Archivo por meses: noviembre 2024

6 de noviembre. San Severo de Barcelona (…-304)

Era ya sacerdote cuando hacia el año 300 se le consagró obispo de Barcelona. De hecho, todos los barceloneses conocen la iglesia de San Severo, pequeña joya barroca y uno de los escasísimos templos de la ciudad que se salvaron de las destrucciones de las hordas marxistas en 1936. Está en la calle del mismo nombre, donde según la tradición vivía el santo, y el padre Villanueva afirma en su Viaje literario haber visto en esta iglesia una piedra con la inscripción: «Esta es la casa de San Severo, obispo y mártir».

A comienzos del siglo IV estalla la tormenta de la persecución de Diocleciano, y el prefecto Daciano llega a la ciudad para extirpar el cristianismo. Severo y dos de sus diáconos van a refugiarse al otro lado de las montañas, en el Castro Octaviano (hoy San Cugat), y en su huida les presta ayuda un labrador, San Medín. Hoy una ermita se alza en ese lugar, al que acuden en tradicional romería los barceloneses para recordar el milagro de unas habas milagrosamente crecidas para desorientar a los perseguidores.

En San Cugat el obispo se entrega a los soldados, que para intimidarle decapitan a San Medín y a los diáconos; luego le tientan ofreciéndoles riquezas y honores a cambio de renegar de su fe, al verle inconmovible le hunden a mazazos un gran clavo en la cabeza (por ello, es invocado ante jaquecas y neuralgias). San Pedro Nolasco, el Martín el Humano, a quien su intercesión curó una piedra gangrenada, y Fernando el Católico fueron devotos de este Santo humilde, puro, sabio, prudente y magnánimo, un verdadero pastor de almas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

5 de noviembre. San Zacarías y Santa Isabel (siglo I).

Son los padres de Juan el Bautista, él, sacerdote del templo de Jerusalén, ella, prima de la Virgen María. «Eran ambos justos en la presencia de Dios«, nos dice San Lucas de este matrimonio sin hijos y en edad avanzada. Mientras Zacarías ejerce sus funciones sacerdotales, se le aparece un ángel y le dice: «Tu plegaria ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo al que pondrás por nombre Juan«.

Aun siendo varón tan piadoso, Zacarías parece opinar que algunos milagros son excesivos, imposibles, por más que lo diga el arcángel Gabriel. Podría aceptar un milagro mayor, pero que su propia mujer ya anciana concibiera un hijo… Como castigo quedará mudo hasta que nazca ese vástago tardío. Recuperará el uso de la palabra y entonará un canto profético. Luego no sólo habla, sino que canta, no sólo canta, sino que profetiza, sobreabundancia de los dones de Dios por fin aceptados. E Isabel, cuando estando encinta es visitada por la Virgen, prorrumpe también en una jubilosa exclamación que repetimos en el Avemaría: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!; dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor».

Poco más sabemos de los padres de Juan, que encarna la fe dubitativa y el clamor maravillado que exalta esta virtud. Dicen que a Zacarías lo hizo matar Herodes al saber que su hijo había escapado a la matanza de los Inocentes. Su atributo es un incensario y es patrón de Venecia, donde la iglesia de San Zaccaria se levanta cerca de la Riva degli Schiavoni.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

4 de noviembre. San Carlos Borromeo (1538-1584)

No hay que idealizar a ningún Santo, pero Carlos Borromeo es el menos idealizable por sus aparatosas limitaciones humanas y la ausencia de brillo al ser una personalidad poco atractiva. Tímido, silencioso, con un defecto en el habla que nunca superó, lento en razonar, parece deberlo todo a la tenacidad y al esfuerzo. Todo no, porque además de ser un gran señor por su cuna, muy pronto es objeto de una de las tradicionales medidas de nepotismo de los antiguos papas: su tío Pío IV le hace cardenal y secretario de Estado a los veintidós años, sin ser siquiera sacerdote.

Finalmente, tras ordenarse llega como arzobispo a la diócesis de Milán, que rigió con mano muy firme (tan firme que no faltaron intentos de asesinarle). Fue piadosísimo y austero, vivió para la oración, el ayuno y, por supuesto, el trabajo. Es el santo de la eficiencia espiritual y material (no en vano es patrón de la banca y de la bolsa), pastor que se ocupa sin descanso de la enseñanza religiosa creando escuelas y seminarios, de la ejemplaridad del clero, de los pobres y enfermos, sobre todo durante la peste de 1576, y de los que viven fuera de la Iglesia.

