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Lecturas jurásicas (II)

¿Quién es Stalin? pregunta un inspector a un alumno durante un examen oficial en una escuela de algún lugar de la URSS. El niño, a quien de antemano le han ordenado decir las respuestas, contesta sin titubear: Stalin es mi padre¿Y quién es tu madre? prosigue preguntando el inspector. Mi madre es el Estado, responde el alumno. ¿Qué quieres ser de mayor? Ante esa pregunta el niño titubea y, en lugar de responder según el guion impuesto, ser un trabajador disciplinado y leal a la patria del proletariado, contesta valientemente: ¡Quiero ser huérfano!

Bajo la tiranía comunista es frecuente que las personas adopten lo que Hannah Arendt definió como una personalidad totalitaria: “el ser humano completamente aislado que, sin otros lazos sociales con la familia, los amigos o los simples conocidos, deriva su sensación de ocupar un lugar en el mundo únicamente a partir de su pertenencia a un movimiento, de su afiliación a un partido”.

Los planes bolcheviques en la Europa de la posguerra mundial fueron presentados nítidamente a la Komintern por su secretario general, camarada Dimitroff: “Para asegurar la Revolución comunista y la posición preeminente del proletariado, los niños en los que aún no han arraigado las progresivas ideologías del marxismo y del leninismo, deben ser alejados de todas aquellas influencias a las que están expuestos en el ambiente capitalista que hasta ahora les ha rodeado. Por este motivo, serán sometidos a una educación del Estado en los vastos territorios que ya han sido liberados desde la Revolución de Octubre. No llegarán a conocer todos aquellos nocivos conceptos e ideas que se les quería inculcar en la antigua Europa de la burguesía, y si ya los hubieran aprendido, volverán a olvidarlos”.

Tras una interrupción motivada por la ensordecedora y desenfrenada ovación del auditorio, el orador continuó con voz estentórea: “Además, las madres de esos niños y también aquellas mujeres que aún no son madres, serán alejadas de la dañina influencia del mundo de la ideología burguesa del Oeste de Europa, para darles ocasión de participar de la reconstrucción del socialismo en los territorios que siempre han constituido la patria del proletariado internacional. Allí formarán columnas de trabajo colectivas. Respecto a los hombres, éstos lucharán con el arma al brazo por la futura unión mundial de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y esto tendrán que hacerlo incluso aquellos que todavía no se han percatado de que este es el único camino para la liberalización de la humanidad. Si uno de estos hombres intentara traicionar nuestra causa negándose a luchar contra el capitalismo mundial, nosotros sabremos hacer que sufra las consecuencias de tal locura”. Sonoros y prolongados aplausos.

¡Qué viejas resultan aquellas recientes palabras de la ministra de Educación, Celaá, afirmando que los hijos son del Estado! ¡Cómo inquietan a unos padres que vemos cómo el Estado pretende asumir el monopolio docente! Una clara usurpación de funciones estrictamente parentales, que entraña consecuencias letales por la intromisión ideológica que supone en espacios propios de la personalidad del individuo.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224492/opinion/lecturas-jurasicas-ii.html

Lecturas jurásicas (I)

El “tyrannosaurus rex”, tenía las dimensiones de una locomotora, pero su cerebro no rebasaba el tamaño de un plátano. Carnívoro y de instinto carroñero, ha sido considerado como el mayor depredador. Aquél gigante desapareció de la Tierra, lo mismo que el comunismo. ¿O no? Igual que el tiranosaurio violentaba la convivencia de su ecosistema, la ideología comunista implica una subversión total de la sociedad utilizando a su conveniencia formas democráticas.

Por la Hungría de la Guerra Fría circulaba un chiste sobre la definición de comunismo: “una lucha incesante contra una serie de dificultades que jamás existirán en ningún otro sistema político”. En Mi siglo, el polaco Aleksander Wat, otro intelectual desengañado del edén comunista, certificaría la maldad y el sadismo del terrorífico régimen. Así menciona algunas de aquellas dificultades: “La pérdida de la libertad, la tiranía, el maltrato y el hambre habrían sido más fáciles de soportar sin la obligación de llamarlas libertad, justicia, el bien del pueblo. Las mentiras, por su propia naturaleza parcial y efímera, se revelan como tales cuando se enfrentan con los esfuerzos del lenguaje por descubrir la verdad. Pero aquí todos los medios de revelación habían sido confiscados de manera permanente por la policía”.

