Deja, lector, que te cuente algo de Historia. Sí, de una parte de la Historia. No un relato, una narrativa, un cuento de esos con los que los «cuentacuentos» suelen apelar a las emociones de los ingenuos, sin tener en cuenta los argumentos racionales, a fin de llevárselos al huerto.
En octubre de 1946, Ernst Benda, estudiante de Derecho en la Universidad Humboldt de Berlín Este y presidente de la Asociación de Estudiantes del Partido Cristiano Demócrata, manifestaba: “Después de la experiencia que habíamos tenido con el régimen nazi, era necesario participar activamente en política y aportar tus convicciones religiosas a la política para intentar crear política en base a tus creencias”.
En ese momento, la Unión Cristiano Demócrata (CDU) estaba dividida entre una facción fuertemente prooccidental y antisoviética, dirigida por Konrad Adenauer en el Oeste, y otro grupo liderado por Jakob Kaiser en el Este, cuyos miembros creían que todavía era posible alcanzar un acuerdo entre el Este y el Oeste y evitar así la división permanente de Alemania.
En su Universidad, el joven Benda dijo en un mitin: “No es importante a qué partido se vota, es más importante a qué partido no se vota”.
Todo el mundo entendió lo que quiso decir con ello. Se estaba a favor o en contra de los comunistas. Si estabas en contra, daba igual que fueras liberal, democristiano, socialdemócrata o cualquier otra cosa.

Excelente comentario en los tiempos que corren.
Lo importante es tener claro a quién NO votar y olvidarse de los aspectos que nos separan, para centrarse en los puntos en común.
Correcto. Usted sí que sabe