Archivo de la categoría: Santoral

12 de noviembre. San Josafat (1580-1623)

Juan Kuncewicz nace en Vladimir, en el centro de la vieja Rusia, de una familia que se había adherido, como la mayoría de los rusos, al cisma ortodoxo, y en su adolescencia se trasladó a Vilna, la capital lituana, para ser dependiente de comercio. Allí el ambiente religioso era confuso y apasionado, y las disputas entre rutenos cismáticos, alentados por Constantinopla, y los católicos que a fines del siglo XVI habían vuelto a la obediencia de Roma, eran muy vivas.

Juan se haría católico, y a los veinticuatro años, después de entrar en un monasterio basilio y, siguiendo la tradición oriental, cambiar de nombre por otro que empezase por la misma letra (Josafat), se propone dedicar su vida a la causa católica, apostólica y romana. Se ordena sacerdote y con una incansable actividad todos los días, desde las dos de la madrugada (penitencia, estudio, plegaria, predicación, confesionario, controversia), y con su fuerza persuasiva logra miles de conversiones. «Ladrón de almas», le llaman sus enemigos.

En 1614 es archimandrita de la Santísima Trinidad de Vilna, en 1617 obispo de Polotsk, llegando a ser el hombre más amado y más aborrecido en la región. Este resurgir del catolicismo en Rusia provocó una conjura de los cismáticos, y en el curso de un motín fue muerto a hachazos al grito de ¡Muera el papista! Pío IX le canonizó en 1867 como el gran santo de los rutenos católicos, hoy casi exterminados en Rusia, pero que conservan la fe de San Josafat en las nutridas comunidades del exilio, sobre todo en Norteamérica.

Fuente. La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

11 de noviembre. San Martín de Tours (315-397)

San Martín anuncia el invierno, nos lo trae con su cortejo de fiestas campesinas que celebran la matanza; hay que probar el vino nuevo y encender hogueras lo mismo que para San Juan. Se invoca al santo que va a caldear con su presencia caritativa la gelidez de noviembre. El frío es también protagonista de la gran anécdota por la que se le reconoce: Ocurre en Amiens, donde Martín, soldado a la sazón, está de guarnición; un día de invierno ve a un pobre que tirita, y él con la espada corta expeditivamente en dos su capa para abrigarlo con la mitad (la única de que podía disponer, la que él había pagado, porque la otra mitad era del emperador). Aquella noche el mendigo se le aparece envuelto en luz, es Cristo con quien había compartido sin saberlo su clámide.

De familia idólatra y nacido en la lejana Panonia, hoy Hungría, Martín era sólo catecúmeno; se hace bautizar, renuncia a las armas y lleva durante un tiempo vida de eremita, hasta que en Poitiers le acoge San Hilario y funda la comunidad de Ligugé, el primer monasterio de la Galia. Luego le harían obispo de Tours.

Fue un prelado austerísimo que sigue vistiendo como un monje y que usa como trono un cascabel de madera; tiene una gran actividad misionera y su fama de taumaturgo se extiende por toda Europa; a su muerte es uno de los primeros santos públicamente venerados sin ser mártires, se le dedican miles de iglesias y su tumba en Tours atrae a una infinidad de peregrinos. Es el «decimotercer apóstol» del que nos hablan su amigo Sulpicio Severo y Gregorio de Tours, pero permanece en la memoria de todos por aquel gesto del soldado que un día de invierno da sin dudar la mitad de su capa a Cristo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

10 de noviembre. San León I Magno (…-461)

Conocido por el Magno, León I maravilló al mundo consiguiendo lo imposible con sólo su presencia. Italiano, quizá natural de Volterra, ya como simple clérigo se le consideraba como uno de los personajes más influyente de la corte pontificia y el mejor de sus diplomáticos, tan hábil como virtuoso, y desde el 440, como Papa, fue la piedra que resistió los embates más duros de su siglo.

