Dama romana, descendiente de los Escipiones y los Gracos, de familia noble, casada con el senador Toxocio, con quien tiene dos hijas, Blesila y Eustoquia. Paula pronto queda viuda y se consagra a la más estricta piedad.
Con un grupo de patricias, asiste en un palacio del Aventino a las lecciones biblícas que imparte un monje venido de Tierra Santa, San Jerónimo (30 de septiembre), amigo del papa Dámaso. Bajo la influencia del aquél, ella y sus dos hijas estudian hebreo para leer las Escrituras. A partir de entonces, ya solo vivieron para Dios.
Al poco tiempo muere Blesila, y al faltar también el papa Dámaso, Paula y Eustoquia embarcan en Ostia para reunirse con San Jerónimo y se instalan en Belén. Allí fundan un monasterio para mujeres y una hospedería para peregrinos, al objeto de que no faltase acogida donde el Niño Jesús no la encontró. Paula gasta toda su fortuna desviviéndose en fervor y en caridad. Al morir Santa Paula, Jerónimo le dedica una impresionante carta epitafio.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Santos Timoteo y Tito
Obispos compañeros de San Pablo a los que dirige cartas de gran contenido teológico y espiritual.
San Timoteo, de padre pagano y madre judía, nace en Listra de Licaonia (Asia Menor), y en la flor de la juventud se hace discípulo de Cristo. Trabaja por el Evangelio en su propia ciudad. Y desde primavera del año 50, acompaña a Pablo por Efeso y Jerusalén, por Frigia y Galacia, por Salónica y Corintio, por Troya y Macedonia, por el Peloponeso y Roma. Pablo reconoce: «No tengo nadie que comparta mejor mis sentimientos… Me ha ayudado en la predicación del Evangelio, como un hijo ayuda a su padre».
Al igual que Timoteo, San Tito acompaña también a Pablo en sus correrías apostólicas, por Corinto, Nicópolis de Epiro y Creta, la isla de su trabajo. Antiguo pagano, Tito también recibe elogios de San Pablo: «Hijo verdadero según la fe, apóstol y gloria de Cristo».
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