Es, precisamente, en aquella desgraciada Europa, llamada “del Este”, donde se implantaría cruel e implacablemente la barbarie del comunismo siguiendo el frío y tenebroso manual diseñado por los teóricos de La Komintern (Internacional Comunista), un organismo dedicado a derrocar los regímenes capitalistas según las directrices leninistas y que, como describiera el historiador Richard Pipes, constituyó entonces una declaración de guerra a todos los Gobiernos existentes. Con asombrosa nitidez describe Anne Applebaum en su libro Tras el telón de acero cómo los nuevos jefes de la Europa del Este crearon una sociedad comunista. Aún sabiendo que lo prioritario era la economía, sin embargo, durante los primeros meses tras la guerra y debido a la fuerte oposición popular, las prioridades fueron políticas: Estado policial, control férreo de la sociedad civil y sometimiento de los medios de comunicación. No hubo revolución económica, sino institucional, y tras ella el Estado se hizo paulatinamente con el control de la economía.

Según la visión marxista, una economía planificada es una forma superior de economía popular en la cual la industria era el futuro, por lo que ésta siempre interesó a los comunistas mucho más que los sectores atrasados como la agricultura, o irrelevantes como el comercio al por menor. El objetivo de la industrialización era también político: cuando todos fueran obreros de la industria, entonces todos apoyarían al comunismo. Mientras, la destrucción de la clase media privaría a la oposición de seguidores y aliados. Por ello, los líderes comunistas sentían aversión hacia los pequeños negocios. La producción a pequeña escala, decían, engendra burguesía y capitalismo. Aquellas economías comunistas crecieron después de la guerra porque empezaban de cero, pero pronto quedaron rezagadas con respecto a las de la Europa libre. Nunca lograron, si quiera, alcanzarlas.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224171/opinion/lecturas-jurasicas-i.html

La Doctrina Socia de la Iglesia, ¿una tercera vía?

En etapas pasadas, incluso desde dentro de la propia familia cristiana, se ha llegado a insinuar que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) podría erigirse en el mismo plano de igualdad que las dos grandes ideologías políticas más extendidas en el mundo: el liberalismo y el marxismo. En esta dinámica errónea y perversa de equiparar y hacer competir a la DSI con los postulados de Adam Smith y de Carlos Marx, se ha llegado a catalogar las enseñanzas sociales de la Iglesia ante la cambiante realidad histórica como una especie de tercera vía. Craso error.

La DSI es un instrumento de evangelización que forma parte esencial del mensaje cristiano, lo que permite considerarla como una consecuencia de la fe y como un modo de ser, el modo como los cristianos vivimos y actuamos en el mundo. Por ello, se trata de algo muy distinto a las ideologías, y en ningún caso presenta una esencia o naturaleza política, de forma que no puede ser considerada como una tercera vía entre la ideología liberal y la socialista. Así, lo sostiene Juan Pablo II en la Encíclica Sollicitudo rei socialis: “la Doctrina Social de la Iglesia no es una tercera vía, sino otro género de cosa, teología, y teología moral”. Posteriormente, en Centesimus annus, el Papa afirma: “la fe cristiana, que no es ideología, no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica; y reconoce que la vida humana se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas”. Y añade: “La Iglesia respeta la autonomía legítima del orden democrático; pero no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional”

Cosa muy diferente es, que al ser la DSI una enseñanza práctica para la vida, una norma rectora del comportamiento, que puede actuar como auténtico motor de impulso para la acción dotándose de una naturaleza operativa. De este modo, puede proporcionar soluciones justas a los problemas derivados de la cuestión social. Estas circunstancias han provocado que la DSI haya servido de fuente inspiradora para ciertas iniciativas ideológicas superadoras de las imperfecciones y excesos del capitalismo liberal y del socialismo marxista. Es el caso de la fórmula de síntesis política aplicada en la Alemania de Konrad Adenauer y de Ludwig Ehard, los artífices del milagro alemán. Dicha fórmula consistió en conjugar, con la habilidad propia de estos brillantes personajes, las ideas liberales con grandes dosis de sensibilidad social, es decir, liberalismo y humanismo, dando lugar a la economía social de mercado. El teórico más notable de esta corriente fue, sin duda, Muller-Armack, que retomó las tesis del pensador católico alemán Guillermo Röpke, quien también postuló un humanismo económico con un evidente influjo de la DSI, sustentada, por aquél entonces, por la Unión Cristianodemócrata del Canciller Adenauer.

