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La política maleducada

Resulta alarmante el sectarismo que rezuman algunos párrafos redactados en los libros de texto con los que serán adoctrinadas las próximas promociones de escolares españoles. Frente a ello, cabe advertir de los riesgos de un sistema educativo politizado. Pero ya que hablamos de educación y política, convendría detenerse en otro mal que aqueja a España: la política maleducada. Si la educación no ha de ser politizada, la política sí ha de ser educada.

La tentación de generalizar suele ser irresistible, pero con ánimo de no caer en ella, podría afirmarse que el nivel de cortesía parlamentaria en nuestra democracia ha descendido paulatinamente en los últimos años, revelando que la mala educación se ha adueñado del escenario político y amenaza con dinamitar la convivencia democrática. Al mismo tiempo, se ha incrementado el número de diputados y senadores con precario bagaje intelectual o académico. Incluso, asistimos a la inquietante proliferación entre los parlamentarios de títulos universitarios simulados, otra descarada inmoralidad de nuestra clase política, que hace tiempo dejó de ser ejemplar. Si la mayoría de ella tuviera que prescindir de su oficio, difícilmente encontraría un medio digno con que ganarse el sustento.

La grandeza y, a la vez, miseria de la democracia es que cualquier tipo achulado con tendencia a la vulgaridad demagógica y al grosero epíteto, propios de un agitador encaramado en una tribuna, llegue a erigirse en representante legítimo de la soberanía nacional. No se trata de imponer restricciones a la representación popular, pero sí convendría para la higiene y la salud públicas exigir cierto nivel de preparación, instrucción y educación a la hora de ejercer el noble y olvidado arte de la política. Si a ello se sumara un pétreo revestimiento moral con que cubrir el perfil del servidor público, podríamos concebir, por fin, el ejercicio de la política, no como una agencia de especulación en busca de rendimientos pingües, ya sea en preeminencias personales, ya sea en frutos pecuniarios, es decir, corrupción, sino en el alto sentido de una esmerada entrega al servicio del Bien Común, además de una ilustre categoría dentro de las más notables disciplinas de la mente humana.

Llevamos un tiempo en que el Parlamento parece campo abonado para una vastísima siembra de ignorancia y odio. Ambos elementos encuentran su mejor acomodo entre mentes escasamente preparadas y en exceso toscas, además de perturbadas por una saturada ideologización de la vida pública. ¡Qué necesario es el sosiego entre los dirigentes de los partidos políticos que permita mantener serenos los nervios ante una campaña electoral que se avecina flanqueada por el revanchismo de los unos y la tolerante condescendencia de los demás! Pero más necesaria es aún la coherencia de quien acuna los destinos de los españoles, ayuno de sentido político y de sentido moral. Porque quien dice ser presidente del Gobierno de España no puede sostenerse en su cargo aupado en las manos de quienes desean el derribo la nación española.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 5 de junio de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/239655/la-poltica-maleducada.html

Pastores, líderes

España está tan vaciada que apenas quedan pastores o líderes. Son lo mismo. Los pastores atesoran cualidades de líder. No viceversa. Tienen los pastores buenos andares y excelente vista. Promover y dirigir una empresa requiere estrategia y audacia. Mirada larga y paso corto. Una y otro tienen los pastores para dar y tomar. Vísteme despacio que tengo prisa. “Con la prisa de un sastre en vísperas de pascuas”, se lee en El Quijote para sinonimizar al apresurado, al precipitado, al alocado. “Los ojos sirven para algo más que para mirar, para algo que parece lo mismo y que no es lo mismo: para ver”, escribió el insigne Ruano en sus habituales columnas.

Los pastores son no eruditos, sino cultos porque conocen su entorno, que cultivan con frecuencia. Miran al cielo y saben si lloverá o hará calor. Granizará, helará o habrá ventisca. Curan heridas cicatrizándolas a base de naturaleza; algo de curanderos tienen. Son sencillamente, unos personajes singulares. No en vano, fueron los primeros en conocer aquél gran acontecimiento que partirá en dos el calendario de la Humanidad, antes y después de Cristo. “A Belén pastores”, canta el villancico. Y hasta David, vencedor ante Goliat, era un humilde pastor. Eso no quita para que algunos estén en Babia: Aquellos pastores originarios de dicha villa que descendían desde León hasta Extremadura y la Andalucía Occidental por la cañada leonesa, en busca de zonas de herbaje para sus rebaños. En las noches claras ante la hoguera, quedaban ensimismados observando la luna y las estrellas. Uno de sus compañeros advertía: “¿Qué le pasa a ese?”. “Déjalo, que está en Babia”, decía otro, que le sabía acordándose de su tierra.

