Debió de nacer en Eisleben, la cuna de Lutero, a los cinco años ingresó para su educación en el monasterio cisterciense de Helfta, muy cerca del lugar de su nacimiento, y al parecer nunca salió de allí. Gertrudis profesó en esta orden, pero no tuvo ningún cargo en ella y su vida transcurrió sin ningún accidente externo digno de noticia.
Hasta los veinticinco años estuvo ávida por adquirir una gran cultura, pero después de tener una visión de Jesucristo, se dedicó exclusivamente a la Biblia, a los Padres de la Iglesia y a la liturgia. Renunció a los saberes humanos por sabiduría superior, haciéndose una pura contemplativa. Sus Revelaciones, el Heraldo del amor divino y otros escritos tuvieron una enorme influencia en la espiritualidad medieval, sobre todo en la mística alemana, y se le atribuyen también los primeros atisbos de lo que luego será una devoción tan difundida entre los católicos como la del Sagrado Corazón de Jesús.
«In corde Gertrudis invienietis me», en el corazón de Gertrudis me encontraréis, Cristo como habitante del corazón humano que le es fiel. El atributo por el cual se representa a Santa Gertrudis es un corazón en llamas habitado por el Niño Jesús. De ahí los versos finales del soneto que compuso en su honor Lope de Vega:
Custodia sois mientras gozáis el suelo,
y puesto que todo Dios en él se esconde,
Mayor tenéis el corazón que el cielo.
Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol
