque él se da cuenta de que la familia
es muy importante para los fieles católicos, la familia a imagen de la
familia de Nazaret. Él sostiene que a través de los medios de
comunicación ,a través de la educación, de la cultura, se puede
acabar con la familia. Toman el relevo la Escuela de Frankfurt cuando
sus miembros emigran a Estados Unidos . Curiosamente todos eran
un grupo de intelectuales de izquierdas, la mayoría de ellos
comunistas que huyen cuando Hitler llega al poder, pero no se exilian
a la Unión Soviética, sino a Estados Unidos, y allí encuentran
acomodo en algunas universidades americanas, principalmente en la
de Columbia, donde el claustro era mayoritariamente comunista.
Ellos aplican la teoría de Gramsci con el objetivo de destruir a la
familia a través de la cultura, la educación y los medios de
comunicación. El Mayo del 68 es la eclosión de todo aquello. El
movimiento woke que hay en Estados Unidos en la actualidad
proviene de ahí. La figura del padre se minimiza o ataca porque,
como me dijo una vez un sacerdote, destruyendo la figura del padre
lo que se pretende es destruir es la figura de Cristo. También afecta a
la mujer, a la maternidad en concreto. La mujer-madre tiene mala
prensa. De hecho, el otro día observaba en el Hospital Virgen del
Rocío de Sevilla que ya no hay planta de maternidad sino ‘Area de la
mujer’. Se ha cambiado el nombre. Por eso una vez más es el
lenguaje es tan importante como le decía antes. Por ejemplo, se
emplea el término ‘ reproducción’, propio del mundo animal. El ser
humano lo que ha utilizado siempre es la palabra ‘gestación’. Hasta
en ello hay ese intento de equipararnos con los animales. Respecto
al aborto y la eutanasia, están las leyes despenalizadoras, como yo
las llamo. Es curioso que ahora se habla también de ‘la muerte
dulce’. Son palabras o definiciones, como interrupción del embarazo,
que suenan bien.
Luego tenemos también la educación. En el apartado de ‘Nuestra
ciudadela’ que es la familia, la vida y la educación hablo de ella
porque le doy una importancia tremenda, como te he dicho antes. La
escuela es el campo donde nos jugamos la sociedad del mañana. A
las nuevas generaciones se les está adoctrinando. Se está
introduciendo la ideología de género, todo el tema de la memoria
histórica, toda la corrección política… En fin, la escuela ya no es lo
que fue. Ya no hay talento ni esfuerzo, todo es entretenimiento, todo
es juego. Porque el talento les resulta elitista. Es la pedagogía que yo llamo pedante. El padre Ayala, fundador de la Asociación Católica de
Propagandistas, en su famoso libro Formación de Selectos habla, en
los años 40, de una pedagogía a la que llama pedante, y yo retomo el
nombre y además reivindico ese adjetivo, porque es lo que está
sucediendo ahora. Al niño debe respetarse su personalidad, según
consideran, el libre desarrollo de su personalidad, que no puede ser
coartado por el profesor. Ni siquiera los padres tienen que impedir
ese libre desarrollo de la personalidad. Ha quebrado el principio de
autoridad, por supuesto en la familia, pero también en la escuela. El
orden, la disciplina y la obediencia son contradictorios a esa idea de
libertad. Todo eso es la pedagogía pedante, como decía el padre
Ayala, que va camino de destrozar la escuela, como ya lo dijo
Jacques Julliard, del que antes he mencionado su libro Se acabó la
escuela. Se acabó la escuela en Francia, y aquí en España vamos
por el mismo camino.

