26 de junio. San Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975)

Al principio, no era santo ni se llamaba Josemaría ni se apellidaba de Balaguer. Toda santidad depende del desbordamiento de la Gracia de Dios, pero San Josemaría la buscó a conciencia, con ahínco, por las bravas, a la aragonesa. Hijo legítimo de su siglo XX, comparte con los mejores filósofos, poetas y científicos de su siglo el interés analítico de sus propios ámbitos: la gnoseología, la metapoesía, la filosofía de la ciencia… San Josemaría predica una metasantidad.

En 1928 funda el Opus Dei, camino de santificación, explícitamente. Se alcanzaría, en la parte que nos toca, gracias al cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano en la vida civil, en los puestos de trabajo, ya fuese el despacho de un ministro o un taller mecánico, da igual, sin dejar de ser contemplativos en el fragor de la acción. Se trataba de una locura. El cardenal Ratzinger lo retrató: «Se atrevía a ser algo así como un don Quijote de Dios. ¿O acaso no parece quijotesco enseñar, en medio del mundo de hoy, la humildad, la obediencia, la castidad, el desprendimiento de las cosas materiales, el olvido de sí?».

De su vida a apostolado quedan innumerables testimonios y un reguero insondable de almas en las que sembró y siembra las ansias más altas de cumplir la voluntad divina por todos los caminos de la Tierra.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol. E.G.-M

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