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La voz del episcopado

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, ha intervenido en un desayuno informativo organizado por un diario nacional, La Razón. En una primera exposición se ha referido a tres aspectos que integran la propuesta cristiana: La comprensión de la persona humana, el diálogo Iglesia-sociedad y la relación entre Historia y vida eterna. Nada fuera de lo que contenía aquella ya lejana, pero famosa Carta a Diogneto. Desde entonces, el encaje de la Iglesia en el mundo ha sido la cuestión nuclear que ha provocado conflictos y controversias entre creyentes y no creyentes. Pasan los siglos y aún nos preguntamos cómo es la forma de presencia del católico en la vida pública.

Sobre el primer aspecto, y con su inteligente percepción Monseñor Argüello, ha efectuado un severo pero acertado diagnóstico: “El tiempo moderno ha reducido la persona a un individuo autónomo con pretensión de poder”. Es lo que Romano Guardini llamó el antojo del yo. Además, el prelado indica que la modernidad ha traído nuevos desafíos tecnológicos que cuestionan el propio concepto de persona como la Inteligencia Artificial y los algoritmos. La primera puede acarrear el desertar de lo humano y los segundos se erigen en tiranos que nos controlan, nos distraen y nos enferman. En tal contexto, ha reivindicado la dignidad del ser humano. Y ha recordado que el perdón es aquí imprescindible porque, si bien existe una gran sensibilidad ante el mal, no la hay, en cambio, hacia el perdón. Señalamos culpas y errores en los demás, sin reconocer los nuestros y, además, somo reacios a perdonar.

Respecto al segundo aspecto, diálogo Iglesia-sociedad, los católicos vivimos en el mundo, pero no somos del mundo. Como ha afirmado Argüello, la Iglesia vive en la sociedad y ello supone un aprendizaje costoso porque los fieles somos, a la vez, católicos y ciudadanos. Y ante el momento presente en que la democracia está en crisis, los católicos podemos contribuir a superar esa crisis fortaleciendo la conciencia sobre el valor mismo de la democracia: “Hay que ayudar a hacer pueblo, demos, a “cultivar la amistad social” como proponía el Papa Francisco, creando espacios de encuentro para “recomponer el demos y devolver al mismo tiempo al poder referencias éticas (otra vez Guardini y su ética del poder), ya que la democracia no puede proporcionarlas por sí misma, debido a que el relativismo moral y el positivismo jurídico ya no dan más de sí. Y los católicos debemos hacer esa contribución con humildad, sin complejos ni vergüenza.

Finalmente, en cuanto a la relación entre Historia y vida eterna, el arzobispo afirma que somos peregrinos hacia el Cielo, una plenitud ansiada porque hay en nuestro corazón un latido que es un anhelo hacia aquella. Y en nuestro peregrinaje vivimos en la Historia y asumimos el compromiso de fidelidad con aquellas realidades que están más vinculadas al Reino de Dios: la dignidad humana, el bien común, el desarrollo pleno de la vida humana. En suma, debemos ser fieles a la santidad como perfección de la caridad.

Por último, en el turno de preguntas, varias concreciones más del presidente de nuestra Jerarquía: Respecto a regularización de inmigrantes por el Gobierno, Argüello se ha referido a que “la acogida del extranjero atraviesa toda la Escritura”. La Iglesia nunca ha defendido la apertura indiscriminada de puertas, reconociendo el derecho de todo ser humano a desarrollar su vida en su país de origen. Pero al que viene hay que acogerlo, protegerlo, promoverlo e integrarlo. Debemos estar alerta ante las ideologías y el emotivismo que esas ideologías saben manejar para finalmente manipular las conciencias. No creemos en el paraíso en la Tierra y por ello sospechamos de todas esas ideologías que sí lo creen y prometen instaurarlo. Como ya ocurrió en el período de entreguerras del siglo pasado. La defensa de la vida hay que llevarla a cabo con la razón, aunque a nosotros, como creyentes, nos baste la fe. Sobre los abusos en el seno de la Iglesia, ha sido un hecho muy doloroso porque se han producido en el ejercicio del Ministerio sacerdotal con un uso bastardo de la autoridad y la confianza. La respuesta de la Iglesia ha sido lenta y tardía. El camino hacia el Cielo es de semillas que sembramos y germinan aquí en la Historia, pero darán fruto pleno en la vida eterna, en el Reino de Dios. Sus palabras han sido una invitación a hacer de nuestra vida un camino de actos con trascendencia de eternidad.

