Literatura y cristianismo

Escribe Sebastian Haffner en sus Memorias 1914-1933, conocidas por Historia de un alemán que “entre 1934 y 1938 se escribieron en Alemania, como forma de evasión obras basadas en recuerdos infantiles, sagas familiares, narraciones paisajísticas, lírica dedicada a la naturaleza y demás cositas y jueguecillos líricos (…) Toda una literatura basada en cencerros y margaritas silvestres, pletórica de esa felicidad que inunda a los niños durante las vacaciones y repleta de primeros amores, olor a cuento y manzanas asadas y árboles de Navidad. Una literatura de carácter intimista y atemporal, casi cortante, fabricada al por mayor como por encargo en medio de desfiles, campos de concentración, fábricas de munición y formaciones de choque. Pero llegó un momento en que los recuerdos infantiles ya no les sirvieron de protección a muchos alemanes”.

Hay una literatura de evasión, de escape, como describe Haffner, y hay una literatura de compromiso. Un cristiano debe comprometerse con el mundo en el que vive. En todos los actos de su vida, el cristiano debe poner, lo que Fernando Martín-Sánchez Juliá llamaba trascendencia de eternidad. Recientemente, el Papa León XIV en la canonización de Pier Giorgio Frassati, dijo: “Para él la fe no fue una devoción privada, sino que, impulsado por la fuerza del Evangelio y la pertenencia a asociaciones eclesiales, se comprometió generosamente en la sociedad”.

Personalmente, creo que la vida no es para almacenarla sino para compartir, para gastarla, para entregarla como lo hizo Jesucristo. Y así se entiende la gran paradoja del cristiano: Para enriquecerse debe desprenderse, para tener debe dar, para ganar debe perder. Y en mis dos recientes obras, el ensayo Pregón de combate para jóvenes de espíritu, y la novela histórica, Perder para ganar. Una paz para un siglo, he plasmado mi compromiso con la fe cristiana. Las páginas de ambos libros están impregnadas de cristianismo. Los dos títulos constituyen un compromiso con la verdad en una época en la que se cree en cualquier cosa, pero se desconfía de la verdad.

Nunca como ahora se teme al pensamiento preciso y a la palabra exacta. Pero también nunca como ahora es necesario llamar a las cosas por su nombre. La palabra ha tenido siempre dos enemigos: Los enemigos de la libertad y los enemigos de la verdad. Con la censura, se cancela la palabra y con ello la libertad. Con el amaño, se manipula la palabra y se altera su significado. Unos y otros enemigos pretenden implantar el reino de la mentira, del engaño, de la farsa. No se olvide que el drama de la verdad es el drama de la libertad porque la verdad, como dijo el Evangelista San Juan, nos hace libres.

Sobre

Hay un silencio glaciar, sinónimo de mudez, y hay un silencio sonoro que vale por discursos, porque un mutismo vale más que mil palabras. Ambos han sido protagonizados por el sanchismo ante dos hechos trascendentales para la paz y la libertad en el mundo: el acuerdo auspiciado por Donald Trump entre Israel y los terroristas de Hamás, y la concesión del Premio Nobel de la Paz a la defensora de la democracia María Corina Machado. Ante acontecimientos tan felices, la izquierda española ha quedado desnuda y colgada de la brocha demostrando que ni ansía la paz ni defiende la libertad.

Coincidiendo con el descubrimiento de entregas de sobres que sobrevuelan de aquí para allá, el sanchismo ha sufrido un sobrecogedor sobresalto en su cínica sobreactuación en el concierto internacional, viéndose sobrepasado por la realidad de las sobrevenidas noticias del acuerdo de paz y del Nobel de la Paz. En Moncloa, se percibe el sobrecejo de su inquilino, quien padece un sobrecalentamiento en el ánimo, consecuencia de sobrecargar con excesivo sobrepeso en una legislatura con sobredosis de prórroga presupuestaria que se sobreentiende acabada.

