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Batalla cultural

La derecha en España lleva cuarenta años ausente en la batalla de las ideas. Sin embargo, las dos últimas mayorías absolutas de la democracia española (2000 y 2011), han sido del PP. Por el contrario, el PSOE, con el discurso cultural dominante a favor, no logra dicho triunfo electoral desde 1986. ¿Qué es más importante para gobernar? ¿Ganar la batalla de la cultura o gestionar con solvencia erario público y economía?

Por los datos electorales, la mayoría de los españoles se ha inclinado durante el actual régimen democrático por gobiernos “gestores” más que “ideólogos”. Han dado más confianza a dirigentes capaces de estimular la economía y generar riqueza saneando las cuentas públicas y reduciendo la tasa de desempleo. Han preferido a políticos conseguidores de logros históricos y decisivos para España como el ingreso en el euro o la no intervención de la economía nacional por las instituciones comunitarias, resolviendo situaciones de crisis económicas.

Tomando por criterio de buen gobernante el binomio regeneracionista de Costa “escuela y despensa”, cultura o economía, la derecha se inclina por el cometido en el que resulta ser más competente, lo económico, dejando el campo libre para que la izquierda moldeé la sociedad a su antojo. La pregunta que cabe hacerse es si esto será siempre así. Porque pudiera ocurrir que de remodelar tanto la mentalidad de los ciudadanos se acabe por obturar sus facultades de percepción, anulando con ello su capacidad de elección?

Ya hay toda una tropa de agentes sociales, asesores, psicólogos o terapeutas que diseñan nuevos modelos de reconstrucción cultural, dictando cómo tenemos que vivir e, incluso, qué tenemos que comer. Por otro lado, no olvidemos que siendo el lenguaje una forma de acción, si algunos se empeñan en manipularlo se terminará degradando unas acciones y ensalzando otras al servicio de esa “corrección” manipuladora. Desde el mismo sistema educativo, clave del arco de la remodelación cultural, junto con la invención del pasado, y desde la cátedra universitaria, los laboratorios de investigación, las editoriales del libro, la producción audiovisual, la columna periodística o cualquier otra atalaya de debate cultural se insiste machaconamente en que determinados grupos sociales son, por sus creencias religiosas o por sus opiniones políticas, incompatibles con la dinámica del progreso.

Ante la confusión y el oscurantismo que remueven hoy los cimientos de la cultura no le queda más remedio a la derecha española que abandonar posiciones timoratas y acomplejadas. Debe armarse de ideas para afrontar el debate ideológico que consiste en manifestar y defender sin titubeos y determinación, esas ideas, y contribuir a crearles ambiente, convirtiéndolas en convenientes aplicaciones prácticas al servicio de los ciudadanos. Toda fuerza política que aspire a la gobernabilidad debe acelerar un proceso de articulación de corrientes sociales diversas pero convergentes y comprometidas en cuestiones de Estado, no de partido, y en asuntos de bien común, no de minorías. Una derecha de ideas es más sólida que una de intereses. Y una democracia de ciudadanos es más robusta que una de partidos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral en el diario digital El Imparcial el 29 de noviembre de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/233086/batalla-cultural.html

Catacumba o catedral

Aquella rotunda sentencia de AzañaEspaña ha dejado de ser católica, parece quedarse corta ante las arremetidas contra la Iglesia. Bien pudiera afirmarse que España comienza a ser anticatólica. Y voces autorizadas vienen advirtiendo de la proliferación de ataques planificados y coordinados contra la Iglesia y los valores que representa, aunque sin llegar a un manifiesto y constante acoso. No es un desvarío pensar que en España se prescinde paulatinamente del hecho religioso. Salvo episodios puntuales de extravagancia ideológica, no se odia a la religión católica. Sencillamente se la desconoce. Un sacerdote que transita por grandes aglomeraciones urbanas no escucha insultos ni observa miradas cargadas de rencor, pero comprueba a su alrededor un frío glacial, una ausencia de esas pruebas inequívocas de sobrenatural respeto y acogedora cordialidad que la presencia religiosa ha suscitado en una sociedad cristiana. Súmese que privar a la Iglesia de su derecho a orientar a sus fieles es la pose moderna de la persecución religiosa, que otrora quemaba iglesias y hoy, más arteramente, se ocupa de reprobar a prelados o suprimir la religión en las aulas. Conviene, pues, en la hora actual alentar a los católicos a ejercer sus derechos en una democracia. Pero ¿cómo es hoy el modo de presencia de los católicos en la democracia? ¿Tiene pulso nuestra catolicidad? ¿Somos fecundos y creadores? Interrogantes espigados en uno: ¿Qué aportación original podemos ofrecer en la España actual?

