Archivo de la categoría: Hemeroteca

Hemeroteca

Empresarios

Tocado, esperemos que no hundido, saldrá el sector empresarial de esta trágica pandemia. A las bajas producidas en sus filas por el letal virus, hay que sumar cuantiosas bajas en el Registro mercantil por la drástica paralización de la economía. Malas noticias para España al restar potencia a un extraordinario motor de creación de empleo y riqueza. Y pésimos augurios al hablar el irresponsable Iglesias de nacionalización de la actividad económica.

Históricamente, empresario y hombre de negocios nunca gozaron de buena prensa ante la izquierda. Desde su oprimida visión manchesteriana, el comunismo siempre los señaló para sentarlos en el banquillo de los acusados. En un libro escolar de la Rumanía comunista, bajo el epígrafe “Cómo trabajaban antes los obreros”, se proponía a los alumnos un ejercicio de redacción en el que desarrollar el siguiente esquema: Un obrero es aplastado por una viga que le cae encima. El patrono, mientras fuma un cigarro, dice: “¡Diablo! ¡Se fastidió la viga! Posiblemente haya crueles empresarios, igual que crueles ingenieros, médicos, abogados o funcionarios. La experiencia también demuestra que un comisario del pueblo (gerente estatal, eufemísticamente hablando), resultaba mil veces más duro que un patrono. Por no remontarnos a la cúspide de la terrorífica nomenclatura soviética sobre la que Nikita Kruschev contaba que cuando Stalin nos llamaba a su despacho no sabíamos si saldríamos de allí con vida.

El propietario particular, hoy autónomo, también fue perseguido por el comunismo, para quien la producción a pequeña escala engendraba burguesía y capitalismo. De ahí, su aversión hacia los pequeños negocios y su pretensión de exterminio del comercio minorista, ya que una economía planificada era, según sus disparatadas consignas, una forma superior de economía popular al estatificar industrias y comercio. Nuevamente, la práctica evidenció que el intervencionismo y la escasez son inseparables, mientras que la libertad es indicio claro de abundancia.

La socialdemocracia, en su versión más sectaria y de visión raquítica, tampoco considera a la iniciativa privada una fuente de progreso para la nación. Partidaria del dirigismo frente a la libertad económica, coexiste pero no convive armónicamente con los empresarios despreciando de modo obsesivo el principio básico para la prosperidad económica: es mejor aumentar la producción que distribuir la renta. El igualitarismo siempre ha sido la peor enfermedad socialdemócrata, a pesar de que un socialista como el francés Marcel Sembat dijera en 1914 que equiparar las fortunas por medio de impuestos equivaldría a intentar allanar el Mont Blanc con una apisonadora.

No resulta extraño que desde el Gobierno se insista puerilmente en una impertinente contraposición entre trabajadores y empresarios. Consecuencia de esa incoherencia de la vieja escuela progresista consistente en pedir unidad a todo una nación y promover nefastos antagonismos entre ideologías, clases y territorios. Cuando Sánchez invoca el Plan Marshall o los Pactos de La Moncloa, aún suponiendo que hable con la buena fe de un maestro de escuela, cabe preguntarse, no si sabe en qué consistieron aquellas iniciativas, sino si su vicepresidente Iglesias lo sabe.  

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 5 de abril de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211808/empresarios.html

Café

El CAFÉ lo inventó la Falange como contraseña entre los suyos: Camarada Arriba Falange Española. Lo mismo el café es facha, salvo que sea Marcilla o Saimaza. El café se empleó como arma política contra Winston Churchill por Lady Astor, primera mujer en ocupar escaño en la Cámara de los Comunes, y que, saturada por el mordaz lenguaje del dirigente británico, espetó a éste: Si usted fuera mi marido, le echaría veneno en el café. Con su ágil dialéctica, Churchill respondió: Señora, si usted fuera mi esposa, me lo bebería. Hay marcas cafeteras que son caramelos envenenados y no se quieren ni regalás. Marcilla y Saimaza circulan malditas por redes sociales como sinónimos de Sodoma y Gomorra, Bonny and Clyde o Hitler y Stalin. Un torpe directivo del grupo cafetero, independentista catalán en el fuero interno de las opiniones personales, ha certificado que los españoles somos fascistas. Churchill dijo que los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas. Los cafés echan humo, las cafeteras silban como locomotoras y el pobre directivo parece un hombre solo, cortado y manchado que acabará tostado. A Marcilla y Saimaza les ha salido un grano y no precisamente de café en las ventas y tendrán que torearlo. Libertad de expresión y libre mercado.

