El último rey de Estanglia. La desdicha idealizó a este monarca que en el año 869 tuvo que hacer frente a una invasión de daneses que se instalaron en Thetford, Norfold. Edmundo les atacó con su ejército, fue derrotado y murió posiblemente después de que le hicieran prisionero sus enemigos. Se supone que le azotaron y y que fue asaeteado hasta que no hallando lugar del santo cuerpo para nuevas heridas, por una misma herida entraban de nuevo muchas saetas, tantas que causaba horror y compasión mirarlo, porque parecía un erizo, siendo otro nuevo San Sebastián.
Según la leyenda, sus súbditos acabaron encontrando su cuerpo, pero la cabeza del rey no aparecía, hasta que en medio de los campos oyeron una voz que gritaba «Aquí estoy». Como siguieran sin verla y todos preguntasen «¿Dónde estás?», la cabeza respondió tres veces : «Aquí, aquí, aquí», hasta orientarles en su búsqueda.
Venerado como mártir, como caritativo, virtuoso y humilde, su culto fue muy popular en la Inglaterra medieval, y sus reliquias se conservaron en Bury Saint Edmunds, en West Suffolk, donde en el año 1020 se fundó una gran abadía. San Edmundo tiene como atributo una flecha.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
