El santo de hoy es una figura bastante borrosa y descolorida por el paso de los siglos. Incluso, su nombre, Barlaán, se confunde con el de un homónimo puramente legendario que se empareja con San Josafat. Pero el San Barlaán de hoy es auténtico y real, de él hablan elogiosamente San Basilio y San Juan de Crisóstomo, pero es muy poco lo que se sabe.
Era labrador que trabajaba los campos cerca de Cesárea de Capadocia, en las proximidades de la actual ciudad turca de Kayseri, y a comienzos del siglo IV debió de ser un cristiano más de las numerosas comunidades de Asia menor, desaparecidas hace ya mucho tiempo, casi sin dejar más rastro que ruinas y estos testimonios de la fe.
Durante la persecución de Diocleciano fue conminado por las autoridades a que renunciara a sus creencias y diera culto a los dioses, y cuando se negó quisieron obligarle poniéndole incienso en la mano derecha, de tal modo que bastaría abrirla para el gesto idolátrico. Hay que encomendarse a él cuando los ídolos contemporáneos exigen su incienso.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
