Archivo de la categoría: Santoral

21 de noviembre. San Gelasio (…-496)

Elegido papa en el 492, Gelasio I tuvo un pontificado de cuatro años y medio, distinguiéndose por su energía y una actitud muy firme hacia los herejes: combatió implacablemente a pelagianos, nestorianos y monofisitas, e hizo quemar los libros de los maniqueos. También realizó reformas litúrgicas, pero parece que no es obra suya el Decreto gelasiano que contiene una lista de los libros del canon bíblico.

Intervino en el conflicto que le enfrentó a un obispo cismático de Constantinopla, afirmando en todo momento la primacía de la sede romana y formuló con claridad, quizá por primera vez, la supeditación que en último término debe el poder temporal al espiritual. Fue un Papa que no perdía el tiempo y que en menos de un lustro dejó huella en todas las cuestiones relativas a la fe y a la disciplina. Un aura de inflexibilidad lo rodea.

La idea más común que se tiene acerca de ser santo se relaciona con blandas efusiones teñidas de sentimentalismo, pero la santidad radica muchas veces en ser duro. San Gelasio fue inflexible defendiendo el depósito de la fe y la Iglesia de Roma, no retrocedió ni una pulgada. Pero también ha pasado a la historia como el «padre de los pobres» porque para él la caridad significaba tanto ser de hierro custodiando la herencia de Dios como ser de cera y miel atendiendo a las necesidades de sus hermanos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

20 de noviembre. San Edmundo (841-869)

El último rey de Estanglia. La desdicha idealizó a este monarca que en el año 869 tuvo que hacer frente a una invasión de daneses que se instalaron en Thetford, Norfold. Edmundo les atacó con su ejército, fue derrotado y murió posiblemente después de que le hicieran prisionero sus enemigos. Se supone que le azotaron y y que fue asaeteado hasta que no hallando lugar del santo cuerpo para nuevas heridas, por una misma herida entraban de nuevo muchas saetas, tantas que causaba horror y compasión mirarlo, porque parecía un erizo, siendo otro nuevo San Sebastián.

Según la leyenda, sus súbditos acabaron encontrando su cuerpo, pero la cabeza del rey no aparecía, hasta que en medio de los campos oyeron una voz que gritaba «Aquí estoy». Como siguieran sin verla y todos preguntasen «¿Dónde estás?», la cabeza respondió tres veces : «Aquí, aquí, aquí», hasta orientarles en su búsqueda.

Venerado como mártir, como caritativo, virtuoso y humilde, su culto fue muy popular en la Inglaterra medieval, y sus reliquias se conservaron en Bury Saint Edmunds, en West Suffolk, donde en el año 1020 se fundó una gran abadía. San Edmundo tiene como atributo una flecha.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

19 de noviembre. San Barlaán (…-304)

El santo de hoy es una figura bastante borrosa y descolorida por el paso de los siglos. Incluso, su nombre, Barlaán, se confunde con el de un homónimo puramente legendario que se empareja con San Josafat. Pero el San Barlaán de hoy es auténtico y real, de él hablan elogiosamente San Basilio y San Juan de Crisóstomo, pero es muy poco lo que se sabe.

Era labrador que trabajaba los campos cerca de Cesárea de Capadocia, en las proximidades de la actual ciudad turca de Kayseri, y a comienzos del siglo IV debió de ser un cristiano más de las numerosas comunidades de Asia menor, desaparecidas hace ya mucho tiempo, casi sin dejar más rastro que ruinas y estos testimonios de la fe.

Durante la persecución de Diocleciano fue conminado por las autoridades a que renunciara a sus creencias y diera culto a los dioses, y cuando se negó quisieron obligarle poniéndole incienso en la mano derecha, de tal modo que bastaría abrirla para el gesto idolátrico. Hay que encomendarse a él cuando los ídolos contemporáneos exigen su incienso.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

18 de noviembre. San Odón de Cluny (879-942)

Hijo de un noble turenés, debió de nacer en Tours y muy pronto se acogió a la basílica de San Martín, en su ciudad natal. En el 909 se hizo monje de un apartado monasterio borgoñón, Baume-les-Mes-sieurs y en el 927 fue elegido abad de Cluny, bajo cuyo gobierno se convirtió en el gran foco espiritual y cultural de Europa.

Odón comenzó su labor depurando la vida de los propios monjes: clausura más estricta, más horas de rezo, austeridad, silencio. Hizo de Cluny un lugar para la entrega exigente a Dios, a quien se honraba también con los esplendores litúrgicos. Pero un abad de estos tiempos no podía ser sólo contemplativo, y tuvo que viajar mucho, visitando y reformando comunidades, poniendo paz entre querellas de monjes y haciendo de Cluny la cabeza de una vasta federación de monasterios. También los papas reclamaban su presencia, estuvo en Roma, fue consejero de León VII y Esteban IX.

