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Fabrice Hadjadj: un combatiente espiritual

Para Miguel de Unamuno la agonía del cristianismo consistió en una contienda que se desata no entre intelecto y sentimiento, sino entre Cristo y Lucifer. Esa lucha religiosa supone para el hombre combatir por una divinidad que le vive por la fe y que por lo mismo está constantemente amenazada de morir por incredulidad. Este depender Dios del poder creer del hombre representa el nudo gordiano de su combate. Rasgos netamente unamunianos perviven en el pensamiento del filósofo francés Fabrice Hadjadj, cuando sostiene que “el verdadero combate se juega en el interior, en el campo propio, que las grandes batallas espirituales empiezan dentro de cada persona en su capacidad para resistir al pesimismo y abrazar una esperanza auténtica”. Porque el pesimismo (nada puede hacerse), que es contrario a la gracia y a la fe, nos lleva, como el escepticismo (nada debe hacerse), a la indiferencia, al más puro nihilismo. Es esta la peor de las actitudes en que puede incurrir un católico. Mucho peor que el miedo. Porque este pensador cristiano también se refiere al miedo ante el reto que supone vivir en el mundo actual: “Lo primero que experimentamos es la emoción menos confesable: el miedo. No tanto el miedo de morir, como el miedo de vivir a la altura del desafío”.

Este mundo actual en el que haber nacido y, por consiguiente, vivir constituyen para Hadjadj una suerte nos desafía constantemente como católicos. Y él propone que, sin indiferencia ni miedo, perseveremos en la lucha, no abandonarla por el tedio ni el cansancio, y estar bien provistos del depósito de la fe, sólidamente pertrechados de espiritualidad. Nos insta a ser fieles a la máxima evangélica de vivir en el mundo sin ser del mundo, pero no atrincherarse frente al mundo. “No dejarse seducir por los valores del enemigo ni caer en la tentación de responder con las mismas armas”. Así podremos afrontar los retos que nos plantea la posmodernidad que, a diferencia de la modernidad, “no busca soluciones sino evasiones”. Si Pablo VI afirmaba que el drama del hombre moderno es haber salido de casa perdiendo la llave para volver, el drama del posmoderno es que ya no quiere volver al hogar. Se ha evadido, y en su evasión, ha terminado por extraviarse. Fascinado ante el imperio tecnológico-científico, se comporta inconscientemente disponiendo de forma egoísta y sin límite alguno de todo lo existente. En su frenética carrera lanzada hacia conquistas materiales confunde su deseo con la libertad y satura su hastiada existencia de tantas posibilidades como de peligros, de tanto progreso como desbarajuste, sin poder discernir entre el bien y el mal, quedando secuestrado en el zulo del relativismo. Incapaz de construir sobre lo que existe, el hombre de hoy se afana alegre y confiadamente por desmantelar los cimientos del pasado, ignorante de que con ello acelera la pérdida del contacto interpersonal dentro de sus espacios naturales. La consecuencia es la debilitación del matrimonio y el decaimiento de la relación entre padres e hijos, en suma, la disolución de la familia. En efecto, el hombre posmoderno no quiere volver a casa.

Hadjdj nos advierte del peligro de la deshumanización. “Europa desespera de lo humano”. Predomina el empeño en convertir al hombre en una especie de diana contra la que lanzar el dardo del antihumanismo. Un entorno de hostilidad rodea a la persona en esta época de angustia y quiebra de virtudes naturales. Hay afán por desarrollar proyectos de claro signo deshumanizador. Desde la ciencia hasta la política, pasando por la economía, la tecnología o la cultura, se pretende crear una especie de ecosistema inhóspito para el ser humano. Ante este horizonte de desafíos, el filósofo francés indaga sobre el martirio de la coherencia con el Evangelio a que es sometido el católico en el tiempo presente. Creen muchos ser católicos y por católicos son tenidos, pero jamás se han sentido conmovidos por la gloria de la verdad que es Cristo en acción. Con su apatía son cómplice s de quienes se aplican a la destrucción y al caos. A veces critican y deploran la decadencia de la moral y la corrupción de la vida pública, pero no sienten obligación alguna por detenerla. Se tiende a pensar que el mal viene de fuera y que los malos son los otros. Consecuentemente, son los otros quienes deben cambiar. Gran error. Soy yo, somos nosotros, los católicos, quienes debemos mejorar, hacer lo que no hacemos. Siempre es tiempo de conversión. Para combatir en esta época de confusión y desolación, en suma, de desesperación en la que ya no se cree en un mundo mejor, Hadjadj apela a la esperanza, a esa esperanza que no defrauda, Cristo: “La esperanza no es optimismo ni pesimismo; es la certeza de que, en medio de nuestra miseria, la misericordia divina siempre nos abre un camino”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 6 de diciembre de 2024. https://www.larazon.es/opinion/fabrice-hadjadj-combatiente-espiritual_202412066752379085d24c0001d1270e.html

