12 de junio. San Juan de Sahagún (1430-1479)

Juan González de Castrillo, hijo de hidalgos leoneses, nación en Sahagún y pronto por la mansedumbre de su carácter se le vio más inclinado a la Iglesia que a las armas; se educó en la abadía benedictina del lugar y luego fue paje del obispo de Burgos, el famoso converso Alonso de Cartagena, quien le ordenó sacerdote, le hizo canónigo y le colmó de beneficios eclesiásticos.

A los veinte años, avergonzado por tantos privilegios y honores, renunció a todo para hacerse simple párroco en Santa Gadea, de allí pasó a estudiar en Salamanca, y en esta misma ciudad decidió que sería agustino. En Salamanca fue muy popular por su talante risueño (se le llamaba «el fraile gracioso»), su predicación, la pureza de su vida y su espiritualidad; sus misas eran interminables, nadie quería ser su monaguillo, porque en la Hostia se le aparecía Cristo y dialogaba con Él olvidándose de los fieles. En el púlpito hablaba con una libertad y una audacia que le valieron numerosos enemigos, denunciando los abusos de los grandes señores o poniendo paz en las banderías sangrientas que desgarraban Salamanca.

Se le atribuyen infinitos milagros (hacer cesar una epidemia de peste, salvar a un niño caído en un pozo, resucitar a una niña) y según parece murió envenenado por una mujer que había jurado vengarse cuando San Juan de Sahagún convenció a su amante para que rompiese sus relaciones con ella.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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