El católico no ha de olvidar la dimensión pública de su fe; no debe autoexcluirse ni dejarse recluir en un estéril aislacionismo, sino intervenir decididamente con su compromiso, diálogo y participación en la marcha de los asuntos públicos, de los que, como decía Pío XII, es alícuotamente responsable. Ha de contemplar la realidad con sus avances, sus necesidades y con las grandes oportunidades que ofrece para desarrollar intensamente una labor creadora y eficaz en una sociedad que exige la colaboración fecunda de todas las tendencias y no desea divisiones partidistas ni antagonismos sociales. Y debe actuar, tanto o más que con su predicación hablada, con sus obras vivas. Su acción debiera ser la de un catecumenado capaz de hacer brotar un cristianismo verdaderamente apostólico en un ambiente secularizado. Si se limitara a hacer un apostolado completamente cristiano, desde la catedral y bajo el título de cristiano correría el peligro de formar un gueto exclusivista y reducido. No se trata de tener militantes con insignias, sino más bien de obrar en los campos de la política, la economía, la cultura, lo cotidiano, sin olvidar el respeto debido a la diversidad humana. No hay que constituir organizaciones católicas, sino meter a los católicos en las organizaciones de la vida llevando a ellas el mensaje de Cristo. Y así, hacer vivir el cristianismo a la sociedad, sin decírselo siquiera; despertando a un mundo que nada quiere con la Iglesia pero que en el fondo posee valores cristianos, y mostrándole que una convivencia ordenada y estable con cimientos firmes y no movedizos es más fácil de lograr mediante el cultivo precisamente de esos valores.

La angustia de España es social. La crisis ha ahondado la brecha de la desigualdad exponiendo a más ciudadanos ante la pobreza y la escasez. El desempleo sigue siendo una tragedia. Abordar este reto constituye una tarea magnífica y acaso la de más enjundia con que tienen que enfrentarse hoy los españoles. La Iglesia con su ancho y cordial espíritu de fraternidad y solidaridad puede cooperar en ella. Su ejemplo de aliento espiritual y de inventario social en obras de caridad, asistencia sanitaria y educativa en momentos convulsos demuestra que nunca ha traicionado su misión y continúa reclamando su presencia apostólica allí donde hay necesidades y emergencias humanas.

Hoy los nuevos totalitarismos, con su rígida dogmática y su sentido pseudoreligioso, se empeñan en colocar a la Iglesia en el banquillo de los acusados, reducirla a los nuevos gulags o a la catacumba, que no lo olvidemos, es semilla de la catedral. Los católicos debiéramos volver la mirada a la Iglesia primigenia, palpando la vida de los cristianos de los primeros siglos, no una vida aparte, “enterrada”, sino una existencia en el mismo corazón de la corte imperial, entre los funcionarios, el pueblo, los esclavos. Unos cristianos, de los que como se dice en la Carta a Diogneto, tan importante es el puesto que Dios les ha asignado, que no les es lícito desertar.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de abril de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/177150/opinion/catacumba-o-catedral.html

HISPANI-ver-DAD

Con su lucidez habitual, Hannah Arendt distinguía en política dos tipos de mentira: El primero, habitual en el arte de la diplomacia y las relaciones entre los Gobiernos, es la mentira propia de la política tradicional, que conlleva secretismo en la estrategia internacional para confundir al enemigo exterior. Se quejaba Francisco I, rey de Francia, ante el Papa, de que Fernando II, el católico rey de España, le había engañado dos veces; “miente el rey de Francia, aseveraba el monarca español, no le engañé dos, sino cuatro veces”. La segunda mentira es la de la política moderna, que manipula hechos objetivos o que son conocidos por muchos pretendiendo engañar a todos. Entre otras, la que consiste en cancelar la historia con la artimaña de reescribirla de nuevo. A esto algunos lo denominan hoy posverdad.