En cuanto al fenómeno de la tercera vía, experimentó cierta vigor auspiciado por dos políticos europeos, Tony Blair y Gerhard Schröeder, que hicieron ondear su bandera, al mismo tiempo que arrojaban el lastre de la tradición socialista. Con ideas innovadoras intentaron diferenciar su política de “nuevo laborismo”, de “renovada izquierda progresista” y de “nuevo centro”, de los modelos propios de la vieja izquierda y de la nueva derecha. Postularon que su ideología era una unión de las tradiciones socialista y liberal, una fusión de la justicia social con la libertad individual en una economía de mercado. Insuflaron un nuevo aire a las apolilladas ideas laboristas y socialdemócratas con el fin de hacerlas más atractivas, sin embargo, las vistieron de ropajes tan propios del pensamiento liberal, que aunque el izquierdismo se vista de seda, liberalismo se queda. En todo caso, y para desilusión de Blair y Schröeder, el intelectual Ralph Dahrendorf en su obra Reflexiones sobre la Revolución en Europa afirmaba que “la tercera vía o vía intermedia, no existe, es una utopía porque, en teoría, pretende ser una mezcla de logros socialistas y oportunidades liberales”; el propio Dahrendorf se pregunta «Qué logros ha tenido el socialismo, su respuesta es contundente: ninguno. La tercera vía no puede contener ingredientes socialistas, ya que el socialismo y todas sus variantes han muerto».  

Por el contrario, lo que hoy goza de una enorme vitalidad y mantiene intacta su vigencia son los tres principios básicos sobre los que se asienta la DSI: la solidaridad, la subsidiariedad y el respeto a la dignidad humana.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el El Rotativo el 15 de octubre de 2005.

Manual de rescate

En la biblioteca del viejo castillo de Lebus se palpaba la honda preocupación impresa en aquellos cuatro rostros. Comprensible porque el enfermo presentaba síntomas graves. El americano fue el primero en hablar: “La economía no levanta cabeza y los confinamientos hacen la remontada imposible. La alarma se extiende entre los inversores. Hay razones para pensar que con el colapso económico en el horizonte China estará frotándose las manos. Otro Estado comprado a buen precio. Si ustedes, los europeos, no paran este disparate los daños serán irreversibles. Aunque ya no aspiramos a ser el gendarme del mundo, sin embargo nos preocupa la conexión de algunos dirigentes con tiranías como Irán y Venezuela; tanto nuestros agentes como los del Mossad llevan tiempo atentos”.

Seguidamente, tomó la palabra el representante de Francia. “El problema económico podría agravarse con el factor ideológico. El riesgo de un cambio de régimen con el socavamiento y desprestigio de instituciones básicas y con medidas de dudosa constitucionalidad, unido al peligro de desmembración del país pueden provocar una situación devastadora. Esto no se parece a aquella temeraria aventura de Grecia; allí se engendró solo resentimiento contra la Unión Europea, pero no se afiló el odio entre la propia ciudadanía ni entre los territorios, como está ocurriendo en España con ciertas políticas corrosivas y disolventes. Ni nosotros, ni la OTAN ni siquiera el mundo libre, pueden permitirse una España en los umbrales del totalitarismo que va resbalándose por una senda peligrosa hacia el precipicio de la división territorial, en caso de satisfacerse las ansias de los movimientos secesionistas”.

Con su habitual flema británica, el inglés replicó: “Dudo que los socialcomunistas permitan una Cataluña o un País Vasco independientes. ¿Es que ustedes no recuerdan la dictadura de Tito y su férreo control sobre aquel avispero de aspiraciones separatistas que era Yugoslavia? Además, ¿creen ustedes que los comunistas españoles van a permitir que decadentes burgueses de Pedralbes o estirados meapilas de Neguri controlen las zonas industriales y estratégicas de dichas regiones? Parecen aliados hoy. Mañana serían implacables enemigos”.

“Conoce usted muy bien a los españoles”, interrumpió el francés. “No. Conozco muy bien a los comunistas”, matizó el británico. “Y le diré más, me importa un bledo cómo organicen los españoles su casa; y hasta me resulta indiferente un Gobierno como el actual, presto al desquite guerracivilista y obsesionado con la revancha. No soy partidario de entrar en interioridades. Pero ya saben ustedes que nosotros, los británicos, forjamos imperios con criterios mercantiles. Consideramos la economía como la primera fuerza que mueve el mundo y siempre fue global. Con ese Gobierno socialcomunista tenemos, sin duda, un problema económico, no ideológico. ¿Es que no hay personas serias y de recto juicio en la izquierda española? Todos los pueblos han conocido a su vez, éxitos y reveses. En la manera que tienen de reaccionar es donde se muestran débiles o grandes. ¿Dónde está la inteligente sagacidad latina?