Muchas ideas que han conformado la Europa actual se pensaron y repensaron en las terrazas y a través de los ventanales de los cafés. Vargas Llosa tiene escrito que Europa es ante todo un café donde se escribe poesía, conspira y filosofa. El café de París, el de Viena, el Gerbeaud de Budapest, el irlandés, el Gijón. Coincidiendo con el nacimiento de éste, el separatismo comenzó a ser en España una enfermedad nacional. Tras cien años, continúa siéndolo, agravada por convulsiones golpistas provocadas, quizás, por la cafeína. Hay personas que tienen muy mal beber, otras muy mal café y las hay también con muy mala leche. Que los españoles somos fachas no es novedad. Empezamos siéndolo con los reyes godos y nos ratificamos en ello bajo el reinado de los Reyes Católicos, que sellaron la unidad de España con el yugo y las flechas, otro invento falangista. Fuimos fachas con orgullo al echar a los franceses de nuestro suelo. Continuamos siéndolo durante la II República, que vino porque Alfonso XIII se fue. Nuestro fascismo se refinó con la democracia, traída gracias al Rey Juan Carlos, sucesor de Franco, Adolfo Suárez, que vistió camisa azul, y Miguel Primo de Rivera, sobrino del fundador de la Falange. Sí, toda España es un facherío tal, que una ardilla puede ir de Barcelona a Cádiz saltando de brazo alzado en brazo alzado. A los españoles nos encanta montar el Belén en Navidad, salir de procesión en Semana Santa, ir a los toros en la feria, colgar la enseña nacional en el balcón, animar a nuestra Selección en el Mundial o leer el Marca o el As mientras nos tomamos un café, pero no de Marcilla ni Saimaza. ¿Cómo no vamos a ser fachas?

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 8 de abril de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/188486/opinion/cafe.html

Independenazis

Hitler vociferaba: los judíos arruinan Alemania. Chillan los independenazis: España nos roba. Aquél mandó incendiar el Reichstag. Estos han abatido al Parlament. El totalitarismo engaña para justificar su relato redentor y su barbarie. Acosar a alcaldes defensores de la ley revela esa insidiosa falta de respeto hacia el adversario político que impera en Cataluña desde hace años. Destrozar vehículos policiales evidencia esa loca prepotencia de quien se cree legitimado por una historia hecha a su medida. Atacar el comercio de quien disiente es un siniestro revival en versión estelada de la esvástica campeando durante La noche de los cristales rotos. Tras años adoctrinando en las escuelas mediante libros de texto que falsifican vergonzosamente los hechos hasta lo irrisorio, el secesionismo usa a sus Hitlerjugend para tomar la calle e, incluso, la Universidad, doctorándose los estudiantes como soldados políticos, tal y como se les exigía bajo el nacional socialismo. Y para cerrar un irresponsable círculo infernal, centenares de sacerdotes ansían una supuesta Iglesia catalana, emulando aquél Cristianismo alemán, títere del III Reich y preocupándose más por el territorio y la frontera que por salvar almas. ¿Y son estos quienes quieren dialogar? Claman democracia y avasallan a la oposición. Invocan la ley los mismos que la vulneran. Presumen de pacíficos cuando imponen una guerra de nervios. Inventan su derecho a decidir allí donde el ordenamiento no lo contempla. Y así revientan la legalidad. Una revolución consiste en alterar una Constitución a través de medios no previstos por ella.