– Muchas voces críticas alertan sobre el suicidio de Europa .
¿Por qué Europa ha elegido este camino?
– Hay occidentales que no quieren a Occidente. El suicidio de
Occidente es un libro de Alicia Delibes. Tuve el honor de que me
presentara em libro en Madrid, en un acto junto con Esperanza
Aguirre, dos hercúleas pensadoras liberales y defensoras de la
libertad. Occidente es que ha perdido su identidad, ha perdido su
misión. Juan Pablo II tiene una frase: « Europa, vuelve a encontrarte,
sé tú misma», porque ya observaba hace 25 años que estábamos
abandonando los principios, los valores que hicieron fuerte a
Occidente. Son los principios de la libertad ,de la humanidad. Ahora
ya todo es relativo. Nos encontramos en una sociedad nihilista,
materialista, hedonista, donde todo vale. Es necesario un rearme
moral y la defensa de la libertad, que son los dos pilares de Europa con los que se ha exportado democracia y pensamiento a otros
continentes.
– Anima usted a la acción en coherencia con los principios
católicos y las convicciones. Dice además que la indiferencia y
el pesimismo no son actitudes cristianas.
– Sigue siendo el gran reto para el cristiano, y el católico en particular,
entrar en ese campo de batalla a pesar del precio que en muchas
ocasiones hay que pagar. Porque hay un precio que pagar,
efectivamente,y es dejar la comodidad, acabar con nuestros miedos.
El católico no entra en el combate cultural por falta de formación, por
ignorancia. En segundo lugar, por miedo y cobardía. Pero en tercer
lugar, y esto es peor, por indiferencia. La indiferencia no es cristiana.
Lo peor que puede tener un cristiano es ser indiferente a lo que está
ocurriendo a su alrededor, y a esa indiferencia se llega por dos vías:
por el pesimismo «Nada puede hacerse», y el escepticismo, «Nada
debe hacerse». Yo intento a través del libro, sobre todo, dar
argumentos a los jóvenes, darles cierto criterio para que tengan juicio
crítico y puedan enfrentarse a lo que hay a su alrededor, esta cultura
disparatada, este mundo irracional, porque principalmente los
jóvenes son los más expuestos a ese vapuleo, a ese zarandeo. Es
básico que al menos no caigan en la indiferencia. Uno puede tener
miedo, cobardía o ignorancia pero no caigamos en la indiferencia.

Entrevista realizada por Rafael González en el diario digital La Voz de Córdoba el 10 de noviembre de 2024. https://www.eldebate.com/espana/la-voz-de-cordoba/actualidad/20241110/no-convoco-grupo-camorristas-pelear-luchadores-ideas_243342.html

 

 

 

«La escuela ha quedado como una guardería donde se implanta el igualitarismo académico». Raúl Mayoral

Pregón de combate para jóvenes de espíritu. Ante la batalla cultural por la defensa de la libertad y por el rearme moral, obra donde el autor despliega un manual moral, histórico e intelectual de guerra para la batalla cultural y contra «una religión del revés»

Raúl Mayoral es abogado y empresario. Escritor en prensa y contertulio en radio y televisión, es autor del blog Mayoral con y. Cuenta que la idea del libro surgió cuando su hijo le dijo que para que le leyeran (o escucharan) jóvenes como él tenía que abrirse un canal de Youtube. Raúl Mayoral no hizo caso a su hijo, al principio, pero al final sí. Ahí fue cuando surgió Libercast, el canal desde donde Mayoral empezó a dar la batalla cultural con la intención de que se le unieran las generaciones más jóvenes. Cada capítulo lo llamó Pregón de combate número 1 y luego número 2… sobre la memoria histórica, sobre el cambio climático, respectivamente. Resultó que tantos episodios llevaban un libro en ellos y así surgió Pregón de combate para jóvenes de espíritu. Ante la batalla cultural por la defensa de la libertad y por el rearme moral, obra donde el autor despliega un manual de fe, histórico e intelectual de guerra contra lo que llama una «una religión del revés».

—Me ha impresionado la profecía de Julián Marías, que cita en el libro:
«Hacia 1969 o 1965 los europeos y los americanos empezarán a no
exigirse a sí mismos».