Ser pastor es vocacional. Viriato, aquél caudillo lusitano que se resistió a la dominación romana de la Península, era pastor; y tanto le satisfacía su labor pastoril que prefirió volver con su rebaño antes que seguir guerreando. Pero terminó siendo asesinado por la traición de los suyos. Ser pastor encierra algo de liderazgo. Sobre todo por la humildad y el servicio que atesora. “Humus” significa suelo. Nadie mejor que un pastor para estar pegado al terreno. Qué mayor servicio que el dirigir a un puñado de bocas hambrientas hacia mejores lugares para saciar el hambre. En nuestros clásicos el campo es soledad. ¿Y qué es el liderazgo, sino soledad? Hay una literatura de hondo arraigo entre nosotros, con su plasticidad musical, pastoral y campestre, de siembra y siega. Lo bucólico y pastoril está presente en Cervantes. Leguas de campiña y millones de españoles que aran su vega, escardan su huerta y empujan su ganado en la dehesa. En tiempos como los de ahora, que padecemos esa España rural vaciada y huérfana de líderes, cobran vigor las palabras de Ortega y Gasset: “No creo posible otro camino para llegar a la prosperidad de España que el que pasa por el campo”. No nos engañemos, unos hombres sirven para pastor, otros para mastín de ganado. Nos faltan líderes y pastores. Son lo mismo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 1 de mayo de 2022 https://www.elimparcial.es/noticia/238392/pastores-lderes.html

¿Por qué la dictadura del algoritmo te convierte en un mono?

¿En qué se parece la corrección política a una jaula de monos?

¿En qué se parece la teoría de la superioridad de la raza aria a la ideología de género?

¿Por qué lo peor de la memoria no es el olvido sino el pasado amañado?

¿Por qué los falsos profetas del apocalipsis tienen interés en atemorizarte ?

Te lo contamos en Libercast, el espacio donde librar la batalla de las ideas por el rearme moral y la defensa de la libertad.

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Esquizofrenia diabólica

En el período de entreguerras, mientras la democracia era un anatema, los totalitarismos estaban de moda. El nazismo hacía furor entre quienes veían en Hitler el mejor freno a la expansión del comunismo soviético. Al entusiasmo de los partidos europeos afines, se sumaba el agrado con que el jerarca nazi era visto por parte de la opinión pública y de los sectores industriales de EEUU. Hasta la revista Time le nombró personaje del año en 1938, por haber devuelto a Alemania a un lugar destacado en el concierto internacional. Sin embargo, ya por entonces ocurrían sucesos inquietantes bajo el régimen nazi. Cuando en 1945 se descubre el horror de los campos de exterminio, una ola de remordimiento sacudió la conciencia de muchos espíritus.

El comunismo estalinista con sus brutalidades y terror no le iba a la zaga al nazismo. Durante apenas dos años, de agosto de 1939 a junio de 1941, Hitler y Stalin fueron aliados. Incluso, el dictador soviético felicitó al alemán al tomar éste París en junio de 1940. Cuando se firmó el Pacto Molotov-Ribbentrop en 1939, la esquizofrenia se apoderó de muchos de los seguidores de uno y de otro totalitarismo. Cuenta Anne Applebaum en El telón de acero que tras ese pacto con la Alemania nazi, el comunismo protagonizó el mayor ejercicio de incoherencia. De la noche a la mañana los partidos comunistas de todo el mundo recibieron la orden de atenuar sus críticas al fascismo y abandonar los frentes populares. La propia Komintern se sumió en la esquizofrenia y en Moscú se hicieron grandes esfuerzos para mantener la moral. Sería la invasión de la URSS por Alemania en 1941, la que devolvió el sosiego a la Komintern, que ordenó retomar los frentes nacionales con socialdemócratas, centristas y hasta capitalistas burgueses para derrotar a Hitler.

