13 de marzo. Santa Eufrasia (382-412)

Nacida en Constantinopla, hija de un senador llamado Antígono, Eufrasia, que significa alegría, se trasladó con su madre a Egipto al morir su padre. Allí, en un monasterio femenino de la Tebaida, la niña con siete años abrazó el estado religioso, llevando una vida santísima y con severas penitencias.

Dicen que el demonio la tentó de mil maneras, con «sueños importunos», turbaciones interiores, malquerencia de otras hermanas e incluso con ataques físicos, para tratar de dejarla lisiada. Pero Santa Eufrasia siempre vencía al Maligno con las armas de la oración, la humildad y la obediencia, pidiendo para sí los trabajos más ingratos y aceptando con la alegría que anunciaba su nombre tareas inútiles destinadas a probar su paciencia.

Ya en vida, los milagros florecieron en torno a ella como sonrisas prodigiosas de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

Santos Rodrigo y Salomón

Se encuentran en la cárcel de Córdoba durante la persecución del emir Mohamed I, hijo de Abderramán II

San Rodrigo había nacido junto a la ciudad de Egabro, llamada posteriormente Cabra, y allí curso los estudios eclesiásticos y recibe la ordenación sacerdotal. Maltratado por un hermano suyo musulmán, ejerce su ministerio en la sierra cordobesa. Hasta que su mismo hermano lo entrega al cadí, acusándolo de no seguir a Mahoma

Por la misma causa está en la cárcel un cristiano mozárabe, de nombre Salomón. El juez quiere atraérselos, primero con promesas, luego con amenazas. Pero San Rodrigo responde con una contestación consignada por San Eulogio: «Nosotros sólo vivimos en Jesucristo; y morir por El es la mejor ganancia. A más furor en el tormento, más feliz Gloria nos deparas».

Y el 13 de marzo del año 857, los San Rodrigo y San Salomón aprestan sus cuellos a la cimitarra con tanta firmeza como alegría.

Santa Cristina

Virgen y mártir, es venerada en Persia desde los primeros siglos, al igual que los griegos y maronitas honran a Santa Cristina de Tiro y, desde el siglo XIII, los belgas a Santa Cristina de Brusthem, junto a Lieja, con la denominación de «la asombrosa», a causa de sus dones de oración. De una pureza tal que el menor atisbo de pecado llegaba a causarle náuseas durante su juventud. El idea de su vida se iba a realizar en el convento de Santa Catalina en Saint-Trond, hasta su muerte , con 40 años, en 1224.

Fuente: Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez 

 

 

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