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Mujeres

La mujer es igual al hombre en derechos y en deberes. No así en anatomía, lo que permite a aquella concebir descendencia. Tienen razón las mujeres cuando dicen si nosotras paramos, se para el mundo. O lo que es lo mismo, si nosotras parimos, avanza el mundo. Aquellos gritos, ¡hijos sí maridos no! ¡viva el amor libre! han dado paso a otros más inquietantes y tenebrosos ¡ni hijos ni maridos! ¡viva el aborto libre! Y con semejante método extintivo, el mundo va directo a su caducidad, y hasta Groucho Marx se bajaría de él. Pero las mujeres, como los hombres, no son iguales entre sí. Las hay altas y bajitas, guapas y simpáticas, inteligentes y sotas, madres y sin hijos, feministas femeninas y feministas radicales…

El feminismo radical es más radical que feminista. Es a lo femenino lo que el juego sucio al fútbol. Una deformación. No es un movimiento a favor de la mujer, de su libertad y dignidad, sino una ideología anti, habituada a tendenciosas y esquinadas maniobras de propaganda, de alborotada propaganda a fin de pescar en río revuelto. Con sus torcidas interpretaciones y errados prejuicios las feministas radicales acostumbran a formular su pliego de cargos y a blandir su aplastante animosidad contra el hombre, el macho opresor, contra el capitalismo, el eje del mal, contra la Iglesia, una estructura de dominación y discriminación e, incluso, contra la mujer que no comparte la vulgata de su pensamiento único, tachándola de cómplice de los opresores. Oculto bajo un manto de tolerante comprensión, este pseudofeminismo constituye una apostasía de la libertad al anular las diferencias de la individualidad en aras de una gregaria identidad colectiva. La feminista radical no debate ni reflexiona; hace lo que hagan las demás feministas radicales. En las sociedades libres conviene mantener una actitud de vigilancia y desconfianza hacia todo lo que venga de esta variante totalitaria, y especialmente, el lenguaje. En sus consignas, la palabra género ha borrado a la palabra madre. Portavoza es solo la anécdota; la manipulación del lenguaje es la categoría.    

Decía Azorín sobre un libro en el que se exaltaba la sensibilidad femenina, que no podía ser nunca libro de decadencia. Nada hay más vivo y actual que el espíritu alegre, incansable y constructivo de la mujer, con esa encantadora y esplendorosa plenitud de lo femenino, con su sexto sentido de la sensatez y con esa esperanza de la Humanidad que es el instinto maternal. Son valiosísimas aportaciones que hacen más humana y segura la existencia. Sería sumamente arriesgado bordear el peligro de la indiferencia colectiva hacia la amargura de la mujer, ya sea por su discriminación en el entorno laboral, ya por la violencia machista o por el acoso y el abuso sexual. Es muy de hombres procurar un esmerado respeto y la justa reparación hacia la mujer.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 11 de marzo de 2018. https://www.elimparcial.es/noticia/187617/opinion/mujeres.html

El contraste de Berlín: 60 años del muro de la vergüenza

Hubo un tiempo en que por la zona soviética de Berlín, circulaba una célebre anécdota sobre el abastecimiento que en 1948 la aviación anglosajona facilitó a los sectores occidentales de la capital alemana durante el bloqueo con que la URSS sometió a la ciudad: Solamente hay una diferencia entre nuestro sector ruso y el occidental. Nosotros vivimos del aire. Ellos viven por el aire. Salvar mediante un puente aéreo aquél asedio sobre dos millones de personas fue una demostración de poderío y eficacia por los angloamericanos y, simultáneamente, significó el primer fiasco grave de los soviéticos en el empleo de la coacción. El cerco pretendía impedir la creación de la futura República Federal de Alemania, de ahí que la primera condición rusa para levantarlo fuera la de frenar la reunificación de las tres zonas occidentales en un nuevo Estado. La hazaña de Berlín, como se denominaría a la operación humanitaria más importante de la historia, permitió por vía aérea la entrada en la capital alemana de un millón y medio de toneladas de alimentos, ropa, combustible y demás productos de primera necesidad durante once meses (del 25 de junio de 1948 al 12 de mayo de 1949). Suficiente para hacer vivir e, incluso, trabajar a los berlineses occidentales contribuyendo al resurgir del espíritu de éstos, que con su alcalde Ernst Reuter al frente, decidieron, desde entonces, resistir y desafiar abiertamente la barbarie comunista.