Si ya está siendo sobrehumano sobrevivir ante una sobreexcitación causada por el sobreviento judicial que sopla sobre familiares y colaboradores, la sobreimpresión es mayor, sobre todo, al tener que soportar en las sobremesas de los hogares españoles el protagonismo sobresaliente del presidente Trump y la resistente opositora Machado. Únase a ello, los sobresueldos, los sobrepagos y los sobreprecios del otrora sobrero Ábalos. El resultado es que Sobrepedro ya no está sobreseguro ni puede sobrellevar ni sobreponerse a tan sobreabundante sobrecarga.

Fuente gráfica: Diario El Mundo

Trabajar mejor, ganar más

El Gobierno pretende reducir la jornada laboral de 40 a 37,5 horas, sin merma de salario. Los empresarios se lamentan de que con el vicio del absentismo la jornada de trabajo es ya inferior a 35 horas. La promotora de la medida es una ministra comunista del Gobierno de coalición, cuya propuesta ha sido derrotada en el Parlamento presentada sin el conveniente consenso del empresariado. ¡Qué tiempos aquellos en que empresarios y sindicatos resolvían por sí solos sus diferencias sin intromisión de los políticos!

En España disminuir las horas de trabajo podría resultar sensato si la productividad alcanzara niveles óptimos, pero padece un espectacular desplome. Igual que la competitividad. Además, con esa disminución se reducirá también la producción, resultando más desempleo, al no poder las empresas sostener sus plantillas por el elevado coste. Se avecinan mayor fragilidad económica y menor prosperidad social. Mi abuela, que no sabía de productividad ni de competitividad ni conoció el absentismo laboral, siempre repetía en sus tareas y labores: “Lo bien hecho bien parece”. Leyendo a Charles Péguy me topé con la idea de la obra bien hecha y recordé, no tanto a mi abuela, sino a su generación. “Nosotros hemos conocido, afirmaba el escritor francés, la piedad de la obra bien hecha, trabajada, mantenida hasta sus más estrechas exigencias. Hemos conocido un honor del trabajo. Era necesario que un palo de una silla estuviese bien hecho. No hacía falta que estuviese bien hecho para el patrón ni para los expertos ni para los clientes del patrón. Hacía falta que estuviese bien hecho él mismo, en sí mismo, por él mismo, en su ser mismo. Un honor quería que ese palo de silla estuviese bien hecho”. Un honor deportivo que llevaba al trabajador a hacer cualquier parte de la silla que no se viera exactamente con la misma perfección con que se hacía la parte que se veía. Había un disgusto por la obra mal hecha. Había un desprecio para aquel que hubiese trabajado mal. A los obreros ni siquiera se les pasaba por la cabeza esa idea.

Proseguía Péguy que en la mayoría de los oficios se cantaba. Hoy se refunfuña. Los obreros tenían ganas de trabajar. Se levantaban por la mañana, y a qué horas, y cantaban con la idea de que ellos partían a trabajar. Era su alegría y la raíz profunda de su ser. “Estos obreros hubieran sido sorprendidos, y cuán grande hubiera sido su disgusto, o ni siquiera eso, su incredulidad, cómo hubieran podido creer que no se bromeaba, si se les hubiera dicho que algunos años después los obreros, los compañeros, se proponían oficialmente hacer lo menos posible y que considerasen tal cosa como una gran victoria. Una idea semejante, suponiendo que la hubieran podido concebir, hubiese sido un golpe contra ellos mismos, contra su ser, hubiera sido dudar de su capacidad, porque eso hubiera supuesto que no hubieran rendido todo lo que podían”. Péguy pretendía la regeneración de la sociedad comenzando de abajo arriba. Hoy algunos pretenden degenerarnos de arriba abajo. Porque la mayoría de la gente prefiere trabajar más y ganar más a cobrar lo mismo trabajando menos horas.