El casero

En los años posteriores a la II Guerra Mundial dirigentes europeos como Konrad Adenauer o Winston Churchill emprendieron en sus naciones una prioritaria política de construcción de viviendas para acoger a los millones de ciudadanos sin techo cuyos hogares habían sido destruidos por los combates bélicos. Precisamente, Churchill hizo del impulso constructor de casas el eje de su campaña electoral de 1950. Y en ese debate hizo acto de presencia la pedantería laborista, que quiso remplazar la noción tan específicamente inglesa de “home”, hogar, por el término “unidad de alojamiento”. En uno de sus mítines, Churchill obtuvo un éxito sensacional provocando las risas de los asistentes al cantar con la música de la famosa canción Home sweet home: “Unidad de alojamiento, dulce unidad de alojamiento, no hay nada comparable a nuestra unidad de alojamiento”.

Décadas después, el socialismo extravagante de Zapatero intentó implantar en el parque nacional de viviendas las denominadas soluciones habitacionales. Propuesto como plan estrella de la entonces titular del Ministerio de la Vivienda, María Antonia Trujillo (hoy reclama la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos), pronto quedaría arrumbado como un esperpento en el desván del desprestigio. Aquella fórmula, más que una solución, era un problema habitacional, ya que se trataba de viviendas de 25 metros cuadrados. Casi un cuarto de baño en el chalet de los hoy marqueses de Galapagar. La ridícula propuesta fue la comidilla de nuestra prensa que durante días comparó la infraestructura japonesa de viviendas con la nacional. Aún resuenan las carcajadas de la opinión pública española. Actualmente, una medida así no la apoyaría ni Yolanda Díaz: en 25 metros cuadrados no hay espacio para sumar cómodamente una mascota más el morador.

Pasaban los años sin que el socialismo español encontrara una solución al problema de la vivienda. Tampoco al del paro. Hasta que Pedro Sánchez ha decidido tirar la casa por la ventana. Primero anuncia 50.000 viviendas de la Sareb para personas vulnerables. ¡Qué digo 50.000! ¡20.000 más! En total, 70.000 viviendas. Si en algo Sánchez es imbatible es en el uso aleatorio, como de bingo, de las cifras. Campo en el que se maneja como Pedro por su casa. Luego vendrá Paco con las rebajas demostrando que el anuncio promesa lo protagoniza el socialista como de costumbre, sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Ni le importa siquiera cómo se encuentra el estado de las viviendas. Algunas de ellas son pasto de okupas. Otras se hallan inhabitables.

Que la realidad no te estropeé una promesa electoral. Ahora el Gobierno tendrá que gastarse 11 millones de euros para comprobar la situación de cada vivienda. Los españoles contienen el aliento: ¿Y si solo son habitables 5.000? La medida es propia de ese sanchismo de andar por casa, o sea, de mentiras a raudales y puro electoralismo, que convierten a Sánchez, no en un gran estadista pero sí en un enorme casero. Como La Casera, esa popular bebida espirituosa que acaba perdiendo fuerza, también a Sánchez se le va la fuerza por la boca.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de abril de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/253651/opinion/el-casero.html

Un siglo de agonía del cristianismo

María Zambrano siempre consideró a Miguel de Unamuno como el incansable poeta de la angustia española. Martin Heidegger aclaró la diferencia entre angustia y miedo. “Angustia es radicalmente distinto de miedo. Cuando se tiene miedo se pierde la seguridad para todo lo demás, es decir, se pierde la cabeza. La angustia no permite que sobrevenga semejante confusión. Lejos de ello, háyase penetrada por una especial tranquilidad”. En 1924 durante su destierro en Fuerteventura Unamuno, que perforaba el tipo social hasta llegar a las honduras del individuo, se excava a sí mismo en búsqueda de un asidero en las profundidades de su alma, y lo halla en el sentir de su íntima lucha religiosa, de la que cobra conciencia, sacándola a la luz de su obra. Meses después, durante su exilio en París, escribe: “La agonía de mi patria, que se muere, ha removido en mi alma la agonía del cristianismo”. En Unamuno la cuestión sobre la esencia de España coincide con el problema fundamental de su vida personal, no abordando una cuestión ajena, sino su propia existencia. Le duele Dios y España, resultándoles inseparables españolidad y cristianismo. Su españolidad es una manera de ser cristiano.