Es la posverdad un campo abonado para la izquierda desde que, desorientada y desmoralizada, quedó colgando de la brocha al derribarse el muro de Berlín. El discurso tradicional del marxismo con su pacifista “lucha de clases” y con la orden poco acatada de “proletarios de todo el mundo, uníos” está hoy tan obsoleto como una máquina de escribir en una oficina. Y como Pirandello en busca de autor, el progresismo tuvo que lanzarse a buscar nuevos sujetos políticos y embaucarlos bajo la falsa protección del renovado socialismo: feministas, homosexuales, minorías raciales, activistas del indigenismo, ecologismo o animalismo… Acuñando el concepto de la interseccionalidad, ese perejil en todas las salsas del odio y del revanchismo, los ideólogos progres dan luz verde desde sus laboratorios a semejante recuestionamiento teórico jactándose de vivir otros cien años a costa de una nueva utopía anticapitalista y de otros tantos millones de cándidos. Y es que parafrasenado al maestro Ruano, el tonto del siglo XXI es igual al tonto romano y el mala uva de 2021 responde a idéntica cosecha que el mala uva de la Grecia de Platón, de la época de los faraones o del medievo.

La nueva “interseccional” comunista con su “tuneado” grito de “oprimidos de todo el mundo, uníos” crea mediante colectividades de resentidos una nueva clase explotada y prevaliéndose del perverso lenguaje de la corrección ideológica impone silencios y censuras contra la libertad. Y en fechas como la de hoy, en que conmemoramos el día de la Hispanidad, los pontífices del resentimiento reinventan hechos históricos troquelados con antojadizas calumnias, exigen que nos avergoncemos y disculpemos por la hazaña del descubrimiento y la gesta de la evangelización que España protagonizó en América y jalean instintivamente a su legión de cafres para que abatan las estatuas de quienes posibilitaron aquella titánica obra. ¿Oprimidos de qué? La empresa española en América consistió en sacar de la prehistoria todo un nuevo mundo y entregarlo a la historia, redimirlo de la piedra y salvarlo en la palabra. Desde Bartolomé de las Casas a Junípero Serra, todos los ejemplares misioneros españoles no fueron a América a buscar oro, sino a llevarlo, trasplantando a las montañas, valles y planicies del Nuevo Mundo el hogar cristiano. El continente americano es el continente de Nuestra Señora y la devoción mariana fue un factor clave en la conversión de los nativos y en la mezcla fecunda de razas que siguen rezando en español. Y la equiparación entre españoles e indígenas data del mimo instante del descubrimiento y posterior evangelización.

Conviene no olvidar que sobre aquél intrépido apostolado Pío XII dijo siglos después que la más preciosa herencia que la Madre Patria ha legado a sus hijas es la incondicional fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Y conviene asimismo recordar las palabras del político mejicano Flavio Guillén Anchieta, gobernador del Estado de Chiapas a principios del siglo XX: Desde la independencia americana acá, la república democrática, liberal o conservadora, resultó para los indios más funesta aún que la dominación española. En su “Elogio de la locura”, Erasmo de Rotterdam escribió: Si la sabiduría consiste en seguir la razón, la necedad aconseja dejarse llevar por las pasiones.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de octubre de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/231469/opinion/hispani-ver-dad.html

Minoría

Con su habitual serenidad pastoral los obispos españoles han elaborado un diagnóstico de lo que pasa en nuestra sociedad y nos proponen a quienes somos católicos una terapia. En el documento titulado Fieles al envío misionero realizan una aproximación a la realidad social y eclesial en la actual situación de “metamorfosis global que redunda en la vida religiosa”, un cambio de época en continuo dinamismo. Somos una sociedad desvinculada, desconfiada y enfrentada, de la cual la inteligencia artificial sabe lo que necesitamos en cada momento; actuamos más como un “enjambre digital”, que como un pueblo organizado; y somos presa fácil de un relativismo dominante y de un nihilismo emergente. El resultado es un empobrecimiento espiritual, una pérdida de sentido moral que conlleva a “vivir como si Dios no existiera”.

“Si Dios, ese Dios combatido y expulsado de la sociedad, no vuelve, nos amenaza una destrucción parecida a la que experimentó el mundo romano a mediados del siglo V, que será la ruina de la prosperidad y de la cultura”. Estas palabras del teólogo y escritor norteamericano Reinhold Niebhur, dichas hace casi un siglo, quizás sigan teniendo vigencia hoy. Y aunque no sabemos con certeza si nos espera la ruina, sí, en cambio, puede afirmarse que Dios ha sido eclipsado. Ante el desafío que plantea la pregunta ¿Cómo evangelizar en la actual sociedad española? el documento episcopal contiene orientaciones, criterios, prioridades y líneas de trabajo para los próximos cinco años. Porque la Iglesia no puede permanecer indiferente en un occidente secularizado que niega a Dios y endiosa al hombre cuando el pánico que provoca una pandemia evidencia la fragilidad de la vida humana.

