Otro ermitaño, pero no en el desierto, sino en una isla desierta del Archipiélago de Lérins, frente a Cannes, que hoy se la conoce por el nombre de este Santo. Honorato, de linaje galorromano, era un converso que, en su ansia de perfección, peregrinó a Grecia viviendo en los monasterios de aquella parte del Imperio. Tras su vuelta decide llevar una vida solitaria de eremita.
Según la tradición, la isla que será su casa estaba llena de serpientes. Honorato cae de rodillas y se pone a rezar. Todas las serpientes mueren y las olas del mar, ordenadas por el Santo, se adentran en tierra y arrastran los restos de los reptiles limpiando la isla. Al cabo de unos años, se le unen otros compañeros y Honorato funda el monasterio de Lérins, regido por la regla de San Pacomio, fundador del monacato cenobita cristiano. La comunidad se convierte en cantera de santos, teólogos y obispos (San Hilario de Arlés, San Vicente de Lérins y San Cesáreo de Arlés) y en gran foco cultural.
A pesar de su mala salud, Honorato es activo dándose a los demás y resultando la caridad en persona. Al poco de ser elegido arzobispo de Arlés, muere dejando una escuela perdurable y un recuerdo imborrable de santidad. Fue como la llama de la fe encendida durante la larga noche (410), en que Roma es saqueada por los bárbaros.
Fuente. La Casa de los Santos. Un Santo para cada día. Carlos Pujol.
San Marcelo
Designado Papa el año 108 en la última de las grandes persecuciones primeras. Su antecesor había muerto cuatro años antes y una situación caótica y aterradora, tanto interna como externa, había dificultado el nombramiento inmediato.
San Marcelo abre al culto iglesias, que sustituyan a las confiscadas; y dicta normas de penitencia pública para los apóstatas públicos. La arbitrariedad de Majencio, el usurpador, le persigue. Los fieles de Roma hablarían de su Papa San Marcelo, «apaleado primeramente por la confesión de la fe católica y condenado después a cuidar de bestias en un establo. Condenado al destierro muere en el año 309 víctima de los malos tratos.
El Papa San Dámaso le dedicará este epígrafe: «Marcelo, como buen Pastor, exigió la penitencia a cuantos habían caído. Por eso se hizo ingrato a los impíos. Hubo un momento de locura, de odio, de discordia, de lucha, de sedición, de muertes. Se rompió el vínculo de la concordia. Por las inicuas maquinaciones de uno que había renegado de Cristo en tiempo mismo de paz, el Papa fue expulsado del patrio suelo por la crueldad».
San Ticiano
Desde Heraclea de Venecia, y por su piedad y sabiduría al servicio de la Iglesia, es designado obispo de Oderzo, en la misma región veneciana. A su muerte prematura, ambas ciudades porfían por albergar su cuerpo, en un templo nuevo a su nombre. Finalmente, según costumbre muy medieval, lo depositan en un barquilla libre que aportó, por el río Livencio, frente a Séptimo. Y allí se levantó conjuntamente un centro de oración a nombre de San Ticiano.
Igualmente en el siglo VI se había distinguido con este mismo nombre un obispo de Brescia de origen germano. Una expresión de su amor al necesitado será su costumbre de comer habitualmente con los pobres encargándose él mismo de la higiene y del servicio, al menos, de doce de ellos.
Los Santos, noticia diaria. Valeriano Ordóñez, S.J.

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