Era hijo único de Eufemiano, opulento y caritativo senador romano. Estaba adornado con todas las gracias y virtudes. El mismo día que se casa, Alejo abandona a su dulce esposa y vaga como un peregrino por tierras lejanísimas hasta recalar en Edesa, más allá del Eufrates, donde vive a la manera de un piadoso mendigo junto a la basílica del apóstol Tomás, pidiendo limosna y repartiéndola entre los demás pobres.
Diversos prodigios señalan su presencia y le sacan del anonimato, tiene que volver a correr mundo y va a parar de nuevo a su ciudad natal, donde su padre, que le ha buscado afanosamente por todas partes, no le reconoce y le da albergue, como a un pordiosero más, en el hueco de la escalera principal del patrio de su casa. Allí, ejemplo de paciencia y de humildad, ayunó y rezó entre las burlas de la servidumbre durante diecisiete años, al término de los cuales, al morir, se le encontró en la mano una carta dirigida a sus padres y a su esposa declarando al fin quién era.
La historia de San Alejo es como una novela bizantina y desde la Edad Media, la literatura se ha ocupado complacidamente de este formidable personaje. Otro mendigo de Dios, en medio del esplendor de Roma, pero en su propia casa, irreconocible para los suyos, peregrino en su patria y ciudadano ya del Cielo.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Mártires de Brasil
Con este nombres son venerados cuarenta mártires, representantes de uno de los mayores esfuerzos misioneros de la Iglesia.
De sólo Portugal y España, y de sólo la Compañía de Jesús, salían el 5 de junio de 1570 de la Barra del Tajo 74 misioneros jesuitas, divididos en varias naves. El Superior de todos ellos y de la Misión del Brasil, Padre Ignacio de Acevedo, navegaba con 39 más en la nave Santiago, no lejos de Tazacorte, su última escala en la isla canaria de la Palma. De pronto se ven asaltados por piratas enemigos de la fe católica; y arrojados al mar a golpes de espada y lanza.
El P. Ignacio de Acevedo muere, entre los últimos, animándoles con una imagen de Nuestra Señora que en Roma le había confiado para el Brasil San Pío V. Eran 32 portugueses y 8 españoles; destacaban por la juventud de casi todos, en su mayoría estudiantes universitarios y técnicos. Sólo fue perdonado por los piratas el cocinero, para servirse de él. Pero un sobrino del capitán que había pedido ya su admisión en la Compañía de Jesús, toma la sotana de uno de los mártires y vestido con ella, firma con su sangre la admisión. Era el 15 de julio de 1570.
Santa Teresa de Jesús, que tenía entre los mártires un sobrino suyo, Francisco Pérez Godoy, de Torrijos, comunicó en Avila ese mismo día haber participado en su oración de gloria con que el cielo todo había coronado a aquel invicto escuadrón de mártires misioneros.
San Generoso
En los tiempos difíciles del despliegue primero del cristianismo, da su vida por Cristo en Tívoli, Italia, donde es muy venerado.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordoñez, S.J.