Sin este primer muro contra la libertad no se entendería lo que supuso un 13 de agosto de 1961 la construcción del famoso muro de Berlín. Un entramado de alambradas, fosos, adoquines y hormigón, reforzado con abundancia de guardias y perros, de ametralladoras y tanques, que dividió la ciudad en dos, separó a familias, amigos y vecinos impidiendo entre ellos verse y hablarse, resquebrajó viviendas, atravesó calles  y parques públicos, no respetó las iglesias y hasta las utilizó como parte del mismo muro, y fragmentó líneas del Metro cancelando algunas estaciones. Berlín se convirtió en foco de conflictos entre EEUU y la URSS, provocó mas de un centenar de muertos y otro tanto de heridos entre quienes intentaron huir del comunismo y se constituyó en un símbolo de la Guerra Fría hasta el 9 de noviembre de 1989 en que fue derribado por la fuerza de la libertad.

Antes del muro, los berlineses ya se sentían excepcionales por vivir una situación excepcional, única en la historia. Por arte de los acuerdos y desacuerdos ruso-occidentales, se hallaron encajonados en mundos distintos y remotísimos a pesar de su proximidad y separados por una línea divisoria pintada en el pavimento. La antigua capital del Reich, situada en mitad de la zona de ocupación rusa y dejada fuera de las nuevas repúblicas alemanas occidental y oriental, constituía una isla sin nacionalidad, partida en dos por desavenencias entre comunistas y demócratas. Con ser de tantos, era la ciudad de nadie en la que concurrían peculiaridades como el control por los rusos de la red de comunicaciones desde un edificio central enclavado en el lado occidental. O que millares de berlineses trabajaran en sector distinto de su domicilio.

Berlín era una mecha encendida en el polvorín de Europa; un peligroso agujero abierto en el telón de acero por el cual Occidente se asomaba a la tiranía del comunismo y, al mismo tiempo, ejercía un fuerte magnetismo sobre un millón de alemanes subyugados bajo esa tiranía a escasos metros del mundo libre. Moscú no podía tolerar que el contraste entre el lado occidental y el lado comunista, entre la libertad y la represión, entre la esperanza y el derrotismo estuviera a la vista de todos. Por eso las autoridades germano-orientales se vieron obligadas a levantar un muro. Su construcción certificó el fracaso de un sistema político y la admisión de la derrota. Aquello fue un desesperado intento, el primero en la historia de la humanidad, de erigir una barrera, no para impedir que penetraran invasores, sino para encerrar a un pueblo y evitar su salida.   

El muro simbolizó el espíritu de todos los berlineses: el de los occidentales para ser libres y el de los orientales en busca de libertad. El alcalde Reuter, fallecido en 1953, no conoció el muro, pero cuando arreciaban los duros días del bloqueo pronunció estas perdurables palabras: ¿Rendirse? Es mucho mejor vivir con la amenaza del hambre y del frío a vivir con la seguridad de una inacabable esclavitud. Aquí en Berlín, nadie necesita de lecciones académicas sobre la democracia, la libertad y tantas otras cosas bellas que hay en el mundo. Aquí cada uno vive todo eso, lo vive cada día y cada hora. En momentos de revuelo mundial en que proliferan partidarios de levantar barreras aislantes, conviene recordar las nefastas consecuencias de regímenes con muros.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El debate de hoy el 13 de agosto de 2021

Ciegos

En 1948 los soviéticos publicaron en braille El Capital, de Marx. La obra se consideró un alarde editorial. Con su indestructible humor británico, el Daily Telegraph tituló así la noticia: “Un ciego para guiar a otros ciegos”. Rúbrica idónea para quien, cegado por su ambición de poder, pretende guiar los pasos de otros invidentes cegados por el odio a España. Uno y otros maquinan peligrosamente contra la nación a un ritmo galopante. Porque prisa, como decía Ortega, solo la tienen los ambiciosos.

Están los tiempos para ir despacio con mucha prudencia y ojos muy abiertos a través de este campo minado en que se ha convertido la otrora quieta dársena española por culpa del socialismo revanchista de Zapatero. Con él comenzó el desbarajuste empeñado en un guerracivilista ajuste de cuentas a la Transición y al régimen del 78. “Aceptaremos cualquier cosa”, “todo vale”, “como sea”, sinónimos relativistas en estado puro. Y antónimos de preservación del castillo almenado del Estado de Derecho, con puente levadizo y centinelas armados. Este socialismo reaccionario y subversivo derriba fortificaciones, baja el puente y desarma la guardia. Los indultos no sólo han abierto las celdas, también los portones de la fortaleza constitucional. Mientras, los ingenuos confíados alegremente justifican el derribo en una necesaria contribución a la “nueva” reconciliación. Quienes no comulgan con ruedas de molino son declarados proscritos censurando su afán de poner piedras en el camino de la convivencia. Resuenan las palabras de Stefan Zweig en El mundo de ayer: “El que exponía una duda, entorpecía la actividad política, al que les daba una advertencia, lo escarnecían, llamándolo pesimista…”. Muchos españoles deseamos que se ponga fin al chantaje del separatismo pero nunca con un montaje de comedia burda en el que los separatistas son un espejo de virtudes. Porque aún puede formularse un extenso pliego de cargos contra esa tropa rebelde, cuya lectura dejaría al descubierto su pérfida maquinación de volver a delinquir.