“Señores, España padece un problema económico, un problema social y un problema político”, dijo la única mujer presente, alemana por más señas, mientras depositaba un maletín metálico encima de la gran mesa de caoba que albergaba la reunión. “En mi opinión debemos aplicar la solución ya. Hay que desempolvar el manual de rescate. Europa sin Alemania no hubiera sido Europa. Europa sin España no es Europa. Al igual que sus respectivos países contribuyeron hace ahora setenta y cinco años a que la Alemania nazi perdiera la guerra ayudándonos luego a ganar la paz y librando a media Alemania del yugo soviético, hoy debemos impedir el hundimiento de España a manos de la demagogia socialcomunista y su posterior conquista económica por China”. La mujer prosiguió con gesto contundente: “Además, mi país tiene 40.000 millones de euros invertidos en España y no permitiremos que una incompetente gestión malogre nuestros intereses. Les digo más, mi sexto sentido me dice que no hay incompetencia sino perversión. Y yo jamás doy limosna a un mendigo para gastárselo en vicios. Y menos a un psicópata. La falta de escrúpulos tiene un límite cuando enfrente existe quien sabe contestar y está decidido a hacerlo. Si aspiramos a regir Europa o el mundo en torno a la mesa de una conferencia discutiendo los destinos de la humanidad y el porvenir de los pueblos no podemos permanecer ajenos a una tragedia. Y creo firmemente que sin negar protección y bienestar a un pueblo entero, hay que exigir cuentas a ciertos individuos”. “Estamos con usted, señora Canciller”, dijeron al unísono los tres hombres. Afuera amanecía y el cielo presentaba tonalidades naranjas y amarillentas que se reflejaban en las cristalinas aguas del Oder.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 18 de octubre de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/217962/opinion/manual-de-rescate.html

Madrid libre

A los pocos días de las decisivas elecciones celebradas en Italia en 1948, saldadas con el apabullante triunfo de la democracia cristiana y una considerable derrota de socialistas y comunistas, un diario de Milán publicaba este anuncio: “Se ha escapado un loro que acostumbra a gritar ¡Viva Stalin! El abajo firmante no participa en grado alguno de las ideas políticas del loro. Mario Faustino. Vía Cavour, 27”. Ante aquél aluvión de votos, Attilio Piccioni, Secretario político del Partido Demócrata Cristiano, exteriorizó su gratísima sorpresa: “Deseábamos que lloviese pero no pensamos que granizase”.

En Madrid ha llovido y granizado a gusto de Ayuso. Y aún sin playa, Madrid es tierra de libertad como lo fueron las playas de Normandía en 1944. El gran derrotado ha sido el sanchismo. No Gabilondo, que no ha podido ser voz cuando era eco, sino Sánchez, doblemente derrotado; primero, porque vio frustrado el intento de moción de censura urdida con Ciudadanos para desbancar al PP. Segundo, porque ha perdido la condición de primer partido en Madrid. Junto a Sánchez, caen derrotados Tezanos, el trapisonda, el progresismo frentepopulista, jaleado por Iglesias, quien diciéndose de izquierdas, vive como un burgués, y es insuperable en agitar disturbios. Y, por supuesto, Arrimadas, que lleva tiempo extraviada en el país de las maravillas.

En política no basta con ser transparente, también hay que ser eficiente y valiente. Y Ayuso lo ha sido en beneficio de la ciudadanía. No ha dejado atrás a nadie, a diferencia del Gobierno de coalición en su nefasta gestión de la pandemia. Y con sus decididas y audaces medidas, la líder del PP ha ayudado y convencido a sus votantes. Se ha revuelto contra esa impostora altivez de un progresismo endiosado de superioridad intelectual y moral que no tolera al rival, desprendiéndose, al mismo tiempo, del habitual complejo de la derecha para disputarle a la izquierda la hegemonía del espacio público de las ideas. Por ello, la aversión del sanchismo hacia ella es tan descomunal como su ineficacia para resolver los problemas de los españoles.

Porque ese progresismo que malgobierna España no se ha detenido un solo día en su labor metódica de acoso y derribo de las instituciones, las tradiciones, las costumbres y las creencias. Ese progresismo, convertido en ideología al crear la izquierda coaliciones de víctimas, ha sustituido la desvencijada táctica marxista de la lucha de clases por un confuso amasijo de banderas como el multiculturalismo, el antirracismo, el feminismo, los derechos de los homosexuales, la ideología de género, el ecologismo, el animalismo o la memoria histórica. Y claro, con tantos ismos, se olvidan de lo esencial: del trabajador, del autónomo, de los desempleados, del hambriento y hasta de los muertos.

Ayuso ha sabido retratar a esa izquierda progre emperrada en destruir la idea de que el hombre es un ser libre y, si además, puede prosperar por sí mismo, eso ya es letal para el progresismo, obsesionado todavía con la ocurrencia infumable de que solo la colectividad produce prosperidad. En Madrid no, porque es libre.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 4 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225209/opinion/madrid-libre.html

¿Derecho a morir?

Moribundas estaban Plus Ultra, Abengoa y Duro Felguera cuando el Gobierno, en vez de aplicarles directamente la eutanasia, las revive con el estratégico pan para hoy y hambre para mañana de este progresismo blandengue que pretende eliminar el sufrimiento humano porque es antinatural. Ya puestos, eliminemos también la natural muerte a secas, sustituyéndola por una artificiosa muerte dulce. El Estado azucarero poniendo dulzura a la amargura de la muerte y animando a morir dulcemente.

La eutanasia es provocar intencionadamente la muerte de una persona, ya sea por compasión o piedad, evitando que el enfermo sufra, por eugenismo, eliminando a seres con taras y enfermedades, o por eficiencia presupuestaria, ahorrando el gasto sanitario superfluo. La Ley española dice recoger el supuesto compasivo. Pero una vez abierta una puerta, por ella entra todo. Deliberadamente, la reciente ley de eutanasia mete en el mismo saco al encarnizamiento terapeútico y a los cuidados paliativos. Aquél es un error de la medicina, que lleva a sus últimas consecuencias el principio de que la muerte es un fracaso, debiendo retrasarse el desenlace a toda costa. Es una terapia que ni sana ni reconforta al enfermo incurable que sufre grandes padecimientos. Por contra, los cuidados paliativos tratan el dolor, no al enfermo. Tratan los síntomas, prescriben fármacos analgésicos, y, lo más importante, dan apoyo psicológico o simplemente calor humano al paciente terminal. Por el que aún se puede hacer mucho y bien. La Ley no acepta el encarnizamiento terapeútico y acepta con la boca pequeña la medicina paliativa, a pesar de la eficacia de ésta en la fase terminal de una enfermedad irreversible. Pero cuando la vida se dirige a su final son los cuidados paliativos la solución. No el encarnizamiento terapeútico. Menos aún, la eutanasia.

Con la Ley, el médico, defensor y cuidador de la vida, queda degradado a mero asistente al suicidio, simple controlador del proceso y, quién sabe si, eficiente fiscalizador del gasto sanitario. Al ser el paciente quien decide y dispone la acción letal, el médico simplemente extingue la vida, da las instrucciones para matarse o supervisa el procedimiento para que ocurra sin dolor y sin fallos. El legislador quiere que todo sea muy profesional, nada aficionado. Por supuesto, que la intervención médica supervisa que se respete el antojo del yo o del familiar. Resultará difícil demostrar ese antojo de muerte. Hay días en que uno no está para nada, deprimido y queriendo morir. Una petición de muerte puede ser fruto de desesperada angustia y no de serena y verdadera elección. ¿Qué hacemos con quienes, sin padecer una patología letal y agresiva, permanecen “sepultados” en vida y también pretenden irse? ¿Que se vayan? La muerte es el único asunto humano que no tiene vuelta atrás.

Provocar la muerte de alguien no es ayudarle a que muera digna ni dulcemente. Es pura barbarie. Ingenuos y malvados se abrazan alborozados: ya hay derecho a morir. Sin ley que lo autorizara, quitarse la vida estaba mal visto. Con la ley, uno puede ya matarse tan ricamente. Además, como es la voluntad del paciente, quien terco y tozudo decide su muerte, uno puede cargarse al abuelo y volver del hospital casi tan satisfecho como quien vuelve de echar de comer a las gallinas. También los nazis aprobaron su ley de eutanasia. Reprochaban a la Iglesia que el concepto de la caridad cristiana, al propugnar el cuidado de los físicamente débiles e inválidos, provocaba la degeneración nacional.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de marzo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/223345/opinion/derecho-a-morir.html

Libertades bajo sospecha

Tiene el progresismo cuando gobierna una irresistible tendencia a recrear un nuevo orden en el que albergar al hombre nuevo. Sus dirigentes inventan y descatalogan derechos con asombrosa frivolidad. Una mentira mil veces repetidas acabó convertida en derecho al aborto, arrumbando al derecho a la vida. Fue un escalón más en esa obra de albañilería laicista, cuya argamasa es la corrección política del lenguaje. Nos hallamos enfrascados en una guerra cultural que persigue invertir los valores del bien y del mal. Se cierne el tenebroso escenario anunciado por las brujas de Macbeth: “lo bueno es malo, y lo malo es bueno”. Es la fría e implacable intemperie del relativismo.

Un Gobierno, el de siempre, vuelve a practicar el acoso y derribo contra el derecho a la educación y la libertad de enseñanza. Va a ser verdad que con la izquierda en el poder, las libertades duran lo que las rosas: una mañana. La ministra de Educación y Cultura en magistral clase “teórica” niega reconocimiento constitucional a un derecho reconocido en la Constitución y en la Declaración Universal de Derechos Humanos: el derecho de los padres a la educación de sus hijos, el derecho a que éstos reciban la formación religiosa y moral de acuerdo con sus propias convicciones. Tratan de redefinir la Constitución y, de instrumento de concordia, travestirlo en triunfo de una ideología sobre el resto de la nación.

Para los arquitectos del nuevo orden resulta demasiado incómodo tolerar a ciudadanos que, como padres, desean educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones. Sucede que en la inmensa mayoría de los casos, esas convicciones son las de la fe católica. El derecho a la educación no es la pieza a batir; lo es la libertad religiosa. Es la Cruz la que molesta a los guardianes del laicismo. Se libra una batalla ideológica con el fin de desterrar a los católicos de la vida pública obligándoles a replegarse a sus hogares y a las sacristías. Tratan de imponer que la religión es un asunto de conciencia recluido en la intimidad personal y no debe entorpecer la esfera pública. La libertad deviene en bulto sospechoso.

Como el progresismo bebe en las mismas fuentes del totalitarismo, juegan con una mano a perseguidores y con otra a liberales. Arremeten contra los católicos siendo  sumamente respetuosos con otras religiones. Postulan que la religión debe adecuarse al ámbito público pero se afanan por que en los comedores de las escuelas públicas el menú se adapte al Islam. El discurso hegemónico de la izquierda rezuma hipocresía, incoherencia y doble rasero. Sus voceros hoy afirman lo que niegan mañana. Hacen lo contrario de lo que predican. Defensores de los servicios públicos pero jamás usuarios del transporte colectivo. Partidarios de la enseñanza pública pero padres de alumnos de colegios privados. Cualquier día estos hipócritas y enemigos de la libertad intentarán persuadirnos de que la democracia no significa que los ciudadanos puedan votar. Ya lo intentaron y fracasaron detrás del telón de acero.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 15 de noviembre de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/207004/libertades-bajo-sospecha.html

Rebaño

El almirante Wilhem Canaris solía decir a sus amigos que cuando se cruzaran con un rebaño de ovejas no dejaran de hacer el saludo nazi. “Al fin y al cabo”, añadía con su característico humor, “nunca se sabe”. Canaris fue el personaje más desconcertante de la Alemania nazi. Jefe de la Abwehr, el servicio de espionaje militar alemán, y furibundo antihitleriano, sería arrestado por la Gestapo por su participación en la conjura contra Hitler del 20 de julio de 1944, y ejecutado el 9 de abril de 1945 en el campo de concentración de Flossenburg.

En su novela Final en Berlín escribe Heinz Rein que “por muy heterogéneos que fueran los elementos que convergieron en el Partido nazi antes de convertirse en el Partido del Estado, tenían un denominador común: todos ellos eran descarriados o estaban a punto de descarriarse”. Un conglomerado de aventureros desarraigados, violentos mercenarios, mafiosos de los bajos fondos, interesados con afán de notoriedad, arribistas sin escrúpulos que practicaron una violencia brutal sobre sus adversarios políticos tomando el control de las calles en las ciudades alemanas. Aquellos bárbaros militantes serían descritos atinadamente por Theodor Pliever en su libro Berlín: “Y ocurrió que Hitler al hacer redoblar el tambor en una época de crisis y de decadencia cultural se hizo con todos los que vivían sin ideales políticos y religiosos. Junto a él se agruparon los más diversos elementos de la decadencia y su presencia bastó para dispersar las tradiciones, que hasta entonces se habían mantenido intactas y fuertemente unidas”. Como cuenta Luis Abeytua en Lo que sé de los nazis, muchos de los jerarcas del hitlerismo procedían de las más humildes clases sociales, la mayoría carecían de un empleo estable y sus escasos méritos académicos o profesionales no bastaban para justificar su rápido encumbramiento. “Una histérica plebe parlamentaria” como denominó en su Diario de Berlín el periodista Wiliam Shirer a los seiscientos diputados que vestían camisa parda. “Nos han dirigido delincuentes y tahúres y nosotros nos hemos dejado conducir como ovejas al matadero”, puede leerse en la obra anónima Una mujer en Berlín.