En primer lugar contra la fe; los maniqueos en Italia, el arrianismo en África, los priscilianos en España, los monofisitas en Oriente, la ortodoxia se veía amenazada por todas partes y él acudía a todas las brechas haciéndose catequista, comentando la Escritura, dando enérgicas normas, convocando un concilio en Calcedonia para impedir el cisma.

Pero también peligraba la misma vida de los romanos, la propia Ciudad Eterna hacia la cual se dirigía Atila con sus hordas; San León, montado en una mula blanca y con un modesto séquito, salió al encuentro del caudillo de los hunos y no se sabe cómo le convenció para que respetase Roma. Años después intentará otro tanto con los vándalos de Genserico, que saquean la ciudad durante catorce días sin causar ningún daño a sus habitantes. ¿Qué debió de decirles? Quizá no medió ni una palabra, la historia tiene episodios inexplicables a lo que ha de acompañar el silencio.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

9 de noviembre. Dedicación de la basílica de Letrán (324)

Muy cerca de la iglesia romana de los Cuatro Coronados que evocábamos ayer, está la gran basílica de Letrán, catedral de Roma, «madre y cabeza de todas las iglesias de la urbe y del orbe», según se lee en su fachada, y que forma parte de un conjunto en el que los papas tuvieron su residencia hasta el período de Aviñón. Allí hubo en la antigüedad uno de los palacios más suntuosos del monte Celio, el de la familia de los Lateranos, a quienes fue confiscado debido a conspirar contra Nerón; a comienzos del siglo IV pertenecía a la esposa del emperador Constantino, Fausta, quien en el año 313 prestó el lugar al Papa San Milcíades para que reuniese allí un concilio.

El 9 de noviembre del 324 fue la primera iglesia consagrada en toda la Cristiandad, y se le dio el nombre del Salvador, aunque más tarde se le añadiera los de San Juan Bautista y San Juan Evangelista. En su historia hay de todo: destrucción por los bárbaros en el siglo V y el terremoto del 896, cinco concilios ecuménicos y el recuerdo de la presencia de San Francisco en 1210 para que Inocencio III aprobase su regla, el incendio de 1308 y la firma de los acuerdos entre Pío XI y Mussolini en 1929.

Entre los santos de carne y hueso, Letrán, santo de piedra, símbolo de la Iglesia, invisible esposa de Cristo, contiene y resume todo lo que ésta ha sido y es: persecuciones y desastres, dogma y santidad, arte y política, mezcla a menudo un tanto confusa y extraña, como debida a afanes humanos que, bajo la guía del Espíritu Santo, buscan a tientas el camino de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

8 de noviembre. Los cuatro Santos coronados. (306)

Es posible que fueran más, porque en la identificación de estos mártires se mezclan noticias muy confusas. Tal vez sean dos grupos diferentes, cinco canteros de la Panonia inferior, tierra de los Balcanes, y cuatro suboficiales romanos, cornicularii, que llevaban una insignia de metal llamada corniculum, lo que explica el nombre de coronados. Sea como fuere, ya en el siglo IV se levantó en Roma, muy cerca del Coliseo, una iglesia en su honor que fue destruida por los normandos, pero rehecha y restaurada en varias ocasiones. Allí se conservan unas reliquias veneradas desde antiguo.

Los cinco canteros se llamaban Claudio, Nicostrato, Sinforiano, Castorio y Simplicio, y al negarse a esculpir un ídolo fueron metidos en cajas de plomo selladas que se arrojaron a un río. Más incierta parece ser la historia de cuatro hermanos (Severo, Severiano, Carpóforo y Victorino), todos cornicularii, a quienes se exigió que quemaran incienso ante una estatua del dios Escapulario en las termas de Trajano. Se les supone muertos a consecuencia de bárbaros azotes.