Alguno juega con su idea de concordia como un gato con el ratón sin darse cuenta de que el ratón es él. Decía Montanelli que un irresponsable puede decir cualquier cosa y aprovecharse de ello. Título aplicable a quien persiste en desmontar el orden constitucional. Si se analizan sus dichos políticos se observa que detrás de una verborrea oceánica y una exaltación retórica considerable no hay absolutamente nada. Dice estar a favor del diálogo y del entendimiento. Todo el mundo lo está, pero no a cualquier precio. Su discurso no ha revelado en un solo momento al estadista, sino a un vulgar demagogo de envergadura. Su falta de honestidad como modo de hacer política, sus mentiras como método de conducta y su tergiversación de los hechos revelan una ambición ciega e irresponsable. Si tanto le ha cambiado la pandemia abrigando ahora un sentimiento magnánimo de fraternidad, que se aplique el cuento y se dé un abrazo con Ayuso. Eso sí sería reconciliación.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 27 de junio de 2021 https://www.elimparcial.es/noticia/227679/opinion/ciegos.html

Acallar la libertad

“Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo” (Voltaire). Habiendo izquierdistas prestos a tirarse por un barranco tras su caudillo, en cambio, no lo están para defender hoy la libertad de expresión. Por eso, el autor del libro, izquierdista de toda la vida, ha cambiado de bando. Dave Rubin es creador y presentador de The Rubin Report, programa de entrevistas de estilo irónico y desenfadado emitido en TV y en You Tube. En ese singular hábitat audiovisual repara un día en que la izquierda, el bando de la libertad y la tolerancia, prohíbe ahora que determinados oradores hablen en Universidades, boicotea a personas por no emplear el lenguaje afín a la ideología de género y coacciona a los cristianos a traicionar su conciencia. Lo más grave es que los promotores de esta iracunda cancelación se sirven de violencia, censura, escraches, difamación, campañas de desprestigio o bloqueos y caza de brujas virtuales para arruinar la vida a los rebeldes contra la corrección política y el pensamiento único. Un modus operandi que guarda escalofriantes similitudes con las siniestras tácticas de la Alemania nazi. Rubin concluye que la izquierda ha perdido el juicio volviéndose autoritaria y puritana, sustituyendo la batalla de las ideas por la de los sentimientos y trucando la sinceridad por la indignación.

Una doble experiencia avala al autor: habiendo salido del armario por su orientación sexual, cae en la cuenta de que por sus ideas políticas estaba escondiéndose de nuevo en el armario. Mientras expone su pensamiento, detalla episodios personales y ajenos que evidencian cómo viviendo en sociedades libres la gente teme decir lo que piensa por miedo a una izquierda histérica y vociferante que, espoleada por la indignación, encrespa el ambiente creando un purgatorio político en el que mantiene confinados a muchos. El título original del libro, Por qué dejé la izquierda, permitía explicar al autor su periplo intelectual del progresismo al liberalismo clásico, facilitado por pensadores contemporáneos o “mentores”, como Jordan B. Peterson, Sam Harris, Ben Saphiro, Thomas Sowell, Dennis Prager, Bret Weinstein, Ayaan Hirsi Ali, Christina Hoff Sommers o Peter Thiel. Sin embargo, más que indicar los motivos de su abandono, Rubin prefirió alumbrar una obra didáctica sobre cómo dejar la izquierda y dónde ir después. Estamos ante un mapa en el que seguir un rumbo. Una guía para quienes se autocensuran por temor a la mafia progre. A ellos, el autor les dice que no están solos y que deben salir políticamente del armario y comenzar a decir ya lo que piensan. Si muchos lo hacemos no podrán callarnos a todos. El libro enseña cómo hacerlo y proporciona herramientas intelectuales para saber quién eres, dónde estás y cuáles son tus aliados en estos tiempos convulsos y confusos. A los que ya dejaron la izquierda o nunca militaron en ella, el libro ayuda a entender la locura del actual clima político, enrarecido por un endiosado progresismo que posterga la defensa de los derechos individuales priorizando una falsa preocupación paternalista por la colectividad. Con una ridícula mentalidad victimista, los progres han inyectado el virus de la interseccionalidad, contagiando con pasmosa facilidad “asociaciones de oprimidos”, que  alientan el odio al “opresor”. Por las páginas de la obra desfilan cuestiones como el matrimonio homosexual, transexualidad, aborto, feminismo, racismo, delitos de odio, inmigración, escasez de alimentos, cambio climático, drogas o armas de fuego…todas son hoy puntos de fricción a causa de una nefasta cultura emocional del victimismo que genera toneladas de indignación y tristeza. No extraña que Rubin proponga reírse como arma más eficaz en defensa de la libertad de expresión. Nos recuerda a Oscar Wilde: “Si quieres decirle a la gente la verdad, hazlo con humor o te matarán”. Sin duda, la gente está perdiendo el juicio y el sentido del humor, pero con la guerra cultural nos jugamos más que la cordura. También nos jugamos la libertad. En suma, el volumen es un manual para salir victorioso de esa guerra impulsando los valores, hoy amenazados, que fundamentan las democracias libres y pluralistas.