Quien se sitúa fuera de la ley, delinque, y acaba convertido en delincuente y con probable destino en prisión; preso común, no político. Error conceptual inexplicable en un profesor universitario de Ciencias políticas, metido a demagogo populista. Pablo Iglesias debiera volver a la tarima docente a explicar a sus alumnos dos golpes de Estado contra la democracia española: el 23-F en el Congreso de los Diputados y el 8-S en el Parlament. Pero como el de todos los izquierdistas radicales, el drama de Iglesias es que está enfermo de sectarismo y demagogia. Y el aquejado más crónico es Rufián, tipo achulado que dispone de dos equipaciones cuando salta a la tribuna del Parlamento: la negra del fascismo y la parda nazi. Su crispación totalitaria siempre sintoniza con ambos colores. Esta turba no persigue la independencia de Cataluña, sino la destrucción de España, la quiebra de un Estado democrático y de Derecho.

Los catalanes están hoy en manos de agitadores más que de gobernantes. ¿Quién se ocupa de los problemas de la gente? ¿Dónde están las élites catalanas? ¿Dónde quedó aquél catalanismo inspirado y dirigido por Francesc Cambó que, rechazando al separatismo y al marxismo, pretendía influir en la dirección de la política española. ¿No se dan cuenta algunos que en Cataluña pero también en el resto de España los tontos y los malvados van aumentando y tornándose en amenaza? Es la libertad la que hace que, a pesar de pertenecer a orillas diferentes, muchas personas se encuentren más cerca que nunca. Entre demócratas no se va a la guerra. Sí cabe solución si previamente cabe concordia y sentido común. En Historia de un alemán, Sebastián Haffner afirma: Ni Austria ni Checoslovaquia, el primer territorio ocupado por los nazis fue Alemania. Y Alemania dejó de ser Alemania. Los independenazis pretenden que Cataluña deje de ser Cataluña.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 24 de septiembre de 2017. https://www.elimparcial.es/noticia/181801/opinion/independenazis.html

Inés

Inés Arrimadas, la Agustina de Aragón al catalánico modo, nos decepcionó abandonando aquél cañón de sufragios con el que había tumbado al independentismo en Cataluña para cruzar el Ebro y hacer política en Madrid. En la ribera del Manzanares aspiraba a tener más cañones. Y aunque hoy es la jefa, sin embargo su partido parece casi en retirada y, por ahora, solo dispone de una escopetilla de feria, que algún susto que otro puede aún dar.    

Con estruendo Inés ha cruzado el Rubicón para adentrarse en territorio progresista minado de opacidad, sofismas y engaños, exclamando como Julio César “alea jacta est. Sigamos adelante hacia donde nos llaman las señales de los dioses y la iniquidad de los enemigos”. Sin embargo, Inés no es Hernán Cortés quemando sus naves; y si no la tranquiliza un sólido plan B, podría regresar del lado opaco de la coalición volviendo en sí tras catorce días febriles y estupefacientes, que son, según los expertos, suficientes para saberse infectada por el virus ideológico propagado desde Moncloa. Solo un Gobierno con mayoría absoluta de fiar podría prescindir alegre y confiadamente de un plan B. De lo contrario, debiera disponer de plan B, C o D, de dimisión. 

Hay personas que quedan satisfechas por verse con fama aunque sea infame. El templo de Diana en Efeso fue incendiado por Eróstrato, solo porque quiso hacer su nombre inmortal. Los de Efeso para castigarle ordenaron que nadie lo nombrase como autor del suceso, pero Teopompo lo hizo. Así, este incendiario pasó a la posteridad, como siglos después pasaría Goering, que prendió fuego al Reichstag, arrastrando también en la Historia el nombre de Van der Lubbe. Porque a río revuelto, ganancia de demagogos sin escrúpulos que especulan con la ingenuidad y la estupidez de la masa. Famosos por curar más que por prevenir, curanderos que, según Reegan, luego se enfadan cuando aparece un médico con un tratamiento que funciona.   