Los cuatro (o cinco) canteros, que durante la Edad Media fueron patronos de las cofradías de canteros y albañiles, nos parecen mártires de una concepción muy alta en su oficio, ya que murieron por no creer que el artes es neutral y que lo purifica todo. Por encima del arte, y del deber militar en el caso de los cornicularii estos Santos afirmaban una responsabilidad mayor de la que nada ni nadie podía eximirles, y ésta es la razón de su corona de gloria que hoy celebra el calendario.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

7 de noviembre. San Wilibrordo (658-739)

Anglosajón de la Nortumbria, Wilibrordo era hijo de un noble, se formó en el monasterio de Ripon con San Wilfrido, y de éste aprendió los dos ideales que fueron el norte de su vida: la fidelidad a Roma y las ansias misioneras, el ancla y el vuelo, la raíz y las alas.

Pasó a Irlanda y allí le encontramos en Rathmelsigi, donde es ordenado sacerdote en el 688. Dos años después, con doce monjes más, irá a evangelizar aquella Europa bárbara e idólatra por la que se sentía llamado. Frisia ya había oído la voz de Wilfrido, pero será Wilibrordo el gran apóstol de estas tierras. El Papa Sergio I le consagra arzobispo con sede en Utrecht, y hacía el año 700 establece un segundo centro misional en el monasterio de Echternach, en Luxemburgo.

La evangelización se apoya, como suele ocurrir, en situaciones políticas más o menos inestables, y cuando los frisones se alzan contra los francos Wilibrordo y los suyos deben replegarse por un tiempo. Vuelven a su labor, exploran Dinamarca y otros reinos vecinos, y antes de morir ve asegurada la continuidad con el joven San Bonifacio, otro anglosajón que evangelizará la Germania. El camino que señaló Wilfrido lo anduvo San Wilibrordo hasta que otro misionero de las islas, San Bonifacio, amplía el horizonte sabiendo que otros también le sucederán. Así se anuncia el Reino de Cristo.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol

6 de noviembre. San Severo de Barcelona (…-304)

Era ya sacerdote cuando hacia el año 300 se le consagró obispo de Barcelona. De hecho, todos los barceloneses conocen la iglesia de San Severo, pequeña joya barroca y uno de los escasísimos templos de la ciudad que se salvaron de las destrucciones de las hordas marxistas en 1936. Está en la calle del mismo nombre, donde según la tradición vivía el santo, y el padre Villanueva afirma en su Viaje literario haber visto en esta iglesia una piedra con la inscripción: «Esta es la casa de San Severo, obispo y mártir».

A comienzos del siglo IV estalla la tormenta de la persecución de Diocleciano, y el prefecto Daciano llega a la ciudad para extirpar el cristianismo. Severo y dos de sus diáconos van a refugiarse al otro lado de las montañas, en el Castro Octaviano (hoy San Cugat), y en su huida les presta ayuda un labrador, San Medín. Hoy una ermita se alza en ese lugar, al que acuden en tradicional romería los barceloneses para recordar el milagro de unas habas milagrosamente crecidas para desorientar a los perseguidores.

En San Cugat el obispo se entrega a los soldados, que para intimidarle decapitan a San Medín y a los diáconos; luego le tientan ofreciéndoles riquezas y honores a cambio de renegar de su fe, al verle inconmovible le hunden a mazazos un gran clavo en la cabeza (por ello, es invocado ante jaquecas y neuralgias). San Pedro Nolasco, el Martín el Humano, a quien su intercesión curó una piedra gangrenada, y Fernando el Católico fueron devotos de este Santo humilde, puro, sabio, prudente y magnánimo, un verdadero pastor de almas.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

5 de noviembre. San Zacarías y Santa Isabel (siglo I).

Son los padres de Juan el Bautista, él, sacerdote del templo de Jerusalén, ella, prima de la Virgen María. «Eran ambos justos en la presencia de Dios«, nos dice San Lucas de este matrimonio sin hijos y en edad avanzada. Mientras Zacarías ejerce sus funciones sacerdotales, se le aparece un ángel y le dice: «Tu plegaria ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo al que pondrás por nombre Juan«.

