23 de mayo. San Juan Bautista de Rossi (1698-1764)

Natural de Voltaggio, cerca de Génova, Juan Bautista fue cura en tiempos de Voltaire en la basílica de Santa María in Cosmedin, en Roma. Uno de esos lugares que en la ciudad eterna visitan inevitablemente los turistas con el popular mascarón de la Bocca della Veritá, que según se dice, muerde la mano a los mentirosos.

Se ocupaba de su ministerio sin brillantez y sin ruido, pero predicaba y confesaba en iglesias y conventos, en hospitales y cárceles, dedicando especial atención a los campesinos que frecuentaban los mercados de los alrededores, particularmente el antiguo foro.

Nadie se dio cuenta que convivía con un santo porque era todo sencillez, prestando humildemente un servicio espiritual, nada más. Lo cual no parece un motivo para pasar a la historia. Hizo lo que debía hacer sin llamar la atención, y sigue sin llamarla en medio de la barahúnda turística que acude a lo que fue su iglesia. A la muerte de San Juan Bautista de Rossi, sus bienes se reducían a unas pocas monedas de cobre, y ni la cama en que murió le pertenecía.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

San Desiderio de Langres

Durante el reinado de los emperadores Honorio y Teodosio, florecía en santidad el obispo de Langres, Desiderio. Al acercarse a su ciudad los vándalos, en aquella su irrupción que no terminaría hasta Vandalusía, San Desiderio da a manos de ellos la vida por sus oveja, pidiendo inútilmente a los invasores morir él solo por los demás.

San Florencio

Monje de Nursia con su abad San Eutiquio, merece por su santidad un cálido elogio del Papa San Gregorio Magno, en sus diálogos. Florencio  murió en 540 y Eutiquio  el 23 de mayo del año 547.

Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *