5 de octubre. San Mauro y San Plácido (siglo VI)

A ellos se refiere San Gregorio en sus Diálogos al describir la comunidad de Subiaco reunida en torno a San Benito. Son figuras muy distintas pero complementarias. Mauro es un monje serio y concienzudo, ejemplar, el otro un muchacho de corta edad muy impulsivo. «Mauro es la paz serena, Plácido la alegría que canta; el uno, el hombre de la confianza del maestro, el otro, la joya de su más tierno amor. Los dos, iguales en generosidad de su sacrificio, descendientes de ilustres familias romanas, lo dejan todo por seguir a Cristo«, así los describe Fray Justo Pérez de Urbel.

San Mauro dio nombre a la congregación francesa de Saint-Maur, famosa por su saber. San Plácido fue uno de los discípulos predilectos del Santo de Nursia, de uno de cuyos milagros ambos Santos fueron protagonistas. Cierto día San Benito pidió a Plácido que le trajera agua, al cabo de un rato vio en espíritu que el niño se estaba ahogando en el lago y entonces ordenó a Mauro que fuera a salvarle; el monje así lo hizo, obedeciendo tan ciegamente que su fe le permitió andar sobre las aguas.

La regla pide a los monjes una obediencia pronta, alegre y fervorosa, lo de «hágase su voluntad» que decimos en el Padrenuestro quizá maquinalmente, tomado muy en serio, es lo que ilustra la anécdota de San Mauro y San Plácido.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

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