Una alianza contra natura que se prolongó en los frentes de batalla durante la II Guerra Mundial. Las democracias occidentales lucharon codo con codo con la URSS para derrotar a Hitler. Cuando se acercaba el final de aquella conflagración, Churchill, persuadido ya de cómo se las gastaban los soviéticos, pronunció una de sus clarividentes frases: “Hemos combatido a un demonio aliándonos con otro demonio”. La consecuencia fue una Guerra fría hasta que se derribó el muro de Berlín. Se recrea hoy un escenario demoníaco y plagado de contradicciones. Existe una corriente de opinión, extremista y antidemócrata, que enaltece a Putin como líder capaz de evitar la decadencia de una Europa engullida por el denominado “globalismo”, a cuya cabeza se situaría el siniestro George Soros. Afectados de esquizofrenia algunos justifican la terrible invasión rusa de Ucrania alegando que es un acto en legítima defensa. No nos vamos a asombrar ahora de la obra de albañilería laica que desde hace varios años viene diseñando la ONU a base de escuadra y compás. Y quizás Soros ande en ello. Pero mal hacen algunos aliándose con un diablo en su afán de combatir a otro diablo. Es doctrina cristiana que el fin no justifica las diabluras.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de abril de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/237683/opinion/esquizofrenia-diabolica.html

Frankenstein

Cuando Sánchez viajó a Kiev a entrevistarse con Zelenski, lo primero que preguntó al verle fue “¿Qué tal duermes, Volodímir?” Antes de que el presidente ucraniano pudiera responderle, Pedro ya le estaba lanzando su perorata: “Yo no puedo dormir, Volo. No te lo vas a creer, pero para mi desgracia tengo sentadas en el Consejo de Ministros a dos insensatas comunistas que me están haciendo la vida imposible y no logro pegar ojo. Primero, me afearon que me pusiera de tu parte en esta guerra contra Putin. Luego, no apoyaron mi decisión de enviaros armamento, porque una medida así, dijeron, conduce a más muertes y a más sufrimiento. Fíjate, Volo, qué mujeres tan extrañas, la Montero y la Belarra, que no están de acuerdo con mi Gobierno, pero siguen en mi Gobierno. ¿A que no das crédito? ¿Recuerdas el día en que pronunciaste tu discurso ante nuestro Parlamento? Pues más de lo mismo. Mi Secretario de Estado para la Agenda 2030, otro disparatado comunista y, además, bolivariano, te negó el aplauso tras tus palabras y algunos de sus camaradas se ausentaron del acto, según ellos, por “conciencia antifascista” y te acusaron, agárrate Volo que vienen curvas, te acusaron de ser un peligro para la paz. ¡Tú un peligro para la paz! ¡Por Dios en qué mundo viven! Pero ¿cómo no ver la tremenda injusticia que Putin está cometiendo contra el pueblo ucraniano?

Pero no acaban ahí mis disgustos, en estos momentos en que he venido a mostrarte mi apoyo, jugándome la vida, Volo, como cuando visité aquella convulsa Barcelona, que tuve que llevar a mis escoltas armados hasta los dientes, resulta que a mis dos ministras disidentes no se les ocurre otra cosa que firmar, junto con toda esa tropa de radicales de izquierda, comunistas, proterroristas y separatistas, un Manifiesto por la Paz plena y duradera en Ucrania, en el que se cita solo al invadido, o sea a ti, pero no al invasor, como queriendo pasar por alto quién empezó la guerra. Sí, ya sabes, como esos panfletos pseudopacifistas muy al estilo de los soviéticos durante la Guerra Fría, que servían para que aquella ingenua izquierda europea danzara al son que marcaba el Kremlin, como verdaderos lobos bajo piel de cordero. Pues estos necios de ahora con las mismas ocurrencias de las de antes. Pero a mí, Volo, no me engañan. Que sé muy bien con quienes me la estoy jugando. Pero, claro, con tanta demagogia me sacan de mis casillas y no puedo conciliar el sueño. A duras penas, en el avión he logrado dar una cabezadita. Pero yo así no puedo. De verdad, créeme, Volo, no puedo más. Por cierto, Volo, hablando de otra cosa ¿quiénes llevan tu campaña de imagen? Porque francamente son muy buenos”.

Al instante Zelenski respondió: “Yo mismo cuido mi imagen procurando basarla en la coherencia, sin ser veleta, y en la verdad, sin ser farsante. Por cierto, Pedro, ¿Por qué en España te llaman Frankenstein, con lo apuesto que tú pareces?