Montado en su asnillo y cantando salmos, San Odón de Cluny recorría Europa imponiendo la serena visión de un hombre que resolvía los problemas mundanos y las cuestiones humanamente más intrincadas aplicando el criterio de la prioridad absoluta del Espíritu Santo, absorto en éxtasis como quien sobrevuela con la ligereza del alma los menudos accidentes de su camino.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

17 de noviembre. Santa Isabel de Hungría (1207-1231)

Hija del rey de Hungría Andrés II, casó a los catorce años con el landgrave de Turingia Luis IV, y el suyo parece que fue un matrimonio por amor, además que unión con fines políticos. Los esposos fueron muy felices en su castillo de Wartburg, cerca de Eisenach, pero durante poco tiempo porque Isabel enviudó a los veinte años cuando su marido se disponía a partir a la cruzada y murió súbitamente en Otranto. Hubo que defender los derechos dinásticos de sus hijos, amenazados por parientes codiciosos.

La viuda, que ya había dado muestras de de piedad y caridad, atribuyéndosele el milagro de las rosas en que se convirtieron los alimentos que escondía para los pobres en su delantal, se negó a volver a casarse, decidiendo dedicarse a Dios e ingresando en la orden tercera de San Francisco. Se retira a Marburgo y vive consagrada a los pobres, enfermos y leprosos. Murió muy joven y el último período de su vida fue muy duro, no sólo por reservarse las tareas caritativas más repugnantes, sino porque la rigidez de su confesor, el maestro Conrado de Marburgo ensombreció con métodos brutales el crepúsculo de su vida.

Pero Santa Isabel siempre dio ejemplo de paciencia y tras cada tormenta que abatía su espíritu, éste volvía a levantarse hacia el cielo más fuerte que nunca, como la hierba después del vendaval. Fue canonizada cuatro años después de su muerte y es una de las santas más populares de Alemania.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

16 de noviembre. Santa Gertrudis la Magna (1256-1302)

Debió de nacer en Eisleben, la cuna de Lutero, a los cinco años ingresó para su educación en el monasterio cisterciense de Helfta, muy cerca del lugar de su nacimiento, y al parecer nunca salió de allí. Gertrudis profesó en esta orden, pero no tuvo ningún cargo en ella y su vida transcurrió sin ningún accidente externo digno de noticia.

Hasta los veinticinco años estuvo ávida por adquirir una gran cultura, pero después de tener una visión de Jesucristo, se dedicó exclusivamente a la Biblia, a los Padres de la Iglesia y a la liturgia. Renunció a los saberes humanos por sabiduría superior, haciéndose una pura contemplativa. Sus Revelaciones, el Heraldo del amor divino y otros escritos tuvieron una enorme influencia en la espiritualidad medieval, sobre todo en la mística alemana, y se le atribuyen también los primeros atisbos de lo que luego será una devoción tan difundida entre los católicos como la del Sagrado Corazón de Jesús.

«In corde Gertrudis invienietis me», en el corazón de Gertrudis me encontraréis, Cristo como habitante del corazón humano que le es fiel. El atributo por el cual se representa a Santa Gertrudis es un corazón en llamas habitado por el Niño Jesús. De ahí los versos finales del soneto que compuso en su honor Lope de Vega:

Custodia sois mientras gozáis el suelo,

y puesto que todo Dios en él se esconde,

Mayor tenéis el corazón que el cielo.

Fuente: La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

15 de noviembre. San José de Pignatelli (1737-1811)

Nacido en Zaragoza, de nobilísima familia entre napolitana y aragonesa, José ingresó en la Compañía de Jesús y, tras estancias de formación en Tarragona, Calatayud y Manresa, se ordenó en 1762, poco antes de que Carlos III decretara el destierro de los jesuitas. A pesar de que su hermano, el conde de Fuentes, influyente embajador y gran amigo del ministro Aranda, consiguió que se hiciera una excepción con José, sin embargo, él entre vómitos de sangre y muy enfermo de tisis, pidió que le llevaran a Salou para embarcar junto a sus hermanos expulsados y compartir con ellos sus penalidades.

Que no fueron pocas en Italia, sin recursos, viviendo como apestados, y cuando se disolvió la Compañía reducidos a la condición de simples sacerdotes seculares en tierra extranjera. En 1797 pudo renovar sus votos cuando la orden se reconstruyó en el ducado de Parma. Lugo en Ferrara y Bolonia desplegó una gran actividad reorganizando la Compañía, de la que pronto será provincial.

