La suya es una leyenda bella y disparatada, encantadoramente fantástica. Se supone que Úrsula, hija de un rey de Gran Bretaña, es pedida en matrimonio por un monarca pagano. Ella acepta exigiendo que su prometido se bautice y peregrine con ella a Roma. Son recibidos por el Papa San Ciricio, pero en el viaje de regreso toda la expedición, que incluía once mil vírgenes capitaneadas por un ángel, muere asaeteada por los hunos ante las puertas de Colonia. Tan bárbaros exterminadores reciben su castigo inmediato, ya que once mil ángeles acuden a vengar aquella sangre inocente.
Hablando en serio, casi nada se sabe de esta Úrsula, blanco de no pocas burlas a partir del Renacimiento y la Reforma, sin que al parecer en los ambientes trentinos se tomaran la menor molestia por defenderlas. ¿Fueron once mártires tan sólo y la M de cierta inscripción que quería decir «mártir» se confundió con el numeral mil?
Es posible, pero ya en el siglo IX, bajo formas más o menos exaltadas, esta tradición que se relaciona con un cementerio de Colonia llamado ager ursulanus, Campo de Úrsula, existía ya. Probablemente tuvo su origen en unas jóvenes de la ciudad martirizadas en el siglo IV, época del papa San Ciricio, y luego el episodio se magnificó con estupenda fantasía haciendo entrar de golpe en el santoral a Santa Úrsula acompañada de tanta multitud.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