Entre líneas el documento de los obispos aborda esa asignatura pendiente que como católicos no terminamos de superar: nuestra forma de presencia en el espacio público de una moderna sociedad democrática. Con una hostil cultura ambiental que margina, ridiculiza o se burla de nosotros, con creyentes que “creen sin pertenecer” a la Iglesia, reeditando aquél cansino slogan de los setenta “creo en Dios pero no en la Iglesia”, con fieles que pueden incurrir en la tentación de reducir la fe a un sistema cuasifilosófico, conservando las formas exteriores de la religión y perdiendo su corazón, resulta muy difícil asumir el desafío evangelizador. Hora es ya de concienciarse de que somos minoría. Necesitamos “resetearnos” en nuestra misión recordando el concepto de minoría que Pío XI recoge en Quadragesimo anno y actuar en esta hora presente como minoría perfectamente unida en la doctrina, en los métodos, en la disciplina y hasta en el afecto que haga de todos un corazón y un alma solos. Como minoría que aporte en la vida pública espíritu y táctica nuevos, cierta intrepidez en nuestro apostolado, nueva técnica de organización, singular actividad de movimientos, amplia comprensión de personas e instituciones, colaboración con afines, sentido de unión, y, sobre todo, ideas sociales y, aún políticas, muy claras y sólidas bebidas en los documentos pontificios. Pero sobre todo minoría en la que todos y cada uno demos testimonio personal de amor al prójimo que haga patente nuestra identidad inseparable de nuestra pertenencia eclesial y con un adecuado método de conocimiento de la Doctrina social de la Iglesia. Solo así será posible “recatolizar” España.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de octubre de 2021.https://www.elimparcial.es/noticia/231659/minora.html

Valor y esperanza

Fue la Transición un luminoso haz de sacrificios y esperanzas que se elevó sobre el horizonte español y como un rayo, precisamente, de esperanza se extendió de modo fulminante sobre la inmensidad nacional. Se formó una conciencia clara de los valores que comportaba y de su mejor forma de defenderlos. Los representantes políticos eran fieles depositarios de una confianza colectiva, hacían honor a ello y desarrollaban su gestión en consonancia con tal responsabilidad. No fueron héroes pero sí valientes por su audacia. A la hora de edificar el proyecto común de España no hubo cabida para soluciones impuestas por minorías ni para ambigüedades que perseguían equiparaciones postizas entre víctimas y verdugos.

Sin embargo, el nihilismo, que es lo contrario de la esperanza, constituye hoy la enfermedad del ciudadano español. Si como afirma Pèguy, la esperanza produce verdadera admiración, la falta de ella conduce al miserable embobamiento. Cada época tiene su mundo y sus valores propios. Como decía Pío Baroja en Las veleidades de la Fortuna, “lo esencial ha perdido valor. Todos los gritos sirven, todas las necedades tienen valor, todos los pedantes alcanzan un pedestal en una época para histriones”. La rampa por la que se va deslizando la sociedad española conduce directamente hacia el relativismo blandengue, tergiversa valores proponiendo comodidad y seguridad por encima de justicia y libertad, y bien particular por encima de bien común. Triunfa el antojo del yo. Hasta la cultura es puesta en liza contra los valores permanentes, perennes. Alexis Carrel sostuvo que “ante los triunfos de la ciencia, del progreso, que nos aportan riqueza y confort, los valores morales han disminuido. La razón ha barrido con las creencias religiosas. Solo importan el conocimiento de las leyes naturales y la potencia que este conocimiento nos da sobre el mundo material y los seres vivientes”. Sin embargo, solo la mística es superior al conocimiento.