Esa tranquilidad angustiosa que mantiene a raya a la confusión, como refería Heidegger, la encontraba Unamuno en el valioso depósito del misticismo. Lecturas españolas de carácter religioso dejaron huella en la inagotable obra unamuniana: libros de ascética y de mística, de historia monástica, obras de teólogos y moralistas. Unamuno leyó siempre como moralista. Su moral lo fue de mártir, de apóstol. En su libro, ahora centenario, Agonía del cristianismo, culminado en el exilio parisense, Unamuno escribe las páginas mejor acabadas que recuerdan a aquellos místicos españoles referidos magistralmente en su primera obra En torno al casticismo. Para moldear la palabra agonía, (que es lucha, y el agonizante no está moribundo), se funden en un todo el profesor de filología, el filósofo, el escritor y el cristiano. La visión mística es el hilo que enhebra esa urdimbre. La verdadera contienda que se desata en Unamuno no es entre intelecto y sentimiento, sino entre Cristo y Lucifer. Esa lucha religiosa consiste en combatir por una divinidad que le vive por la fe y que por lo mismo está constantemente amenazada de morir por incredulidad. Este depender Dios del poder creer del hombre representa el nudo gordiano de su combate. Por eso lo concluyente para Unamuno es la agonía de un alma sobre la agonía de su Dios. En la inanidad de nuestra existencia alejada de Dios apreciamos la necesidad de Él, no como una necesidad lógica, sino vital, y este es el comienzo del acto de fe, en el que el hombre crea a su Creador.

En Agonía del cristianismo el autor nos muestra un cristianismo profundamente individualista, ya que de lo que se trata es de la salvación del alma individual. El grandioso individualismo de la mística española lo aprende preferentemente de San Pablo. Por eso no concibe al cristianismo como doctrina, sino como preparación para la muerte y para la resurrección, para la vida eterna. Unamuno renuncia al cristianismo social en todas sus formas: “El cristiano, en cuanto cristiano, no tiene que ver con eso”. Su cristianismo es de los que como San Pablo tratan de vivir y sobrevivir en Cristo. Unamuno se preguntaba: “Y las verdades, ¿se poseen o se viven?” A los católicos nunca nos bastará con conocer las verdades de nuestra fe, hay que vivirlas, porque si las viviéramos de veras, no nos dejaríamos cazar como moscas en los sofismas de la modernidad. Tanto espiritual como cultural, el combate continúa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario ABC el 28 de octubre de 2024. https://www.abc.es/opinion/raul-mayoral-siglo-agoniadel-cristianismo-20241028101146-nt.html

Los dogmas culturales de Kamala Harris

Solía decir el Sabio de Hortaleza, Luis Aragonés, que del subcampeón no se acuerda nadie. En efecto, todos los focos alumbran al vencedor, Donald Trump. Pero sirvan estas líneas para acordarse de la vencida, Kamala Harris. La tenebrosa ama de llaves de esa horrible y tétrica mansión global en la que se quiere encerrar a toda la Humanidad: la Agenda 2030. Un endiablado proyecto con una gobernanza y una ciudadanía mundiales basado en una pseudo religión mundial: la sostenibilidad. Este remilgado y pretencioso término, tan manoseado hasta las náuseas, que aún fascina a una alegre y confiada progresía y excita permanentemente a los dementes del movimiento woke, los camisas pardas del siglo XXI.

De haber alcanzado Harris la Casa Blanca, se habría consolidado en Estados Unidos el proceso de remodelación cultural iniciado por el grotesco Joe Biden. Y toda una tropa de ingenieros sociales habría completado y ejecutado el diseño de nuevos modelos de deconstrucción cultural, marginando a aquellos grupos sociales discrepantes y tachándolos de incompatibles con la dinámica del progreso. Con la derrota de la candidata del Partido Demócrata, cada vez menos demócrata y más socialista, la nación americana parece revertir una inquietante trayectoria que enfilaba hacia su autodestrucción y también a la del propio Occidente. Aquella tendencia iniciada en la década de los sesenta a consecuencia de las nefastas teorías difundidas por la Escuela de Frankfurt en tres grandes áreas: familia, educación y cultura. A esta fatídica década se refiere el historiador inglés Paul Johnson en su libro Intelectuales como “una de las décadas más cruciales de la historia moderna en todos los países del primer mundo. Afectó el cambio a casi todos los aspectos de la vida social, cultural y sexual. Cambio cuyo intento era la eliminación virtual del fundamento cristiano de la sociedad y su reemplazo por la búsqueda universal del placer”. En España, el filósofo Julián Marías escribe en La España real: “Es muy posible que en el siglo próximo haya en los libros de historia algún capítulo que comience con estas palabras: Hacia 1960 o 1965 los europeos y los americanos empezaron a no exigirse a sí mismos”.

