Paz de ETA

El muro de Berlín no cayó; fue derribado por la libertad. ETA no dejó de matar; fue desarticulada por el Estado de Derecho y deslegitimada por la esperanza, generosidad, constancia, sacrificio, disciplina y cooperación de las víctimas. Sin arrepentimiento de los verdugos no habrá paz porque no hay paz sin justicia. No hay paz si sobre ella se prolonga el rencor de la lucha (Alsasua). No hay paz sin desarme psicológico e ideológico. No se oyen disparos ni explosiones, pero sí voces con resentimiento de quienes jalearon a los pistoleros. El funesto nacionalismo separatista y excluyente pervive incompatible con democracia y libertad.

Que prosiga la acción de la Justicia. Con memoria histórica ochenta años atrás ¿cómo olvidarnos de crímenes de hace cuarenta? Faltan aún procesos judiciales en los que juzgar y sentenciar al terrorismo de ETA. Y faltan delincuentes etarras que cumplan sus condenas. Lo contrario es injusticia e infamia. Como infamantes son la manipulación del lenguaje, el falso pacifismo y el buenismo de los corifeos del terror. Con palabras se inventa un sistema dice Mefistófeles a Fausto. Con sistemática perversión algunos pretenden con buenas palabras disfrazar malas acciones continuando la extensión del mal. Bajo un pacifismo blandengue, recostado en claudicaciones, late el desorden y la injusticia, nunca la verdadera paz.

Con sus desquiciados y acomodaticios dogmas, los criminales de ETA pretenden quebrantar el valladar moral de una civilización. Debemos practicar el análisis minucioso y la crítica implacable ante esa maliciosa y nauseabunda escuela de frivolidad trivial en que se han convertido. Falsos maestros, otrora asesinos, hoy francotiradores agazapados en las trincheras del odio que, desdibujando límites y diferencias patentes, pretenden adoctrinar a una confiada o atemorizada ciudadanía mediante una destructora desviación de los criterios sobre el bien y el mal. Siempre habrá ingenuos proclives a ceder ante la serpiente etarra que se disfraza de paloma de la paz. Y qué decir de esos prelados que todavía creen posible repartir a medias el rancho separatista y el credo católico. Cesen en su desorientación perturbadora de almas con sus sinuosos errores, sus herejías larvadas y su falta de vida profunda. Intégrense en una Iglesia como escuela de santidad. Porque más hacen por el mundo los que oran que los que pelean.

Nacionalismo y populismo, dos virus que aquejaron a Europa en el siglo XX, dos caras de la misma moneda, el totalitarismo, que desgraciadamente vuelve a emerger entre los europeos. En España padecemos a ambos. Dos males que se han apareado para enaltecer otra superchería más de la agonizante banda asesina con esa superficialidad insoportable a que nos tienen acostumbrados: Paz por presos a la calle. La resistencia a tiempo ante quienes pretenden comprar la paz efímera de un día, hipotecando la de los años venideros, es la mejor manera de asegurar la paz justa. Estamos con las víctimas: No deseamos la paz ni aún a costa de la justicia. Porque para defender la civilización no se puede ser profundamente incivilizado.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 6 de mayo de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/189415/opinion/paz-de-eta.html

Fuente grafica: El Confidencial.

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