Su historia no deja de ser fantástica y su ascética extraña, pero ¿qué Santo no ha llevado una vida extravagante? De joven, Simeón ansiaba la perfección sometiéndose a exigentes penitencias buscando el sufrimiento máximo como camino hacia la máxima felicidad. De hecho, las duras penitencias de la vida común en los monasterios de Teledan y Tel-Neshin, le parecen plusmarcas fáciles, a este insólito atleta penitente.
Entrega habitualmente su ración a los pobres; él pasa sin comer, a veces durante cuarenta días seguidos. Teje un vestido de mirto salvaje y lo lleva consigo continuamente hasta quedar llagado el cuerpo. Se aleja más todavía; y lo mismo le da vivir en una cabaña del monte, que en un pozo seco del desierto, o en una cueva no muy lejos de Antioquía. Aquí llega a alzar una tapia aislándose en su oración y pensando en mantenerse sujeto a una cadena. El obispo Melecio de Antioquía le visita y le sugiere que las cadenas son para las fieras; el hombre se rige por la razón y por ella se hace señor de sí mismo. El anacoreta le obedece.
Pero como continúan importunándole los curiosos y peregrinos que acudían ante él atraídos por su fama de santidad, marchó al desierto y se aupó a una columna (en griego, estilos, de ahí su sobrenombre), en la que permanecería hasta su muerte en el año 459 durante más de treinta años como centinela entre los mortales y Dios. Desde allí, Simeón perseveraba en la oración, predicaba a las gentes, resolvía controversias, proporcionaba consejo a reyes, pero seguía buscando a Dios en lo más profundo y desde lo más elevado, sin abandonar su increíble e incómodo puesto, que le permitía otear la divinidad por encima de la humanidad.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
Santa Emiliana
Acompaña en el siglo VI a su hermana Santa Tarsila en la consagración a Dios de su vida y de si virginidad, simbolizada en las ofrendas de los Magos al Niño recién nacido en Belén.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