—Este es el plan de Gramsci. Y estamos en su etapa de esplendor. Ocurre
algo que no había pasado nunca. Cuando los totalitarismos nazi y
comunista se sabía que eran los enemigos de la libertad. Pero hoy en día,
en nombre de la libertad, se está ejerciendo una coacción que es la de la
corrección política. Con ella se están coartando libertades, lo que nunca
había sucedido en sistemas democráticos. La gente empieza a tener la
sensación de que la democracia deriva hacia un totalitarismo que yo
llamo un totalitarismo de seda o de terciopelo. Porque no nos vamos
dando cuenta. Los ataques contra las libertades, contra la religión
católica o contra la civilización occidental siempre han existido, pero lo
de ahora es peculiar porque viene con máscara. Aparece bajo la máscara
de neutralidad cuando realmente no lo es. Se confunde la
aconfesionalidad de un Estado con el laicismo. Otra cosa es la laicidad,
aquella sana laicidad a la que Benedicto XVI se refería en un diálogo con
Sarkozy. Pero esto no, esto es un ataque deliberado y muy programado.
Yo suelo decir que no es a base de escuadra y cartabón, sino de escuadra y
compás.

—Jacinto Benavente dijo que el comunismo era la religión del odio.
¿Cómo llama a esta nueva religión?

—Yo utilizo un término en el libro que es el de religión al revés o
sucedáneos de religión. Sí, es la religión del odio. Así han sido siempre
todos los intentos de expulsar a la Iglesia Católica y a la fe de la vida
pública. Nosotros tenemos el componente del amor, de la caridad y de la
misericordia, pero el enemigo tiene el componente del odio, es su motor.
Se ve en la política y en la educación. En el año 2000 el historiador y
ensayista de izquierdas Jacques Julliard publicó un libro donde criticaba
toda la pedagogía progresista de sus compañeros ideólogos. Vino a decir
que se había perdido la autoridad de los profesores y su transmisión del
saber y el conocimiento. Ya no hay competencia sino convivencia y ya no
hay esfuerzo sino juego. El sistema educativo está organizado hoy en día
sobre el odio hacia las élites. Creen que la escuela ya no sirve como
ascensor social y ha quedado como una especie de guardería y todo por el
odio, por la envidia igualitaria. Y así se va implantando el llamado
igualitarismo académico donde nadie debe sobresalir.

—Menciona la frase de Pablo VI de que el drama del hombre moderno es
que ha salido de casa y ha perdido la llave para volver. ¿Es cierto?

—Lo vemos en el relativismo imperante, en el nihilismo, sobre todo en el
materialismo, todos estos ismos. Ese es el escenario bélico, el del
desarraigo de la conciencia, los desiertos de hielo. Somos sociedades
frías, estamos en la desesperanza, en la soledad no hay ya ideales. Las
certezas han sido demolidas. Y bueno, pues esa certeza son muchas veces
las llaves que tenemos para volver a casa.

—Leyendo sobre estos «vagabundos inconscientes» se me ha venido a la
memoria la terrible imagen de esos hombres y mujeres adictos al
fentanilo deambulando como zombis por las calles. Es como si hubiera
un fentanilo que produjera esos mismos síntomas, pero en el
pensamiento, e invisible e igualmente o más terrible.

—Sí, posiblemente sea eso. La sociedad postrada, la sociedad ya sin
ningún tipo de ilusión o de meta por la que luchar. Ahora ya todo da igual. Todo vale en la cultura, en la educación, en los medios de comunicación y por supuesto en los políticos, que son el reflejo de la sociedad y de esa cultura. Hace tiempo que perdí la ilusión en la política.
Lo que tenemos ahora, sobre todo en España, es una política que lleva
máscara, que finge, que simula. Guerra decía aquello de Montesquieu ha
muerto. Y yo recuerdo aquella frase de un profesor de Derecho
Constitucional que decía que se iban a cargar el Estado de derecho si
sacaban una ley sobre el Poder Judicial. Bueno, pues ahí está. Se lo decía
el otro día al juez Peinado y él me dijo que esa y otra más, la Ley Orgánica
de Régimen Electoral General. Recuerdo cómo se quejaba el comunista
Julio Anguita cuando decía que él con un millón de votos obtenía cinco
diputados y los de Convergència i Unió con 300.000 obtenían ocho. De
aquellos polvos estos lodos.

