Nadie recordaría a esta santa de no ser por Gonzalo de Berceo, que en la primera mitad del siglo XIII versificó una biografía latina obra de un tal Munio o Muño, sobre esta virgen de Burgos.
Natural de Villavelayos, Oria, castellanización del nombre latino Aúrea, se presentó aún muy joven en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla y solicitó del prior «prender orden e velo vevir en castidat». Desde entonces fue una «reclusa» por voluntad propia y si antes era buena, fue después mejor. Frente al altar mayor y el coro, donde cantaban los monjes, en una angosta celdilla construida junto al muro de la iglesia, rezaba, leía una y otra vez las Escrituras y las vidas de santos, recitaba el salterio e hilaba y cosía para la comunidad.
Santa Oria tuvo estupendas visiones, según nos cuenta Berceo con encendidas palabras de devoción, resistió los embates del maligno, aconsejó espiritualmente a los que iban a consultarla de toda la comarca, y por fin, la «reclusa leal», cuya oración horadaba los Cielos, abriendo brecha en los más alto, murió junta a su madre en olor de santidad.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
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