Con su nihilismo absoluto, su técnica propagandística y su régimen de terror, Hitler logró el truco de prestidigitación de equiparar el nazismo con el pueblo alemán, convirtiendo a éste en un borreguil instrumento sin voluntad. Al control total sobre la opinión pública, se añadió el adoctrinamiento escolar. El mismo Shirer explica cómo se nazificaron las escuelas mediante la implantación de nuevos libros de texto nazis que falsificaron la historia, “hasta extremos que a veces son cómicos”. Se practicó, además, un socavamiento sistemático de la autoridad de los padres por parte de las Juventudes Hitlerianas. “Divisiones de individuos sin carácter a las órdenes de idiotas marcando el mismo paso”, como las definió Odon von Horvarth en Juventud sin Dios. La pertenencia a dicha organización desligaba al afiliado de cualquier relación familiar.

En la citada obra de Heinz, uno de los protagonistas inquiere a otro personaje: “¿No ha comprendido usted que uno de los primeros objetivos del nacionalsocialismo consiste en acabar con todas las relaciones personales y en lugar de éstas, aplicar un principio rígido?» En otro momento, el mismo protagonista afirma que el nacionalsocialismo es la suma de barbarie más técnica moderna como ideología. Quien fuera Ministro de Armamento de Hitler, el arquitecto Albert Speer, afirmó durante el proceso de Nuremberg, en el que fue condenado a veinte años de prisión, que “la de Hitler fue la primera dictadura de un Estado industrializado en estos tiempos modernos». Una dictadura que para ejercer el dominio sobre su propio pueblo, supo servirse a la perfección de todos los medios técnicos. Mediante la radio y el altavoz, ochenta millones de personas pudieron ser sometidas a la voluntad de un único individuo. Pero también el teléfono, el télex y la radio permitieron transmitir sin dilación las órdenes dictadas por la suprema jerarquía a los órganos inferiores donde fueron obedecidas ciegamente y sin cuestionarse debido a su elevada autoridad. Se hizo posible crear una extensa red de vigilancia de la población y conseguir un alto grado de confidencialidad de los actos criminales. Speer también afirmó que todos los Estados del mundo corren hoy el riesgo de caer bajo el terrorismo de la técnica, aunque en una dictadura ese peligro parece ineludible. Cuanto más se tecnifique el mundo, será más necesario que, en contrapartida, se fomente la libertad individual y el respeto de cada hombre a su propia dignidad.

Durante los años de la República de Weimar, nadie pensaba que Hitler, aquel “charlatán de cervecería”, llegaría a controlar Alemania y gran parte de Europa. Hubo mucha vacilación, candidez y cesiones entre los dirigentes alemanes de la época, que creyeron que podrían pararle los pies a aquel “pequeño cabo austríaco”, que siempre tuvo muy claro su objetivo. El presidente Hindenburg acabaría dándole el espaldarazo. Y la técnica le permitió culminar su sistema criminal. En tiempos como los actuales, debemos saber parar a tiempo a nuestros “pequeños cabos” y también liberarnos del control de la tecnología. Solo así evitaremos convertirnos en un manso rebaño.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 21 de febrero de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/222267/opinion/rebano.html

A manos de la ideología

“Otra victoria como esta y estoy perdido”, exclamó el griego Pirro tras la batalla de Ásculo, acuñando el concepto de victoria pírrica. Algo parecido musitaría Pedro Sánchez, abonado al pan para hoy y hambre para mañana, tras el escrutinio de votos el pasado 10 de noviembre. Temiendo ser desahuciado de Ferraz, se agarró con desesperación al clavo ardiendo del populismo, al mismo que, días antes en un televisivo debate electoral, rechazó para evitar insomnios sobre el colchón presidencial. Desde entonces, Sánchez es rehén de Podemos. No de los separatistas catalanes, que facilitaron su investidura, sino de Iglesias, quien le salvó de su muerte política manteniéndolo con respiradores en La Moncloa. El precio a cobrar por el redentor resulta excesivo y con intereses leoninos.

Sánchez paga el primer plazo hipotecario al pronunciar su discurso de investidura. Un texto trufado de quincalla populista a la que nos tiene acostumbrados Podemos: lo común, lo público, la comunidad, el pueblo por encima del individuo y de los grupos sociales. Todo un léxico legatario de postulados totalitarios con los que anular al individuo frente a la colectividad. Hasta el retorcido término monomarental, también utilizado por la ministra de Igualdad y consorte del vicepresidente comunista, tuvo que incluirlo el orador en su exposición. Por ser Sánchez un títere de Iglesias, éste actúa con patente de corso. El presidente no afea, sino justifica, las insensateces de su vicepresidente: la protesta promovida contra el Rey, la violación de las reglas de la cuarentena, o las críticas al Poder judicial. Además, le ha dado asiento en el CNI. Día tras día, ensancha su poder imponiendo sus tesis bolchevarianas en medio de un Gobierno agrietado y descompuesto y ante una postpandemia de miseria y rechinar de dientes por millones de españoles ante la bancarrota del Estado y el hundimiento de la economía.