Hemos subestimado el peligro grave y real contra la libertad de expresión y estamos olvidando el verdadero significado de ser libres. La única manera de combatir esta crisis es seguir con nuestra vida como si aquella no existiera, diciendo lo que pensamos sin censurarnos y viviendo sin complejos de acuerdo con nuestros principios. Rubin concluye que pensar por uno mismo es lo único que se necesita en una era de irracionalidad. Con razón el subtítulo del libro es “huye de la mafia progre y piensa por ti mismo”. Toda una contundente y razonable fórmula para lograr un futuro asentado firmemente en el individuo y no en la colectividad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Debate de hoy el 24 de julio de 2021. https://eldebatedehoy.es/noticia/politica/24/07/2021/dave-rubin/

Alemania 1949

El mismo día en que se cumplía el cuarto aniversario de la capitulación alemana en la II GM (8 de mayo de 1949), el presidente de la Asamblea Constituyente reunida en Bonn, Konrad Adenauer, proclamaba la aprobación de la Ley Fundamental de la nueva República de la Alemania Occidental. 70 años de la promulgación de una Constitución, que, primero, lo fue de la  Alemania conocida como la RFA, y más tarde, a partir del 3 de octubre de 1990, de una Alemania reunificada, tras incorporarse la extinta RDA, la Alemania Oriental.

Los constituyentes de Bonn miraron más al pasado que al porvenir a la hora de elaborar la Ley Fundamental. Se acordaron más del artículo 48 de la Constitución de Weimar, que concedía al Presidente la facultad de legislar por decretos, acarreando las funestas consecuencias ya conocidas, que de la conveniencia de dotar al país de un sólido instrumento de gobierno. Los trabajos preparatorios fueron arduos y complejos. El primer proyecto de Constitución fue rechazado por los Gobiernos de ocupación; el segundo, por los socialistas, que perseguían dotar al Gobierno federal de demasiados poderes en materia de impuestos. Se negaron los cristianodemócratas y los propios aliados occidentales, especialmente, Francia y EEUU.

La Constitución de 1949 articuló la República bajo los signos de la federación y el parlamentarismo. El poder legislativo se integra por dos cámaras: el Bundestag, parlamento federal con representantes del pueblo elegidos por sufragio universal por un período de cuatro años, y el Bundesrat o Consejo federal, en el que están representados los Estados federales por medio de delegados. El Presidente de la República es un mero presidente parlamentario sin posibilidades de actuación directa sobre el Gobierno, con unos poderes emanados, no directamente del pueblo, sino de la Asamblea y sin posibilidad de dictar decretos. El hombre alemán del momento anhelaba un Presidente con mando firme, sin embargo, el resultado fue otro. Muchos auguraron una vida efímera a aquella Constitución, a pesar de los reiterados parabienes recibidos por la necesaria creación de un Estado alemán, que nacía sin un régimen fuerte. En aquél escenario concurría, además, la incógnita de la cohesión territorial del nuevo Estado. La Baviera católica, que ejerció una influencia decisiva compensando el influjo que otrora ejerciera la Prusia protestante, rechazó la Constitución por 101 votos contra 64. Sin embargo, reconoció por mayoría relativa que estaba obligada a respetar el texto constitucional al haber sido aceptado por los demás Estados de la zona occidental. Se alejaba así la inquietud sobre si los bávaros se dejarían seducir por veleidades separatistas.