Harris es producto de aquellas disolventes teorías que postulaban el relativismo, el hedonismo o el permisivismo creando una mentalidad antioccidental y tendente a la destrucción de la misma civilización occidental. El 18 de marzo de 1993, cuando Kamala era una mujer a punto de llegar a la treintena, el diario norteamericano The Wall Street Journal publicó un editorial contra el permisivismo de la sociedad americana señalando 1968 como inicio del decaimiento moral de Estados Unidos. En su libro El dogma woke, la escritora norteamericana Noelle Mering explica cómo los postulados de la Escuela de Frankfurt, en particular la llamada “teoría crítica”, se diseminan por los campus universitarios americanos con el objetivo de corroer la fe de los estudiantes en los pilares de la cultura occidental para así socavar la futura estabilidad de esa cultura. El hecho de hacerlo desde las propias instituciones académicas y no desde organizaciones explícitamente políticas, no levantaba tantas sospechas, y los agentes de esta operación gozaban así de una mayor libertad de movimientos. La teoría crítica según Mering no tiene como meta el conocimiento, sino el cambio. Los educadores se convierten en activistas que adiestran a legiones de estudiantes en un espíritu revolucionario que somete todo a la crítica. Hay que inspeccionarlo todo. Ello trae consigo la politización de cada uno de los aspectos de la sociedad, “desde el deporte hasta el modo de hacer calceta”. Concluye Mering que la teoría critica ha sido la base de la educación de élite en Estados Unidos desde la década de los sesenta, La eficacia y el fervor de aquellos maestros y discípulos (la candidata derrotada fue alumna aventajada), ha desembocado en el movimiento woke de nuestros días con sus tres dogmas: mengua de la persona, rechazo a la razón y desprecio de la autoridad. Justo lo contrario a la triada autoridad-tradición-religión, expuesta en 1956 por Hannah Arendt en La autoridad en el siglo XX, y que ha constituido los cimientos de la civilización cristiana occidental. Afortunadamente, la derrota de Kamala Harris ha acarreado la caída de aquellos tres dogmas. Por ahora, pero la contienda cultural continúa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario El Imparcial el 13 de noviembre de 2024. https://www.elimparcial.es/noticia/276469/opinion/los-dogmas-culturales-de-kamala-harris.html

De gallos y batallas culturales

El primer caso de corrección política lo protagonizó Simón Pedro negando tres veces antes de cantar el gallo ser discípulo de un Maestro de Galilea condenado a la crucifixión. Hoy, nada nuevo bajo el sol: Los cristianos continuamos expuestos a la presión de esa manufactura de fabricación totalitaria. Los osados que optan por la incorrección resultan cancelados. La mayoría de los creyentes prefiere, por complejo o cobardía, negar como el apóstol o permanecer en la indiferencia. Salvo ese episodio negacionista, nunca el cristianismo ha callado. El deber es recordar su mensaje allí donde es olvidado o desconocido. La fe es despertador y no adormidera.

Aunque más actual que el periódico de la mañana, el Evangelio no goza hoy de buena prensa. El eclipse de Dios anula también a la grey católica en un mundo anegado por el nihilismo, desinteresado por el qué y el cómo. Somos ciudadanos y, simultáneamente, creyentes y no debemos dislocar una condición de la otra. Al contrario, asumiendo la coherencia entre ambas, nuestra aportación resulta valiosa en sociedades actuales, desfondadas por la desesperanza y la soledad, y subyugadas por el abuso tecnológico, en las que el hombre se apresura a proclamar sus deseos como si fueran derechos, sus antojos como si fueran normas. Debemos practicar nuestra viva voluntad de esclarecer bien las cosas, dando a cada una el lugar que le corresponda, tanto en la vida como en el pensamiento. De establecer un sistema de principios y convicciones, una propuesta de paz y caridad a fin de enfocar la convivencia y argumentar en consecuencia. Debemos, sí, librar un combate sobre ideas, una batalla cultural, sin olvidar que hay entablada otra pugna entre el Bien y el Mal, entre la verdad y la mentira.

Como gran capitán de la lucha espiritual, Fray Luis de Granada propone una provechosa regla militar para las contiendas de la inteligencia: “No basta alegar todas las razones que hay para justificar una causa si no se deshacen las de la parte contraria”. No rechazar ambigüedades es claudicación. A la vez que se desmontan los grilletes de la mentira, se va liberando la verdad. Extinguiendo la tiranía, nace la libertad. Es el de la verdad y la libertad los verdaderos problemas presentes. Y no se resuelven tergiversando la realidad con posverdad o saltándose a la torera ley y orden, sino que la solución se halla en el interior del hombre. En toda actividad humana falta la fuerza interior, la espiritual. Para nosotros, lo ausente es Dios, fuente de verdad y libertad. Lo dijo León Bloy: “la inefable libertad del hombre no es más que el respeto que Dios nos tiene”.

