4 de junio. San Francisco Caracciolo (1563-1608)

Se llamaba Ascanio, nacido cerca de Chieti, en el reino de Nápoles, y era de familia noble que le destinó a las armas. A los veinte años una grave enfermedad le movió a prometer que abrazaría la vida religiosa si sanaba. Curado, marchó decididamente a Nápoles para estudiar Teología y recibir las órdenes sagradas en 1587.

Cierto día recibe una carta equivocada dirigida a un homónimo suyo, y en el error cree ver la mano de Dios que le habla de planes de fundar una nueva orden: la Congregación de Clérigos Regulares Menores. No tarda en unirse a los fundadores de un instituto de clérigos regulares que aspiraban a armonizar la vida contemplativa con la activa. El Papa concede su aprobación. Ascanio cambia su nombre de pila por el de su admirado San Francisco.

Tres veces pasa a España para impulsar las Casas de la Congregación muy apoyadas por Felpe II y Felipe III. Su ardiente amor a Dios y al prójimo iban alimentados por una fidelidad honda a la oración y al sacrificio y una devoción plena a la Eucaristía y a la Virgen Santísima.

Cumplido su doble objetivo complementario de vivir sólo para Dios, adoración perpetua al Santísimo, oración y penitencia, y al servicio de los hombres, evangeliza a incrédulos y atiende a enfermos pobres, San Francisco Caracciolo fue elegido superior de la orden, si bien tuvo que hacer frente a una multitud de calumnias en una época posterior a Trento, en la que existía una gran desconfianza hacia las nuevas órdenes. Murió en Agnone el 4 de junio de 1608, pronunciando los nombres de Jesús y María, con una impaciencia que le hacía exclamar: «¡Vamos, vamos!». «¿A dónde hay que ir?», le preguntaron. «Pues al cielo». Fueron sus últimas palabras.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.

San Quirino

Obispo de Sissek, es condenado en Sabaria junto al Danubio por el prefecto de Panonia, Amancio, en la persecución de Galerio, a ser arrojado desde un puente con una rueda de molino atada al cuello. 

Pero ante un público atónito, el santo obispo permanece largo tiempo a flote exhortando a todos al seguimiento de Cristo, hasta que su cuerpo se sumerge con la oración en sus labios. 

Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *