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Pregón de combate para jóvenes de espíritu

En Pregón de combate para jóvenes de espíritu, Raúl Mayoral Benito nos propone un ensayo
muy oportuno sobre cuestiones que afectan a la convivencia actual, en el que combina de
manera coherente varias disciplinas académicas (derecho, historia, filosofía…). El autor efectúa
un recorrido por el problemático estado en el que se encuentra la libertad, identificando a sus
adversarios y proponiendo fórmulas de acción. Para tal finalidad, apuesta sin ambigüedad por la democracia ya que, aun reconociendo sus imperfecciones, contiene numerosas virtudes, como conciencia del compromiso y aceptación de la oposición, que facilitan la convivencia, sin
olvidar que permite limitar la capacidad del gobierno, reduciendo sus posibles arbitrariedades.
En este sentido, Raúl Mayoral da un paso más y contrapone con acierto democracia frente a
revolución, subrayando que esta última muestra siempre una tendencia natural por el uso de la
violencia para imponer un proyecto político, aniquilando cualquier disidencia. De este modus
operandi, el binomio formado por bolcheviques y comunismo constituyen el paradigma. Sin
embargo, la derrota de la URSS en la Guerra Fría no ha significado que sus defensores de
entonces ni sus partidarios de ahora hayan realizado autocrítica alguna “porque el comunismo
jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos rompiendo el juego de la convivencia democrática, desestabilizando la vida pública,
provocando disturbios y urdiendo bulos” (p. 58).
Así, dentro de la propia democracia han surgido criaturas que la cuestionan y que buscan
denodadamente finiquitarla. Al respecto, sobresale el wokismo y su cultura de la cancelación
cimentada sobre lo políticamente correcto. Este proceso, si bien hoy en día ha adquirido
máxima fuerza, sus raíces son mucho más antiguas, ubicándolas el autor en el 68 y en los
campus universitarios de Estados Unidos, momento en el que los profesores dejaron de ser
docentes, convirtiéndose en activistas. A partir de ahí, se consolidaron tres dogmas: la mengua
de la persona, el rechazo de la razón y el desprecio de la autoridad (p. 146).
Con todo ello, lo más grave es que el “programa” woke no es algo limitado a una clase
profesional o académica. Por el contrario, ha obtenido un espacio considerable en agendas de
gobiernos europeos y de organizaciones supranacionales como la Unión Europea y la ONU a
través de la Agenda 2030. En esta trayectoria, los medios de comunicación, incluyendo dentro
de los mismos a las redes sociales, se han convertido en actores fundamentales ejerciendo
labores de correas de transmisión y de censores, lo que ha generado consecuencias nefastas: “La corrección política dinamita la democracia porque fulmina la igualdad ante la ley, vulnera la
libertad de expresión y anula la presunción de inocencia, piezas todas básicas en un Estado de
Derecho” (p.139). El resultado es una adulteración del debate que parte de unos mantras con
pretensiones de universalidad, como el despreciar el legado de la religión católica, a la que se
estigmatiza considerándola enemiga del progreso.
En definitiva, una obra que combate este pensamiento totalitario que busca eliminar de manera revanchista la herencia cultural de Occidente. Frente a conductas acomodaticias que ven en el apaciguamiento la respuesta eficaz, la solución se halla en comparecer en el terreno de la batalla de las ideas, como certifica el escenario español, al que el autor alude con acierto, donde una minoría, a través de un relativismo basado en el extremismo y radicalismo, estigmatiza como fachas a todo el que defiende la Constitución de 1978 y la Transición, es decir, a todo el que apuesta por la convivencia.

Reseña publicada por Alfredo Crespo Alcázar en el diario digital El Imparcial el 7 de abril de 2025. https://www.elimparcial.es/noticia/281927/los-lunes-de-el-imparcial/raul-mayoral-benito-pregon-de-combate-para-jovenes-de-espiritu.html

El caballo de Troya de la corrección política ha penetrado en la ciudadela de la civilización occidental

El abogado y empresario Raúl Mayoral Benito (Talavera de la Reina, 1966) es colaborador habitual de varios medios, entre ellos ABC, y escribía semanalmente una columna en la prensa digital, «pero mis hijos, tengo cuatro todos varones, no me leían, ellos prefieren vídeos o las redes sociales». Fue uno de ellos el que le animó a abrir un canal en Youtube, Libercast, en el que comenzó a subir podcasts titulados ‘Pregón de combate…’, que fueron el germen del libro que ha publicado en ‘tulibrería de ensayo’: ‘Pregón de combate para jóvenes de espíritu’. Sobre su contenido dialoga con ABC.

—¿Cuál ha sido su objetivo al escribir un libro tan específico como este?

—Aparte de recuperar el concepto de pregón, del discurso o carta, el objetivo son los jóvenes. Tengo cuatro hijos y lo he escrito pensando en ellos y en su generación. Si el ser humano hoy, al menos en Occidente, está como extraviado -como decía Dante, está en suspenso-, el joven aún más, porque estamos en una sociedad en donde se han dinamitado las certezas, se han demolido las verdades con toda esta cultura relativista, hedonista, materialista, y los jóvenes son los que están más expuestos. Una vez escrito, pensé que en España hay pocos jóvenes y que, además, en general no tienen dinero para comprar un libro, y se me ocurrió el término jóvenes de espíritu. Me gustó que apareciera ese concepto de espíritu: en el libro sostengo que debajo de la batalla cultural hay una batalla espiritual entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira o, como decía Unamuno, entre Cristo y Lucifer.

—En el libro plantea que esa batalla cultural la ha librado siempre la Iglesia. Entonces, ¿por qué considera necesario este libro y recordarla?

—Porque estamos en un momento en donde se han confabulado una serie de agentes y factores que permiten que el caballo de Troya de la corrección política haya penetrado en la ciudadela de la civilización occidental. Además, extramuros, en connivencia con ese intruso, hay tres arietes que quieren también derribar los portones, a saber: la memoria histórica, la ideología de género y el mito del cambio climático. Tanto el caballo de Troya como los arietes son de fabricación marxista, y todo esto lo está observando el laicismo, como si fuera el estado mayor de ese ejército adversario. Este es un concepto que viene desde Antonio Gramsci, el activista italiano comunista, que promovía la idea de infiltrarse en la sociedad occidental e incluso en la propia iglesia católica y, desde dentro, acabar con ella. Su idea era controlar la educación, la cultura y, sobre todo, los medios de comunicación.

—Llama la atención la terminología que utiliza (combate, escenario bélico, batalla…). ¿Hasta qué punto es adecuada para el fin que pretende conseguir?

—Algunas personas de mi entorno católico dicen que no están de acuerdo con la batalla cultural porque no podemos responder a nuestro adversario de la misma manera. Es cierto que no podemos responder desde un punto de vista violento; yo no estoy convocando a una panda de camorristas, sino a una legión de luchadores intelectuales, de soldados que vayan a debatir. El filósofo griego Zenón decía que no es tiempo retórica es tiempo de dialéctica y que el símbolo de la dialéctica es el puño cerrado y de la retórica, la mano abierta, pero con esto yo no estoy hablando de combates físicos. Me surgió así la terminología para hacer quizá el libro más directo, más incisivo y más provocador.

—Algunos ya lo ha adelantado, pero si hablamos de batalla, habrá que identificar al enemigo. ¿Quiénes son a día de hoy?

—Antes ya he dicho que hay muchos, pero el principal enemigo es el laicismo y, si lo tenemos que concretar, es la masonería. Pero, repito, esto no es nada nuevo. La masonería ahora está sobre todo en la Unión Europea, que fue una creación de católicos, pero ha degenerado y algunos prelados han hablado de la logia masónica de Estrasburgo. Aquí en España tenemos también servidores de la masonería, tanto en la derecha como en la izquierda, tanto en el Partido Popular como en el PSOE, aunque en este último hay más. Para eso está la Agenda 2030, la UNESCO, una gobernanza mundial, una ciudadanía mundial, una cultura uniforme y una religión mundial, que es el culto al planeta Tierra.