La Ley Fundamental acabó por consolidarse entre el pueblo alemán. La Alemania Occidental comenzó entonces a renacer de sus cenizas, no con un régimen fuerte, pero sí con un hombre titánico como Adenauer, elegido Canciller en las elecciones de 1949 y que con su Ministro de Economía, Ludwig Erhard, protagonizó el milagro alemán. Gracias a una política liberal de reducida presión fiscal, abstencionista, de fomento de riqueza, con incentivos para el productor, estímulo para las ganancias y ambiente favorable al ahorro y a la capitalización, Alemania superó en crecimiento a la Inglaterra laborista de entonces, con una economía intervencionista, de fuerte presión fiscal y de distribución del producto social entre las clases proletarias. Dos triunfos emocionales más para los alemanes en aquellos años serían la vuelta a casa de los prisioneros cautivos en la URSS, los últimos de Stalingrado, y la victoria en la final del Mundial de Fútbol de Suiza en 1954, frente a Hungría. Alemania comenzaba a ser de nuevo nación.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 12 de mayo de 2019. https://www.elimparcial.es/noticia/201182/opinion/alemania-1949.html

Nacional sandinismo

Inmediatamente después de enterarse del incendio del Reichstag varios periodistas y corresponsales en Berlín se arremolinaron ante el edificio en llamas. Para sorpresa de ellos, Hitler ya estaba allí y premeditadamente les dirigió con afán pretenciosamente solemne unas palabras: “Esto es una advertencia divina y nadie nos impedirá aplastar a los comunistas con mano de hierro. Ustedes son testigos de una nueva y grandiosa época de la historia alemana y este incendio es el principio”.

Una duda abrumó a los reporteros allí congregados: ¿Cómo era posible que Hitler responsabilizara del incendio a los comunistas cuando sólo habían pasado veinte minutos desde que un transeúnte avistara el fuego dando aviso a la policía? Después, los redactores se enteraron de que Goering, presidente del Reichstag, nada más llegar ante el edificio ardiendo, ordenó a la policía: “Registren rápidamente el paso subterráneo que desde mi palacio conduce al Reichstag”. Y con exagerado ardor, como para ser oído por todo el mundo, anunció a voz en grito: “Existe la posibilidad de que elementos comunistas vistiendo el uniforme de las S.A. hayan penetrado en el edificio del Reichstag por ese paso subterráneo con el criminal propósito de prender fuego al edificio”. Willi Frischauer, enviado del rotativo vienés Wiener Allgemeine Zeitung, dijo a uno de sus colegas alemanes: ¿Cree Goering que vamos a tragarnos semejante embuste? Los padres de Frischauer morirían años después en el gueto de Theresienstadt. El pudo escapar a Inglaterra.

Sin prender fuego al Parlamento una democracia puede sucumbir a manos del totalitarismo. De hecho, hay democracias que formalmente funcionan como tales pero materialmente son regímenes dictatoriales que aplastan a sus opositores “con mano de hierro”. Son las llamadas democracias imperfectas o iliberales, consecuencia de la desviación totalitaria del sistema que conlleva una regresión al autoritarismo. Los primeros síntomas de esta patología son difíciles de apreciar pues la robustez y vitalidad del sistema pluralista y de los mecanismos de elección parecen evidentes. Pero sólo en apariencia porque el ciudadano vota pero no elige. La carcoma totalitaria va devorando, sutil pero severamente, los pilares del sistema. Los derechos y libertades se restringen por el poder con signos patentes de tutelaje y abuso. Se intimida y persigue a la oposición. El intervencionismo estatal se torna hegemónico menguando el terreno de la sociedad civil. Se dinamita la independencia de los jueces y la prensa. Se silencia a la opinión pública y se enturbia la transparencia en la gobernación de los asuntos generales.

Como ocurriera en los inicios de la Alemania nazi, resulta crucial que el periodismo libre denuncie el secuestro de la democracia por políticos totalitarios convertidos en dictadorzuelos. Varios países de la América española padecen democracias imperfectas o iliberales, como Venezuela, Bolivia y Nicaragua que, bajo la apariencia democrática, amedrentan a la ciudadanía e impiden la libre competencia por el poder, rasgo esencial según Raymond Aron, que define una democracia al aceptar a la oposición y abrigar la tolerancia hacia el diferente. El caso nicaragüense resulta hoy muy preocupante. En las últimas semanas el sandinismo ha encarcelado a cuatro precandidatos opositores y dirigentes del empresariado y de la sociedad civil siguiendo el mismo método que el nazismo empleó para eliminar a la oposición comunista: el embuste, la falsificación y la manipulación.