Perder para ganar: la fe que salvó a Europa de la barbarie

No existiría el presente sin esperanza. Escribió Víctor Frankl, superviviente de Auschwitz, en su obra «El hombre en busca de sentido», que este «es el ser que siempre decide lo que es. Ha inventado las cámaras de gas, pero asimismo ha entrado en ellas con paso firme, cabeza erguida y el Padrenuestro o el Shema Israel en sus labios». Fue la fe, y, por tanto, la esperanza, la que salvó a Europa durante y tras la Segunda Guerra Mundial. Tanto dentro como fuera de los campos. A los europeos, la fe «les salvó no sólo la vida, sino también les impidió realizar actos degradantes que se consideraban normales. Porque la moral quiebra cuando lo que no es natural comienza a imponerse como normal», explica a este diario Raúl Mayoral, abogado y escritor de una novela que funciona como culto al cristianismo en tanto bálsamo frente a la barbarie.

La resistencia moral importa

La verdadera victoria nace de la derrota. La destrucción del nazismo fue el único camino para salvar la dignidad de Alemania y, acaso, de Europa. A aquella barbarie se resistieron personajes como CanarisSpeerBonhoeffer o Claus von Stauffenberg, que entendieron que, a veces, sólo aceptando la pérdida se construye un futuro legítimo. Testimonios humanos de cuatro personajes creados por Raúl Mayoral en Perder para ganar (Bookman) basados en la historia contada a través de ojos de los que vivieron, lucharon y sobrevivieron.

Estamos ante una reflexión profunda que combina estrategia política, dilemas morales y fe cristiana, trascendiendo los hechos bélicos. La novela es de una relevancia contemporánea: planteamientos sobre resistencia interna a regímenes tiranos, cultivo del bien común y balance entre técnica y valores que se aplican a nuestros tiempos, hoy más que nunca.

La resistencia moral importa. No todos los alemanes fueron nazis: hubo civiles, militares e intelectuales que plantaron cara a Hitler desde dentro. Al mostrar sus historias, esta obra resalta cómo la integridad y el valor basado en la fe cristiana se mantuvieron firmes frente al autoritarismo.

La fe está adentro del que lucha por ella, es la que da forma a la defensa. El triunfo no es solo militar, también espiritual. Pasajes como la descripción de la Eucaristía celebrada en la catedral de Westminster o el discurso final en la Universidad de Oxford subrayan la dimensión ética y espiritual de la postguerra. La reconstrucción no se limita a ruinas y carreteras: requiere reequilibrar la política, la educación y la cultura del bien común.

Perder para ganar es una lección universal contra el poder desbocado. El ascenso del nazismo “tecno‑espiritualizado” advierte sobre el riesgo de combinar tecnología sin valores.

Debemos apreciar en esta novela su llamada a reforzar los derechos individuales, la libertad de conciencia y el respeto a la dignidad humana en toda era. ¿Por qué este libro merece ser leído? El lector será interpelado a plantearse preguntas como: ¿De qué “derrotas” personales debe aprenderse? ¿Cómo mantener firme nuestra resistencia moral frente a las presiones del poder, la tecnología o el conformismo?

Artículo publicado por Damian von Stauffenberg en el diario digital Religión en Libertad el 7 de julio de 2025. https://www.religionenlibertad.com/opinion/250707/resistencia-moral-importa_112993.html

 

 

Cuando la independencia judicial es oposición al Gobierno

Casualmente, la Sentencia del Tribunal Constitucional que declara conforme con la Constitución la Ley de Amnistía para la normalización institucional, política y social en Cataluña, se ha dictado noventa años después de la pronunciada por el Tribunal de Garantías Constitucionales con motivo de los sucesos acaecidos también en Cataluña en octubre de 1934. Con fecha 6 de junio de 1935, dicho Tribunal falló: “Que debemos condenar y condenamos a cada uno de los procesados, don Luis Companys Jover, don Juan Bautista Lluhí Vallescá, don Martín Esteve y Guáu, don Martín Barrera Maresma, don Pedro Zoilo Mestres Albet, don Buenaventura Gasol Rovira y don Juan Comorera Solé, como autores de un delito de rebelión militar, a la pena de treinta años de reclusión mayor, con las accesorias de interdicción civil…”