Durante siglos el catolicismo emprendió grandes batallas espirituales y culturales. Aún resuenan los fragores de disputas teológicas decisivas en la definición de la doctrina frente a las heterodoxias. El siglo IX presencia cómo la Iglesia pierde casi todo el Oriente con tal de salvar la pureza del dogma. El siglo XVI es testigo de una nueva cruzada en Trento, que derivaría en otra patente liza cultural alumbrando el barroco para certificar el triunfo, no sólo sobre la Reforma protestante, también sobre la sobriedad calvinista en el arte. Choque cultural el que acomete la Iglesia católica contra la Ilustración y su razón divinizada, al objeto de restaurar conciencia y cultura cristianas ante los estragos provocados por un enaltecido utilitarismo y por un desalmado paganismo. Espoleados por el Movimiento de Oxford, los católicos ingleses se enfrentan también culturalmente al anglicanismo británico de exacerbado componente nacionalista (¨Ser británico es ser anglicano”). Asimismo, los católicos franceses del Movimiento Esprit contendieron intelectualmente contra aquel desorden establecido paralelo a la crisis de la civilización contemporánea comprometiendo valores espirituales. Por entonces, Günter Gründel en su obra La misión de la joven generación maneja conceptos espirituales: “La rebelión de la vida frente a la tiranía de la materia; la caída de Lucifer: he aquí el sentido de nuestro siglo”. No menos espiritual es la lucha protagonizada por la Iglesia católica contra el paganismo nazi. Finalmente, el púlpito fue también el coso donde se batió la jerarquía católica de más allá del Telón de Acero contra el ateísmo de la hoz y el martillo.

Sí, los católicos somos combatientes en dar la batalla espiritual y, por ende, la cultural. Con ese saber penetrante y claro sobre las cosas del mundo que poseen sólo los que viven fuera de él. No es experiencia, sino vaticinio. Acaso santidad. Pero en ocasiones no comparecimos en el palenque. Ante los desgarros del Mayo francés del 68, serán intelectuales no creyentes de mirada limpia quienes bajaron a la arena. ¿Nos da miedo Gramsci? Toca de nuevo bregar. Los JJOO de París demuestran que la incomparecencia ya no es opción. Andrè Gide sostenía que “la cultura trabaja por la emancipación del espíritu y no para su servidumbre”. La fe no sólo debe propagarse. Exige, además, no esconderse. No neguemos como Pedro antes de cantar el gallo. Esa es nuestra batalla. Si combatiéramos en ella, otro gallo cantaría.   

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 26 de agosto de 2024. https://www.larazon.es/opinion/gallos-batallas-culturales_2024082666cbb15f797ae100017077ae.html

Pregón de combate, despierta

Con pan y circo, los romanos fueron los primeros en producir en serie anestesia para la ciudadanía. Mientras el mundo avanzaba a trompicones entre guerras, pestes, hambre y muerte hubo hombres de fe que no se distrajeron ni arredraron. Con esfuerzo y perseverancia, embalsaron el saber y el conocimiento en monasterios. Siglos después, serían los manantiales de la civilización occidental. Cristiana. Son sinónimos.

A esta construcción cultural, el primer tajo se lo daría la Paz de Westfalia. Era el momento de la Reforma protestante: cuius regio, eius religio. Pero también el momento de la Contrarreforma católica. Se libró la primera batalla cultural de la Historia. Sutilmente, mediante la decoración de pórticos y paredes en templos y catedrales. Primer medio de comunicación social. España triunfa en esa batalla. El segundo corte a la concepción cristiana del mundo sería obra de la Revolución francesa. La guillotina, nunca mejor dicho, que con su siglo de las Luces, eclipsa a Dios y encumbra al hombre. Craso error. El resultado tarda en llegar, pero llega en el siglo XX: el super hombre ario y el homus sovieticus. El nuevo hombre destruye al hombre. Fascismo y comunismo, que proceden del mismo tronco: el totalitarismo. Propugna la hegemonía colectiva: el Estado, la raza o el partido. Cualquier excusa vale si anula la libertad y dignidad del hombre.

Por entonces, un comunista da una vuelta de tuerca al antiguo pan y circo. El atornillador es Gramsci. Innova en la maquinaria. No basta con entretener al hombre. Hay que penetrar en su conciencia. Lavar su cerebro con la educación que queremos, con la realidad que creamos, con la información que fabricamos. La información es poder. Aliados con la tecnología, el poder y la información son aún más poderosos. De sociedades totalitarias pasamos a una sociedad globalizada, uniforme, que a a base de desmemoria histórica, de ideología de género y del mito del cambio climático, trafican con mercancías de contrabando. Una sociedad de pensamiento único y de ética homogénea. Es como fundar una pseudoreligión o religión al revés expulsando ¿otra vez? a Dios de la vida pública. Es el tercer tajo a la única religión defensora del hombre frente a los enemigos del hombre. Enésimo intento sin éxito.