—En ese sentido, ¿entiende que se trata de una conspiración con una cabeza, con una mente pensante, o en realidad son grupos que van surgiendo y que, de alguna manera, tienen intereses comunes?

—El laicismo y la masonería se están sirviendo de todas estas cuestiones: del feminismo, del animalismo, que es un paganismo que quiere reducir al hombre a la categoría de animal. Esto se ve en los derechos que se están reconociendo a muchos animales, a las mascotas, por ejemplo, pero lo vemos cuando se habla de los derechos reproductivos de la mujer refiriéndose al aborto, cuando se habla de reproducción en un ser humano cuando siempre hemos hablado de gestación. En los documentos de la ONU hace ya tiempo que desapareció el concepto de madre y utilizan el de mujer. Ha desaparecido la palabra matrimonio y ya son sólo progenitores. Ese tipo de lenguaje es un elemento importantísimo dentro de la corrección política.

—¿Cuál es la respuesta que propone?

—Los católicos no estamos a la altura, nos falta poder afrontar estos desafíos. Lo primero que tenemos que hacer, además de tener la convicción de que estamos en una batalla cultural y que no debemos tener miedo, es formarnos. La Doctrina Social de la Iglesia es para nosotros el GPS que nos va orientando, que puede dar respuesta a todos los desafíos. Además, tenemos que ser coherentes. No basta con ser católico en tu casa, en tu parroquia, en el colegio católico donde llevas a tus hijos, tienes que ser católico, y por lo tanto coherente, en la plaza pública, donde hay gente que no piensa como tú y hay otros que están dispuestos incluso a callarte y a silenciarte. Después, tenemos que ser ejemplares con nuestro testimonio. Como decía Benedicto XVI, el católico tiene que influir en todas las facetas de la vida: la política, los medios de comunicación, la cultura, la economía y hasta en el deporte. Si somos coherentes, damos testimonio y somos ejemplares, seremos influyentes. Y, como digo en el epílogo del libro, todo esto lo tenemos que hacer con alegría y buen humor, porque parece que estamos siempre enfadados con el mundo.

Entrevista realizada por José Ramón Navarro-Pareja en el diario ABC el 11 de febrero de 2025. https://www.abc.es/sociedad/raul-mayoral-caballo-troya-correccion-politica-penetrado-20250211160206-nt.html

Fabrice Hadjadj: un combatiente espiritual

Para Miguel de Unamuno la agonía del cristianismo consistió en una contienda que se desata no entre intelecto y sentimiento, sino entre Cristo y Lucifer. Esa lucha religiosa supone para el hombre combatir por una divinidad que le vive por la fe y que por lo mismo está constantemente amenazada de morir por incredulidad. Este depender Dios del poder creer del hombre representa el nudo gordiano de su combate. Rasgos netamente unamunianos perviven en el pensamiento del filósofo francés Fabrice Hadjadj, cuando sostiene que “el verdadero combate se juega en el interior, en el campo propio, que las grandes batallas espirituales empiezan dentro de cada persona en su capacidad para resistir al pesimismo y abrazar una esperanza auténtica”. Porque el pesimismo (nada puede hacerse), que es contrario a la gracia y a la fe, nos lleva, como el escepticismo (nada debe hacerse), a la indiferencia, al más puro nihilismo. Es esta la peor de las actitudes en que puede incurrir un católico. Mucho peor que el miedo. Porque este pensador cristiano también se refiere al miedo ante el reto que supone vivir en el mundo actual: “Lo primero que experimentamos es la emoción menos confesable: el miedo. No tanto el miedo de morir, como el miedo de vivir a la altura del desafío”.

Este mundo actual en el que haber nacido y, por consiguiente, vivir constituyen para Hadjadj una suerte nos desafía constantemente como católicos. Y él propone que, sin indiferencia ni miedo, perseveremos en la lucha, no abandonarla por el tedio ni el cansancio, y estar bien provistos del depósito de la fe, sólidamente pertrechados de espiritualidad. Nos insta a ser fieles a la máxima evangélica de vivir en el mundo sin ser del mundo, pero no atrincherarse frente al mundo. “No dejarse seducir por los valores del enemigo ni caer en la tentación de responder con las mismas armas”. Así podremos afrontar los retos que nos plantea la posmodernidad que, a diferencia de la modernidad, “no busca soluciones sino evasiones”. Si Pablo VI afirmaba que el drama del hombre moderno es haber salido de casa perdiendo la llave para volver, el drama del posmoderno es que ya no quiere volver al hogar. Se ha evadido, y en su evasión, ha terminado por extraviarse. Fascinado ante el imperio tecnológico-científico, se comporta inconscientemente disponiendo de forma egoísta y sin límite alguno de todo lo existente. En su frenética carrera lanzada hacia conquistas materiales confunde su deseo con la libertad y satura su hastiada existencia de tantas posibilidades como de peligros, de tanto progreso como desbarajuste, sin poder discernir entre el bien y el mal, quedando secuestrado en el zulo del relativismo. Incapaz de construir sobre lo que existe, el hombre de hoy se afana alegre y confiadamente por desmantelar los cimientos del pasado, ignorante de que con ello acelera la pérdida del contacto interpersonal dentro de sus espacios naturales. La consecuencia es la debilitación del matrimonio y el decaimiento de la relación entre padres e hijos, en suma, la disolución de la familia. En efecto, el hombre posmoderno no quiere volver a casa.

Hadjdj nos advierte del peligro de la deshumanización. “Europa desespera de lo humano”. Predomina el empeño en convertir al hombre en una especie de diana contra la que lanzar el dardo del antihumanismo. Un entorno de hostilidad rodea a la persona en esta época de angustia y quiebra de virtudes naturales. Hay afán por desarrollar proyectos de claro signo deshumanizador. Desde la ciencia hasta la política, pasando por la economía, la tecnología o la cultura, se pretende crear una especie de ecosistema inhóspito para el ser humano. Ante este horizonte de desafíos, el filósofo francés indaga sobre el martirio de la coherencia con el Evangelio a que es sometido el católico en el tiempo presente. Creen muchos ser católicos y por católicos son tenidos, pero jamás se han sentido conmovidos por la gloria de la verdad que es Cristo en acción. Con su apatía son cómplice s de quienes se aplican a la destrucción y al caos. A veces critican y deploran la decadencia de la moral y la corrupción de la vida pública, pero no sienten obligación alguna por detenerla. Se tiende a pensar que el mal viene de fuera y que los malos son los otros. Consecuentemente, son los otros quienes deben cambiar. Gran error. Soy yo, somos nosotros, los católicos, quienes debemos mejorar, hacer lo que no hacemos. Siempre es tiempo de conversión. Para combatir en esta época de confusión y desolación, en suma, de desesperación en la que ya no se cree en un mundo mejor, Hadjadj apela a la esperanza, a esa esperanza que no defrauda, Cristo: “La esperanza no es optimismo ni pesimismo; es la certeza de que, en medio de nuestra miseria, la misericordia divina siempre nos abre un camino”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 6 de diciembre de 2024. https://www.larazon.es/opinion/fabrice-hadjadj-combatiente-espiritual_202412066752379085d24c0001d1270e.html

El casero

En los años posteriores a la II Guerra Mundial dirigentes europeos como Konrad Adenauer o Winston Churchill emprendieron en sus naciones una prioritaria política de construcción de viviendas para acoger a los millones de ciudadanos sin techo cuyos hogares habían sido destruidos por los combates bélicos. Precisamente, Churchill hizo del impulso constructor de casas el eje de su campaña electoral de 1950. Y en ese debate hizo acto de presencia la pedantería laborista, que quiso remplazar la noción tan específicamente inglesa de “home”, hogar, por el término “unidad de alojamiento”. En uno de sus mítines, Churchill obtuvo un éxito sensacional provocando las risas de los asistentes al cantar con la música de la famosa canción Home sweet home: “Unidad de alojamiento, dulce unidad de alojamiento, no hay nada comparable a nuestra unidad de alojamiento”.

