Archivo por meses: diciembre 2024

3 de diciembre. San Francisco Javier (1506-1552)

Nació en los confines más solitarios e inaccesibles de Navarra, en un castillo almenado y de aire adusto, atenazado entre España y Francia. La suerte de las armas fue adversa a la noble familia de Javier y éste marchó a París a adquirir ciencia. Allí fue estudiante y luego maestro.

Fue atraído al embrión de lo que iba a ser la Compañía de Jesús. Su entusiasmo iba por delante de la prudencia del fundador. En Roma se desconsuela pensando que no se le ha elegido para la misión de Asia que pedía el rey de Portugal. Pero a última hora, y debido a la enfermedad de un compañero, será Francisco quien vaya a Goa, evangelice con su divina paciencia la India, recorra la isla de las especias, entra en el Japón y bautiza a miles de nuevos cristianos, casi en soledad, como un apóstol sin freno, en los pocos años que le quedan hasta que muere, consumido de ansias y fiebre, a las puertas de China.

Patrón y modelo de misioneros, San Francisco Javier que nació encastillado es un viajero para quien el mundo es demasiado pequeño y el tiempo demasiado corto, su vida no será nunca la defensa, sino la conquista para el imperio de Dios, y así gana territorios inmensos y lejanos, ensanchando la Iglesia hasta que que el cansancio le mata en plena aventura de predicar a Cristo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

2 de diciembre. Santa Bibiana (siglo IV)

En su leyenda, tardía y llena de despropósitos, que hace de Juliano el Apóstata su verdugo, no hay mucho creíble, pero Bibiana sí existió, y posiblemente también su hermana Demetria y su madre Dafrosa, cuyos restos se descubrieron en una excavación junto a las reliquias de la santa en dos vasos de vidrio, y la Iglesia ha venerado desde hace siglos el recuerdo de esta mártir desconocida.

Bernini, cumpliendo el encargo del infatigable Urbano VIII, la representó con los atributos de su martirio; la columna de la flagelación, los azotes, la corona de mártir y una sonrisa angelical que asombra o desconcierta; es la felicidad en la muerte, o, mejor dicho, la felicidad entrevista por la fe más allá de la muerte.

Desconocida por la Historia, Santa Bibiana es bien conocida por Dios, y en último término todo un símbolo de la verdad de los Santos; lo que sabemos de ellos, lo que es público y notorio, viene a ser una débil aproximación más o menos aparatosa de lo que fueron, suficiente para convencernos de sus virtudes, pero que está muy lejos de la misteriosa vida de la santidad, cuya grandeza y secreto pertenecen tan sólo a Dios, y no dejan huella en archivos, inscripciones ni testimonios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

1 de diciembre. San Eloy (558-660)

También conocido como Eligio, el lemosín, patrón de orfebres, plateros, metalúrgicos y herradores. Lo suyo era el arte de los metales nobles en el que llegó a destacar como unos de los artífices más competentes de su época. También fue orfebre de su propia vida, nombrado consejero de reyes, elegido obispo, haciéndose famoso por su honradez, su piedad, su caridad y su afán limosnero.

En la monarquía ruda y bárbara de aquellos siglos oscuros, Eloy es una centelleante estampa dignísima e insólita. Trabajador de lo perdurable que convierte en belleza superior el oro y la pedrería, la libertad y las almas. Sólo le atrae lo que no desaparece, lo que no se consume, y se dedica a realzarlo. Artesano de la santidad en tiempos turbulentos en los que reina la violencia.

El exigente y fiel San Eloy supo guardar en palabras de San Juan Pablo II «la proporción adecuada entre la belleza de las obras y la belleza de las almas». Hizo bien su trabajo, sin regatear esfuerzos, sabiendo que sólo una cosa es importante, aristocráticamente despreocupado de todo lo que no fuese la voluntad de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.