“No soy un dictador, solo he simplificado la democracia”, dijo Hitler tras convertir la República de Weimar en el Tercer Reich. Partidario de plebiscitos y ultimatúms, acumuló tanto poder porque nadie le paró los pies a su debido tiempo. En 1938, ni Chamberlain ni Daladier quisieron prevenir en Munich. Sería un año más tarde, cuando Churchill y De Gaulle se vieron obligados a curar. Los primeros anhelaban la paz y tuvieron la guerra, luego ganada por los segundos. En 1958, De Gaulle daría a elegir entre él o el caos. Ante el caos del mando único, Inés ha preferido salvar vidas. Para más tarde salvar haciendas. Pero corremos el riesgo de que por salvar vidas y haciendas se nos hunda la libertad, y se nos ahogue la verdad. La gente está harta de oír siempre los mismos embustes sabiendo que la verdad no la van a escuchar. Ojalá que Inés vuelva para defender la libertad con aquel cañón con el que derrotó a la mentira y al totalitarismo. Porque nos hará falta.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 10 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/212929/opinion/ines.html

El chalé y la chalesa

Gracias a la economía de libre mercado y la democracia, Pablo Iglesias e Irene Montero han pasado de vivir en una frágil tienda de campaña en Sol a un chalet de ensueño en Galapagar, nueva tierra prometida como lo fue Torrevieja para tantas parejas concursantes y concursantas del Un dos tres. La prosperidad de este matrimonio tan afortunado es la prosperidad de España. ¡Si Girón de Velasco y Pepe Solís levantaran la cabeza! ¡Ni un español sin pan ni un hogar sin lumbre! Su veloz progreso es el de tantos matrimonios de bien que, diciendo adiós a la dura y desagradable crisis económica, disfrutan de una merecida promoción social y se reencuentran con la hipoteca y el hipoteco accediendo a una espaciosa casa provista de piscina y piscino con que combatir el calor del verano y la calora de la verana. Atrás quedaron las impertinentes estrecheces económicas que impedían el florecimiento de las familias y el ensanchamiento de los hogares.

Iglesias confiesa que la adquisición de la maravillosa morada (y morado) no se ha hecho con fines especulativos. Ramón Espinar, el inmobiliario, ha agradecido lección tan impagable. Montero, esperanzada y jubilosa, dice iniciar un fascinante proyecto de vida y de familia. España entera desea fervorosamente que este joven y podélico matrimonio rebose de retoños y retoñas el nuevo hogar, infundiendo en aquéllos y aquéllas el sentido de la vida familiar y el cultivo de las virtudes hogareñas, y proporcionando a la madre patria fieles contribuyentes y esmerados cotizantes a las arcas públicas. En este negociado, Monedero prestará asesoramiento como fuente de cotización a la Seguridad Social. Los españoles esperan que con su instinto revolucionario y básico, Pablo e Irene logren dar un vuelco a nuestras raquíticas tasas de natalidad. Además de su conversión al capitalismo y a la democracia, la pareja y el parejo querrán que sus hijos reciban la clase de religión en lugar de instrucción sexual. Que los niños aprendan cómo fue creado el primer hombre, antes de saber a edad temprana la forma en que se hizo el segundo.

Los que llevaban el comité no sé cómo lo harían, pero yo me peleaba cada día con ellos reprochándoles que había un burgués y os habéis puesto siete. Testimonios como este, de un trabajador durante la guerra civil española, en el fragor de la revolución del movimiento obrero, definen ese rasgo tan habitual en los políticos de la izquierda: la incoherencia, ese arte de decir o hacer hoy una cosa y mañana la contraria. El peor enemigo de un comunista es la hemeroteca. Pablo Iglesias censuró en su día a un ministro del Gobierno de España por haberse comprado una vivienda de 600.000 euros y euras. Hoy él ya tiene por el mismo dinero una casa y un caso; un chalé y una chalesa. Donde había un burgués, ahora hay dos más. Y más niños. Y vio Dios que eso era bueno.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de mayo de 2018.  https://www.elimparcial.es/noticia/189867/opinion/el-chale-y-la-chalesa.html

Fuente gráfica: El Español.

Doctor Sancheztein

España entera recibe con indescriptible entusiasmo la feliz noticia de tener como presidente del Gobierno un doctor en Diplomacia económica. Desde el monarca Felipe II, los españoles no se regocijaban jubilosamente ante uno de sus estadistas. A sus excelsas cualidades como gobernante, Pedro Sánchez suma su ejemplar y modesto magisterio en la intrincada ciencia de la Economía. Su humildad explica que no se jacte del insigne logro académico: jamás presumió Yo soy doctor en Diplomacia económica. Tuvo que ser Albert Rivera, a quien los españoles le estamos sumamente agradecidos, el que con gran maestría animó efusivamente al presidente a desempolvar la tesis y sacarla del silencio de la biblioteca. Está bien conservar la obra maestra, pero es crucial transmitirla para que florezca el manojo de las brillantes soluciones ante los problemas que nos acucian. La Humanidad por fin accederá a un alto exponente del pensamiento económico actual sin el que nuestra civilización apenas existiría.

Quienes se dedican a escudriñar la tesis del doctor Sánchez quedan gratamente sorprendidos por su buen oficio de hombre de letras, su amplia preparación y su extremada facilidad de palabra y de pluma, propio ello de un talento extraordinariamente maduro. El trabajo evidencia que su autor no es investigador que divague o haga concesiones a la facilidad, tampoco se limita a nadar en la superficie, sino que bucea en los complejos fondos de los archivos con gran capacidad de resistencia. Es, luego, en la calma de la reflexión, en perfecto equilibrio con esa inquietud perenne por el constante estudio, donde Sánchez ha logrado alumbrar un excelente y magistral estudio, que alcanza una finalidad didáctica, encender en muchos iniciados el amor y la pasión por la Diplomacia económica. Sí, debe afirmarse sin titubeos: nuestro ilustre académico ha sentado cátedra y su materia está de moda.

La tesis se ha convertido en genial libro permitiendo más fácilmente divulgar el aluvión de ideas y fórmulas propuestas por nuestro docto doctor para vadear las crisis que atenazan a las modernas economías. El libro es de los que inconscientemente se mete uno en el bolsillo para luego sacarlo de vez en cuando, a ratos perdidos, y saborearlo a sorbos sustanciosos. Es una lectura que invita a pensar, que se aprovecha y sacia las ansias del saber. El autor derrocha una vasta cultura. Adopta una postura de científico, que no de figurante. Una posición digna de aplauso por su afán de originalidad y por la ponderación y agudeza de su sentido crítico. Añádase a ello el estilo limpio, depurado, fino, sutil, elegantemente sobrio y de inspiración exquisita. La técnica es equilibrada, de excelente calidad y con modernísima aportación del power point.

Pero cuando se quiere desdorar a un buen escritor se deben dar razones consistentes y no sutilezas que se deshacen al menor razonamiento. Se han desatado rumores de plagios, se oyen susurros de calcos, que si astucias, que si argucias. ¡Minucias! Nada lastra a nuestro sabio presidente, que con esa seguridad que le es propia, no necesita envolverse en nebulosas ni adoptar un tono doctoral para hacerse valer. Simplemente, con la celeridad de un Falcon, el académico Sánchez ha anunciado una nueva edición de su libro. Todos los españoles la esperamos impacientes con la seguridad de que la reescribirá con sencillez liberándola de toda densidad erudita y con galanura literaria la hará decididamente encantadora, como él solo sabe. Esperamos también que el presidente confirme en el Parlamento su autoría de tesis y libro con la misma contundencia reiterativa con la que apabulló a la audiencia al decir por televisión: El presidente del Gobierno soy yo. Cuando toda España mantiene en vilo la respiración, recordemos a don Jacinto BenaventeBienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán todos nuestros defectos. 

