Se llamaba Ascanio, nacido cerca de Chieti, en el reino de Nápoles, y era de familia noble que le destinó a las armas. A los veinte años una grave enfermedad le movió a prometer que abrazaría la vida religiosa si sanaba. Curado, marchó decididamente a Nápoles para estudiar Teología y recibir las órdenes sagradas en 1587.
Cierto día recibe una carta equivocada dirigida a un homónimo suyo, y en el error cree ver la mano de Dios que le habla de planes de fundar una nueva orden: la Congregación de Clérigos Regulares Menores. No tarda en unirse a los fundadores de un instituto de clérigos regulares que aspiraban a armonizar la vida contemplativa con la activa. El Papa concede su aprobación. Ascanio cambia su nombre de pila por el de su admirado San Francisco.
Tres veces pasa a España para impulsar las Casas de la Congregación muy apoyadas por Felpe II y Felipe III. Su ardiente amor a Dios y al prójimo iban alimentados por una fidelidad honda a la oración y al sacrificio y una devoción plena a la Eucaristía y a la Virgen Santísima.
Cumplido su doble objetivo complementario de vivir sólo para Dios, adoración perpetua al Santísimo, oración y penitencia, y al servicio de los hombres, evangeliza a incrédulos y atiende a enfermos pobres, San Francisco Caracciolo fue elegido superior de la orden, si bien tuvo que hacer frente a una multitud de calumnias en una época posterior a Trento, en la que existía una gran desconfianza hacia las nuevas órdenes. Murió en Agnone el 4 de junio de 1608, pronunciando los nombres de Jesús y María, con una impaciencia que le hacía exclamar: «¡Vamos, vamos!». «¿A dónde hay que ir?», le preguntaron. «Pues al cielo». Fueron sus últimas palabras.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
San Quirino
Obispo de Sissek, es condenado en Sabaria junto al Danubio por el prefecto de Panonia, Amancio, en la persecución de Galerio, a ser arrojado desde un puente con una rueda de molino atada al cuello.
Pero ante un público atónito, el santo obispo permanece largo tiempo a flote exhortando a todos al seguimiento de Cristo, hasta que su cuerpo se sumerge con la oración en sus labios.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.

