15 de noviembre. San José de Pignatelli (1737-1811)

Nacido en Zaragoza, de nobilísima familia entre napolitana y aragonesa, José ingresó en la Compañía de Jesús y, tras estancias de formación en Tarragona, Calatayud y Manresa, se ordenó en 1762, poco antes de que Carlos III decretara el destierro de los jesuitas. A pesar de que su hermano, el conde de Fuentes, influyente embajador y gran amigo del ministro Aranda, consiguió que se hiciera una excepción con José, sin embargo, él entre vómitos de sangre y muy enfermo de tisis, pidió que le llevaran a Salou para embarcar junto a sus hermanos expulsados y compartir con ellos sus penalidades.

Que no fueron pocas en Italia, sin recursos, viviendo como apestados, y cuando se disolvió la Compañía reducidos a la condición de simples sacerdotes seculares en tierra extranjera. En 1797 pudo renovar sus votos cuando la orden se reconstruyó en el ducado de Parma. Lugo en Ferrara y Bolonia desplegó una gran actividad reorganizando la Compañía, de la que pronto será provincial.

En tiempos tan adversos, es el hombre de la serenidad, la fortaleza y la prudencia, espiritual por encima de todo, caritativo de forma legendaria y tenaz. Piadosísimo, cortés y afable, con una distinción natural que no desmiente su cuna, muy docto en antigüedades, gran conocedor de lenguas, amante de los libros, San José Pignatelli es un ilustrado de la santidad. Murió en Roma durante la invasión napoleónica sin ver rehecha la Compañía, de la que fue como el segundo padre, y sus cenizas se veneran en una capilla del Gesú.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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