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial https://www.elimparcial.es/noticia/193875/opinion/doctor-sancheztein.html

Alarma

Hasta en cinco ocasiones un Sánchez desconcertado y con sonrisa forzada repitió ante la nación que el virus no distingue colores políticos, ideologías ni territorios. Semejante comentario, impensable en Italia, Alemania o Francia, provoca más alarma que el coronavirus. Pero era la excusatio non petita a la acusatio manifiesta de quien ha practicado en la vida nacional una política estrecha y sin vuelos, atizando las discordias civiles, saturando de prejuicios ideológicos y exagerando la contraposición de intereses entre los españoles. Día tras día los italianos son más italianos, los alemanes más alemanes y los franceses más franceses, pero los españoles estamos cada vez más desunidos, observando perplejos la sectaria, raquítica y miserable mentalidad de ciertos políticos, especialmente dirigentes autonómicos.

Una turbulenta atmósfera de intrigas rodea ya a esa heterogénea coalición que apuntala al Consejo de Ministros, del que emerge una inquietante humareda de egoísmos. Bien sabe el comunismo que todo lo que signifique confusión sirve para la causa revolucionaria y subversiva. Algunos se aplicaron decididamente a ello aunque sin lograr la puesta en marcha de sus colosales aparatos del colectivismo y nacionalización. Otros se delataron por su rasgo mas acusado: la ambición de poder, bajo la que se esconde un partidismo miope y cicatero y una indigencia de soluciones.

Todo empezó mal. Los españoles no somos de medias tintas, sino de francas y directas acciones. Preferimos saber antes que aprender después. Cuando más necesaria era la claridad en las informaciones y la rapidez en las decisiones, el Gobierno receloso y corto de miras se limitaba de forma calamitosa a señalar hechos sin sugerir remedios y a decir verdades parciales. Por tactismo ideológico compraron al feminismo la paz de un día hipotecando durante meses la salud de muchos españoles. Y cuando una preocupación común se adueñó de la ciudadanía decidieron finalmente cargar la escopeta mientras la perdiz quedaba fuera de tiro. Inevitable el resultado: Un Gobierno ineficaz, incapaz e impotente arrollado por los acontecimientos presentes y futuros: una peligrosa pandemia, un  desorden productivo y una desintegración económica.

Si salimos de esta crisis, no será gracias al Gobierno, sino a pesar del Gobierno. En nuestra Historia hay momentos convulsos en los que el pueblo español demostró más altura moral que sus dirigentes políticos. El actual es uno de ellos. Con el esfuerzo de toda la nación, con los recursos magníficos de abnegación y de sacrificio que anidan en nuestros corazones superaremos esta hora difícil que debe servirnos de aglutinante. Es preciso agruparnos sin rivalidades ni odios y sacar a relucir nuestro gen unitivo nacional. Tiempo habrá para el análisis minucioso y la crítica implacable. Porque se pueden pedir cuentas a individuos, pero no se debe entorpecer la protección y el bienestar para un pueblo entero. Tengamos confianza. Seamos disciplinados. Trabajemos sin descanso con afecto desinteresado y espíritu de cooperación. Y, por supuesto, agradezcamos, admiremos y animemos con entusiasmo a esos luchadores infatigables de nuestro sistema sanitario que con generosidad y entrega han cogido a España en sus brazos. Soldados enviados a librar una guerra con el enemigo ya dentro.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de marzo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/211048/opinion/alarma.html

Piezas básicas de un puzle

La historia del papado lo es de entrega y generosidad, de martirio, sin clavos como decía Pío XII, y de santidad. Sin la historia del papado no se entiende la historia de la humanidad. Juan XXIII y Juan Pablo II son piezas básicas para componer el puzle de la pasada centuria. Tras las terribles experiencias de los totalitarismos, sus pontificados constituyen una gran obra pacificadora y educadora, especialmente, en el mundo europeo. Ambos desarrollaron una intensa labor en la defensa de los derechos del hombre, de la dignidad humana y de la justicia social.