Décadas después, el socialismo extravagante de Zapatero intentó implantar en el parque nacional de viviendas las denominadas soluciones habitacionales. Propuesto como plan estrella de la entonces titular del Ministerio de la Vivienda, María Antonia Trujillo (hoy reclama la entrega de Ceuta y Melilla a Marruecos), pronto quedaría arrumbado como un esperpento en el desván del desprestigio. Aquella fórmula, más que una solución, era un problema habitacional, ya que se trataba de viviendas de 25 metros cuadrados. Casi un cuarto de baño en el chalet de los hoy marqueses de Galapagar. La ridícula propuesta fue la comidilla de nuestra prensa que durante días comparó la infraestructura japonesa de viviendas con la nacional. Aún resuenan las carcajadas de la opinión pública española. Actualmente, una medida así no la apoyaría ni Yolanda Díaz: en 25 metros cuadrados no hay espacio para sumar cómodamente una mascota más el morador.

Pasaban los años sin que el socialismo español encontrara una solución al problema de la vivienda. Tampoco al del paro. Hasta que Pedro Sánchez ha decidido tirar la casa por la ventana. Primero anuncia 50.000 viviendas de la Sareb para personas vulnerables. ¡Qué digo 50.000! ¡20.000 más! En total, 70.000 viviendas. Si en algo Sánchez es imbatible es en el uso aleatorio, como de bingo, de las cifras. Campo en el que se maneja como Pedro por su casa. Luego vendrá Paco con las rebajas demostrando que el anuncio promesa lo protagoniza el socialista como de costumbre, sin encomendarse a Dios ni al Diablo. Ni le importa siquiera cómo se encuentra el estado de las viviendas. Algunas de ellas son pasto de okupas. Otras se hallan inhabitables.

Que la realidad no te estropeé una promesa electoral. Ahora el Gobierno tendrá que gastarse 11 millones de euros para comprobar la situación de cada vivienda. Los españoles contienen el aliento: ¿Y si solo son habitables 5.000? La medida es propia de ese sanchismo de andar por casa, o sea, de mentiras a raudales y puro electoralismo, que convierten a Sánchez, no en un gran estadista pero sí en un enorme casero. Como La Casera, esa popular bebida espirituosa que acaba perdiendo fuerza, también a Sánchez se le va la fuerza por la boca.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 30 de abril de 2023. https://www.elimparcial.es/noticia/253651/opinion/el-casero.html

Batallar frente a la imposición cultural y política de esta época

Esta entrevista se realiza unos días antes del triunfo electoral del
norteamericano Donald Trump, un resultado que, según muchos
analistas, tiene bastante que ver con lo que Raúl Mayoral (Talavera
de la Reina, Toledo, 1966) aborda en su libro: la batalla cultural.
Frente a una sociedad manejada por propuestas demenciales,
identidades falsas y un totalitarismo vestido de terciopelo, millones de
electores allí han decidido elegir una alternativa a la locura en la que
se ha sumido no sólo EEUU sino gran parte del mundo occidental.
Si a los que plantan cara ante esto se les tilda de ultraconservadores
y reaccionarios, solo hay que ver las reacciones (salvajes) que los derrotados están mostrando en los medios y redes sociales. No conciben desde su cosmovisión totalitaria la disidencia a sus
discursos ni, por supuesto, que la discrepancia se traduzca en
acción.