Aquella sentencia de junio de 1935 fue destruida por un Decreto-Ley posterior aprobado deprisa y corriendo ¿Le suena, lector? El Frente Popular ganó las elecciones (hoy está comprobado el amaño), celebradas el 16 de febrero de 1936.  La Diputación Permanente de las Cortes se reunió el 21 de febrero mediante una convocatoria del día anterior por telegrama. El Decreto-Ley constaba de un solo artículo precedido de una brevísima Exposición de Motivos: “Siendo inequívoca la significación del resultado de las elecciones a Diputados a Cortes en cuanto a la concesión de una amnistía por delitos políticos y sociales, en favor de la cual se ha pronunciado la mayoría del Cuerpo electoral, y tratándose de una medida de pacificación conveniente al bien público y a la tranquilidad de la vida nacional, en que están interesados por igual todos los sectores políticos; de acuerdo con el Consejo de Ministros, a propuesta de su Presidente y previa la aprobación de la Diputación permanente de las Cortes, vengo en disponer lo siguiente: Artículo único. Se concede amnistía a los penados y encausados por delitos políticos y sociales. Se incluye en esta amnistía a los Concejales de los Ayuntamientos del País vasco condenados por sentencia firme. El Gobierno dará cuenta a las Cortes del uso de la presente autorización. Dado en Madrid a veintiuno de Febrero de mil novecientos treinta y seis. Niceto Alcalá-Zamora y Torres. El Presidente del Consejo de Ministros, Manuel Azaña Díaz”.

Se calcula que la amnistía benefició a unas treinta mil personas que habían sido condenadas como consecuencia de la Revolución de Octubre de 1934, instigada por el Partido Socialista. El Tribunal de Garantías Constitucionales también tuvo que actuar para aplicar el Decreto-Ley, al haber condenado a los consejeros de la Generalidad y a otras personalidades políticas. Posteriormente, y tras salir de la cárcel, los miembros del Gobierno catalán fueron repuestos en sus funciones mediante un Decreto de 1 de marzo de 1936. Era esta una de las principales reivindicaciones del Front d’Esquerres, que había triunfado en las circunscripciones electorales catalanas y apoyaba al nuevo Gobierno del Frente Popular.

El Tribunal de Garantías Constitucionales fue una institución esencial en el régimen de la II República. No se trataba de un Consejo áulico, sino un órgano electivo, propicio a todas las sorpresas que deparan esta clase de instituciones. Aun así, logró mantenerse independiente en una época en que el sectarismo impregnaba la política de un régimen como aquel. Independencia equivalía, por entonces, a oposición al Gobierno. Desgraciadamente, esta cualidad de la independencia no se predica hoy del infausto Tribunal Constitucional. Resta añadir que los juristas que hace noventa años supieron resistir como independientes, algunos de ellos también supieron sellar con su sacrificio el culto que habían tributado al Estado de Derecho: Pradera, Beceña y Riaza fueron vilmente asesinados en zona roja; Traviesas, ponente de la sentencia condenatoria, murió en el frente de Oviedo; Martín Álvarez, Sabater y Ruiz del Castillo fueron encarcelados por los rojos y salvaron sus vidas de milagro. No olvide dos cosas, lector, primera, la independencia de la Justicia es lo que diferencia a una democracia de una tiranía. Segunda, la Historia se repite.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de junio de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/285301/opinion/cuando-la-independencia-judicial-es-oposicion-al-gobierno.html