Frente a la irresponsable responsabilidad, afirmamos la responsabilidad del responsable. Frente a esa revanchista obsesión por resucitar un pasado de antagonismos que erosiona la convivencia, reconocemos a la ejemplaridad sacrificada en aras de la concordia, a la verdadera abnegación por lograr que los valores esenciales de una época estén en vigor. Ayudar y servir. No hay mejor forma de liderazgo que el servicio. No debemos imitar a Pilatos y lavar nuestras manos en lo que se refiere a las responsabilidades cívicas. De valor y esperanza habló el Rey Felipe VI en su reciente discurso durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Sus palabras fueron norma y luz, reservas y energías  para recorrer juntos los caminos del futuro. Nos regaló el incentivo del valor y la esperanza. Solo resulta vencido quien pierde la vida o el valor. Resulta vencedor quien esperanzado continua el combate.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 26 de octubre de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/231956/opinion/valor-y-esperanza.html

Engañabobos

En sede parlamentaria Sánchez justificó el indulto de los presos condenados por sedición manifestando que es una medida discrecional pero no arbitraria, plenamente constitucional, sin excepcionalidad jurídica alguna. Añadió que es una primera respuesta a la grave crisis política y social en Cataluña. Un primer paso en la nueva etapa de diálogo entre Cataluña y España. Denegarlo traería consigo la agravación y cronificación del conflicto. La vía judicial no vale por sí sola para garantizar la convivencia en Cataluña y una buena relación entre la Generalitat y el Ejecutivo central. El castigo penal ofrece una utilidad limitada para pacificar situaciones de conflicto como la que vive la sociedad catalana. El tiempo del castigo pasó, llegó el tiempo del acuerdo. Lo necesario ahora es fomentar el diálogo entre catalanes. La concesión de los indultos puede facilitar el diálogo y la concordia en el seno de la sociedad catalana. Nos necesitamos todos, contamos con todos. Nos gustaría también que la parte independentista contara con la parte no independentista e hiciéramos todos un ejercicio de unión. Debemos ser capaces de recobrar el espíritu constituyente. Es el tiempo de la política. La concesión de los indultos es una decisión estrictamente política y sigue la lógica de la política, que es satisfacer necesidades públicas. La democracia española será más fuerte con los instrumentos de la política. El Gobierno concede la medida de gracia a los presos porque escogerá siempre la concordia democrática.

El 14 de octubre de 2019 al conocerse la sentencia del Tribunal Supremo contra los dirigentes separatistas, en una comparecencia extraordinaria sin preguntas ante los medios de comunicación, Pedro Sánchez, presidente en funciones, manifestó: “el acatamiento de la sentencia significa su cumplimiento, reitero, su íntegro cumplimiento”, y alejó la posibilidad de indulto a los líderes independentistas. También informó de que había hablado con los demás líderes políticos (por entonces, Casado, Rivera e Iglesias), prometiéndoles compartir cualquier “medida excepcional”. En el debate electoral de 4 de noviembre, previo a las elecciones de 10 de noviembre de 2019, Sánchez, candidato a la presidencia del Gobierno, prometió con respecto a la crisis catalana: incluir en el Código Penal la prohibición de realizar referéndums unilaterales, aprobar una asignatura sobre Valores Civiles, Constitucionales y Éticos para acabar con el adoctrinamiento, reformar la legislación audiovisual para poner fin al «sectarismo» en TV3 y traer a España a Puigdemont para que «responda ante la Justicia». A día de hoy no ha cumplido ninguna. En cambio, sin prometer el indulto, lo ha concedido.

Según Churchill, “el político debe ser capaz de predecir lo que va a ocurrir mañana, pasado mañana y el año próximo, y de saber explicar por qué lo que predijo no ocurrió finalmente”. Si en lugar de predicciones se formulan promesas también debe explicarse el incumplimiento de éstas. Ello reporta credibilidad al dirigente y confianza en la sociedad. Dice un proverbio árabe que cuando alguien te engaña, la primera vez es culpa suya, pero que a partir de la segunda, la culpa es ya enteramente tuya. Engañabobos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de julio de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/227974/engaabobos.html

Mujeres

La mujer es igual al hombre en derechos y en deberes. No así en anatomía, lo que permite a aquella concebir descendencia. Tienen razón las mujeres cuando dicen si nosotras paramos, se para el mundo. O lo que es lo mismo, si nosotras parimos, avanza el mundo. Aquellos gritos, ¡hijos sí maridos no! ¡viva el amor libre! han dado paso a otros más inquietantes y tenebrosos ¡ni hijos ni maridos! ¡viva el aborto libre! Y con semejante método extintivo, el mundo va directo a su caducidad, y hasta Groucho Marx se bajaría de él. Pero las mujeres, como los hombres, no son iguales entre sí. Las hay altas y bajitas, guapas y simpáticas, inteligentes y sotas, madres y sin hijos, feministas femeninas y feministas radicales…