Quien fuera guerrillero fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, Tomás Borge, y dirigente durante el Gobierno que siguió a la Revolución de 1979, manifestó antes de su muerte en 2012, con el sandinismo nuevamente en el poder tras el triunfo electoral de 2006: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder. Me es inconcebible la posibilidad del retorno de la derecha en este país. Podemos pagar cualquier precio, lo único que no podemos es perder el poder. Hagamos lo que tenemos que hacer. Habrá Frente Sandinista hoy, mañana y siempre”. Al igual que Hitler en Alemania hizo lo que tenía que hacer para intentar perpetuar con su nacional socialismo el “imperio de los mil años”, otros dictadores hispanoamericanos creyendo apadrinar “nuevas y grandiosas épocas”, ambicionan su permanencia vitalicia en el poder abatiendo la democracia y ahogando la libertad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de junio de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/227353/opinion/nacional-sandinismo.html

Estrategia 2050. Base y alero

Tras descartar el baloncesto como subsistencia, Modesto se inició en la práctica de la demagogia siendo insuperable en la formulación de sofismas e imbatible en la simplicidad de frases y conceptos. Con semejante bagaje se especializó en escribir tesis de autor. Sin futuro en un basket del altura, Serafín alcanzó a estudiar prospectiva por correspondencia en Detroit. Recibió un diploma que le acreditaba como prospectivo de primera clase y se aupó a ofrecer su deslumbrante mediocridad. Pronto, lo suyo fue más propaganda que prospectiva con irrefrenable tendencia al cuento de la lechera. Tras conocerse, Modesto y Serafín decidieron unir esfuerzos conformando un grisáceo equipo de escasa base y mucho estar en el alero.

Con la inventiva del base y las trolas del alero, tal pareja parió una estrategia a la que apellidaron nacional sin creer en la nación, ¡fíjate tú! proyectándola al 2050. Largo me lo fiais. Parafraseando a aquella musa del separatismo catalán encaramada en la tribuna del Congreso de los Diputados, habla la mayoría: “nos importa un comino España en 2050 cuando estamos hechos unos zorros en 2021”. Es como si Luis Enrique se afanara preparando la final de la Eurocopa cuando aún tiene crudo superar la fase de grupos. Es desentenderse con ligereza de los problemas presentes buscando con pedantería refugio en lo que no es aún. Es el dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Atenta a las corrientes marinas más que a las mareas, la prospectiva, aliada con la experiencia y la costumbre, suele revelar lo importante, pero termina topándose con lo urgente como rival. Entre importancia y urgencia surge la alternancia propia del marcador en un partido de baloncesto. Pero lo realmente demoledor para la prospectiva es el imprevisto de última hora. El decisivo triple en el segundo final o los inoportunos tres segundos en zona. Desde una pandemia hasta una incompetencia diplomática ante Marreucos, pasando por derrota humillante en Madrid, nuevo desafío independentista en Cataluña, y, quién sabe, si tropiezo en las primarias de Andalucía. Forzada nuestra vista al pasado con el amañado y empalagoso recuerdo histórico, ahora pretenden redirigir nuestra mirada hacia un porvenir utópico del socialismo distópico. ¿Cómo salvará nuestro futuro quien quiebra nuestro presente? ¿Cómo creer en quien carece de credibilidad? Quien nunca dice la verdad anda enredado entre preverdad y posverdad. Quien tozudamente da la espalda al hoy nunca entenderá el mañana.

En las pantallas de los cines italianos de la posguerra, cada vez que algún documental proyectaba imágenes de Mussolini, aparecía este rótulo: “Un pueblo que sabe reírse de sus propios defectos es un pueblo civilizado”. Entonces, la sala rompía a carcajadas. Quizás en 2050, cuando según la prospectiva la alpaca sustituya al tergal, los españoles se reirán recordando este postureo ególatra de quetedigos y amosandas, de que menda lo sabe y ya te lo dije, de quienes miran sin ver. Significaría continuar siendo un pueblo de base civilizada y a cubierto del alero.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 20 de mayo de 2021https://www.elimparcial.es/noticia/225920/opinion/estrategia-2050.-base-y-alero.html

La sombra

Han ensombrecido la vida pública con odio y mentira. Han apagado las luces de la concordia con el revanchismo. Han fundido los plomos de la economía con su ineficacia. Con su adoctrinamiento han averiado el ascensor social de la educación. Y con su sectarismo han ennegrecido el prestigio de las instituciones. Vinieron a dialogar y a regenerar, y cegados por la ideología han sucumbido ante la pandemia dejándonos a oscuras y llenando España de sombras.