 

Liderar haciendo futuro, ganando la eternidad

La semana pasada un diario nacional informaba en sus páginas sobre la organización de un evento para jóvenes, Future Makers. A través de propuestas centradas en educación, vivienda, empleo y política, los asistentes reclamaban a los partidos políticos “reformas que ayuden a la juventud a edificar sus proyectos de vida y llevar sus ambiciones lo más alto posible”. Cierta actitud alegre y confiada, cándida, como de optimista de verbena, resulta de pensar que nuestros dirigentes, de uno y otro color, centren sus políticas en un colectivo electoralmente insignificante sobre el que se ciernen negros nubarrones, aunque con impetuosas ganas de cambiar el mundo. Es mejor centrarse en uno mismo.

Un día después, el periódico, a través de su suplemento, publicó la entrevista realizada en un convento de clausura a una monja madrileña de tan sólo veinte años, que desde hace tres decidió tomar distancia del mundo, pero sin apartarse del mundo. Joven igual que los protagonistas de Future Makers, pero con una notabilísima diferencia, ella vive voluntariamente entre rejas, aunque gozando de una plena libertad interior. Cuando el entrevistador pregunta a la religiosa la opinión sobre la juventud, responde que se halla muy despistada. “Cuando quitas a Dios de tu propia vida aparecen todo tipo de ideologías. Por eso la gente vive agobiada y triste porque tu dios no puedes ser tú ni el influencer de al lado”. Incluso, reconoce que antes de cambiar de vida, ella vivía de forma incoherente.

Entre los asuntos abordados en la concentración juvenil destacaron, entre otros, el miedo al fracaso, el compromiso social y el liderazgo cultural. Es este del liderazgo un tema muy manoseado en las últimas décadas, especialmente, por algunos gurús y chamanes que dicen ser curanderos de los males de las organizaciones. De la misma manera que para prender algo, debes portar fuego, para liderar un grupo de personas debes previamente liderarte a ti mismo. ¿Cómo vas a restaurar la sociedad si antes no te has restaurado tú? Se necesita mucha humildad y un sincero afán de servir a los demás, porque en eso consiste el buen liderazgo, en ser coherente y ejemplar, para luego ser influyente debido a que el ejemplo es tan poderoso como la fuerza de penetración de una flecha de acero.

Ni a la humildad ni al servicio se llega a la velocidad de un AVE (de los de antes). Exige un proceso lento que parte de conocerse a sí mismo, de abrir el corazón y limpiarlo de cachivaches: soberbia, vanidad, envidia, tristeza… y de quitarse máscaras porque el que se finge fantasma acaba siéndolo. Durante esa apacible travesía se debe escuchar a la voz de la conciencia, que siempre conduce al bien y a la verdad, y empaparse de optimismo, del entusiasmo de la confianza y del alegre impulso de la esperanza, porque el pesimismo es contrario a toda obra fecunda. Con tales logros, llegarán otros: administrar el tiempo, disfrutar del silencio y la soledad para meditar y contemplar, ejercer tu libertad interior, estudiar y formarse. Se entra así en la dimensión de las tres “p”: prudencia, paciencia y perseverancia, que te proporcionan calma y serenidad para, primero, aceptar, y después superar la adversidad. Y una vez que se es líder de sí mismo, uno crece de dentro hacia afuera estando ya en disposición de liderar a los demás. Ignoro si esto será un liderazgo cultural, profesional o político, pero sí es un liderazgo coherente y ejemplar, basado en la entrega a los demás, en el amor, no en la fuerza. Liderar a corazón abierto no sólo hace futuro, también gana la eternidad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de febrero de 2026. https://www.elimparcial.es/noticia/293697/opinion/liderar-haciendo-futuro-ganando-la-eternidad.html