Parafraseando a Fukuyama, los nuevos bárbaros pretenden certificar el fin de la Historia y dominar la Humanidad al dictado. En este globalismo caben todos, menos aquella tradición que emergió hace dos mil años en Judea. No toleran ni respetan al que piensa diferente. Con su corrección política cancelarán a los rebeldes. En la nueva globalidad cabe, incluso, lo malo, porque se desdibujan las diferencias entre el bien y el mal. Todas las opiniones tienen el mismo valor. Todo vale: terrorismo, salvajismo, populismo, el deseo de este o aquel… El antojo del yo.

De todo esto y algo más, nos hablan tanto el libro de Alex Rosal, “Despierta y combate a los bárbaros que arruinan tu vida”, como el de Raúl Mayoral, «Pregón de combate para jóvenes de espíritu».  El autor del segundo escribió este tras el ejemplo del primero. Ambos, son libros de denuncia y esperanza. Denuncian todo un plan para crear, no un mundo mejor, sino un mundo igualitario, mediocre y sectario. Bajo el control de la tecnología. De esperanza, porque contienen todo un pregón de combate. ¡Despierta!

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Partido de Estado

La única virtud de Sánchez es haber puesto de actualidad las dos clases de ceguera que, según el emperador romano Septimio Severo, se combinan fácilmente, “la de aquellos que no ven lo que es y la de aquellos que ven lo que no es”. Cuando en 1948, el Daily Telegraph supo de la publicación en braille por una editorial de la URSS de El Capital, de Marx, tituló la noticia con su persistente humor británico: “Un ciego para guiar a otros ciegos”. El editorialista ya pensó en Sánchez.

Tras el telón del progresismo muchos han sido incapaces de ver los mayores estropicios materiales e intelectuales que se han cometido y se siguen cometiendo. Bajo la bandera progresista se justifican los regímenes iliberales de China, Rusia, Irán, Corea del Norte y los populismos revolucionarios abigarrados en torno al Foro Sao Paulo. También el progresismo siente una estremecedora fascinación por el Islam, incluso la vertiente violenta, a la que trata condescendientemente. Además, ampara como manifestaciones más flagrantes de sus postulados el pensamiento débil, la corrección política, la ideología de género, el borrado de la memoria histórica, la acción del hombre sobre la naturaleza como causa del cambio climático… Y en España, los progresistas domésticos abogan por la fragmentación de la nación (“es que el español roba”), y por el combate contra la Iglesia católica (“son carcas”).

El drama del socialismo es que siempre postuló que la colectividad produce prosperidad. Y la historia ha demostrado que un individuo puede prosperar por sí mismo. Y eso es letal para el socialismo y su farsa progresista. Por eso, el mantenimiento de las mayorías absolutas del PSOE en España no tuvo tanto mérito como parece. No fue fruto de una credibilidad y confianza electoral, sino de un voto colectivo cautivo, comprado y manipulado por la monitorización televisiva. Por medio del Instituto de la Mujer se controlaba el voto femenino. El Instituto de la Juventud permitía llegar a los cinco millones de jóvenes con derecho a voto en los finales de los ochenta y principios de los noventa. El INSERSO compraba las voluntades de los seis millones de pensionistas de la época. Las Administraciones públicas con su legión de funcionarios, fueron un agradecido apoyo al PSOE. El PER andaluz cerraba el círculo. Así, el humanitarismo fue la gran coartada del nihilismo del Estado socialdemócrata del bienestar. Ya se advirtió antes de la IIGM que el socialismo real y el fascismo serían la cizaña en los trigales de la Europa del siglo XX.

Lo que ocurre hoy en España es que sigue latente una guerra civil en los campos de batalla ideológico y cultural. Un bando con españoles anclados en el pasado (los progresistas), que gritan contra el franquismo y la extrema derecha. Otro bando de españoles con la mirada en el futuro; unos padecen el complejo de víctimas; otros ansían libertad y prosperidad. Muchos desean que un Partido de Estado les convoque para hacer algo grande por su país. No que su país lo haga por ellos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de junio de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/255720/opinion/partido-de-estado.html

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El verificador

En los momentos presentes una preocupación común se adueña de las mentes más preclaras y de los corazones de muchos españoles. Resulta de cándidos pedir que en Ginebra haya luz y taquígrafos cuando se reúnen un delincuente y su cómplice, al abrigo de una alcahueta de guerrilleros, que, aunque diplomático, desconoce que en España no hay guerrilla desde los tiempos del maquis.

