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Buenos tiempos para los héroes.

De la mezcla de adversidad exterior y congoja interior nace una tragedia. Pero la tragedia queda descompensada si le falta ese humano contrapeso heroico, que al luchar contra la adversidad reviste a la tragedia de su clásica grandeza. El revuelto y azaroso estado en que vive inmersa la economía occidental, o sea, casi mundial, está alcanzando niveles de tragedia. Lo que comenzó siendo un cúmulo de errores y excesos en el ámbito financiero, acarreó una terrible crisis económica, ha generado serios problemas políticos y ha degenerado en crudos conflictos sociales. Asistimos a un proceso de descomposición que provoca la destrucción de todo tipo de valores y referentes tanto materiales como espirituales, y propicia la desorientación y desesperación humanas.

Este agrietado y ruinoso panorama fue descrito y denunciado por un hombre, ¿un héroe?, en su encíclica Caritas in veritate. Advirtió que no es moral reducir el patrimonio del hombre a sólo lo terreno, y, menos aún, apreciarlo a la luz de un interés únicamente individual. Censuró el otorgamiento de un sentido reverencial al dinero. Acusó a aquellas teorías erróneas que van ganando terreno, a esas falsas ideologías y engañosas promesas que pueblan las sociedades de espectros y pretenden esclavizar el mundo. Afirmó que la agonía económica que padecemos es consecuencia de graves dolencias morales. Que no es posible organizar la prosperidad económica olvidando su fundamento moral. Recordó que, para lograr una resurrección material, antes es preciso un renacimiento espiritual. Subrayó, en fin, que no se hará nada de profundo y duradero para un nuevo orden sin una previa llamada imperiosa a la conciencia de la persona y a sus virtudes. Y que los católicos somos indispensables en esta Humanidad en crisis y que, ante la situación actual, ni nos entregamos a los fáciles halagos de las concepciones optimistas del porvenir, ni nos rendimos a la desesperación.

Ese mismo hombre acude a una España en desazón, afectada por una radical crisis de valores y entregada a un peligroso nihilismo. Una España en la que muchos jóvenes viven con el deseo de aferrarse al seguro de la roca firme. Con la esperanza de encontrar un sólido liderazgo moral, empachados de mandamases expertos en reducir a escombros la política y la economía, la sociedad. Una juventud que clama porque en épocas como las actuales no sea manipulada con complicadas y espesas tesis, sino aleccionada con realidades tajantes. No sea víctima de ocurrencias, sino dotada de ideas claras. No sea engañada por aventureros y soñadores, sino enseñada por auténticos maestros de la acción pacífica y constructiva.


Ese hombre, consagrado a la oración y al estudio, pero sin aislamiento del mundo y de su época, de espíritu humilde pero paciente, constante y perseverante, visita una España necesitada de una nueva evangelización. Se reúne con una juventud a la que es preciso oír, pero también con urgencia hablar. Con seguridad que su pregón será toda una llamada fuerte a conciencias dormidas para despertar entendimientos y corazones. Un resplandor que ilumine las verdades eternas y la belleza de espíritu, y así gozar de auténtica libertad. Ojalá que el testimonio del Papa Benedicto XVI en la JMJ de Madrid 2011 sea fecundo y propicio para sembrar héroes en un mundo moderno.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el Semanario Alfa y Omega el 11 de agosto de 2011. https://alfayomega.es/la-leccion-del-santo-profesor/

Falsa tolerancia

Mucho me temo que los magistrados del Tribunal de Estrasburgo al dictaminar que el crucifijo en la escuela viola el derecho de los padres a educar a sus hijos y la libertad religiosa de los alumnos, acaso, no manejen con soltura el concepto clave para abordar la cuestión: la laicidad. Este término supone que el Estado no profesa ninguna religión y que el mismo Estado no puede reducir las creencias religiosas a la esfera privada. Si además de comprender esto, los juristas de la Corte de Estrasburgo se hubieran esforzado en entender que el laicismo no es una postura neutral hacia la religión, sino que es la negatividad de la religión al relegar ésta al interior de la conciencia, la resolución dictada hubiera tenido un contenido muy diferente. Pero la sentencia es la que es. Ahora cabe preguntarse si resultará aplicable solamente al crucifijo o a símbolos religiosos de otras confesiones.