Una liberal en política

Con tono imperturbable y ameno, Esperanza Aguirre ha escrito un libro de lectura ágil y contenido conciso pero intenso. Las páginas recogen aspectos biográficos y, especialmente, históricos sobre hechos de la política española desde la Transición hasta el momento actual. Incluyen, además, una sugerente propuesta para abordar el necesario debate de las ideas, el que viene rehuyendo remolonamente su Partido en los últimos años. Como funcionaria del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo, la autora describe su propia trayectoria en la política, primero, desde Unión Liberal ocupando una concejalía del Ayuntamiento de Madrid. Posteriormente, desde el Partido Popular participando en los Gobiernos de España y de la Comunidad de Madrid, en la presidencia del Senado y, de nuevo, en el consistorio de la capital tras ganar las elecciones. Confiesa que sería una visita a la Rumanía de Ceaucescu lo que impulsó su salto a la arena política. Allí comprobó la miseria y el horror a que conduce el comunismo. Si a eso se unen sus lecturas de autores liberales como Mises, Hayek, Revel o Friedman, y artículos de The Economist, así como el magisterio de todo un maestro de liberales, Pedro Schwartz, el resultado es una liberal en política, como reza el título de su libro.

La obra sirve también para conocer de primera mano la trayectoria del Partido Popular, al que Aguirre llegó procedente de la Unión Liberal, bajo las presidencias de Aznar, Rajoy, Casado y hoy Feijóo. Partido que no abandonó pese a la invitación a marcharse que Rajoy cursó a liberales y conservadores. Es el momento en que la formación política referente para una gran mayoría de ciudadanos incurre en una anodina y letal indefinición ideológica. Esperanza sobrevivió a esa travesía del desierto. Hoy, con la misma fuerza de siempre, desarrolla una entusiasta actividad animando a recomponer la derecha española y convertirla, de nuevo, en la casa común de quienes se oponen al sanchismo, como hiciera Aznar frente al socialismo de González. El libro, que es un ejemplo de ello, plantea la pregunta clave ¿Por qué la derecha no sabe ilusionar a los españoles? La respuesta hay que encontrarla en los predios culturales, poco transitados por unos timoratos dirigentes que evitan la confrontación intelectual con sus adversarios, creyendo erróneamente que a la izquierda sólo se la combate desde los campos de la economía.

Aguirre considera la era sanchista como la más aciaga de la historia reciente de España. Tacha a Sánchez de caudillo que, alejado de los postulados de la socialdemocracia, ha abrazado las tesis radicales del comunismo, entre ellas, la monserga de la corrección política y la tabarra woke. Advierte de las pretensiones del presidente del Gobierno de cambiar el régimen fulminando la división de poderes, la independencia judicial y la de los medios de comunicación y hostigando a empresarios y autónomos, la verdadera fuente de empleo y riqueza en una sociedad. Existe un riesgo real de convertir la democracia en una especie de autocracia mediante una utilización fraudulenta de las instituciones. Certeramente señala la necesidad de reformar la Ley Electoral. En su libro también hay hueco para denunciar la Agenda 2030, una nueva religión con sus corifeos y sacristanes y su sibilino lenguaje inclusivo y sostenible.

Para librar la batalla cultural, Aguirre propone como fórmula la defensa de la nación y de la libertad. Defender España y una sociedad libre constituyen el mayor y mejor proyecto para ilusionar a los españoles. Las últimas páginas de su libro constituyen la evidencia de cómo puede descenderse desde los principios a la experiencia. En ellas se reúnen sólidos ejemplos de cómo sus ideas liberales aplicadas desde el Gobierno de la Comunidad de Madrid introdujeron mayores cotas de libertad, progreso y prosperidad en favor de los madrileños en ámbitos como el educativo, sanitario o económico. Ello es fruto del indeleble amor a la libertad individual que tiene Esperanza Aguirre, quien en política siempre predicó con el ejemplo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de mayo de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/283886/cultura/resena-de-una-liberal-en-politica-de-esperanza-aguirre.html

 

El desorden del poder

En su obra El poder Romano Guardini afirma que los sabios de todas las grandes culturas han conocido el peligro del poder y han hablado de su sometimiento. Los riesgos de este es que induce al orgullo y al desprecio del derecho. Al hombre violento, dice Guardini, se contrapone el que guarda la moderación, respeta a los hombres y mantiene el derecho.