Mejor que verifique que la ETA y los CDR son terroristas, no guerrilleros. Los maquis nunca mataban por la espalda, según un general de la Guardia Civil que combatió a aquellos guerrilleros, los cuales luchaban por un pedazo de pan y algo de ropa más que por defender la II República. Menudo cuento el de aquella República. Izquierda y derecha conspiraban contra ella día tras día. Nadie la quería, salvo Marañón, Ortega y Madariaga. Y el marxismo se la llevó de calle convirtiéndola en un apéndice de los soviets. Aunque ignorante, el maquis no era tonto. Hoy en la izquierda española hay de todo: tontos (Page y Vara), ignorantes (Urtasun), malvados (Sánchez), paranoicos (Yolanda), en excedencia (la pareja IglesiasMontero) y honrados (aquellos que se avergüenzan de Sánchez).

El secretismo ginebrino impide conocer qué es lo que Galindo ha de verificar. Pero conociendo a los verificados, ambos desesperados al pender sobre ellos todo el peso de la ley, que tenga cuidado el verificador porque, probablemente, no cumplirán lo acordado. En eso Sánchez, es perito. Puigdemont, un ser más vacilante, que declaró y anuló la independencia en un santiamén. Lo que allí se acuerde nunca podrá llevarse a cabo, ya por caso fortuito, ya por fuerza mayor. Los españoles siempre se han resistido a ser vendidos mediante pactos en el extranjero. Dentro de nuestras fronteras, podría pasar, pero que la imposición venga del extranjero y, además, auspiciada por un salvadoreño, que más que salvador, será hacedor del posible hundimiento de España, no logrará imponer la mansedumbre del rebaño.

Sánchez está recorriendo el camino clásico del demagogo que evoluciona hasta las posiciones del gobernante autoritario, rayanas con la delincuencia. Su ramalazo de autoritarismo se palpa en sus deseos de controlar las instituciones: el Congreso de Armengol, la Fiscalía de Ortiz, el Tribunal Constitucional de Pumpido, el Consejo de Estado, aunque ya sin Valerio, la RTVE, la SER, la Sexta, el INE, Indra, la CNMV la CNMC, el Senado, contra el que ha levantado un muro como el de Berlín, y aun persigue el control del Banco de España, del resto de la prensa, de la Federación Española de Fútbol, de la Liga… Y, a través del centralismo fiscal, pretende manejar el sistema de financiación autonómica, o sea, a Ayuso, aunque conociendo a la madrileña le resultará imposible.

Ante el desplome de las instituciones, a la ciudadanía solo le cabe la opción de una señera tarea de reconstrucción del Estado de Derecho, dinamizada por la libertad y la concordia, que siempre ha sido, es y será el motor de la historia. Porque tras Sánchez, ni las instituciones quedarán en pie.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 3 de diciembre de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/262347/opinion/el-verificador.html

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El voto sutil

“No es importante a qué partido se vota, es más importante a qué partido no se vota”. Palabras pronunciadas en 1946 durante un mitin universitario por Ernst Benda, estudiante en la Universidad Humboldt de Berlín Este y presidente de la Asociación de Estudiantes del Partido Cristiano Demócrata. Este Partido, la CDU, estaba dividido entre una facción prooccidental y antisoviética, dirigida por Konrad Adenauer en el Oeste, y otro grupo liderado por Jakob Kaiser en el Este, cuyos miembros creían que todavía era posible alcanzar un acuerdo entre ambas zonas y evitar así la división de Alemania. Todo el mundo entendió lo que Benda quiso decir con sus palabras: O se estaba a favor o en contra de los comunistas. Si estabas en contra, daba igual lo que fueras.

Antes de finalizar la II Guerra Mundial, Stalin advertía a su camarada búlgaro Dimitrov, padre de los frentepopulares, que la alianza entre nosotros y la facción democrática de los capitalistas solo funciona mientras sirva para evitar el dominio de Hitler, pero en el futuro nos enfrentaremos también a esa facción de capitalistas. En efecto, luego vendría el axioma estalinista, que lamentablemente aún perdura entre ese sanchismo alérgico a la democracia: “Quienes no están con nosotros están contra nosotros y son fascistas”. Se ve que Gabilondo es un liberal. Tras la alianza entre la socialdemocracia y el comunismo, editorializaba el Neues Deutschland, periódico del Partido Comunista de la Alemania del Este: “No es un sistema monopartidista, sino la consolidación de un frente antifascista unido. Junto a este partido no habrá sitio para ningún grupo escindido”. En su diario, la periodista alemana Ruth Andreas-Friedrich escribió: “No es un sistema monopartidista, pero tampoco hay sitio para ningún otro partido”. Pura dictadura, pues.