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de abril de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/238153/opinion/frankenstein.html

Puertas al campo

A pesar de sus dramas, las gentes del campo son alegres, perseverantes y acogedores. Se levantan siempre después de una caída. Su fe es recia y su hospitalidad sincera. Si con la poca ayuda que reciben, logran productos buenos y de calidad, ¿a dónde llegarían nuestra agricultura y ganadería con un poquito más de apoyo y atención de nuestros políticos? Si no fuera por la agricultura, la ganadería o la silvicultura o, incluso, la práctica cinegética, España hoy sería muy distinta a como la vemos. Unas zonas serían un erial o un desierto; otras estarían invadidas por bosques y matorrales impenetrables. Y es que resulta notable la aportación de las actividades agropecuarias al equilibrio medioambiental, y su contribución a una potente industria agroalimentaria que día a día exporta más productos de calidad: aceite, vino, frutas y hortalizas, productos lácteos, carne porcina… Y lo hace a todo el planeta.

Hoy los desafíos del mundo rural son la despoblación y el imparable avance de la tecnología. Abordando ambos se puede afrontar con mayores garantías de éxito ese otro factor indispensable: El talento humano, es decir, la creatividad, el conocimiento, el emprendimiento de las gentes del campo, que lo tienen y mucho. Dotar de tecnología al campo implica favorecer la creación de nuevas industrias agrarias y ganaderas en los pueblos, facilitar el surgimiento de nuevas empresas y proyectos innovadores que revitalicen y dinamicen la vida económica y social en las zonas rurales. Es, en definitiva, poner las condiciones para que el medio rural no esté deprimido, sino que se desarrolle y sea lo suficientemente atractivo a fin de que la gente quiera vivir en el campo y éste se repueble para recuperar toda su potencia y todo su compromiso social y económico.

El sector agropecuario es un sector estratégico que no puede regirse exclusivamente por consideraciones de mercado. En él concurren condicionantes que no se dan en ningún otro sector: riesgos meteorológicos: sequías, inundaciones, granizo, heladas, vientos… y riesgos biológicos: plagas, pestes o enfermedades en los animales. A ellos, se suma otro más: el sanchismo. Salió Sánchez escaldado de Castilla y León, región agropecuaria por antonomasia en España, y ahora su obsesión le hace ver ultraderechistas allí donde la gente no piensa como él: todo el campo viste de azul mahón. Su gran error es ignorar al productor y despreciar a su familia. La mejor prueba de progreso social es defender a los agricultores, ganaderos y a quienes viven del campo porque con ello nos estamos defendiendo todos.

Menos viajar en Falcon y más contacto con la gente cercana y entrañable del campo. A Sánchez le falta aprender cómo la remolacha ha sido atacada por la pulguilla, qué es el panizo de Daimiel, degustar ese pan de tres libras que la Eusebia cuece los sábados, ver muy de mañana cómo se alza el puesto de melones de la carretera y conocer lo tragón de pura cepa que es nuestro ahijado Juanón Lo que no debe hacer Sánchez es poner puertas al campo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de marzo de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/236941/puertas-al-campo.html

Desiertos de hielo

No es descabellado afirmar que las actuales sociedades occidentales viven sin una sólida base espiritual. Sometidas a la indiferencia religiosa y a la total irrelevancia de Dios, han ido desprendiéndose de la memoria y herencia cristianas. El resultado es la decadencia de unas sociedades sin valores, desfondadas y frías que transitan por desiertos de hielo.

La cultura que emerge en un escenario así es una cultura materialista y consumista con un desmesurado afán por el hedonismo, la eficiencia y el progreso, lo que impide toda manifestación de espiritualidad. Es, asimismo, una cultura agnóstica aderezada con el ingrediente relativista, que confunde la tolerancia con el todo vale. El riesgo es la quiebra de cualquier principio o valor, no ya cristiano, sino, simplemente, ético. Es además, una cultura manipuladora que solapa y oculta el conocimiento y la verdad mediante la información amañada. Es, por último, una cultura sectaria que se confía a la tiranía de la corrección política, impidiendo la discusión crítica y profunda de lo principal, centrándose en lo accesorio a fin de no herir sensibilidades y desactivar sentimientos y hasta pensamientos. Con una cultura así no resulta extraño que las sociedades actuales no protejan ni favorezcan la vida, sino que, al contrario, justifican y toleran su desaparición. Desasisten a la familia, y, en cambio, priman a realidades que nada tienen que ver con la institución familiar. Gratifican al inepto y al liviano, marginando al sacrificado y al tenaz. Favorecen el éxito rápido y el triunfo fácil, olvidando la laboriosa trayectoria del voluntarioso y del constante. Aplauden lo obsceno y lo vulgar y arrinconan lo digno y lo noble.

