Soldado Sánchez

El soldado Sánchez prosigue su guerra empeñado en salvar a la patria. Haciendo excesiva leña del árbol caído, se presenta como el único desatascador. “Levantaré el bloqueo”. ¿De Berlín, Cuba o Ferraz? Aquí, con ese ambiente de Bodas de Sangre, persiste el llanto por la muerte de la socialdemocracia. ¿De qué tropas dispone, soldado? ¿Cuál es su plan? ¿Alcanzará su objetivo? El problema es sencillo en cuanto a su planteamiento: lograr la investidura como presidente buscando apoyos; pero difícil en cuanto a su solución: gobernar defendiendo la España constitucional. Y como no puede preservarse la civilización siendo incivilizado, tampoco puede protegerse España ayudándose de los que persiguen destruirla.   

La trayectoria del líder socialista es de película y sin afectos especiales en su partido. Contorsionista ante y entre líneas rojas, volviéndose del derecho (no derecha), y del revés, cual veleta, nos recuerda a Tom Cruise en Misión imposible, pendiendo de un hilo manejado por Iglesias ¿Gobierno títere? para acceder al disco duro que le abra la trampilla de La Moncloa. “Sánchez se va a salir con la nuestra”, dicen en Podemos. Se cuentan por toneladas sus ganas de ser presidente; más que las de Iglesias de ser vicepresidente. No es muy de fiar quien antes no ha querido dialogar y tras el encargo real de formar Gobierno pretende hacerlo y que además le digan sí. Sería el cinismo por bandera. El santo y seña que inicia el diálogo, las fuerzas del cambio, suena a hueco viniendo de donde viene: del reino de Trapisonda. El pretendido cambio se reduce a un programa de personal antipatía hacia Rajoy. La casta y la anticasta juntas para “normalizar” la vida democrática del país a la inversa de como se ha hecho hasta ahora. Si para gobernar sigue siendo necesario el nacionalismo, nada ha cambiado. A lo sumo, la velocidad para ir más deprisa hacia el abismo.

Gran reforma sería un proyecto de ambición nacional con base amplia, generosa y comprensiva que renueve el sistema en el orden político y territorial, logrando una democracia de ciudadanos más que de partidos, que sea audaz en lo social, priorizando  la educación, investigación y demografía, y que continúe con el avance económico. Así podríamos asegurar nuestro porvenir. Para esta tarea no puede descartarse a 123 diputados que representan a 7 millones de votantes. No olvide, soldado, que hay misiones que no son ni de un hombre, ni de un gobierno, sino de toda una nación, que las hace posibles.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de febrero de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/161888/

Fuente gráfica: Diario digital Vozpópuli

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *