9 de noviembre. Dedicación de la basílica de Letrán (324)

Muy cerca de la iglesia romana de los Cuatro Coronados que evocábamos ayer, está la gran basílica de Letrán, catedral de Roma, «madre y cabeza de todas las iglesias de la urbe y del orbe», según se lee en su fachada, y que forma parte de un conjunto en el que los papas tuvieron su residencia hasta el período de Aviñón. Allí hubo en la antigüedad uno de los palacios más suntuosos del monte Celio, el de la familia de los Lateranos, a quienes fue confiscado debido a conspirar contra Nerón; a comienzos del siglo IV pertenecía a la esposa del emperador Constantino, Fausta, quien en el año 313 prestó el lugar al Papa San Milcíades para que reuniese allí un concilio.

El 9 de noviembre del 324 fue la primera iglesia consagrada en toda la Cristiandad, y se le dio el nombre del Salvador, aunque más tarde se le añadiera los de San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En su historia hay de todo: destrucción por los bárbaros en el siglo V y el terremoto del 896, cinco concilios ecuménicos y el recuerdo de la presencia de San Francisco en 1210 para que Inocencio III aprobase su regla, el incendio de 1308 y la firma de los acuerdos entre Pío XI y Mussolini en 1929.

Entre los santos de carne y hueso, Letrán, santo de piedra, símbolo de la Iglesia, invisible esposa de Cristo, contiene y resume todo lo que ésta ha sido y es: persecuciones y desastres, dogma y santidad, arte y política, mezcla a menudo un tanto confusa y extraña, como debida a afanes humanos que, bajo la guía del Espíritu Santo, buscan a tientas el camino de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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