Lo que Mayoral hace con su libro es precisamente una llamada para
actuar. Ofrece argumentos para que puedan ser utilizados, no sin
antes contextualizar esta ola de demencia e imposición. Y lo más
importante es que recuerda a los católicos como él que poseen
desde hace miles de años el arma pacífica más poderosa: el propio
catolicismo y la doctrina social de la Iglesia.
– Usted realiza un diagnóstico ya conocido y abordado por otros
autores que no está de más recordar, pero ¿qué hay de novedad
en este ‘Pregón de combate’?
– Yo diría que es un tema muy manido el de la batalla cultural porque
los católicos siempre han dado esa batalla, aunque hay que decir que
hay un momento en que el cristiano no la da y es el primer caso de
corrección política, que es cuando Simón Pedro , antes de que cante
el gallo, niega tres veces al Maestro galileo. Ese es el primer caso de
corrección política que se conoce en la historia. Es el primer caso y el
único en donde la iglesia, o el cristiano, no da la batalla cultural,
porque a partir de ahí el cristianismo no calló. La novedad que yo
incluyo en este libro, quizás sea la manera en cómo aporto un halo
de esperanza para poder plantar cara a esta cultura irracional, este
mundo convulso en el que estamos. Yo sostengo que lo primero que
debemos hacer los cristianos, pero también cualquier persona
amante de la libertad, aunque no sea creyente, es tener la convicción
de que estamos en una contienda ideológica. No convoco a un grupo
de camorristas para pelear sino a luchadores de ideas por así decirlo,
soldados que tienen que debatir.
Entonces lo primero que hay que hacer es tener la convicción de que
estamos en una batalla cultural. Dicen los militares que el primer
requisito para ganar una guerra es saber que estamos en una guerra.
El segundo requisito, utilizando la frase de San Juan Pablo II, es que
no debemos tener miedo, y a partir de ahí lo que debemos de hacer
es formarnos, porque el gran problema que tenemos los católicos en
España es la falta de formación, y es incomprensible porque
atesoramos un depósito de sabiduría que nos da respuesta a cómo afrontar los desafíos en los que estamos inmersos, que es la doctrina
social de la iglesia. La doctrina social de la iglesia, como digo, es
capaz de orientarnos para dar la solución que buscamos, la brújula,
esa guía que necesitamos para dirigirnos, para movernos en este
mundo, en nuestro GPS, por así decirlo. Y luego tenemos que ser
coherentes con nuestra fe, porque claro, es muy fácil ser católico en
nuestros hogares, en las parroquias, incluso en los colegios católicos
a donde llevamos a nuestros hijos, pero es muy difícil ser católico
cuando uno sale ahí a la plaza pública y se tiene que confrontar con
quien no piensa como nosotros y además está dispuesto a hacernos
callar, a imponernos silencio o a imponernos otra cosmovisión del
mundo diferente a la nuestra. Por lo tanto, es necesaria la
coherencia. Tenemos un deber de coherencia y de conciencia.
Y luego tenemos derechos, el derecho a la libertad, y porque
tenemos derecho a la libertad tenemos también la responsabilidad de
participar en la vida pública, de comprometernos en la vida pública y
de dialogar con aquellos que no piensan como nosotros. Si hacemos
eso, si somos coherentes, empezaremos a ser ejemplares y si somos
ejemplares empezaremos a ser influyentes, porque de eso se trata.
El católico tiene que ser influyente en la vida pública, no solamente
en la política o en la cultura, también en los medios de comunicación,
en la economía, en la diplomacia, hasta en los deportes. Decía
Benedicto XVI que el católico tiene que estar presente hasta en el
deporte, y ahora hemos tenido en estos últimos meses a un
seleccionador nacional de fútbol que ha manifestado públicamente su
fe católica, o hemos tenido recientemente a un campeón como es
Topuria, que ha dado las gracias al Señor por el triunfo que ha tenido.
– En el mapa de operaciones que traza en el libro, en ese campo
de batalla, están la política, la economía y la cultura, además de
los medios de comunicación. ¿Actúan todos ellos como vasos
comunicantes?
– Sí. Vamos a ver, la batalla es sobre todo en el mundo de los medios
de comunicación y de la educación. Es curioso, yo hace unos días
daba una charla a universitarios de la Cardenal Herrera – CEU de
Valencia, y estaban presentes estudiantes de Periodismo, de
Comunicación Audiovisual, de Marketing, Publicidad y hasta de
Magisterio. Y empezaba mi intervención diciendo que qué curioso
que todos, cuando terminen la carrera y tengan ya el acceso a la profesión van a utilizar la palabra. Y les prevenía de que hoy día el
lenguaje está siendo objeto de deformación, de manipulación, de
tergiversación, de corrupción. La palabra ya no significa lo que
siempre ha significado y por eso hay que tener cuidado. Les
mencionaba una frase de Stalin que decía que de todos los
monopolios de los que disfruta el Estado, el más importante es el
monopolio sobre la definición de las palabras. Y decía Stalin que el
arma esencial para la política era el diccionario. Con eso ya está
dicho todo. ¿Son vasos comunicantes? Pues sí, porque al final en
política, en economía, en medios de comunicación, el lenguaje es
nuestro instrumento de comunicación. Y claro, si ese instrumento
está manipulado, entonces al final nos encontramos con una
manipulación informativa, con un control digital, con incluso una
ingeniería social. Todas esas áreas, por supuesto, están hilvanadas,
están interconectadas, pero donde se juega la batalla cultural
importante es en la educación, no en la política.
Jacques Julliard, un intelectual francés que falleció el año pasado,
escribió un libro en 2015 que se titulaba Se acabó la escuela. Él veía
con mucha tristeza la decadencia a la que habían conducido a la
escuela francesa la ideología y la pedagogía progresista. Él era un
hombre de izquierdas, pero decía que en materia de educación había
que ser conservador y de derechas. En ese libro cuenta que el
espacio donde se juega la sociedad del mañana no son unas
elecciones políticas sino la escuela. Ese es el espacio donde hay que
librar el combate por la defensa de la civilización.
– ¿La tecnología propicia el pensamiento único frente al crítico?
– Yo la llamo el gas paralizante. La dictadura del algoritmo nos
controla, nos distrae y nos enferma, sobre todo a ese sector juvenil
que empieza a tener problemas de salud mental, de ansiedad, de
depresiones. Gramsci es un poco el padre de todo a lo que nos
enfrentamos en esta batalla cultural. Y tiene una anécdota que suelo
contar. Cuando estaba en prisión en las cárceles del fascismo y
tenían los presos políticos un rato libre, les dejaban ojear los
periódicos, o ir a la biblioteca. Y se quejaba de que los activistas
políticos que estaban encerrados con él se iban derechos al periódico
deportivo, a La Gazzetta dello Sport. Y entonces les reprochaba que
si eran activistas políticos, no debían distraerse con el deporte o con
el fútbol, sino leer la columna de su ideólogo, la que hubiera escrito sobre cualquier cuestión de actualidad en aquella época. Creo que
ahí se da cuenta de cómo se pueden distraer a las masas y al final
Gramsci actúa siempre en dos campos, en los medios de
comunicación y la educación. Y siempre pensó que dominando esas
dos facetas se conseguiría cambiar la sociedad y destruir Occidente,
que era lo que pretendía.
– Memoria histórica, ideología de género y cambio climático. Las
tres doctrinas laicas indiscutibles.
– Los tres arietes que están intentando derribar los portones,
efectivamente.
– Dogmas de fe, de alguna manera.
– Pues claro. Es que como yo sostengo en el libro, con la ideología de
género se está alterando todo el sistema de procreación natural, se
están desordenando los sexos y se está dinamitando la familia.
Porque esa es la pieza a batir, la familia. Con la memoria histórica se
está cambiando el relato porque quien controla el pasado termina
controlando también el futuro. Y con el cambio climático, el mito del
cambio climático. Porque yo sostengo que la acción del hombre
sobre la naturaleza está provocando cambios en el calentamiento
global, pero no admito esas teorías catastrofistas y apocalípticas de
que se acaba el mundo, de que dentro de diez años no habrá
recursos naturales para la humanidad. En fin, eso es un negocio.
Sirve para enriquecer a unos cuantos y nos están atemorizando. Es
la teoría del rebaño. Estamos atemorizados, mientras unos pocos
son los que disfrutan realmente y además sacan pingües beneficios.
La teoría del cambio climático además persigue la creación de una
religión que yo llamo al revés porque se pretende sustituir a la
religión católica con una pseudo-religión, una falsa religión que
atribuye divinidad a la Tierra. Hay que hacer un culto sobre la diosa
Tierra y eso es una forma de paganismo como lo es también el
animalismo, con el que el hombre se equipara ya a los animales
incluso por debajo, porque vemos cómo se exige proteger las crías
de animales pero en cambio se admite ya destruir al feto humano. Es
realmente una religión al revés. Tienen ahí a sus apóstoles y tienen
sus liturgias.
Pero ese ha sido el devenir de la historia de la Iglesia católica
durante 2.000 años. Se ha intentado echarla abajo, expulsarla de la
pista. Hubo un imperio que al final cayó, y otro que sucumbió ante el
cristianismo. Uno es el imperio romano y el otro imperio que también
fue derribado fue el soviético. Pero sí es cierto que el enemigo de la
Iglesia siempre ha querido usurpar su lugar, ocupar su poder, su área
de influencia, para crear una religión con toda esa matraca del
hombre nuevo, del paraíso en la tierra.
– El comunismo es eso.
– El nacionalsocialismo también. Yo cuento en el libro que ese afán
mimético que tuvo, por ejemplo, la Revolución Francesa, la
Ilustración, con ese lema de libertad, igualdad y fraternidad, está
copiado del mensaje salvífico de Jesucristo. Pero es que además la
administración pública que surge de la Ilustración y de la Revolución
Francesa, para los que hemos estudiado Derecho sabemos que fue
una estructura de mando y de gestión que intentó copiar e imitar todo
el poder jerárquico de la Iglesia. El poder civil es una copia del poder
religioso. Luego vino la masonería, otro intento también de acabar
con la Iglesia católica. Y el nacionalsocialismo tiene una cosa
peculiar, y es que está además comprobado que las SS tenían una
estructura jerárquica copiada de la Compañía de Jesús. Siempre se
ha intentado imitar a la Iglesia.
– Ha dicho, y así lo aborda en el libro, que la familia es la pieza a
abatir. La figura del padre cada vez está más debilitada y sobre
todo, pocas familias puede haber si se prima el aborto, a lo que
hay que añadir el fomento de la eutanasia. Son paradigmas
impuestos no solo contra la familia sino contra la vida, en
definitiva.
– Vuelvo a hablar de Gramsci porque él se da cuenta de que la familia
es muy importante para los fieles católicos, la familia a imagen de la
familia de Nazaret. Él sostiene que a través de los medios de
comunicación ,a través de la educación, de la cultura, se puede
acabar con la familia. Toman el relevo la Escuela de Frankfurt cuando
sus miembros emigran a Estados Unidos . Curiosamente todos eran
un grupo de intelectuales de izquierdas, la mayoría de ellos
comunistas que huyen cuando Hitler llega al poder, pero no se exilian
a la Unión Soviética, sino a Estados Unidos, y allí encuentran
acomodo en algunas universidades americanas, principalmente en la
de Columbia, donde el claustro era mayoritariamente comunista.
Ellos aplican la teoría de Gramsci con el objetivo de destruir a la
familia a través de la cultura, la educación y los medios de
comunicación. El Mayo del 68 es la eclosión de todo aquello. El
movimiento woke que hay en Estados Unidos en la actualidad
proviene de ahí. La figura del padre se minimiza o ataca porque,
como me dijo una vez un sacerdote, destruyendo la figura del padre
lo que se pretende es destruir es la figura de Cristo. También afecta a
la mujer, a la maternidad en concreto. La mujer-madre tiene mala
prensa. De hecho, el otro día observaba en el Hospital Virgen del
Rocío de Sevilla que ya no hay planta de maternidad sino ‘Area de la
mujer’. Se ha cambiado el nombre. Por eso una vez más es el
lenguaje es tan importante como le decía antes. Por ejemplo, se
emplea el término ‘ reproducción’, propio del mundo animal. El ser
humano lo que ha utilizado siempre es la palabra ‘gestación’. Hasta
en ello hay ese intento de equipararnos con los animales. Respecto
al aborto y la eutanasia, están las leyes despenalizadoras, como yo
las llamo. Es curioso que ahora se habla también de ‘la muerte
dulce’. Son palabras o definiciones, como interrupción del embarazo,
que suenan bien.
Luego tenemos también la educación. En el apartado de ‘Nuestra
ciudadela’ que es la familia, la vida y la educación hablo de ella
porque le doy una importancia tremenda, como te he dicho antes. La
escuela es el campo donde nos jugamos la sociedad del mañana. A
las nuevas generaciones se les está adoctrinando. Se está
introduciendo la ideología de género, todo el tema de la memoria
histórica, toda la corrección política… En fin, la escuela ya no es lo
que fue. Ya no hay talento ni esfuerzo, todo es entretenimiento, todo
es juego. Porque el talento les resulta elitista. Es la pedagogía que yo llamo pedante. El padre Ayala, fundador de la Asociación Católica de
Propagandistas, en su famoso libro Formación de Selectos habla, en
los años 40, de una pedagogía a la que llama pedante, y yo retomo el
nombre y además reivindico ese adjetivo, porque es lo que está
sucediendo ahora. Al niño debe respetarse su personalidad, según
consideran, el libre desarrollo de su personalidad, que no puede ser
coartado por el profesor. Ni siquiera los padres tienen que impedir
ese libre desarrollo de la personalidad. Ha quebrado el principio de
autoridad, por supuesto en la familia, pero también en la escuela. El
orden, la disciplina y la obediencia son contradictorios a esa idea de
libertad. Todo eso es la pedagogía pedante, como decía el padre
Ayala, que va camino de destrozar la escuela, como ya lo dijo
Jacques Julliard, del que antes he mencionado su libro Se acabó la
escuela. Se acabó la escuela en Francia, y aquí en España vamos
por el mismo camino.