Juan XXIII, intuitivo e inspirado, comprendió «el signo de los tiempos» y cambió el rumbo de la historia. De espíritu bondadoso y talante atrayente, no sólo para el católico –también para el hombre de buena voluntad–, convocó el Concilio Vaticano II, que abriría las puertas y ventanas de la Iglesia para salir a la búsqueda de una humanidad mejor. Hoy está desfasado hablar de aquel gran acontecimiento en clave de ruptura o de discontinuidad. Como dijo Benedicto XVI, sólo una «hermenéutica de la continuidad» nos lleva a una lectura justa y correcta del Concilio. Juan XXIII propuso toda una verdadera renovación eclesial y una profunda reconstrucción social. No es el Evangelio el que cambia, afirmaba Roncalli, somos nosotros, que comenzamos a comprender mejor.

Juan Pablo II, universal y mediático, se erigió en el Papa de la libertad del hombre, y por ende, de los pueblos, condicionado por su origen polaco. Rescató a la Iglesia de cierto marasmo y la puso a dialogar con los hombres de ciencia. Desarrolló una viva y penetrante actividad en el campo eclesial pero también en el cultural y social. En suma, muy cercano a los terrenos del hombre. Viajaba por y para el Evangelio. Popular entre la juventud y referente de toda una generación. Wojtyla nos advirtió de que no tuviéramos miedo si abríamos las puertas a Cristo, a quien nadie tiene derecho a expulsar de la Historia. En sus últimos días, Juan Pablo II nos enseñó su más imponente legado: que la debilidad del cuerpo puede ser compatible con la fortaleza del alma. Vivió libre y murió digno.

Como sucesores de Pedro, Juan XXIII y Juan Pablo II siempre anunciaron el mismo mensaje: que la religión de Cristo es una religión a favor del hombre y por ello es la religión del amor.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 27 de abril de 2014. https://www.larazon.es/religion/piezas-basicas-de-un-puzle-GI6208811/

El apagón del 14 de abril

La II República es a la democracia lo que la silla eléctrica a la electricidad. No llegó por sufragio universal. Las elecciones del 12 de abril fueron municipales y 22.150 concejales monárquicos triunfaron sobre 5.775 republicanos. Pero como un cortocircuito en el sistema, se proclamó la II República. Comenzó como progreso, pronto mudó a retraso y sucumbió en tragedia por sectarismo y demagogia. El no es esto, no es esto, de Ortega, Marañón o Pérez de Ayala, demuestra que el amor de aquél régimen a la libertad fue una simple y verbal declaración. De la alegría soleada del 14 de abril se pasó a los negros nubarrones de un republicanismo radical, antirreligioso y netamente masónico desembocando en oscuridad frentepopulista, sometida a la estricta obediencia soviética.

El Frente Popular hundió a la República en un reguero criminal de elecciones amañadas y eliminación de adversarios, como José Calvo Sotelo, crimen de Estado igual al cometido por el fascismo italiano con Matteotti. La táctica de los Frentes Populares, creada por el stalinista Dimitrof, fue la favorita del partido comunista que siempre se comportó en los sistemas democráticos de la época como un submarino en inmersión del cual solo se ve el periscopio. Durante la República actuó como caballo de Troya atacando con total desfachatez a la democracia desde dentro y avanzando hacia el poder en alianza con unos socios, aniquilados implacablemente (Andres Nin, del POUM), cuando estorbaban en el camino hacia la victoria final.

También fue grande el desacierto político de hombres como Niceto Alcalá-Zamora, y grande su responsabilidad en la guerra civil. Por su conducta personalista y estrecha, cerrando el camino a las fuerzas triunfantes en las elecciones de 1933, el que fuera presidente de la República entregó ésta al marxismo. Fue una víctima más del régimen que deliberadamente ayudó a implantar y que acabó por eliminarle. Alcalá-Zamora, católico y republicano, burgués y “de orden” fue el figurón que tremolaron los republicanos para aplacar el temor de los conservadores. En 1945 publicó un libro, Régimen político y convivencia en España. Lo que debe ser y lo que no debe ser, en el que demuestra cómo la misma República violó su propia legalidad aunque descuide señalar que él consintió en ello. Se refería a la revuelta de Asturias de octubre de 1934, brutal golpe de Estado de la izquierda marxista contra la legalidad republicana. Esta fue defendida únicamente por la derecha combatiendo y encarcelando a los golpistas, puestos en la calle más tarde por el gobierno del Frente Popular mediante una parodia de amnistía.  