Mal haríamos si una sociedad como la descrita y una cultura como la expuesta nos domesticase y nos convirtiera en una cofradía de ausentes. Antes, al contrario debemos mostrar nuestro coraje y nuestra fe, aun a sabiendas que ni vamos con la moda ni con el discurso cultural dominante. Debemos manifestar nuestra coherencia entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Exteriorizar nuestra admiración por las cosas verdaderas, bellas y buenas de la vida, así como nuestra emoción con las alegrías y los sufrimientos de los demás. En definitiva, en el mundo de hoy debemos saber renunciar a lo fácil, a lo zafio y a lo pasajero, y levantar la bandera de la esperanza. Esperanza que nace de la mirada al infinito y de la fidelidad a una palabra, a pesar de tanta hostilidad y tanto menosprecio.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 6 de febrero de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/235393/opinion/desiertos-de-hielo.html

Mentira, capital Moscú

El afán expansionista de Rusia no viene de ahora. Ni siquiera de la época de los soviets. Sino de siglos y siglos de conquistas territoriales que empezaron con Pedro I el Grande y acabarían conformando todo un Imperio, la denominada Rusia imperial de los zares, que finaliza con Nicolás II, depuesto por la revolución bolchevique. En 1853, se preguntaba Carlos Marx si el gigante ruso se detendrá en su marcha hacia el dominio mundial. Sostenía el pensador que los límites naturales de Rusia van de Dantzig o del mismo Stettin hasta Trieste, y sus directores harán lo imposible por agrandar estas fronteras. Rusia no tiene más que un adversario: la potencia explosiva de las ideas democráticas y el anhelo innato de la Humanidad hacia la libertad. Marx hablando sobre democracia y libertad, sí. Y también sobre el expansionismo ruso.

De Marx puede asegurarse que fue un flaco profeta al considerar a Rusia el país más inasequible al comunismo. Dijo que el marxismo no podría triunfar en Rusia, y fue allí donde se implantó primero. Aseguró que por la fuerza de las leyes históricas se impondría, en cambio, en las naciones occidentales, como más industrializadas y con más alto nivel de vida y es allí en donde el comunismo siempre ha fracasado. Ya con Lenin en el Kremlin continuó esa tendencia nacionalista, ahora internacionalista, de expansión conquistadora. En 1924, con el régimen bolchevique intentando asentarse, Rusia pretendió crear los Estados Unidos de Asia con capital en Moscú, incluida China. Por eso, los soviéticos vieron siempre con reparo el nacimiento de un Estado comunista en China, un país de vastas dimensiones y abundante población, que hacían para Rusia muy difícil el manejo de dicha nación como satélite, sin, ni siquiera, un despliegue cómodo de tropas soviéticas en aquellos territorios tan alejados del Kremlin. Hoy Rusia y China son grandes aliados.

La especialidad más definitoria de la Unión Soviética como método de gobierno y dominación fue propalar mentiras y generar manipulación. Día tras día, primero, la GPU y, luego, el KGB se dedicaron a hacer un colosal acopio de falsedades para destruir vidas y haciendas. Fue derribado el comunismo, pero en Moscú continúan conservando las mismas mañas. De casta le viene a Putin. Solzhenitsyn, gran conocedor del terrorífico régimen soviético escribió en 1973: “No olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambos los lazos familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá elegir como principio la mentira”.

En su Diario fin de siglo, Jean François Revel sostiene que “todavía tenemos demasiado arraigadas pese a la victoria de las democracias, las deformaciones intelectuales del totalitarismo. La democracia no habrá ganado del todo mientras mentir siga pareciendo un comportamiento natural, tanto en el ámbito de la política como del pensamiento”.

Artículo publicado pro Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 28 de febrero de 2022. https://www.elimparcial.es/noticia/236209/mentira-capital-mosc.html

¿Dónde están las llaves?

Junto al virus covid con sus múltiples cepas y variantes, pulula entre los estertores de esta postmodernidad otra pandemia igualmente dañina para la higiene moral del hombre. El relativismo. Una tiranía del “todo vale” que resulta beligerante y excluyente contra la libertad y la igualdad. Un absolutismo consistente en aceptar como válidas todas las opiniones, aún las de los necios e imbéciles. Un narcótico que aturde a la ciudadanía y acaba por anestesiarla permaneciendo una gran mayoría de gente como sumida en la ignorancia y en la confusión cuando no en el engaño.