—Un escándalo tapa otro escándalo y De aquí a la eternidad, como la
película.

—Va todo tan deprisa que hemos perdido la capacidad de asombro y eso
no es bueno. A todos nos asombraba lo del indulto y se dio el indulto. Nos
asombraba lo de la amnistía y se dio la amnistía; lo del cupo catalán y está
ya el cupo catalán y el referéndum. Y efectivamente, se hará un
referéndum. Vamos perdiendo por goleada, pero todavía se puede
remontar. No se puede perder este combate. Pero tenemos que hacer y
no hacemos. Unos por comodidad, otros por miedo y otros por
ignorancia. Uno de los objetivos de mi libro son las nuevas generaciones.
No hay que tener miedo y hay que formarse para responder a un
adversario ideológico. En el tema de la corrección política es muy
cómodo callarse, muy cómodo el silencio. Martin Luther King decía que
el silencio es traición. Algunos prefieren vivir en la mentira rodeados de
mucha gente que verse en la verdad solos. Este es el drama de la sociedad
moderna.

—Me acuerdo de la frase terrorífica de la antigua ministra de Educación,
Isabel Celaá, aquello de que los hijos no pertenecen a los padres…

—Claro, es que eso es lo que yo sostengo en mi libro: el enemigo a batir es
la familia. Gramsci lo vio. Es el mismo episodio de hace dos mil años:
echar a la Iglesia católica. La Ilustración, la Revolución Francesa… La
Ilustración también es un intento de echar a la Iglesia Católica y copia la
Revolución Francesa. Copia el lema «libertad, igualdad, fraternidad»,
que es propio del mensaje salvífico de Jesucristo, del Evangelio. Querían
crear otra religión los comunistas y los nazis. Pero luego llega Gramsci
después de la Segunda Guerra Mundial y dice: «Vamos a a cambiar de
táctica, no vamos a hacer un ataque frontal a la Iglesia Católica. Nos
vamos a olvidar de los gulags, de los campos de exterminio y vamos a
empezar infiltrando». Y en eso estamos. Y él detecta además que la
institución a batir es la familia, porque es un espacio donde hay
capacidad de resistencia, donde se echa raíces y por eso todos los
totalitarismos, Hitler, el comunismo y ahora estos con lo de la ministra
Celaá… el enemigo a batir es la familia y también la figura del padre. Esto
se percibe en la legislación. Cancelando la figura del padre, se cancela
también a Dios. Esto lo dijo un sacerdote.

—Es la ceremonia de los Juegos Olímpicos…

—Eso es. Ese es el ejemplo de lo que se quiere en Europa. Hacerlo en
Francia además es como muy apropiado. Así es como se quiere postergar
a la religión católica y ocupar su lugar: la ideología de género, el
paganismo…

—La batalla no es solo cultural, educacional, conceptual y económica. Lo
vemos, por ejemplo, con los ataques a empresarios prominentes como
Amancio Ortega o Florentino Pérez…

—Claro. Pero eso en el fondo es odio. Es envidia. Y la envidia genera odio.
Al empresario se le quiere abatir igual que a la familia. La iniciativa
profesional o privada va en contra de la ideología colectivista de la
izquierda. Es letal para esa izquierda decir que una persona puede
prosperar por sí misma sin necesidad de un estado de necesidad, de una
paga.

—El propio ministro Urtasun dijo que se trata de luchar contra el sentido
común.

—Así es el movimiento woke. Cuando alguien intenta dialogar con esta
gente y pide sentido común, responden que no quieren sentido común

—Gramsci no creó el algoritmo que nos domina, pero sí tuvo la idea. Me
acuerdo de aquella película de los 80, El chip prodigioso, donde una nave
con su piloto era miniaturizada e introducida por accidente en el cuerpo
de una persona a la que podía manejar de algún modo activando desde
dentro sus sentidos.