Por entonces, los Partidos comunistas, muy reducidos en los Estados orientales de Europa, fueron ganando un poder muy superior a lo que representaban, procurando hacerse con un control totalitario en todas partes. En Bulgaria, tras la victoria de la coalición de izquierdas, los comunistas disolvieron los partidos no comunistas de la coalición y asesinaron al único oponente real: Nikola Petkov, después de que Stalin dijera a Dimitrov: “las elecciones han terminado en Bulgaria y su oposición puede irse al diablo” . En los países ocupados por el Ejército Rojo, la definición de fascista se fue ampliando hasta incluir a cualquiera que no fuera de la cuerda de los ocupantes soviéticos. Cada vez que la palabra expandía su significado se llevaban a cabo detenciones.

No sin razón pronunció Churchill su famoso discurso en Fulton, el 5 de marzo de 1946: “Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero”. Los bolcheviques desarrollaron una peculiar teoría de la sociedad civil consistente en desconfiar absolutamente de la sociedad civil. En una sociedad socialista la esfera pública debía ser unitaria y unívoca. Desestimaban la noción burguesa de discusión abierta y detestaban las asociaciones independientes de cualquier clase a las que se referían como divisiones “separatistas” o “sistemas de casta” (les suena, ¿verdad?), dentro de la sociedad . No podía existir una organización apolítica. Todo era político. Y si no era abiertamente político, entonces era político en secreto. El que fuera presidente de la Alemania del Este, Walter Ulbricht, siempre decía: “Tiene que parecer democrático, pero todo debe quedar bajo nuestro control”.

El voto útil no es el voto al mal menor, sino al mayor bien posible. Votar sutilmente es votar con inteligencia. Comunismo o Libertad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 28 de marzo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/223631/el-voto-sutil.html

Ven a defender la libertad en Libercast https://www.youtube.com/@libercast.oficial/videos

Una banda

Salvo para un diputado por Teruel, al que Moncloa le ha birlado la sede de la Agencia Espacial, Sánchez legisla en favor de minorías: presos etarras, presos violadores, presos golpistas, presos corruptos, sujetos/as trans, animalistas, guerracivilistas del bando rojo… Está tan descentrado en satisfacer a grupos de menor cuantía que se olvida de las cuentas del mayor, del interés general. Incapaz de torear el mihura de la economía, ha abandonado a los empresarios, a los bancos, a los autónomos, a los trabajadores… motores de una nación. Ha esquilmado el sistema educativo, factor de cohesión nacional y ascensión social, y se le echa encima la demografía, sin espolear la natalidad, la gran lacra que acosa a España, por encima del paro y la inflación.

Con sujetos extravagantes y egoístas Sánchez permanece en la intriga con el fin de derribar el régimen del 78, la monarquía parlamentaria, el Estado de Derecho, la convivencia democrática y la concordia nacional. Le trae al pairo que la ciudadanía apueste por la tranquilidad social y, si puede ser, por la prosperidad económica. Junto con sus socios, él se pierde y pierde el tiempo en veleidades que nunca van contribuir a arreglar España, sino a destruirla. Se ha erigido en jefe de una banda que para cometer fechorías convoca a los suyos: al fiscal del Tribunal Constitucional, a los presidentes del Congreso y del Senado, a sus esbirros del partido, a sus vasallos de la prensa…

Anoche su majestad, el Rey de España advirtió que la división entre los españoles es lo peor que puede ocurrirnos como nación. El PSOE lleva una década azuzando esa división. Y la historia, dolorosa lección, nos enseña siglo tras siglo lo que Felipe VI ha confirmado. No avanzamos por separado, sino en unión. Dijo Emilio Castelar: “España ha cansado a la historia”. Y si tiramos de historia nos encontramos con lecciones: “Cuando en un pueblo se cierran las puertas de la justicia, se abren las de la revolución. Yo no sé adónde vamos; pero sí sé que doquiera que vayamos, perderemos nuestro camino” (Sagasta, 1874). Se diría para terminar, que «aunque los españoles tienen ingenio, capacidad y medios suficientes para restaurar su país, no lograrán hacerlo; y aunque enteramente capaces de salvar su Estado, no lo salvarán, porque les falta voluntad de hacerlo” (Sebastiano Foscarini, embajador de Venecia en Madrid, 1682-1686).

Como ocurre entre las bandas de mafiosos, Sánchez sigue empeñado en que en España haya vencedores y vencidos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de diciembre de 2022 https://www.elimparcial.es/noticia/247523/opinion/una-banda.html