Aciaga época ésta en que las diferencias entre lo verdadero y lo falso, entre lo bueno y lo malo dejan de existir porque todo es relativo. Se decreta la ausencia de certezas y se niega la existencia de la verdad objetiva. Y si no existe la verdad, tampoco existe la mentira. ¿A quién beneficia esta trama tan irracional? Al gobernante aspirante a totalitario. El relativismo, que ni afirma ni niega nada, suele presentarse bajo una forma buenista de pluralismo. Incluso, tergiversa su significado convirtiéndose en sinónimo de pluralismo y tolerancia. Otra manipulación más. Primero, porque relativismo y pluralismo son diferentes. Segundo, porque no se puede tolerar el mal ni la mentira.

Descendiente directo de la casta relativista es la corrección política o ideológica, feo hábito de adulteración de la realidad mediante mercancías de contrabando. Quienes lo practican ocultan las verdades que incomodan a sus relatos, practican la violación de normas jurídicas, morales y hasta científicas y exigen tolerancia y ausencia de límites para atacar y combatir los argumentos e ideas de quienes no piensan como ellos. En cambio, cuando otros cuestionan sus propias tesis actúan como déspotas y dogmáticos cancelando la libertad, impidiendo el debate y tratando de imponer de forma absoluta “su” verdad. Consecuencia directa de su desfachatez intelectual y de su anemia moral es el empleo de una doble vara de medir, ese doble rasero que acarrea un enjuiciamiento sectario e incoherente de ideas y pensamientos. Y así, muchas voces oprimidas por el complejo se convierten en eco.

La socióloga norteamericana, Anne Hendershott, sostiene que los relativistas rechazan conceptos como el bien y el mal y una sociedad que se resiste a condenar actos que nuestro sentido común nos dice que son destructivos (aborto o eutanasia), es una sociedad que ha perdido la capacidad de enfrentarse al mal. Como decía el presidente Lincoln se puede engañar siempre a unos pocos o a muchos. Se puede engañar un tiempo a todos. Pero es imposible engañar siempre a todos. Y es que como afirma Erich Fromm el hecho de que millones de personas compartan los mismos errores o las mismas mentiras no convierte éstos en aciertos o verdades. Por eso nunca logró Goebbels convertir en verdad una mentira mil veces repetida. Resulta que antes se atrapa a un relativista que a un cojo. Parafraseando al Papa Pablo VI, el relativista es quien sale de casa y pierde la llave para volver.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 19 de diciembre de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/233783/opinion/donde-estan-las-llaves.html

Correctores

En tiempos de la II República, Melquíades Alvarez acudió a Oviedo a dar un mitin. Era la primera vez que el político subía a una tribuna tras haber abandonado las tesis republicanas y sumarse a la causa monárquica. Sus antiguos correligionarios ovetenses decidieron impedir el discurso. Cuando al orador le tocaba su turno, comenzó un vocerío y una pitada tremendos. Tras un cuarto de hora de alboroto y como los ruidosos empezaban a flaquear, alguien les alentó desde las gradas: “No le dejéis hablar que nos convence”. No dejando hablar, así actúan hoy los voceros de la corrección política o ideológica. Correctores que persiguen cerrar bocas y acallar libertades porque la verdad les suena a reproche ocasionándoles un problema.

Aldous Huxley y George Orwell advirtieron a Occidente del totalitarismo del futuro. Un totalitarismo no violento, de seda o terciopelo, a cargo de tiranos que no parecerían tiranos. Un totalitarismo que sería el peor de todos porque en nombre de la libertad, los ciudadanos serían sometidos a una forma perfecta de esclavitud. Un totalitarismo de raíz pagana y entramado tecnológico bajo el cual se recrearía una nueva sociedad a costa de cancelar la verdad, erosionar los derechos humanos y difuminar la distinción entre el bien y el mal. Ni a Huxley ni a Orwell se les hizo caso. Y las utopías han regresado. Que si una civilización global de armonía universal, que si un nuevo renacer del hombre. Lo viejo de siempre: tiranías con rostro humano que mantienen el substrato marxista, sin checas ni gulags, pero aplicadas hoy a la doctrina Gramsci.