—Pues así es, no va desencaminado. Creo que terminaba expulsándole
con un estornudo, ¿no? (risas). Ojalá fuera tan fácil. Hay una anécdota de
Gramsci que cuento en el libro. Cuando está en la cárcel de Milán, que es
donde escribe su obra maestra, la obra cumbre que tiene a toda la
izquierda fascinada, en los ratos libres les daban periódicos y los presos
políticos se abalanzaban sobre la Gazzetta dello Sport, sobre el periódico
deportivo y no sobre los otros. Ahí se da cuenta de que el
entretenimiento hace que no se piense en política. Y ahí es donde entra
ahora la tecnología. Es el algoritmo el que nos tiene entretenidos. Y no se
piensa en política.

—Para terminar, la familia, la religión, el Quijote o la Hispanidad, por
ejemplo, ¿son las armas verdaderas para luchar por el rearme moral?

—Absolutamente. Nadie me lo había dicho, Pero me alegra que haya
citado el Quijote. Ahora estoy leyendo mucho a Unamuno, y la filosofía
de Unamuno es el quijotismo, que es una forma de cristianismo. Yo digo
en el libro que todos los españoles deberíamos leer El Quijote y los
políticos, sobre todo. En él hay lecciones que son eternas en el sentido de
que son duraderas, perduran en los siglos y hoy en día necesitamos leer
El Quijote y aprender muchas cosas, porque ahí está todo, desde la
verdad, la mentira, el bien y el mal. En El Quijote está todo.

Entrevista realizada por Mario de las Heras en el diario digital El Debate el 17 de septiembre de 2024. https://www.eldebate.com/cultura/20240917/raul-mayoral-escuela-quedado-como-guarderia-donde-implanta-igualitarismo-academico_227909.html

Un apasionado llamamiento a la defensa de la libertad y al rearme moral

Raúl Mayoral ha lanzado su primera obra literaria titulada «Pregón de combate para jóvenes de espíritu», un apasionado llamamiento a la defensa de la libertad y al rearme moral.

El índice del libro nos muestra una relación de los principales problemas que atacan y que acosan a los valores tradicionales y de los que debemos defendernos.

Temáticas principales

El libro destaca cuestiones como la pulverización de la humanidad, el desarraigo de la conciencia, la deriva totalitaria de la democracia, el acoso al mundo empresarial, el adocenamiento de la cultura, los nuevos paganismos, la manipulación informativa, la mentira y la posverdad, la inteligencia artificial, la famosa agenda 2030, la memoria histórica, la ideología de género, el cambio climático, el laicismo, el aborto y la eutanasia.

Un libro propositivo

Mayoral no solo identifica estas problemáticas, sino que también propone soluciones para salvaguardar la civilización occidental y defender la libertad. Entre sus recomendaciones, destaca la necesidad de ser ejemplares, ejercer nuestros derechos, cumplir con nuestros deberes y asumir nuestras responsabilidades.

Problemática

En su obra, Mayoral describe cómo la Iglesia, la religión y la fe católicas han sido atacadas a lo largo de la historia con el objetivo de crear una «religión al revés» que ocupe su lugar.

Aunque los enemigos de la Iglesia han fracasado en el pasado, en los últimos años, el ataque ha adoptado una nueva estrategia: la infiltración en sus estructuras para destruirla desde dentro, eliminando el fundamento cristiano de la sociedad.

Este control se extiende a la cultura y la educación, destruyendo la familia, institución capital para la sociedad.

Según Mayoral, los arquitectos del nuevo orden buscan desterrar a los católicos de la vida pública, dificultando que los padres eduquen a sus hijos según sus creencias y valores católicos.

Batalla cultural

«Pregón de combate para jóvenes de espíritu» es un llamado a participar en una batalla cultural en defensa de la civilización occidental, que Mayoral identifica con la civilización cristiana.

El libro ofrece argumentos e ideas para desarrollar un juicio crítico ante el panorama socio-cultural actual. El autor exhorta a los lectores a no caer en la indiferencia, el escepticismo y el pesimismo, y mantiene la esperanza de que su pregón anime a muchos a alistarse en este combate cultural, por ellos mismos, por los que les precedieron y por las futuras generaciones.

Reseña publicada por Alfonso Siena en el diario digital Forum Libertas el 23 de junio de 2024