Aun siendo varón tan piadoso, Zacarías parece opinar que algunos milagros son excesivos, imposibles, por más que lo diga el arcángel Gabriel. Podría aceptar un milagro mayor, pero que su propia mujer ya anciana concibiera un hijo… Como castigo quedará mudo hasta que nazca ese vástago tardío. Recuperará el uso de la palabra y entonará un canto profético. Luego no sólo habla, sino que canta, no sólo canta, sino que profetiza, sobreabundancia de los dones de Dios por fin aceptados. E Isabel, cuando estando encinta es visitada por la Virgen, prorrumpe también en una jubilosa exclamación que repetimos en el Avemaría: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!; dichosa la que ha creído que se cumplirá lo que se le ha dicho de parte del Señor».

Poco más sabemos de los padres de Juan, que encarna la fe dubitativa y el clamor maravillado que exalta esta virtud. Dicen que a Zacarías lo hizo matar Herodes al saber que su hijo había escapado a la matanza de los Inocentes. Su atributo es un incensario y es patrón de Venecia, donde la iglesia de San Zaccaria se levanta cerca de la Riva degli Schiavoni.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

4 de noviembre. San Carlos Borromeo (1538-1584)

No hay que idealizar a ningún Santo, pero Carlos Borromeo es el menos idealizable por sus aparatosas limitaciones humanas y la ausencia de brillo al ser una personalidad poco atractiva. Tímido, silencioso, con un defecto en el habla que nunca superó, lento en razonar, parece deberlo todo a la tenacidad y al esfuerzo. Todo no, porque además de ser un gran señor por su cuna, muy pronto es objeto de una de las tradicionales medidas de nepotismo de los antiguos papas: su tío Pío IV le hace cardenal y secretario de Estado a los veintidós años, sin ser siquiera sacerdote.

Finalmente, tras ordenarse llega como arzobispo a la diócesis de Milán, que rigió con mano muy firme (tan firme que no faltaron intentos de asesinarle). Fue piadosísimo y austero, vivió para la oración, el ayuno y, por supuesto, el trabajo. Es el santo de la eficiencia espiritual y material (no en vano es patrón de la banca y de la bolsa), pastor que se ocupa sin descanso de la enseñanza religiosa creando escuelas y seminarios, de la ejemplaridad del clero, de los pobres y enfermos, sobre todo durante la peste de 1576, y de los que viven fuera de la Iglesia.

Es una de las grandes figuras que aplicaron inmediatamente los decretos de Trento, concilio en cuyas sesiones finales desempeñó un importante papel. San Carlos Borromeo es un santo hecho a fuerza de puños, con el hándicap de sus visibles limitaciones y de la influencia familiar que le encumbró. Trento sin santos, sólo con teólogos y organizadores, no hubiera sido nada, él se hizo espejo de la Contrarreforma trabajando oscuramente en reformarse a sí mismo hasta morir extenuado.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.

 

3 de noviembre. San Martín de Porres (1579-1639)

En la Lima de Santa Rosa nació también Martín, hijo natural de un caballero español, don Juan de Porres, y de una esclava mulata llamada Ana Velázquez. Él y su hermana Juana acabaron siendo reconocidos por el padre.

Martín era barbero y hacia el año 1600 ingresó como donado en el convento dominico de Rosario. Llegó a ser popularísimo en la ciudad por su solicitud con los enfermos, atribuyéndoles muchas curaciones milagrosas, así como por su humildad y su piedad. Además, demostró un clarísimo criterio que le hacía muy apto para conciliar matrimonios desavenidos, resolver pleitos, aconsejar al virrey o al obispo en materias delicadas, y, en resumen, buscar soluciones para intrincados conflictos del tipo más diverso.

Pero San Martín tenía una peculiarísima especialidad que le hacia extender sus afanes caritativos a los animales, que merecían su atención incorporándolos a un universo en el que el mandato del amor no conocía límites. Dialogaba persuasivamente con ellos, sanando a los seres más inútiles o dañinos de la creación, como permitiéndose la delicadeza de no desechar ni uno solo de los cabos que parecen sueltos y más desdeñables de la obra de Dios.

Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.