– Muchas voces críticas alertan sobre el suicidio de Europa .
¿Por qué Europa ha elegido este camino?
– Hay occidentales que no quieren a Occidente. El suicidio de
Occidente es un libro de Alicia Delibes. Tuve el honor de que me
presentara em libro en Madrid, en un acto junto con Esperanza
Aguirre, dos hercúleas pensadoras liberales y defensoras de la
libertad. Occidente es que ha perdido su identidad, ha perdido su
misión. Juan Pablo II tiene una frase: « Europa, vuelve a encontrarte,
sé tú misma», porque ya observaba hace 25 años que estábamos
abandonando los principios, los valores que hicieron fuerte a
Occidente. Son los principios de la libertad ,de la humanidad. Ahora
ya todo es relativo. Nos encontramos en una sociedad nihilista,
materialista, hedonista, donde todo vale. Es necesario un rearme
moral y la defensa de la libertad, que son los dos pilares de Europa con los que se ha exportado democracia y pensamiento a otros
continentes.
– Anima usted a la acción en coherencia con los principios
católicos y las convicciones. Dice además que la indiferencia y
el pesimismo no son actitudes cristianas.
– Sigue siendo el gran reto para el cristiano, y el católico en particular,
entrar en ese campo de batalla a pesar del precio que en muchas
ocasiones hay que pagar. Porque hay un precio que pagar,
efectivamente,y es dejar la comodidad, acabar con nuestros miedos.
El católico no entra en el combate cultural por falta de formación, por
ignorancia. En segundo lugar, por miedo y cobardía. Pero en tercer
lugar, y esto es peor, por indiferencia. La indiferencia no es cristiana.
Lo peor que puede tener un cristiano es ser indiferente a lo que está
ocurriendo a su alrededor, y a esa indiferencia se llega por dos vías:
por el pesimismo «Nada puede hacerse», y el escepticismo, «Nada
debe hacerse». Yo intento a través del libro, sobre todo, dar
argumentos a los jóvenes, darles cierto criterio para que tengan juicio
crítico y puedan enfrentarse a lo que hay a su alrededor, esta cultura
disparatada, este mundo irracional, porque principalmente los
jóvenes son los más expuestos a ese vapuleo, a ese zarandeo. Es
básico que al menos no caigan en la indiferencia. Uno puede tener
miedo, cobardía o ignorancia pero no caigamos en la indiferencia.

Entrevista realizada por Rafael González en el diario digital La Voz de Córdoba el 10 de noviembre de 2024. https://www.eldebate.com/espana/la-voz-de-cordoba/actualidad/20241110/no-convoco-grupo-camorristas-pelear-luchadores-ideas_243342.html

 

 

 

Un siglo de agonía del cristianismo

María Zambrano siempre consideró a Miguel de Unamuno como el incansable poeta de la angustia española. Martin Heidegger aclaró la diferencia entre angustia y miedo. “Angustia es radicalmente distinto de miedo. Cuando se tiene miedo se pierde la seguridad para todo lo demás, es decir, se pierde la cabeza. La angustia no permite que sobrevenga semejante confusión. Lejos de ello, háyase penetrada por una especial tranquilidad”. En 1924 durante su destierro en Fuerteventura Unamuno, que perforaba el tipo social hasta llegar a las honduras del individuo, se excava a sí mismo en búsqueda de un asidero en las profundidades de su alma, y lo halla en el sentir de su íntima lucha religiosa, de la que cobra conciencia, sacándola a la luz de su obra. Meses después, durante su exilio en París, escribe: “La agonía de mi patria, que se muere, ha removido en mi alma la agonía del cristianismo”. En Unamuno la cuestión sobre la esencia de España coincide con el problema fundamental de su vida personal, no abordando una cuestión ajena, sino su propia existencia. Le duele Dios y España, resultándoles inseparables españolidad y cristianismo. Su españolidad es una manera de ser cristiano.

Esa tranquilidad angustiosa que mantiene a raya a la confusión, como refería Heidegger, la encontraba Unamuno en el valioso depósito del misticismo. Lecturas españolas de carácter religioso dejaron huella en la inagotable obra unamuniana: libros de ascética y de mística, de historia monástica, obras de teólogos y moralistas. Unamuno leyó siempre como moralista. Su moral lo fue de mártir, de apóstol. En su libro, ahora centenario, Agonía del cristianismo, culminado en el exilio parisense, Unamuno escribe las páginas mejor acabadas que recuerdan a aquellos místicos españoles referidos magistralmente en su primera obra En torno al casticismo. Para moldear la palabra agonía, (que es lucha, y el agonizante no está moribundo), se funden en un todo el profesor de filología, el filósofo, el escritor y el cristiano. La visión mística es el hilo que enhebra esa urdimbre. La verdadera contienda que se desata en Unamuno no es entre intelecto y sentimiento, sino entre Cristo y Lucifer. Esa lucha religiosa consiste en combatir por una divinidad que le vive por la fe y que por lo mismo está constantemente amenazada de morir por incredulidad. Este depender Dios del poder creer del hombre representa el nudo gordiano de su combate. Por eso lo concluyente para Unamuno es la agonía de un alma sobre la agonía de su Dios. En la inanidad de nuestra existencia alejada de Dios apreciamos la necesidad de Él, no como una necesidad lógica, sino vital, y este es el comienzo del acto de fe, en el que el hombre crea a su Creador.