El feminismo radical es más radical que feminista. Es a lo femenino lo que el juego sucio al fútbol. Una deformación. No es un movimiento a favor de la mujer, de su libertad y dignidad, sino una ideología anti, habituada a tendenciosas y esquinadas maniobras de propaganda, de alborotada propaganda a fin de pescar en río revuelto. Con sus torcidas interpretaciones y errados prejuicios las feministas radicales acostumbran a formular su pliego de cargos y a blandir su aplastante animosidad contra el hombre, el macho opresor, contra el capitalismo, el eje del mal, contra la Iglesia, una estructura de dominación y discriminación e, incluso, contra la mujer que no comparte la vulgata de su pensamiento único, tachándola de cómplice de los opresores. Oculto bajo un manto de tolerante comprensión, este pseudofeminismo constituye una apostasía de la libertad al anular las diferencias de la individualidad en aras de una gregaria identidad colectiva. La feminista radical no debate ni reflexiona; hace lo que hagan las demás feministas radicales. En las sociedades libres conviene mantener una actitud de vigilancia y desconfianza hacia todo lo que venga de esta variante totalitaria, y especialmente, el lenguaje. En sus consignas, la palabra género ha borrado a la palabra madre. Portavoza es solo la anécdota; la manipulación del lenguaje es la categoría.    

Decía Azorín sobre un libro en el que se exaltaba la sensibilidad femenina, que no podía ser nunca libro de decadencia. Nada hay más vivo y actual que el espíritu alegre, incansable y constructivo de la mujer, con esa encantadora y esplendorosa plenitud de lo femenino, con su sexto sentido de la sensatez y con esa esperanza de la Humanidad que es el instinto maternal. Son valiosísimas aportaciones que hacen más humana y segura la existencia. Sería sumamente arriesgado bordear el peligro de la indiferencia colectiva hacia la amargura de la mujer, ya sea por su discriminación en el entorno laboral, ya por la violencia machista o por el acoso y el abuso sexual. Es muy de hombres procurar un esmerado respeto y la justa reparación hacia la mujer.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de marzo de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/187617/opinion/mujeres.html

Ciegos

En 1948 los soviéticos publicaron en braille El Capital, de Marx. La obra se consideró un alarde editorial. Con su indestructible humor británico, el Daily Telegraph tituló así la noticia: “Un ciego para guiar a otros ciegos”. Rúbrica idónea para quien, cegado por su ambición de poder, pretende guiar los pasos de otros invidentes cegados por el odio a España. Uno y otros maquinan peligrosamente contra la nación a un ritmo galopante. Porque prisa, como decía Ortega, solo la tienen los ambiciosos.

Están los tiempos para ir despacio con mucha prudencia y ojos muy abiertos a través de este campo minado en que se ha convertido la otrora quieta dársena española por culpa del socialismo revanchista de Zapatero. Con él comenzó el desbarajuste empeñado en un guerracivilista ajuste de cuentas a la Transición y al régimen del 78. “Aceptaremos cualquier cosa”, “todo vale”, “como sea”, sinónimos relativistas en estado puro. Y antónimos de preservación del castillo almenado del Estado de Derecho, con puente levadizo y centinelas armados. Este socialismo reaccionario y subversivo derriba fortificaciones, baja el puente y desarma la guardia. Los indultos no sólo han abierto las celdas, también los portones de la fortaleza constitucional. Mientras, los ingenuos confíados alegremente justifican el derribo en una necesaria contribución a la “nueva” reconciliación. Quienes no comulgan con ruedas de molino son declarados proscritos censurando su afán de poner piedras en el camino de la convivencia. Resuenan las palabras de Stefan Zweig en El mundo de ayer: “El que exponía una duda, entorpecía la actividad política, al que les daba una advertencia, lo escarnecían, llamándolo pesimista…”. Muchos españoles deseamos que se ponga fin al chantaje del separatismo pero nunca con un montaje de comedia burda en el que los separatistas son un espejo de virtudes. Porque aún puede formularse un extenso pliego de cargos contra esa tropa rebelde, cuya lectura dejaría al descubierto su pérfida maquinación de volver a delinquir.