Cesare Mirabelli, ex presidente del Tribunal Constitucional de Italia, tiene escrito que la presencia de la religión en el ámbito público es un principio de libertad. Reflexiones como esta contribuyen a que la natural influencia de las religiones en lo temporal se perciba como un fenómeno enriquecedor y saludable. Sin embargo, va extendiéndose la tendencia a juzgar la fe católica como elemento pernicioso que debe catalogarse como un vago sentimiento íntimo del hombre, proclamándose, al mismo tiempo, una falsa tolerancia que termina por admitir el valor relativo de todas las religiones.

Lo sorprendente es que un tribunal europeo haya alumbrado una resolución tan huérfana de sintonía con la historia. El gran desenvolvimiento de Europa es obra del cristianismo. El poeta anglosajón T.S. Eliot nos apresuraba a hacer una Europa y hacerla bien pronto. Y sin el cristianismo, decía, no hay Europa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario ABC de 4 de noviembre de 2009 con la errata «magistrurgo» en lugar de «los magistrados del Tribunal de Estrasburgo» https://www.abc.es/opinion/abci-falsa-tolerancia-200911040300-1131177379734_noticia.html

Familia y parroquia

Recientemente, en la que ha sido su primera carta como arzobispo de Madrid, Carlos Osoro realza la misión de la parroquia como “comunidad de comunidades” y nos exhorta  a actuar en ella “con palabras y obras” en lo que es la “historia viva de una Iglesia que se hace presente en medio de los hombres”. Otro prelado, el arzobispo Vicenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, nos advertía en los prolegómenos del XVI Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas, de la necesidad de un cambio de mentalidad: “concebir toda la pastoral de la Iglesia en términos de familia”. La celebración del Domingo ha de ser, según Paglia, “el centro de la relación parroquia-familia”.

En este agitado tiempo la Iglesia católica continúa desarrollando serenamente su acción. Con prudencia, pero sin perder de vista los apremios que exige el momento, encuentra hoy nuevos campos de apostolado y proporciona, como fuente de esperanza, orientaciones a nuevos y acuciantes problemas. Sería una gran falta de los cristianos del siglo XXI dejar que el mundo se haga sin nosotros, sin Dios o contra él. Por eso es crucial vigorizar la vida parroquial. La parroquia es acción misionera, una pequeña cristiandad, reducida en lo material, pero infinita en lo espiritual. No es solo una reunión de personas que van a misa, sino una comunidad plena de vida, de oración colectiva, de liturgia colectiva. Es una familia de familias, organización viva que actúa. Bajo sus auspicios, esa unidad asiste a los actos de la vida religiosa, a los bautizos, a los matrimonios y defunciones; a las alegrías y tristezas de los feligreses.

Hacia dentro y hacia fuera se vuelca el tesoro apostólico de la parroquia. Y ésta sale a las calles, entra en los lugares de trabajo y recorre los hogares. En una palabra, la Iglesia quiere un cristianismo que camine por el espacio público para llevar el espíritu católico y el mensaje revelado, cuya característica es la universalidad, hasta los últimos rincones de la sociedad. Porque la religión no es cuestión solamente de los cristianos reunidos en las iglesias, sino de tener cristianos en la política, en la empresa, en la escuela, en la cultura, en los medios de comunicación y hasta en los deportes.

La coherencia entre los ámbitos familiar y parroquial proporciona una resistencia pétrea ante vientos de crisis. Donde la familia permanece sana la sociedad puede reconstruirse a pesar de haber sufrido quebrantos, ya que los cimientos están firmes. Pero donde la familia se disuelve la sociedad, sea cual fuere su aparente solidez, está amenazada de próxima ruina. De ahí, el tesoro que representa la familia, como Iglesia doméstica, en tiempos convulsos. Nada hay más avanzado para el progreso del hombre que robustecer la institución familiar. Lo dijo Monseñor Paglia “hace falta una nueva primavera de las familias cristianas que están llamadas a devolver el vigor familiar a un mundo triste que vive en el individualismo”.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el Semanario Alfa y Omega el 4 de diciembre de 2014. https://alfayomega.es/familia-y-parroquia/