Es una de las grandes figuras que aplicaron inmediatamente los decretos de Trento, concilio en cuyas sesiones finales desempeñó un importante papel. San Carlos Borromeo es un santo hecho a fuerza de puños, con el hándicap de sus visibles limitaciones y de la influencia familiar que le encumbró. Trento sin santos, sólo con teólogos y organizadores, no hubiera sido nada, él se hizo espejo de la Contrarreforma trabajando oscuramente en reformarse a sí mismo hasta morir extenuado.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

 

3 de noviembre. San Martín de Porres (1579-1639)

En la Lima de Santa Rosa nació también Martín, hijo natural de un caballero español, don Juan de Porres, y de una esclava mulata llamada Ana Velázquez. Él y su hermana Juana acabaron siendo reconocidos por el padre.

Martín era barbero y hacia el año 1600 ingresó como donado en el convento dominico de Rosario. Llegó a ser popularísimo en la ciudad por su solicitud con los enfermos, atribuyéndoles muchas curaciones milagrosas, así como por su humildad y su piedad. Además, demostró un clarísimo criterio que le hacía muy apto para conciliar matrimonios desavenidos, resolver pleitos, aconsejar al virrey o al obispo en materias delicadas, y, en resumen, buscar soluciones para intrincados conflictos del tipo más diverso.

Pero San Martín tenía una peculiarísima especialidad que le hacia extender sus afanes caritativos a los animales, que merecían su atención incorporándolos a un universo en el que el mandato del amor no conocía límites. Dialogaba persuasivamente con ellos, sanando a los seres más inútiles o dañinos de la creación, como permitiéndose la delicadeza de no desechar ni uno solo de los cabos que parecen sueltos y más desdeñables de la obra de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

2 de noviembre. Fieles difuntos

Después de la fiesta universal de Todos los Santos, existe en la Iglesia desde San Odilón de Cluny este recuerdo particularizado para «los que no precedieron con la señal de la fe», como dice la liturgia, y esperan en un misterioso ámbito, más allá de esta vida, su purificación para entrar en el Reino de los Cielos.

¿Quién habrá sido completamente fiel? Fundándose en una creencia de la que hay testimonios en el Antiguo Testamento y que aparece en numerosos autores de los primeros siglos, como San Agustín, Trento definió el dogma del Purgatorio como lugar de expiación definitiva, último crisol de las almas.

Los fieles difuntos, «nuestras amigas, las almas del Purgatorio», no se evocan entre brumas otoñales como un signo de muerte, sino de gozo por la segura, aunque retardada, conquista de la eternidad con Dios. La muerte no abre las puertas de la nada, sino de la plenitud de la vida, no hay otra visión posible desde la fe. Imaginamos un inmenso espacio de sombras, ausente de la luz que ya se conoce con certeza y y que se ansía. A tientas, con una dolorosa impaciencia de Bien, el ejército de la purificación es nuestro valedor, como nosotros pedimos «que brille pronto para ellos la luz eterna de la Gloria»

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de noviembre. Todos los Santos

La fiesta de hoy se dedica a lo que San Juan describe como «una gran muchedumbre que nadie puede contar, de todas las naciones tribus y lenguas»; los que gozan de Dios, canonizados o no, desconocidos las más de las veces por nosotros, pero individualmente amados y redimidos por Dios, que conoce a cada uno de sus hijos por su nombre y su afán de perfección.

Hay quien pone reparos a éste o aquél, reduce el número de las legiones de mártires, supone un origen fabuloso para tal o cual figura venerada. La Iglesia puede permitirse esos lujos, un solo santo en la tierra bastaría para llenar de gozo al universo entero y hay carretadas. ¡Aquellos veinticuatro carros repletos de huesos de mártires que Bonifacio IV hace trasladar al Panteón del paganismo para fundarlo de nuevo sobre cimientos de santidad!

Por eso hoy se aglomeran en la gran fiesta común. Los humanamente ilustres, Pedro, Pablo, Agustín, Jerónimo, Francisco, Domingo, Tomás, Ignacio y los oscuros: el enfermo, el niño, la madre de familia, un oficinista, un albañil, la monjita que nadie recuerda, gente que en vida parecía tan gris, tan irreconocible, tan poco llamativa, la gente vulgar y buena de todos los tiempos y todos los lugares.

Cualquiera que en cualquier momento y situación supo ser fiel sin que a su alrededor se enterara casi nadie, cualquiera sobre quien, al morir, alguien quizá comentó una frase convencional: Era un santo. Y no sabíamos que se había dicho con tanta propiedad. Cristianos anónimos que a su manera, a escala humana, se parecían a Cristo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

Como los fallecidos bajo las aguas. Hoy nos acordamos, especialmente, de ellos. Que El Altísimo los acoja en su Gloria.