Alguno juega con su idea de concordia como un gato con el ratón sin darse cuenta de que el ratón es él. Decía Montanelli que un irresponsable puede decir cualquier cosa y aprovecharse de ello. Título aplicable a quien persiste en desmontar el orden constitucional. Si se analizan sus dichos políticos se observa que detrás de una verborrea oceánica y una exaltación retórica considerable no hay absolutamente nada. Dice estar a favor del diálogo y del entendimiento. Todo el mundo lo está, pero no a cualquier precio. Su discurso no ha revelado en un solo momento al estadista, sino a un vulgar demagogo de envergadura. Su falta de honestidad como modo de hacer política, sus mentiras como método de conducta y su tergiversación de los hechos revelan una ambición ciega e irresponsable. Si tanto le ha cambiado la pandemia abrigando ahora un sentimiento magnánimo de fraternidad, que se aplique el cuento y se dé un abrazo con Ayuso. Eso sí sería reconciliación.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de junio de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/227679/opinion/ciegos.html

Alemania 1949

El mismo día en que se cumplía el cuarto aniversario de la capitulación alemana en la II GM (8 de mayo de 1949), el presidente de la Asamblea Constituyente reunida en Bonn, Konrad Adenauer, proclamaba la aprobación de la Ley Fundamental de la nueva República de la Alemania Occidental. 70 años de la promulgación de una Constitución, que, primero, lo fue de la  Alemania conocida como la RFA, y más tarde, a partir del 3 de octubre de 1990, de una Alemania reunificada, tras incorporarse la extinta RDA, la Alemania Oriental.

Los constituyentes de Bonn miraron más al pasado que al porvenir a la hora de elaborar la Ley Fundamental. Se acordaron más del artículo 48 de la Constitución de Weimar, que concedía al Presidente la facultad de legislar por decretos, acarreando las funestas consecuencias ya conocidas, que de la conveniencia de dotar al país de un sólido instrumento de gobierno. Los trabajos preparatorios fueron arduos y complejos. El primer proyecto de Constitución fue rechazado por los Gobiernos de ocupación; el segundo, por los socialistas, que perseguían dotar al Gobierno federal de demasiados poderes en materia de impuestos. Se negaron los cristianodemócratas y los propios aliados occidentales, especialmente, Francia y EEUU.

La Constitución de 1949 articuló la República bajo los signos de la federación y el parlamentarismo. El poder legislativo se integra por dos cámaras: el Bundestag, parlamento federal con representantes del pueblo elegidos por sufragio universal por un período de cuatro años, y el Bundesrat o Consejo federal, en el que están representados los Estados federales por medio de delegados. El Presidente de la República es un mero presidente parlamentario sin posibilidades de actuación directa sobre el Gobierno, con unos poderes emanados, no directamente del pueblo, sino de la Asamblea y sin posibilidad de dictar decretos. El hombre alemán del momento anhelaba un Presidente con mando firme, sin embargo, el resultado fue otro. Muchos auguraron una vida efímera a aquella Constitución, a pesar de los reiterados parabienes recibidos por la necesaria creación de un Estado alemán, que nacía sin un régimen fuerte. En aquél escenario concurría, además, la incógnita de la cohesión territorial del nuevo Estado. La Baviera católica, que ejerció una influencia decisiva compensando el influjo que otrora ejerciera la Prusia protestante, rechazó la Constitución por 101 votos contra 64. Sin embargo, reconoció por mayoría relativa que estaba obligada a respetar el texto constitucional al haber sido aceptado por los demás Estados de la zona occidental. Se alejaba así la inquietud sobre si los bávaros se dejarían seducir por veleidades separatistas.

La Ley Fundamental acabó por consolidarse entre el pueblo alemán. La Alemania Occidental comenzó entonces a renacer de sus cenizas, no con un régimen fuerte, pero sí con un hombre titánico como Adenauer, elegido Canciller en las elecciones de 1949 y que con su Ministro de Economía, Ludwig Erhard, protagonizó el milagro alemán. Gracias a una política liberal de reducida presión fiscal, abstencionista, de fomento de riqueza, con incentivos para el productor, estímulo para las ganancias y ambiente favorable al ahorro y a la capitalización, Alemania superó en crecimiento a la Inglaterra laborista de entonces, con una economía intervencionista, de fuerte presión fiscal y de distribución del producto social entre las clases proletarias. Dos triunfos emocionales más para los alemanes en aquellos años serían la vuelta a casa de los prisioneros cautivos en la URSS, los últimos de Stalingrado, y la victoria en la final del Mundial de Fútbol de Suiza en 1954, frente a Hungría. Alemania comenzaba a ser de nuevo nación.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de mayo de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/201182/opinion/alemania-1949.html

Nacional sandinismo

Inmediatamente después de enterarse del incendio del Reichstag varios periodistas y corresponsales en Berlín se arremolinaron ante el edificio en llamas. Para sorpresa de ellos, Hitler ya estaba allí y premeditadamente les dirigió con afán pretenciosamente solemne unas palabras: “Esto es una advertencia divina y nadie nos impedirá aplastar a los comunistas con mano de hierro. Ustedes son testigos de una nueva y grandiosa época de la historia alemana y este incendio es el principio”.

