Monja, pero no una monja como las demás. En el convento se pensaron muy en serio en expulsarla por loca o alborotadora. Catalina, hija de unos patricios florentinos, ingresa a los trece años en un convento dominico de Prato, en la Toscana, en donde pasaría su vida entera, llevando, primero, la dirección espiritual de las novicias y luego, como priora, la dirección de toda la comunidad.
Pero desde 1542, con veinte años, todos los jueves y viernes sor Catalina entra en éxtasis reviviendo la Pasión de Cristo: azotes, corona de espinas, magulladuras por la cruz, heridas de los clavos, todo ello deja huellas visibles en su cuerpo, mientras levita del suelo en medio de resplandores. Al principio, debía esconderse en el palomar o en el jardín huyendo de las miradas indiscretas. Ella rezaba día y noche para que no se repitieran esos fenómenos que durarían doce años.
Finalmente, no estaba loca ni era una histérica. Santa Catalina fue una mujer lúcida, inteligente, equilibrada y audaz. En la orden vieron con recelo su veneración por la memoria de Savonarola, un fraile que acabó en la hoguera y su correspondencia epistolar con grandes santos contemporáneos: San Felipe Neri, San Carlos Borromeo o Pío V. En Catalina, como en Teresa de Jesús, el misticismo nunca fue un estorbo para sus deberes habituales, sino un hecho superior que centuplica la actividad de toda su vida.
Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
Presentación del Señor
Como una epifanía más, desde los brazos de María y José. Como el ofertorio de una vida y una misa, que había de culminar en la entrega sacrificada del Cenáculo y del Calvario. Ya se lo anuncia en el mismo templo, el varón justo Simeón. Un hombre que esperaba la consolación de Israel, porque Jesús es la consolación misma. Y el Espíritu Santo estaba en él. Y el Espíritu Santo le ha había prometido que no moriría hasta ver a Cristo.
Simeón, al ver a María y a José con aquel Niño divino, conoció sobrenaturalmente a Cristo, tomó al Niño Jesús en sus brazos y bendiciendo a Dios, exclamó: «Ahora puedes dejar morir en paz, Señor, a tu siervo, porque han visto mis ojos a tu Salvador, luz para las naciones y gloria de Israel».
María y José admiraban sus palabras. Y vuelto a María le anunció: «Este ha sido puesto para ruina y para resurrección de muchos; y como una señal de contradicción; y una espada atravesará su alma».
Purificación de María
Cuarenta días después del nacimiento de Cristo, se les descubre a María y a José el futuro trágico de su familia. Es en la Purificación.
Por obedecer a una ley que no la obligaba, en afán de rehuir exenciones odiosas, José y María suben al templo de Jerusalén. Y tras la ritual purificación, ofrendan a Dios su hijo.
A su ejemplo, los padres cristianos ofrendan a Dios sus hijos para el El cumpla en ellos su voluntad divina y paternal.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
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