Asistimos a una deriva totalitaria de la democracia en la que se crean formas de coacción sin hacer ruido y sin causar violencia. Opresiones legalizadas bajo una ley a la que se sacraliza como oráculo de verdad. Se proclama la legalidad por encima de la libertad. Con un metódico cambio de leyes, lo inexplicable acaba convirtiéndose en norma. Ya se considera normal que abandonar a una mascota sea más grave que matar a un niño dentro del seno materno. Ya se concibe al aborto o a la eutanasia como rigurosos procedimientos médicos. Ni asesinato ni delito. Así se deconstruye un nuevo orden en el que el mal ya no parece mal, alejando a la gente de lo verdadero y obligándola a creer en lo verosímil.

Por el poder casi ilimitado de esos medios de comunicación que informan al dictado de los poderosos arquitectos del orden mundial y con un sistema educativo monitorizado por una legión de ingenieros sociales, la nueva cosmovisión se extiende rápidamente enaltecida como si de una religión se tratara. Ideólogos del odio y la revancha manejan de forma artera la psicología de las emociones con la pretensión de secuestrar las conciencias supeditándolas a sus fines: Reescribir el pasado, desvanecer la identidad sexual y tachar de opio del pueblo solo a la religión católica. La crisis de la verdad lo es también de la libertad. Huxley y Orwell lo vaticinaron. Melquíades Alvárez lo padeció.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 23 de noviembre de 2021https://www.elimparcial.es/noticia/232860/opinion/correctores.html

Jalouin

Ya entrada la noche, encontrarte en el garaje con tus vecinos del quinto bajo disfraces horripilantes, él, de diablo, y de bruja, ella, resulta realmente sobrecogedor; si además, te saludan con un ¿Qué hay vecino? la experiencia es terriblemente demoledora. Pero, si ayer mismo coincidí con ellos en el ascensor y parecían personales normales, te dices para sí. ¿Cómo explicarles que Stefan Zweig no datara entre sus Momentos estelares de la humanidad el de estatuir Jalouin como una festividad a celebrar o que el pensador de Rodin no imaginara que una civilización tan fecunda como la grecorromana se asomaría al precipicio cultural alumbrando semejante máquina de disparates. Sin embargo, ahí está la reciente obra de Alessandro BariccoLos bárbaros, describiendo la decadencia de la cultura burguesa occidental hundida en una aberrante crisis de valores. Estamos con Ganivet en que hemos restaurado algunas cosas y falta aún restaurar la más importante: el sentido común.

Como bien dice Douglas Murray en La masa enfurecida, los progres no solo odian a EEUU, también los envidian. Con el mejunje de envidia y snobismo solo puede triunfar el mal estilo. Jalouin es a la cultura española lo que el microondas a la gastronomía. Y parafraseando al sociólogo Bernabé Sarabia, esta tropa de imitadores de zombies son capaces de utilizar un capitel corintio para hacerse una barbacoa. ¡Hombre! pero si esto de Jalouin es cultura; es el paganismo hecho forma, dicen sus corifeos. No, más bien es una cursilería pagana con forma de calabaza en manos de ignorantes que, sin saberlo, trabajan al servicio del satanismo. Porque los muertos no regresan a la tierra, salvo Jesucristo, que, además, venció al demonio, ese pobre desgraciado que no puede amar, como lo definió Santa TeresaJalouin es el intento demoníaco de ganarle la partida a Cristo. Es la revancha. Y los católicos no podemos hacerle el juego, ni siquiera presentándolo como una diversión infantil. Efesios 5.8-11: antes sí erais tinieblas pero ahora sois luz por el Señor. Vivid como hijos de la luz pues toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz. Buscad lo que agrada al Señor sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien denunciándolas.

Qué estremecedor parecido con Jalouin tienen esos desenterramientos de muertos o esa regresión al pasado de las leyes de memoria histórica con el afán de captar el voto de los cándidos. Es el truco o trato con que se manejan en política quienes ni saben llevar cuentas ni quieren que se las pidan. En Bruselas dan calabazas a esos dirigentes extravagantes. Jalouin no llega ni a la categoría de folklore popular. Tampoco alcanza a comedia en que la más discreta figura es el bobo. Por eso produce espanto ver a tanto mamarracho disfrazado de bruja, fantasma, demonio, drácula o monstruo. Si de verdad quisieran dar miedo, que se disfracen de surtidor de gasolina o poste de la luz. Eso sí provoca pánico, al menos, al bolsillo de los españoles.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de noviembre de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/232152/opinion/jalouin.html