Pierden elecciones no sabiendo digerir la derrota con un mínimo, no de elegancia, sino de decorosa humildad democrática. Conociendo su mentalidad demagógica, sabíamos que la diatriba más repetida en clave electoral contra sus rivales sería ultraderecha o fascismo. Eran los que liberarían Madrid de las garras fascistas. Su campaña, de gran vaciedad dialéctica, ha consistido únicamente en farsa e insulto. Ninguna aportación al debate político. Nula capacidad para construir. La misma campaña que la de los medios de comunicación a su servicio, que escriben al dictado y a quienes solo falta citar a Bielinsky, bolchevique de la primera hora: “Todo el mal está a la derecha, todo el bien está a la izquierda”. De ellos puede predicarse la descripción de Clemenceau sobre un farsante: “No dice verdades pero se defiende con ardor”.

Comenzaron y han terminado insultando y mintiendo. Aún siguen. “Organización criminal” llamó el Ministro del Interior a un partido democrático, olvidando que sus socios proetarras apuntalan al Gobierno. Como no caló aquello del fascismo, ni siquiera aderezado con balas, continuaron con descalificaciones. Y sin argumentos. Estigmatizaron a las tabernas como espacios de conspiración e insurrección. Será que sus adoradas herrikotabernas resultan oasis de armonía democrática. El mozo maletero de Delcy ha tachado a la Comunidad de Madrid como un régimen lo más parecido a una dictadura, porque un mismo partido lleva gobernando veintiséis años. No se acuerda de que el suyo permaneció en Andalucía más años que Franco, el de Mingorrubio, no el purgado en Madrid. Tampoco de Venezuela. Además, el Einstein de Podemos censura que obreros que ganan 900 euros voten a la derecha, si él, ganando bastante más mitad leguleyo mitad revoltoso, vota comunismo. Finalmente (no será la última), una tertuliana de la televisión pública, con esos aires vulgares de superioridad intelectual que aquejan a todo progre, desea que los votantes de Ayuso “sufran una enfermedad de diagnóstico tardío”. Pero ¿esto qué es?

Esta cuadrilla de malasombras solo conocen de la democracia su sombra. El único responsable de este demoledor y peligroso desvarío es quien manda. Todos sus engaños, sus deslealtades y sus traiciones se inspiran siempre en un maquiavélico interés personal por retener el poder actuando sin escrúpulos ni principios. Se fue Rajoy, se fue Rivera, ha huido Iglesias y volverán a echarlo del PSOE para que el partido pueda sobrevivir con sentido común y de Estado. Ya deambula convertido en una sombra, pero aún con esta sigue oscureciendo nuestra convivencia y prosperidad.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 9 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225412/la-sombra.html

Lecturas jurásicas (y IV) libertad o comunismo

En el Berlín ocupado por los aliados tras la II Guerra Mundial, dos soldados, uno de EEUU y otro de la URSS, discuten sobre democracia. El norteamericano da su definición de ésta: “La democracia significa que yo puedo ir a Washington y frente a la Casa Blanca gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. El soldado soviético replica: “También nosotros tenemos democracia. Yo puedo ir a Moscú y frente al Kremlin gritar: Truman no es un buen presidente. Quiero un presidente mejor que Truman. Y no me ocurre nada”. Por encima de la anécdota, queda la categoría. Esa ignorancia voluntaria de los hechos, que le impide reconocerlos, es uno de los rasgos más acusados de la ideología comunista.

No hay forma más perfecta de sumisión que aquella que conserva la apariencia de libertad, advertía Jean-Jacques RousseauTiene que parecer democrático, pero todo debe quedar bajo nuestro control, solía decir quien fuera presidente de la Alemania Oriental, el comunista Walter Ulbricht. Y es que el vicio inconfesable del comunismo es una democracia sin libertad. Cuando un comunista reclama democracia y libertad es porque no tiene el poder. El comunismo demanda libertad como antesala indispensable de la tiranía que implantará cuando llegue al poder. Cuando a un comunista en el gobierno le reclaman libertad, pregunta ¿para qué? La libertad la desean solo para conquistar el poder.

