El Papa León XIV nos visita

En la primera semana de Cuaresma, tiempo penitencial, pero también de auténtica conversión, o sea, de verdad, ha querido la Providencia agraciarnos con la noticia ya oficial de la venida del Santo Padre a España durante los días 6 a 12 del próximo mes de junio. Gran acontecimiento el que viviremos los españoles y, en especial, los católicos, recibiendo al Papa que nos honra con su visita. Una visita que es de importancia capital ante momentos de encrucijada, de dilemas, en suma, de retos. Pero con la confianza en que León XIV está haciendo lo que es justo con palabras y actitudes atinadas, lúcidas y penetrantes. Sus ideas, sus métodos, su acción, más que de ayer, son de hoy, de mañana, de siempre. Porque apuesta por la verdad, por la justicia, por la dignidad de la persona humana. Apuesta por el Evangelio, por sus esencias y sus principios.

Sólo así nuestra religión católica tiene futuro y será pujante. Sólo así nuestro apostolado en la vida pública transitará por el “camino de la perfección” que San Pablo nos enseña en el “Himno a la caridad” en su Primera Carta a los Corintios. Esa perfección que consiste en la caridad, esto es, en el distintivo del católico mientras estamos en este mundo. En la síntesis de toda su vida: de aquello que cree y de aquello que hace. Y es esa caridad la que imprime el sello a la santidad. Porque es en la vida de los Santos en donde reconocemos la variedad de sus dones espirituales y sus características humanas. Es la vida de cada uno de ellos un himno a la caridad, un cántico viviente al amor de Dios. Cuánta razón tiene Monseñor Munilla al decir que los Santos suelen romper la lógica humana hasta el punto de resultar molestos porque el testimonio de su vida, unido a la denuncia de su palabra, dejan al descubierto nuestra mediocridad y nuestras incoherencias.

Que el anuncio del viaje del Papa nos sirva de guía y de acicate en este tiempo de Cuaresma para ser, de veras, nosotros mismos sin dejarnos llevar por las circunstancias, condicionados por las personas y los ambientes, creando una ficción en torno a nosotros y padeciendo por no ser lo que realmente somos. Porque, en ocasiones, el riesgo de la fragmentación y de la incoherencia humanas radica en vivir hacia el exterior y no mirar dentro de uno mismo. Hagamos, pues, conversión, tengamos necesidad de un cambio del corazón. Recuerda que sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo.

Fuente gráfica: Vatican Media

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