En Agonía del cristianismo el autor nos muestra un cristianismo profundamente individualista, ya que de lo que se trata es de la salvación del alma individual. El grandioso individualismo de la mística española lo aprende preferentemente de San Pablo. Por eso no concibe al cristianismo como doctrina, sino como preparación para la muerte y para la resurrección, para la vida eterna. Unamuno renuncia al cristianismo social en todas sus formas: “El cristiano, en cuanto cristiano, no tiene que ver con eso”. Su cristianismo es de los que como San Pablo tratan de vivir y sobrevivir en Cristo. Unamuno se preguntaba: “Y las verdades, ¿se poseen o se viven?” A los católicos nunca nos bastará con conocer las verdades de nuestra fe, hay que vivirlas, porque si las viviéramos de veras, no nos dejaríamos cazar como moscas en los sofismas de la modernidad. Tanto espiritual como cultural, el combate continúa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario ABC el 28 de octubre de 2024. https://www.abc.es/opinion/raul-mayoral-siglo-agoniadel-cristianismo-20241028101146-nt.html

Los dogmas culturales de Kamala Harris

Solía decir el Sabio de Hortaleza, Luis Aragonés, que del subcampeón no se acuerda nadie. En efecto, todos los focos alumbran al vencedor, Donald Trump. Pero sirvan estas líneas para acordarse de la vencida, Kamala Harris. La tenebrosa ama de llaves de esa horrible y tétrica mansión global en la que se quiere encerrar a toda la Humanidad: la Agenda 2030. Un endiablado proyecto con una gobernanza y una ciudadanía mundiales basado en una pseudo religión mundial: la sostenibilidad. Este remilgado y pretencioso término, tan manoseado hasta las náuseas, que aún fascina a una alegre y confiada progresía y excita permanentemente a los dementes del movimiento woke, los camisas pardas del siglo XXI.

De haber alcanzado Harris la Casa Blanca, se habría consolidado en Estados Unidos el proceso de remodelación cultural iniciado por el grotesco Joe Biden. Y toda una tropa de ingenieros sociales habría completado y ejecutado el diseño de nuevos modelos de deconstrucción cultural, marginando a aquellos grupos sociales discrepantes y tachándolos de incompatibles con la dinámica del progreso. Con la derrota de la candidata del Partido Demócrata, cada vez menos demócrata y más socialista, la nación americana parece revertir una inquietante trayectoria que enfilaba hacia su autodestrucción y también a la del propio Occidente. Aquella tendencia iniciada en la década de los sesenta a consecuencia de las nefastas teorías difundidas por la Escuela de Frankfurt en tres grandes áreas: familia, educación y cultura. A esta fatídica década se refiere el historiador inglés Paul Johnson en su libro Intelectuales como “una de las décadas más cruciales de la historia moderna en todos los países del primer mundo. Afectó el cambio a casi todos los aspectos de la vida social, cultural y sexual. Cambio cuyo intento era la eliminación virtual del fundamento cristiano de la sociedad y su reemplazo por la búsqueda universal del placer”. En España, el filósofo Julián Marías escribe en La España real: “Es muy posible que en el siglo próximo haya en los libros de historia algún capítulo que comience con estas palabras: Hacia 1960 o 1965 los europeos y los americanos empezaron a no exigirse a sí mismos”.

Harris es producto de aquellas disolventes teorías que postulaban el relativismo, el hedonismo o el permisivismo creando una mentalidad antioccidental y tendente a la destrucción de la misma civilización occidental. El 18 de marzo de 1993, cuando Kamala era una mujer a punto de llegar a la treintena, el diario norteamericano The Wall Street Journal publicó un editorial contra el permisivismo de la sociedad americana señalando 1968 como inicio del decaimiento moral de Estados Unidos. En su libro El dogma woke, la escritora norteamericana Noelle Mering explica cómo los postulados de la Escuela de Frankfurt, en particular la llamada “teoría crítica”, se diseminan por los campus universitarios americanos con el objetivo de corroer la fe de los estudiantes en los pilares de la cultura occidental para así socavar la futura estabilidad de esa cultura. El hecho de hacerlo desde las propias instituciones académicas y no desde organizaciones explícitamente políticas, no levantaba tantas sospechas, y los agentes de esta operación gozaban así de una mayor libertad de movimientos. La teoría crítica según Mering no tiene como meta el conocimiento, sino el cambio. Los educadores se convierten en activistas que adiestran a legiones de estudiantes en un espíritu revolucionario que somete todo a la crítica. Hay que inspeccionarlo todo. Ello trae consigo la politización de cada uno de los aspectos de la sociedad, “desde el deporte hasta el modo de hacer calceta”. Concluye Mering que la teoría critica ha sido la base de la educación de élite en Estados Unidos desde la década de los sesenta, La eficacia y el fervor de aquellos maestros y discípulos (la candidata derrotada fue alumna aventajada), ha desembocado en el movimiento woke de nuestros días con sus tres dogmas: mengua de la persona, rechazo a la razón y desprecio de la autoridad. Justo lo contrario a la triada autoridad-tradición-religión, expuesta en 1956 por Hannah Arendt en La autoridad en el siglo XX, y que ha constituido los cimientos de la civilización cristiana occidental. Afortunadamente, la derrota de Kamala Harris ha acarreado la caída de aquellos tres dogmas. Por ahora, pero la contienda cultural continúa.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario El Imparcial el 13 de noviembre de 2024. https://www.elimparcial.es/noticia/276469/opinion/los-dogmas-culturales-de-kamala-harris.html

«La escuela ha quedado como una guardería donde se implanta el igualitarismo académico». Raúl Mayoral

Pregón de combate para jóvenes de espíritu. Ante la batalla cultural por la defensa de la libertad y por el rearme moral, obra donde el autor despliega un manual moral, histórico e intelectual de guerra para la batalla cultural y contra «una religión del revés»

Raúl Mayoral es abogado y empresario. Escritor en prensa y contertulio en radio y televisión, es autor del blog Mayoral con y. Cuenta que la idea del libro surgió cuando su hijo le dijo que para que le leyeran (o escucharan) jóvenes como él tenía que abrirse un canal de Youtube. Raúl Mayoral no hizo caso a su hijo, al principio, pero al final sí. Ahí fue cuando surgió Libercast, el canal desde donde Mayoral empezó a dar la batalla cultural con la intención de que se le unieran las generaciones más jóvenes. Cada capítulo lo llamó Pregón de combate número 1 y luego número 2… sobre la memoria histórica, sobre el cambio climático, respectivamente. Resultó que tantos episodios llevaban un libro en ellos y así surgió Pregón de combate para jóvenes de espíritu. Ante la batalla cultural por la defensa de la libertad y por el rearme moral, obra donde el autor despliega un manual de fe, histórico e intelectual de guerra contra lo que llama una «una religión del revés».

—Me ha impresionado la profecía de Julián Marías, que cita en el libro:
«Hacia 1969 o 1965 los europeos y los americanos empezarán a no
exigirse a sí mismos».

—Este es el plan de Gramsci. Y estamos en su etapa de esplendor. Ocurre
algo que no había pasado nunca. Cuando los totalitarismos nazi y
comunista se sabía que eran los enemigos de la libertad. Pero hoy en día,
en nombre de la libertad, se está ejerciendo una coacción que es la de la
corrección política. Con ella se están coartando libertades, lo que nunca
había sucedido en sistemas democráticos. La gente empieza a tener la
sensación de que la democracia deriva hacia un totalitarismo que yo
llamo un totalitarismo de seda o de terciopelo. Porque no nos vamos
dando cuenta. Los ataques contra las libertades, contra la religión
católica o contra la civilización occidental siempre han existido, pero lo
de ahora es peculiar porque viene con máscara. Aparece bajo la máscara
de neutralidad cuando realmente no lo es. Se confunde la
aconfesionalidad de un Estado con el laicismo. Otra cosa es la laicidad,
aquella sana laicidad a la que Benedicto XVI se refería en un diálogo con
Sarkozy. Pero esto no, esto es un ataque deliberado y muy programado.
Yo suelo decir que no es a base de escuadra y cartabón, sino de escuadra y
compás.

—Jacinto Benavente dijo que el comunismo era la religión del odio.
¿Cómo llama a esta nueva religión?