En tiempos tan adversos, es el hombre de la serenidad, la fortaleza y la prudencia, espiritual por encima de todo, caritativo de forma legendaria y tenaz. Piadosísimo, cortés y afable, con una distinción natural que no desmiente su cuna, muy docto en antigüedades, gran conocedor de lenguas, amante de los libros, San José Pignatelli es un ilustrado de la santidad. Murió en Roma durante la invasión napoleónica sin ver rehecha la Compañía, de la que fue como el segundo padre, y sus cenizas se veneran en una capilla del Gesú.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

15 de noviembre. San Alberto Magno (1206-1208)

Es el Doctor Universal, es decir, el más sabio de todos, tenía fama de saberlo todo. Alberto vivió el saber de una manera honda y cristiana, sin orgullo ni lucimiento personal, viendo en la ciencia un servicio a los demás. Fue alquimista, filósofo, naturalista, teólogo, además de predicador y buen obispo.

Su perfil definitivo es el de maestro, gran maestro de las Universidades de Colonia y París, volcando sus conocimientos en la juventud estudiosa, afable, abierto, servicial, enseñar para él es darse, repartir con otro el mayor bien de que disponía, y hacerlo por amor. La Providencia premió ya aquí al gran maestro dándole un discípulo a su medida, el mejor discípulo posible, que debía ser por lo tanto superior a él. Lo que en Alberto es preparación, descubrimiento, en Tomás de Aquino es ya sistema desarrollado en toda su plenitud.

Maestro de maestros, San Alberto Magno alcanza su máxima grandeza en el hecho de ayudar a otros a ir más lejos que él mismo. A los setenta y cuatro años, ya retirado, se entera de que la Universidad de París amenaza con condenar las tesis de Tomás de Aquino, que ha muerto hace poco. Y emprende un largo viaje para defender la memoria del discípulo genial, para servir a la verdad, y basta su presencia para que se reconoca públicamente la razón que le asiste.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

14 de noviembre. San Serapión. (1178-1240).

Santo poco conocido pero con una vida de las más azarosas de su tiempo con una parte bélica y otra de compasión servicial. Se le supone inglés nacido el Londres, hijo de un noble escocés, pariente de los reyes. Junto a su padre participó en 1190 en la tercera cruzada que dirigía Ricardo I Corazón de León, distinguiéndose en las batallas contra el sultán Saladino. Más tarde estuvo al servicio de Alfonso VIII de Castilla y volvió a guerrear en Tierra Santa.

Serapión regresó a España y tomó el hábito de la Merced en Barcelona y se convirtió en uno de los frailes más fieles de San Pedro Nolasco. Pero no se hizo religioso para vivir tranquilo: acompaña al rey don Jaime en la conquista de Mallorca, vuelve a la Gran Bretaña, cae en manos de unos piratas que le azotan hasta creerle muerto, corre gravísimos peligros en Escocia, y, de nuevo en España, se dedica con tanto ardor a la redención de cautivos que parece milagroso que salga a salvo de sus empresas. Morirá mártir en Argel después de largas torturas en una cruz aspada.

¡Qué vértigo de guerras, viajes, aventuras y misericordia el del inglés San Serapión, servidor de reyes primero, de humildes frailes (como su amigo San Ramón Nonato), y de pobres cautivos después! Infatigable en la violencia por la fe hasta que se hace víctima al servicio de los que no necesitan la fuerza, sino el suficiente amor para morir por ellos.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

13 de noviembre. San Estanislao de Kostka (1550-1568)

Polaco de buena familia, Estanislao era un adolescente que desconcertaba por su recogimiento y piedad. Cuando pasó a estudiar con su hermano Pablo en el colegio vienés de los jesuitas se esperaba que cambiase amoldándose a los usos discretamente libertinos de los muchachos de su condición. No fue así, y los cuatro años de Humanidades que cursó en Viena fueron una dura escuela de malos tratos, desprecios y humillaciones.

Pero su decisión de ser jesuita estaba tomada. Como en el colegio, temiendo las iras de su padre, no estaban por la labor de aceptarle, no tuvo otro camino que la fuga. Disfrazado de campesino recorrió setecientos kilómetros a pie perseguido por los suyos, y en Tréveris encontró a un jesuita capaz de comprenderle, el holandés San Pedro Canisio, provincial de Alemania, quien le recomendó al padre General de la Compañía, un ilustre español, Francisco de Borja. Este también supo apreciar lo que valía aquel jovencito que ahora vivía en el noviciado de San Andrés del Quirinal y que era conocido como «el ángel de Polonia».

Devotísimo de la Virgen, «Gran Señora» de los polacos, espejo de todas las virtudes, San Estanislao de Kostka cultivaba de un modo especial la de la obediencia: «Más vale hacer cosas pequeñas por obediencia que cosas grandes siguiendo la propia voluntad». Una repentina y extraña enfermedad se lo llevó a los dieciocho años, pero su breve paso por Roma es todavía inolvidable como un perfume único traído de muy lejos contra el que el tiempo nada puede.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.