Archivo por meses: octubre 2024

2 de octubre. Los Ángeles Custodios

«Dios te enviará a sus ángeles para que te guarden en todos tus caminos», dice el Salmo 91, y un poeta moderno glosando la oración infantil de «cuatro ángeles tiene mi cama», precisa más la intimidad individual con el Custodio: «Pero un solo ángel/ tiene mis espíritu./ Un solo ángel/ (el más amigo)».

Antes, a los niños, después de enseñarles a rezar a Dios y a la Virgen María, se les enseñaba a invocar todas las noches al ángel de la Guarda, hermano mayor espiritual, compañero aventajado por la visión de Dios, tutor, guía, centinela, escudo, discretísimo e invisible maestro en los peligros cotidianos, aliento, aguijón, consejo, confidencia. Y esa figura angélica, venerada por la Iglesia por lo menos desde hace quince siglos, acoplada a nuestra debilidad como un plus sobrenatural de sostén y ayuda, sigue siendo un punto de la fe para chicos y grandes.

Delegados celestiales junto a nosotros, para creer en los custodios se necesita la fe que nos hace niños; nos los imaginamos como mensajeros de Dios, radiantes y alados, con una hermosura que no es de este mundo, incondicionales del alma, dulces e inflexibles como un amigo que nos quiere bien. «Fuerte compañía» dice el poeta, que no nos desampara ni de día ni de noche, atento a cada segundo de nuestra titubeante existencia. Y sabiendo que al fin nos va a presentar ante el Señor con la serena sonrisa del trabajo bien hecho (y en silencio) para que podamos llegar de su mano a la Ciudad de la Luz.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de octubre. Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)

La santa más popular de los tiempos modernos y también la menos vistosa; sólo la fuerza interior de Teresa ha impresionado a los contemporáneos, porque de puertas para afuera fue la monjita más oscura y vulgar, una más en el Carmelo normando de Lisieux, callada, obediente, gris, débil de cuerpo, tísica en sus últimos años, que ni siquiera gozaba de buena reputación entre sus compañeras y sus superioras.

Nunca hizo nada aparente ni extraordinario, nunca se movió de su sitio. Aquí no hay nada que contar, nada periodístico, llamativo, brillante. Se limitó a seguir lo que ella llamaba el caminito, «la petite voie». Adorar, rezar, trabajar, obedecer, encomendar. Su reino pertenece a lo invisible, a lo sobrenatural, y murió ignorada de todos. La gran santa de los últimos siglos vivió de espaldas al relumbrón de la modernidad, conjurando con su entrega silenciosa el estruendo diabólico que nos rodea.

Sólo después de su muerte su libro, Historia de un alma, y sus milagros la hicieron famosa, y la Iglesia la ha hecho patrona de las misiones. Asombroso patronazgo el suyo, al menos a primera vista. Santa Teresa de Lisieux, patrona de la actividad misionera, motor de la evangelización, ella, de horizontes humanos tan cortos, sin medios, sin dinero, sin salud. Sólo poniéndose en manos de Dios para todo y no conformándose con menos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.