Joven barcelonesa excepcional, nacida en la calle Hospital, no lejos de las Ramblas, y bautizada en Santa María del Pino, iglesia de San José Oriol, a los doce años Joaquina quiere hacerse carmelita, pero no la aceptan por su corta edad. Aceptando un conjunto de acontecimientos en los que vio la voluntad divina, en 1799, con 16 años, se casa con Teodoro de Mas, hacendado de Vic y procurador de los tribunales.
Siguen diecisiete años de matrimonio, durante los cuales nacen ocho hijos (cuatro hijas serán religiosas de clausura), y en el curso de la guerra de la Independencia, en la que su marido participa activamente, corre grandes peligros y ha de ocultarse en el macizo de Montseny. Tras enviudar, pasa a vivir a Vic, y una vez orientados sus hijos, piensa de nuevo en retirarse al claustro, pero bajo la dirección de un capuchino, fray Esteban de Olot, da un rumbo inesperado a su vida y funda una orden para la enseñanza y la asistencia a los necesitados y para la promoción cristiana de la juventud, el Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, que desde 1826 se extiende por toda España a pesar de la persecución de ciertos ambientes liberales. Incluso, Joaquina conocerá la cárcel: «Unos días de retiro sentarán muy bien a mi alma».
Desea y pide las misiones; y pasar a Africa. Y al no poder personalmente, exclama: «Yo quiero que mis hijas vayan a muchas partes; yo quisiera remediar las necesidades de todos los pueblos». Durante la guerra carlista la comunidad es disuelta y ella tiene que exiliarse a Francia sin recursos. «Viviremos a costa de la señora más poderosa que hay en el mundo, la divina Providencia». En 1843, retorna a España y restaura la Orden. A su muerte en en 1854 en la Casa de Caridad de Barcelona, víctima del cólera, Santa Joaquina había fundado una treintena de casas con más de trescientas monjas. Su Congregación fructifica desde Japón y la India al Congo y América. De sus religiosas, para 1954 ya se habían introducido en Roma 29 causas de beatificación. Una de ellas, la de la madrileña Teresita González-Quevedo, que en su juventud decía a la Virgen: «Madre mía, que quien me mire, te vea» Santa Joaquina de Vedruna fue canonizada por Juan XXIII en 1959.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
Santas Rita y Quiteria
Margarita (o familiarmente Rita) fue primeramente una esposa pacientísima y abnegada madre de familia en su castillo de Rocca-Porena; y tras enviudar, y una humilde religiosa agustina en Cassia, hasta su muerte en 1456, ya septuagenaria. A Santa Rita, rosa de mayo, se le ha llamado en el recuerdo popular «abogada de los imposibles».
Aunque durante siglos fue invocada en España, Portugal y sur de Francia, Santa Quiteria es la virgen y mártir de Galicia, que en el siglo II infundía serenidad y dulzura a los atacados de los excesos de la rabia: llegando a constituir en muchas regiones como una costumbre el lanzar a los perros rabiosos, pan empapado en el aceite de una lámpara que ardiese ante su imagen.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