Una duda abrumó a los reporteros allí congregados: ¿Cómo era posible que Hitler responsabilizara del incendio a los comunistas cuando sólo habían pasado veinte minutos desde que un transeúnte avistara el fuego dando aviso a la policía? Después, los redactores se enteraron de que Goering, presidente del Reichstag, nada más llegar ante el edificio ardiendo, ordenó a la policía: “Registren rápidamente el paso subterráneo que desde mi palacio conduce al Reichstag”. Y con exagerado ardor, como para ser oído por todo el mundo, anunció a voz en grito: “Existe la posibilidad de que elementos comunistas vistiendo el uniforme de las S.A. hayan penetrado en el edificio del Reichstag por ese paso subterráneo con el criminal propósito de prender fuego al edificio”. Willi Frischauer, enviado del rotativo vienés Wiener Allgemeine Zeitung, dijo a uno de sus colegas alemanes: ¿Cree Goering que vamos a tragarnos semejante embuste? Los padres de Frischauer morirían años después en el gueto de Theresienstadt. El pudo escapar a Inglaterra.

Sin prender fuego al Parlamento una democracia puede sucumbir a manos del totalitarismo. De hecho, hay democracias que formalmente funcionan como tales pero materialmente son regímenes dictatoriales que aplastan a sus opositores “con mano de hierro”. Son las llamadas democracias imperfectas o iliberales, consecuencia de la desviación totalitaria del sistema que conlleva una regresión al autoritarismo. Los primeros síntomas de esta patología son difíciles de apreciar pues la robustez y vitalidad del sistema pluralista y de los mecanismos de elección parecen evidentes. Pero sólo en apariencia porque el ciudadano vota pero no elige. La carcoma totalitaria va devorando, sutil pero severamente, los pilares del sistema. Los derechos y libertades se restringen por el poder con signos patentes de tutelaje y abuso. Se intimida y persigue a la oposición. El intervencionismo estatal se torna hegemónico menguando el terreno de la sociedad civil. Se dinamita la independencia de los jueces y la prensa. Se silencia a la opinión pública y se enturbia la transparencia en la gobernación de los asuntos generales.

Como ocurriera en los inicios de la Alemania nazi, resulta crucial que el periodismo libre denuncie el secuestro de la democracia por políticos totalitarios convertidos en dictadorzuelos. Varios países de la América española padecen democracias imperfectas o iliberales, como Venezuela, Bolivia y Nicaragua que, bajo la apariencia democrática, amedrentan a la ciudadanía e impiden la libre competencia por el poder, rasgo esencial según Raymond Aron, que define una democracia al aceptar a la oposición y abrigar la tolerancia hacia el diferente. El caso nicaragüense resulta hoy muy preocupante. En las últimas semanas el sandinismo ha encarcelado a cuatro precandidatos opositores y dirigentes del empresariado y de la sociedad civil siguiendo el mismo método que el nazismo empleó para eliminar a la oposición comunista: el embuste, la falsificación y la manipulación.

Quien fuera guerrillero fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Tomás Borge, y dirigente durante el Gobierno que siguió a la Revolución de 1979, manifestó antes de su muerte en 2012, con el sandinismo nuevamente en el poder tras el triunfo electoral de 2006: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder. Me es inconcebible la posibilidad del retorno de la derecha en este país. Podemos pagar cualquier precio, lo único que no podemos es perder el poder. Hagamos lo que tenemos que hacer. Habrá Frente Sandinista hoy, mañana y siempre”. Al igual que Hitler en Alemania hizo lo que tenía que hacer para intentar perpetuar con su nacional socialismo el “imperio de los mil años”, otros dictadores hispanoamericanos creyendo apadrinar “nuevas y grandiosas épocas”, ambicionan su permanencia vitalicia en el poder abatiendo la democracia y ahogando la libertad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de junio de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/227353/opinion/nacional-sandinismo.html