Hubo un tiempo en que poderoso y humilde eran términos sinónimos, porque la humildad era una virtud de fuerza, que proporcionaba magnanimidad en el ejercicio del poder. Y el humilde era el fuerte, el magnánimo, el audaz, que se abaja de su trono y se hace par de los demás. La humildad así concebida suponía un noble y generoso servicio al prójimo. Sin embargo, durante toda la Edad Moderna, la palabra humildad ha perdido su significado, convirtiéndose en sinónimo de debilidad, incluso, de cobardía. Como sostiene Guardini, es ya una palabra que reúne todo el compendio de lo que Nietzsche denominó “decadencia” y “moral de esclavos”.

Hoy la política debiera ser una simbiosis perfecta entre poder y humildad. Así no sería visto aquel con temor o desconfianza o expuesto al rechazo y la condena. El poder tiene el riesgo de su desorden, que consiste en considerarlo un absoluto desembocando en la rebelión contra la ley y en el ejercicio de la violencia.

Fuente gráfica: Diario El Mundo 30 de mayo de 2025

Él me obligó

La ristra de mensajes de whatsApp entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos publicados estos días por la prensa revelan dos hechos que muchos ciudadanos intuían sin atreverse a certificar. Primero, que Sánchez dirige el PSOE con estalinista mano de hierro siendo implacablemente intolerante con la discrepancia. Demasiada evidencia constituye el expediente abierto a unos ingenuos diputados socialistas de las Cortes de Castilla y León que mientras censuraban al Gobierno, olvidaron apagar un micrófono, convertido en aliado del presidente. El segundo hecho es consecuencia del anterior. El todopoderoso Sánchez obligó a Ábalos a ser el portavoz de la moción de censura que en 2018 acabó con el gobierno de Mariano Rajoy.

Ábalos siempre fue muy ligero de cintura, tanto a la altura de los bolsillos, de chaqueta o pantalón, como para abajo. Manejar ingentes cantidades de dinero en efectivo y pernoctar en Paradores de Turismo son sus dos grandes debilidades. Al contrario que su mentor, que dice haber escrito Manual de resistencia, el exministro pensaba titular sus memorias Manual de débil resistencia. Muy debilitado, se vino abajo cuando su jefe le ordenó subirse a la tribuna del Congreso para decirle a Rajoy y, al mismo tiempo, a todos los españoles que “la decencia debe ser algo esencial, no algo accesorio”.

Para quien nunca ha conocido la decencia resulta harto difícil aquilatarla. Pero José Luis tragó carros y carretas. Y como su padre saltaba al ruedo, él saltó irremediablemente al albero del hemiciclo, consciente de que su jefe, tan despiadado con sus subordinados, puede resultar menos noble que un novillo dispuesto a embestir. Sin poder servirse del ChatGPT, por entonces no operativo, Ábalos se vio en la titánica tarea de elaborar un sólido discurso contra la corrupción. Le resultó tremendamente arduo denunciar aquello en lo que él siempre creyó y constituía su forma de vida. Aun así, lo logró. Y además con éxito en el resultado. Cayó el Gobierno del PP y engañó a media España.

Pero la amistad entre Pedro y José Luis ya no fue la misma desde aquel día. Y a estas alturas, se comprende que Ábalos no se lo perdone a Sánchez. El discurso que este le mandó pronunciar en el Congreso fue una auténtica traición a los principios de Ábalos. El trance más doloroso de su intervención fue al manifestar: “Nosotros no tenemos que decirle a nadie que se vaya del Partido, porque ya lo ha hecho. Nosotros no tenemos ningún caso así”. José Luis sabía que, más pronto que tarde, eso se volvería contra él, ya que permanecería fiel a sus valores y, además, jamás se iría voluntariamente del Partido. Hoy, apenas hace uso del whatsApp, salvo para enviar el mismo mensaje a sus señoritas de compañía: Él me obligó.

