Su padre la casó con el príncipe Ulfo Godmarsson, siendo un matrimonio feliz muy piadoso, ambos fueron terciarios franciscanos. Tuvieron ocho hijos (uno de ellos Santa Catalina de Vadstena) y contribuyeron a cristianizar las costumbres de la corte del rey Magnus II. Se sabe también de una peregrinación suya a Santiago de Compostela.
En 1344 Brígida enviudó y fundó en Vadstena la orden del Salvador, los brigitinos, pero la última parte de su vida transcurrió en Roma, dando ejemplo de gran austeridad y ocupándose de los pobres y enfermos. También fundó en Roma una residencia para estudiantes y peregrinos suecos. Fue consejera de papas y figura muy admirada por sus virtudes en la Ciudad Eterna.
Murió en Roma, tras una peregrinación a Tierra Santa, y al año siguiente su hija Catalina trasladó sus restos a la Suecia natal. El libro de sus revelaciones, publicado póstumamente, fue muy discutido, «por haberle querido tachar y reprender algunos teólogos, que midiendo las cosas divinas con prudencia humana, no acaban de entender que Dios reparte sus gracias a quien Él es servido», pero al fin Santa Brígida tuvo la aprobación del sapientísimo cardenal dominico fray Juan de Torquemada.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