—Yo utilizo un término en el libro que es el de religión al revés o
sucedáneos de religión. Sí, es la religión del odio. Así han sido siempre
todos los intentos de expulsar a la Iglesia Católica y a la fe de la vida
pública. Nosotros tenemos el componente del amor, de la caridad y de la
misericordia, pero el enemigo tiene el componente del odio, es su motor.
Se ve en la política y en la educación. En el año 2000 el historiador y
ensayista de izquierdas Jacques Julliard publicó un libro donde criticaba
toda la pedagogía progresista de sus compañeros ideólogos. Vino a decir
que se había perdido la autoridad de los profesores y su transmisión del
saber y el conocimiento. Ya no hay competencia sino convivencia y ya no
hay esfuerzo sino juego. El sistema educativo está organizado hoy en día
sobre el odio hacia las élites. Creen que la escuela ya no sirve como
ascensor social y ha quedado como una especie de guardería y todo por el
odio, por la envidia igualitaria. Y así se va implantando el llamado
igualitarismo académico donde nadie debe sobresalir.

—Menciona la frase de Pablo VI de que el drama del hombre moderno es
que ha salido de casa y ha perdido la llave para volver. ¿Es cierto?

—Lo vemos en el relativismo imperante, en el nihilismo, sobre todo en el
materialismo, todos estos ismos. Ese es el escenario bélico, el del
desarraigo de la conciencia, los desiertos de hielo. Somos sociedades
frías, estamos en la desesperanza, en la soledad no hay ya ideales. Las
certezas han sido demolidas. Y bueno, pues esa certeza son muchas veces
las llaves que tenemos para volver a casa.

—Leyendo sobre estos «vagabundos inconscientes» se me ha venido a la
memoria la terrible imagen de esos hombres y mujeres adictos al
fentanilo deambulando como zombis por las calles. Es como si hubiera
un fentanilo que produjera esos mismos síntomas, pero en el
pensamiento, e invisible e igualmente o más terrible.

—Sí, posiblemente sea eso. La sociedad postrada, la sociedad ya sin
ningún tipo de ilusión o de meta por la que luchar. Ahora ya todo da igual. Todo vale en la cultura, en la educación, en los medios de comunicación y por supuesto en los políticos, que son el reflejo de la sociedad y de esa cultura. Hace tiempo que perdí la ilusión en la política.
Lo que tenemos ahora, sobre todo en España, es una política que lleva
máscara, que finge, que simula. Guerra decía aquello de Montesquieu ha
muerto. Y yo recuerdo aquella frase de un profesor de Derecho
Constitucional que decía que se iban a cargar el Estado de derecho si
sacaban una ley sobre el Poder Judicial. Bueno, pues ahí está. Se lo decía
el otro día al juez Peinado y él me dijo que esa y otra más, la Ley Orgánica
de Régimen Electoral General. Recuerdo cómo se quejaba el comunista
Julio Anguita cuando decía que él con un millón de votos obtenía cinco
diputados y los de Convergència i Unió con 300.000 obtenían ocho. De
aquellos polvos estos lodos.

—Un escándalo tapa otro escándalo y De aquí a la eternidad, como la
película.

—Va todo tan deprisa que hemos perdido la capacidad de asombro y eso
no es bueno. A todos nos asombraba lo del indulto y se dio el indulto. Nos
asombraba lo de la amnistía y se dio la amnistía; lo del cupo catalán y está
ya el cupo catalán y el referéndum. Y efectivamente, se hará un
referéndum. Vamos perdiendo por goleada, pero todavía se puede
remontar. No se puede perder este combate. Pero tenemos que hacer y
no hacemos. Unos por comodidad, otros por miedo y otros por
ignorancia. Uno de los objetivos de mi libro son las nuevas generaciones.
No hay que tener miedo y hay que formarse para responder a un
adversario ideológico. En el tema de la corrección política es muy
cómodo callarse, muy cómodo el silencio. Martin Luther King decía que
el silencio es traición. Algunos prefieren vivir en la mentira rodeados de
mucha gente que verse en la verdad solos. Este es el drama de la sociedad
moderna.

—Me acuerdo de la frase terrorífica de la antigua ministra de Educación,
Isabel Celaá, aquello de que los hijos no pertenecen a los padres…

—Claro, es que eso es lo que yo sostengo en mi libro: el enemigo a batir es
la familia. Gramsci lo vio. Es el mismo episodio de hace dos mil años:
echar a la Iglesia católica. La Ilustración, la Revolución Francesa… La
Ilustración también es un intento de echar a la Iglesia Católica y copia la
Revolución Francesa. Copia el lema «libertad, igualdad, fraternidad»,
que es propio del mensaje salvífico de Jesucristo, del Evangelio. Querían
crear otra religión los comunistas y los nazis. Pero luego llega Gramsci
después de la Segunda Guerra Mundial y dice: «Vamos a a cambiar de
táctica, no vamos a hacer un ataque frontal a la Iglesia Católica. Nos
vamos a olvidar de los gulags, de los campos de exterminio y vamos a
empezar infiltrando». Y en eso estamos. Y él detecta además que la
institución a batir es la familia, porque es un espacio donde hay
capacidad de resistencia, donde se echa raíces y por eso todos los
totalitarismos, Hitler, el comunismo y ahora estos con lo de la ministra
Celaá… el enemigo a batir es la familia y también la figura del padre. Esto
se percibe en la legislación. Cancelando la figura del padre, se cancela
también a Dios. Esto lo dijo un sacerdote.

—Es la ceremonia de los Juegos Olímpicos…

—Eso es. Ese es el ejemplo de lo que se quiere en Europa. Hacerlo en
Francia además es como muy apropiado. Así es como se quiere postergar
a la religión católica y ocupar su lugar: la ideología de género, el
paganismo…

—La batalla no es solo cultural, educacional, conceptual y económica. Lo
vemos, por ejemplo, con los ataques a empresarios prominentes como
Amancio Ortega o Florentino Pérez…

—Claro. Pero eso en el fondo es odio. Es envidia. Y la envidia genera odio.
Al empresario se le quiere abatir igual que a la familia. La iniciativa
profesional o privada va en contra de la ideología colectivista de la
izquierda. Es letal para esa izquierda decir que una persona puede
prosperar por sí misma sin necesidad de un estado de necesidad, de una
paga.

—El propio ministro Urtasun dijo que se trata de luchar contra el sentido
común.

—Así es el movimiento woke. Cuando alguien intenta dialogar con esta
gente y pide sentido común, responden que no quieren sentido común

—Gramsci no creó el algoritmo que nos domina, pero sí tuvo la idea. Me
acuerdo de aquella película de los 80, El chip prodigioso, donde una nave
con su piloto era miniaturizada e introducida por accidente en el cuerpo
de una persona a la que podía manejar de algún modo activando desde
dentro sus sentidos.

—Pues así es, no va desencaminado. Creo que terminaba expulsándole
con un estornudo, ¿no? (risas). Ojalá fuera tan fácil. Hay una anécdota de
Gramsci que cuento en el libro. Cuando está en la cárcel de Milán, que es
donde escribe su obra maestra, la obra cumbre que tiene a toda la
izquierda fascinada, en los ratos libres les daban periódicos y los presos
políticos se abalanzaban sobre la Gazzetta dello Sport, sobre el periódico
deportivo y no sobre los otros. Ahí se da cuenta de que el
entretenimiento hace que no se piense en política. Y ahí es donde entra
ahora la tecnología. Es el algoritmo el que nos tiene entretenidos. Y no se
piensa en política.

—Para terminar, la familia, la religión, el Quijote o la Hispanidad, por
ejemplo, ¿son las armas verdaderas para luchar por el rearme moral?

—Absolutamente. Nadie me lo había dicho, Pero me alegra que haya
citado el Quijote. Ahora estoy leyendo mucho a Unamuno, y la filosofía
de Unamuno es el quijotismo, que es una forma de cristianismo. Yo digo
en el libro que todos los españoles deberíamos leer El Quijote y los
políticos, sobre todo. En él hay lecciones que son eternas en el sentido de
que son duraderas, perduran en los siglos y hoy en día necesitamos leer
El Quijote y aprender muchas cosas, porque ahí está todo, desde la
verdad, la mentira, el bien y el mal. En El Quijote está todo.