Pregón de combate para jóvenes de espíritu

En Pregón de combate para jóvenes de espíritu, Raúl Mayoral Benito nos propone un ensayo
muy oportuno sobre cuestiones que afectan a la convivencia actual, en el que combina de
manera coherente varias disciplinas académicas (derecho, historia, filosofía…). El autor efectúa
un recorrido por el problemático estado en el que se encuentra la libertad, identificando a sus
adversarios y proponiendo fórmulas de acción. Para tal finalidad, apuesta sin ambigüedad por la democracia ya que, aun reconociendo sus imperfecciones, contiene numerosas virtudes, como conciencia del compromiso y aceptación de la oposición, que facilitan la convivencia, sin
olvidar que permite limitar la capacidad del gobierno, reduciendo sus posibles arbitrariedades.
En este sentido, Raúl Mayoral da un paso más y contrapone con acierto democracia frente a
revolución, subrayando que esta última muestra siempre una tendencia natural por el uso de la
violencia para imponer un proyecto político, aniquilando cualquier disidencia. De este modus
operandi, el binomio formado por bolcheviques y comunismo constituyen el paradigma. Sin
embargo, la derrota de la URSS en la Guerra Fría no ha significado que sus defensores de
entonces ni sus partidarios de ahora hayan realizado autocrítica alguna “porque el comunismo
jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos rompiendo el juego de la convivencia democrática, desestabilizando la vida pública,
provocando disturbios y urdiendo bulos” (p. 58).
Así, dentro de la propia democracia han surgido criaturas que la cuestionan y que buscan
denodadamente finiquitarla. Al respecto, sobresale el wokismo y su cultura de la cancelación
cimentada sobre lo políticamente correcto. Este proceso, si bien hoy en día ha adquirido
máxima fuerza, sus raíces son mucho más antiguas, ubicándolas el autor en el 68 y en los
campus universitarios de Estados Unidos, momento en el que los profesores dejaron de ser
docentes, convirtiéndose en activistas. A partir de ahí, se consolidaron tres dogmas: la mengua
de la persona, el rechazo de la razón y el desprecio de la autoridad (p. 146).
Con todo ello, lo más grave es que el “programa” woke no es algo limitado a una clase
profesional o académica. Por el contrario, ha obtenido un espacio considerable en agendas de
gobiernos europeos y de organizaciones supranacionales como la Unión Europea y la ONU a
través de la Agenda 2030. En esta trayectoria, los medios de comunicación, incluyendo dentro
de los mismos a las redes sociales, se han convertido en actores fundamentales ejerciendo
labores de correas de transmisión y de censores, lo que ha generado consecuencias nefastas: “La corrección política dinamita la democracia porque fulmina la igualdad ante la ley, vulnera la
libertad de expresión y anula la presunción de inocencia, piezas todas básicas en un Estado de
Derecho” (p.139). El resultado es una adulteración del debate que parte de unos mantras con
pretensiones de universalidad, como el despreciar el legado de la religión católica, a la que se
estigmatiza considerándola enemiga del progreso.
En definitiva, una obra que combate este pensamiento totalitario que busca eliminar de manera revanchista la herencia cultural de Occidente. Frente a conductas acomodaticias que ven en el apaciguamiento la respuesta eficaz, la solución se halla en comparecer en el terreno de la batalla de las ideas, como certifica el escenario español, al que el autor alude con acierto, donde una minoría, a través de un relativismo basado en el extremismo y radicalismo, estigmatiza como fachas a todo el que defiende la Constitución de 1978 y la Transición, es decir, a todo el que apuesta por la convivencia.

Reseña publicada por Alfredo Crespo Alcázar en el diario digital El Imparcial el 7 de abril de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/281927/los-lunes-de-el-imparcial/raul-mayoral-benito-pregon-de-combate-para-jovenes-de-espiritu.html