18 de enero. Santa Prisca. (siglo I)

Cierta confusión se crea en torno al santoral de hoy, pues antiguos documentos hablan de tres Priscas o Priscilas, que podrían ser distintas. Pero vayamos a San Pablo. El apóstol se refiere a esta cristiana que vivió en el alba de la Iglesia, en su Epístola a los Romanos, dentro del capítulo dieciséis: «Saludad a Prisca y Aquila, mis cooperadores en Cristo Jesús, los cuales para salvar mi vida expusieron su cabeza».

Sobre el santuario de Mitra, permanece en pie la antiquísima iglesia de Santa Prisca, que aun conservando algún que otro testimonio de época pagana, se veneran recuerdos como un capitel romano, que debió de hacer las veces de pila bautismal ya que contiene grabada la inscripción «Baptismum Sancti Petri», fechada en el siglo XIII. De ahí, la suposición de que San Pedro bautizara en ese lugar a los esposos Aquila y Prisca.

Poco más se sabe de Santa Prisca, muy venerada en Roma como una de las más célebres mártires de su cristianismo primero. Pero es suficiente para acceder a la inmortalidad y, a la vez, a la santidad, mostrándose como una figura admirable por heroica que arriesgó su vida para salvar la de San Pablo.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

Beata Beatriz

La hija del marqués de Ferrara, Beatriz de Este, nace en el seno de aquella noble familia que pronto iba a reinar en Hanover, Alemania, y posteriormente durante muchos siglos en Inglaterra. Desde su primera juventud veía la vida religiosa como su más alto ideal. Y la sigue viendo en Vicenza, aun después de haber accedido a que su padre la prometiera en matrimonio al célebre caballero Galeazzo Manfredi.

Estaba ya dispuesta la boda en Milán, cuando apenas llegada ella a la ciudad, se recibe la noticia de la muerte de Galeazzo por heridas recibidas en el campo de batalla. Los padres de Beatriz no se oponen ya a que siga su vocación religiosa. Y funda el monasterio de benedictinas de Ferrara, donde ella misma toma el velo en 1254 y donde vivirá santamente.

Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.

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