Entrevista realizada por Mario de las Heras en el diario digital El Debate el 17 de septiembre de 2024. https://www.eldebate.com/cultura/20240917/raul-mayoral-escuela-quedado-como-guarderia-donde-implanta-igualitarismo-academico_227909.html

De gallos y batallas culturales

El primer caso de corrección política lo protagonizó Simón Pedro negando tres veces antes de cantar el gallo ser discípulo de un Maestro de Galilea condenado a la crucifixión. Hoy, nada nuevo bajo el sol: Los cristianos continuamos expuestos a la presión de esa manufactura de fabricación totalitaria. Los osados que optan por la incorrección resultan cancelados. La mayoría de los creyentes prefiere, por complejo o cobardía, negar como el apóstol o permanecer en la indiferencia. Salvo ese episodio negacionista, nunca el cristianismo ha callado. El deber es recordar su mensaje allí donde es olvidado o desconocido. La fe es despertador y no adormidera.

Aunque más actual que el periódico de la mañana, el Evangelio no goza hoy de buena prensa. El eclipse de Dios anula también a la grey católica en un mundo anegado por el nihilismo, desinteresado por el qué y el cómo. Somos ciudadanos y, simultáneamente, creyentes y no debemos dislocar una condición de la otra. Al contrario, asumiendo la coherencia entre ambas, nuestra aportación resulta valiosa en sociedades actuales, desfondadas por la desesperanza y la soledad, y subyugadas por el abuso tecnológico, en las que el hombre se apresura a proclamar sus deseos como si fueran derechos, sus antojos como si fueran normas. Debemos practicar nuestra viva voluntad de esclarecer bien las cosas, dando a cada una el lugar que le corresponda, tanto en la vida como en el pensamiento. De establecer un sistema de principios y convicciones, una propuesta de paz y caridad a fin de enfocar la convivencia y argumentar en consecuencia. Debemos, sí, librar un combate sobre ideas, una batalla cultural, sin olvidar que hay entablada otra pugna entre el Bien y el Mal, entre la verdad y la mentira.

Como gran capitán de la lucha espiritual, Fray Luis de Granada propone una provechosa regla militar para las contiendas de la inteligencia: “No basta alegar todas las razones que hay para justificar una causa si no se deshacen las de la parte contraria”. No rechazar ambigüedades es claudicación. A la vez que se desmontan los grilletes de la mentira, se va liberando la verdad. Extinguiendo la tiranía, nace la libertad. Es el de la verdad y la libertad los verdaderos problemas presentes. Y no se resuelven tergiversando la realidad con posverdad o saltándose a la torera ley y orden, sino que la solución se halla en el interior del hombre. En toda actividad humana falta la fuerza interior, la espiritual. Para nosotros, lo ausente es Dios, fuente de verdad y libertad. Lo dijo León Bloy: “la inefable libertad del hombre no es más que el respeto que Dios nos tiene”.

Durante siglos el catolicismo emprendió grandes batallas espirituales y culturales. Aún resuenan los fragores de disputas teológicas decisivas en la definición de la doctrina frente a las heterodoxias. El siglo IX presencia cómo la Iglesia pierde casi todo el Oriente con tal de salvar la pureza del dogma. El siglo XVI es testigo de una nueva cruzada en Trento, que derivaría en otra patente liza cultural alumbrando el barroco para certificar el triunfo, no sólo sobre la Reforma protestante, también sobre la sobriedad calvinista en el arte. Choque cultural el que acomete la Iglesia católica contra la Ilustración y su razón divinizada, al objeto de restaurar conciencia y cultura cristianas ante los estragos provocados por un enaltecido utilitarismo y por un desalmado paganismo. Espoleados por el Movimiento de Oxford, los católicos ingleses se enfrentan también culturalmente al anglicanismo británico de exacerbado componente nacionalista (¨Ser británico es ser anglicano”). Asimismo, los católicos franceses del Movimiento Esprit contendieron intelectualmente contra aquel desorden establecido paralelo a la crisis de la civilización contemporánea comprometiendo valores espirituales. Por entonces, Günter Gründel en su obra La misión de la joven generación maneja conceptos espirituales: “La rebelión de la vida frente a la tiranía de la materia; la caída de Lucifer: he aquí el sentido de nuestro siglo”. No menos espiritual es la lucha protagonizada por la Iglesia católica contra el paganismo nazi. Finalmente, el púlpito fue también el coso donde se batió la jerarquía católica de más allá del Telón de Acero contra el ateísmo de la hoz y el martillo.

Sí, los católicos somos combatientes en dar la batalla espiritual y, por ende, la cultural. Con ese saber penetrante y claro sobre las cosas del mundo que poseen sólo los que viven fuera de él. No es experiencia, sino vaticinio. Acaso santidad. Pero en ocasiones no comparecimos en el palenque. Ante los desgarros del Mayo francés del 68, serán intelectuales no creyentes de mirada limpia quienes bajaron a la arena. ¿Nos da miedo Gramsci? Toca de nuevo bregar. Los JJOO de París demuestran que la incomparecencia ya no es opción. Andrè Gide sostenía que “la cultura trabaja por la emancipación del espíritu y no para su servidumbre”. La fe no sólo debe propagarse. Exige, además, no esconderse. No neguemos como Pedro antes de cantar el gallo. Esa es nuestra batalla. Si combatiéramos en ella, otro gallo cantaría.   

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario La Razón el 26 de agosto de 2024. https://www.larazon.es/opinion/gallos-batallas-culturales_2024082666cbb15f797ae100017077ae.html

Un apasionado llamamiento a la defensa de la libertad y al rearme moral

Raúl Mayoral ha lanzado su primera obra literaria titulada «Pregón de combate para jóvenes de espíritu», un apasionado llamamiento a la defensa de la libertad y al rearme moral.

El índice del libro nos muestra una relación de los principales problemas que atacan y que acosan a los valores tradicionales y de los que debemos defendernos.

Temáticas principales

El libro destaca cuestiones como la pulverización de la humanidad, el desarraigo de la conciencia, la deriva totalitaria de la democracia, el acoso al mundo empresarial, el adocenamiento de la cultura, los nuevos paganismos, la manipulación informativa, la mentira y la posverdad, la inteligencia artificial, la famosa agenda 2030, la memoria histórica, la ideología de género, el cambio climático, el laicismo, el aborto y la eutanasia.

Un libro propositivo

Mayoral no solo identifica estas problemáticas, sino que también propone soluciones para salvaguardar la civilización occidental y defender la libertad. Entre sus recomendaciones, destaca la necesidad de ser ejemplares, ejercer nuestros derechos, cumplir con nuestros deberes y asumir nuestras responsabilidades.

Problemática

En su obra, Mayoral describe cómo la Iglesia, la religión y la fe católicas han sido atacadas a lo largo de la historia con el objetivo de crear una «religión al revés» que ocupe su lugar.

Aunque los enemigos de la Iglesia han fracasado en el pasado, en los últimos años, el ataque ha adoptado una nueva estrategia: la infiltración en sus estructuras para destruirla desde dentro, eliminando el fundamento cristiano de la sociedad.

Este control se extiende a la cultura y la educación, destruyendo la familia, institución capital para la sociedad.

Según Mayoral, los arquitectos del nuevo orden buscan desterrar a los católicos de la vida pública, dificultando que los padres eduquen a sus hijos según sus creencias y valores católicos.

Batalla cultural

«Pregón de combate para jóvenes de espíritu» es un llamado a participar en una batalla cultural en defensa de la civilización occidental, que Mayoral identifica con la civilización cristiana.

El libro ofrece argumentos e ideas para desarrollar un juicio crítico ante el panorama socio-cultural actual. El autor exhorta a los lectores a no caer en la indiferencia, el escepticismo y el pesimismo, y mantiene la esperanza de que su pregón anime a muchos a alistarse en este combate cultural, por ellos mismos, por los que les precedieron y por las futuras generaciones.

Reseña publicada por Alfonso Siena en el diario digital Forum Libertas el 23 de junio de 2024