Perder para ganar: la fe que salvó a Europa de la barbarie

No existiría el presente sin esperanza. Escribió Víctor Frankl, superviviente de Auschwitz, en su obra «El hombre en busca de sentido», que este «es el ser que siempre decide lo que es. Ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo ha entrado en ellas con paso firme, cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios». Fue la fe, y, por tanto, la esperanza, la que salvó a Europa durante y tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto dentro como fuera de los campos. A los europeos, la fe «les salvó no sólo la vida, sino también les impidió realizar actos degradantes que se consideraban normales. Porque la moral quiebra cuando lo que no es natural comienza a imponerse como normal», explica a este diario Raúl Mayoral, abogado y escritor de una novela que funciona como culto al cristianismo en tanto bálsamo frente a la barbarie.

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