La Historia demuestra que allí donde el comunismo ocupa el poder quiebran derechos y libertades y la verdad padece bajo los grilletes de la mentira. Nunca en la democracia española hubo tanto desprecio institucional a la verdad como en estos días. Aunque la verdad hable por sí sola, la mentira habla por boca del Gobierno y sus medios adictos. También nos enseña la Historia que la táctica favorita del comunismo es la de avanzar hacia el poder flanqueado por unos amigos que, a la hora de la victoria, resultan implacablemente eliminados. Podemos espera el momento en que su aliado socialista se desangre para acabar fagocitándolo. Tenemos un presidente a merced de su vicepresidente, y ambos empeñados en sacrificar eficacia, transparencia y libertad en el altar del progresismo, quedando los españoles en manos de la ideología, manos siempre resbaladizas, cuando no letales. Ante tan inquietante escenario, cobran sentido aquellas palabras que Boris Pasternak pone en boca del personaje de El doctor Zhivago: “Aquí era necesario enseñar a la gente a no pensar y no formarse opiniones, obligarla a ver lo que no existía y sostener lo contrario de lo que resultaba obvio para todos”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 17 de mayo de 2020. https://www.elimparcial.es/noticia/213152/opinion/a-manos-de-la-ideologia.html

8-Mentiras

“La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira». Frase aleccionadora con la que comienza su obra, El conocimiento inútil, Jean François Revel. El año 2020 ha sido en España un año pródigo en mentiras. Un hombrecillo de revuelto cabello e indumentaria poco apropiada para un serio y escrupuloso portavoz del Gobierno, tranquilizó a los españoles diciendo que en nuestro país solamente se darían uno o dos casos de contagios por coronavirus. Durante la nefasta jornada del 8 de marzo pasado, algunas feministas escasamente responsables portaban en la calle un farsante mensaje: “el machismo mata más que el coronavirus”. Nos han mentido en el número de fallecidos por COVID-19. A estos embustes siguieron otros: “No vamos a dejar a nadie atrás”, “hemos vencido al virus”, “no pactaremos con independentistas” y el engaño acerca de informes ocultos sobre los fondos europeos. La última falacia, que adopta la forma de contradicción, ha sido el esperpéntico acto de apisonar las armas de los asesinos al mismo tiempo que se gobierna pactando con los asesinos. Es doctrina cristiana combatir el pecado y salvar  al pecador. Pero siempre que concurra el arrepentimiento de éste. Otra trola más.

La verdad habla por sí sola, pero la mentira habla por el Gobierno. Vivimos en una impostura permanente con unos dirigentes instalados en el reino del engaño. Su liturgia es la patraña. Cada día hay más especialistas en falsificar números y palabras, generando manipulación. Se extiende la sensación de que lo único que interesa es el poder, creando para su mantenimiento un método basado en el enredo sistemático. Como cuenta Víktor Kemplerer en sus Diarios, “los regímenes totalitarios siempre han especulado claramente con el primitivismo y la estupidez de la masa. Tratan de hacer extensiva esa estupidez también a las nuevas generaciones deformando el intelecto y estrangulando toda formación escolar y universitaria, y lograr entremezclar verdades con mentiras”. Para engañar se necesita mentir y que te crean; aunque mientas, si la gente no te cree, no hay engaño. Dice un proverbio árabe que cuando alguien te engaña, la primera vez es culpa suya, pero que a partir de la segunda, la culpa es ya enteramente tuya.

En una democracia, la responsabilidad de los medios de comunicación y de los intelectuales consiste en decir la verdad y denunciar la mentira. El derecho a la información de los ciudadanos debe garantizarse exponiendo hechos y verdades y al mismo tiempo desenmascarando las falsedades y rectificando las mentiras. La opinión pública tiene derecho a conocer lo verdadero y a denunciar la falsedad. Cuando en una sociedad se renuncia a divulgar la verdad y a desmentir la mentira se derrumba vertiginosamente la confianza en las instituciones y se quiebra la convivencia. ¡Qué lejos estamos de aquél hombre soñado por Jefferson! “el hombre que no teme a las verdades, nada tiene que temer de las mentiras”.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 7 de marzo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/222768/opinion/8-mentiras.html