En su obra Introducción a la filosofía política. Democracia y revolución, el polítólogo francés Raymond Aron estudió con detalle aquellos siniestros regímenes marxistas que fueron las democracias populares. Los rasgos característicos de las mismas eran la noción de que un partido, y solo uno, tiene el derecho de existir, lo que acarrea el monopolio ideológico por ese partido y la eliminación de los partidos rivales, en tanto que pretendan sustituir al que ocupe el poder. Un segundo elemento fue el sistema de propaganda para el control y uso de las masas. Un tercero era la reconstitución del orden social, mediante una jerarquía por razón de la función, del cargo y no de la persona.

En plena Guerra fría, el británico Ernest Bevin, político laborista, se jactaba de que “las izquierdas entienden a las izquierdas”, insinuando que los socialdemócratas en Inglaterra y Europa harían muy buenas migas con los comunistas. Los cándidos de entonces, como Bevin, no alcanzaban a comprender que los comunistas nunca quisieron mantener buenas relaciones ni con la socialdemocracia ni con la democracia; solamente pretendían ser los amos destruyendo a todo el que se pusiera en su camino. El comunismo jamás apoya la democracia, sino que se aprovecha de ella para alcanzar sus objetivos. Las elecciones le sirven pero solo como una ruta amplia mientras no puede escalar el monte por el atajo expeditivo de la revolución. Mientras tanto, rompen el juego de la convivencia democrática y desestabilizan la vida pública provocando disturbios y urdiendo bulos.

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 2 de mayo de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/225113/lecturas-jursicas-y-iv:-libertad-o-comunismo.html

Lecturas jurásicas (III)

A su regreso de Moscú, el jefe de un koljós cuenta a los trabajadores de la explotación colectiva los enormes progresos urbanos de la capital soviética. “He visto, dice, grandes barrios con rascacielos modernísimos con todo confort habitados por obreros”. Uno de los campesinos le replica: “Pues yo no vi nada de eso cuando estuve el mes pasado en Moscú”. El jefe del koljós le responde severamente: “Debiste callejear menos y leer más los periódicos del Partido”.

El comunismo no solo fue un vasto sistema de represión y muerte, también un perverso modelo global de falsedad y manipulación. Disparates como los siguientes certifican el metódico y sistemático empleo de la mentira. El 28 de agosto de 1949 se cumplía en Alemania el bicentenario del nacimiento de Johann Wolfgang Goethe, que además había nacido en Weimar, ciudad de la Alemania del Este. El Partido Comunista, el Ministerio de Cultura e, incluso, la Stasi, la policía secreta del Estado, iniciaron una campaña casi desesperada para reivindicar que esa aristocrática figura de la Ilustración era una suerte de protocomunista. Planearon un elaborado festival para mostrar a Occidente que a los comunistas les importaba más la alta cultura que a los capitalistas. Un funcionario del Ministerio de Cultura llegó a decir en un discurso: “Si miráis en la obra de Goethe veréis que siempre trabajó en favor del materialismo dialéctico marxista sin darse cuenta de ello”. En 1952, el departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista polaco entregó un panfleto a agitadores del Partido que contenía consignas como estas: “Los imperialistas americanos están reconstruyendo la Wehrmacht neonazi y preparándola para invadir Polonia, mientras que la URSS ayuda a los polacos a desarrollar tecnología, cultura y arte”.

El totalitarismo soviético hizo del cinismo su recurso supremo, hábilmente aprovechado en proporciones descomunales y sabiamente combinado con el momento oportuno de acuerdo con la mejor técnica comunista. El resultado: añagazas para embaucar a las masas, temerosas en su gran parte, y sobre todo, para controlar absolutamente el poder. En 1948 los comunistas de la Europa del Este abandonaron sus intentos de adquirir legitimidad a través de un proceso electoral y dejaron de tolerar cualquier forma de verdadera oposición. En todas partes se siguieron estos patrones: eliminación de los partidos derechistas o anticomunistas, destrucción de la izquierda no comunista y, después, eliminación de la oposición dentro del propio partido comunista. No por ello la política fue clausurada en las llamadas democracias populares. Sin embargo, la política se había convertido en algo que se desarrollaba, no entre varios partidos, sino en el seno de un único partido. Y así se mantendría hasta el derribo del muro de Berlín en 1989.

En su Diario fin de siglo, Jean François Revel nos advierte de que “todavía tenemos demasiado arraigadas, pese a la victoria de las democracias, las deformaciones intelectuales del totalitarismo. La democracia no habrá ganado del todo mientras mentir siga pareciendo un comportamiento natural, tanto en el ámbito de la política como del pensamiento.”

Artículo publicado por Raúl Mayoral Benito en el diario digital El Imparcial el 25 de abril de 2021. https://www.elimparcial.es/noticia/224819/opinion/lecturas-jurasicas-iii.html