Algunos se empeñan hoy en presentar aquél fatídico régimen como un idílico hábitat de libertad y justicia, olvidando que el marxismo jamás soporta la democracia sino en cuanto sirve a sus fines. Y si se ve contrariado, rompe el juego parlamentario y quiebra la convivencia democrática tratando de imponerse por la fuerza. Los grandes remedios contra el marxismo son siempre la democracia, la libertad y el bienestar, que nunca vieron la luz durante el apagón republicano.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de abril de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/188721/opinion/el-apagon-del-14-de-abril.html

Fuente gráfica: Diario ABC

Singularidad según Sánchez

Volvía Castelar en cierta ocasión del Parlamento, aún sudoroso ¿Qué tal don Emilio? le preguntó un correligionario ¡Ni Demóstenes! En esta caricatura de democracia en que se ha convertido nuestro sistema político algunos se creen, no ya Demóstenes, sino Castelar. Ayunos de ideas, los ciudadanos tragamos solo ocurrencias: “pacto político con Cataluña que, respetando las implicaciones del principio de igualdad, reconozca su singularidad”, es la penúltima ocurrencia de Pedro Sánchez. Lo singular del líder socialista es que no solo no resuelve, sino que crea problemas.

Indro Montanelli solía clasificar las estupideces de la gente en frases memorables, definiciones tajantes y anécdotas de salón y de hostería. Lo de Sánchez es una mezcolanza de las tres categorías. Memorable, tajante y anecdótico; si bien esto último, más de salón que de hostería. La hostería nos retrotrae a un tiempo en que Europa fue Cristiandad. Pero con la Reforma protestante y la Guerra de los Treinta Años se rompió aquella unidad. Entonces se inicia el culto a las nacionalidades, a los sedicentes genios de las razas, a las lenguas, a los territorios, como factor de diferenciación. Aparecen los nacionalismos, emerge la Paz de Westfalia y surge la locura de Europa. El nacionalismo excluyente ha sido una de las más grandes desgracias del mundo moderno. Una enfermedad infantil, dijo Einstein tildándolo de sarampión de la Humanidad. Freud lo trató en su diván: el nacionalista toma las diferencias menores y las transforma en grandes distinciones. Se embellecen y repulen los pasados gloriosos, y pueblos que nunca habían pensado en sí mismos como tales comienzan de repente a imaginarse naciones.

Sánchez ha descubierto por fin el hecho diferencial catalán, el mismo al que renunció Josep Pla: Nosotros no tenemos que ser catalanistas, con ser catalanes nos basta: catalanistas que lo sean los charnegos. El socialismo ya no propugna el federalismo asimétrico para Cataluña, sino la singularidad. Pero este fenómeno se da en todos los territorios de España: El pan de tres libras que la Eusebia cuece los sábados, el ahijado Juanón, la pulguilla que ataca la remolacha, el puesto de melones en la carretera…Incluso, en Andalucía se da una forma singularísima de gobernar a base de siglas: PSOE, PER, ERE, exportada ya a otras regiones en donde se la rodea de tipismo propio. Es ya objeto análisis, especialmente, en los Tribunales de Justicia. Gerald Brenan tiene un estudio sobre Rocinante, el único caballo de la literatura que tiene individualidad. La historia, la ficción y la leyenda están pobladas de héroes a caballo. Se sabe mucho del héroe, y del caballo apenas otra cosa que el nombre y a veces el color. De Rocinante se sabe cómo solía correr y hasta cómo dormía. Con rotundidad podría sostenerse que Rocinante tiene singularidad y es diferente a otros caballos. Como se entere Sánchez, igual propone un pacto.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 5 e junio de 2016. https://www.elimparcial.es/noticia/165694/opinion/singularidad-segun-sanchez.html