Natural de Poitiers, de familia distinguida y pagana, casado y con una hija, Abra, Hilario se convierte al cristianismo a los 35 años encontrando el camino, la verdad y la vida. La familia decide consagrar su vida a Cristo. Desde entonces, acuerda con su esposa guardar castidad. Las virtudes del converso atraen tanto a sus conciudadanos que le aclaman como obispo en el año 354, convirtiéndose en un pastor con magnánima rectitud y recia firmeza.
Gran defensor de la fe, combatió la herejía arriana, incomodó al emperador Constantino II, que lo destierra a Frigia. Pero allí continúa batallando contra los herejes y contra los suyos: se le quiso excluir del Concilio de Seleucia y, se dice, que rompió las cerraduras de la puerta con solo elevar la voz. Serán cuatro años de penalidades, de tersos escritos, como «Discípulo de la Verdad».
Teólogo e insigne maestro, autor de himnos, San Hilario de Poitiers incomodó siempre con el simple enunciado de la verdad a unos y a otros, a quienes permanecían en el error y a quienes por comodidad transigían con la mentira. Nunca aceptó las paces turbias ni tibias. Desde el año 360, este Doctor de la Iglesia pasó los siete años finales de su vida, tiempos convulsos por la herejía, levantando su voz consiguiendo mantener la Galia en la pureza de la fe.
Fuente: La casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol y Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
San Gumersindo
Originario de Toledo y sacerdote en Córdoba, marcha intrépidamente al martirio juntamente con el monje San Servideo; y en el califato de Abderramán II, el 13 de enero del año 852, ilustran el «Campo de los Mártires».
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.
